‘PATAFISICA Y PSICOANÁLISIS. Contrapunto, concordancias, fuga y reencuentro. Por Ricardo Pereyra*


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El movimiento patafísico es uno de los más disparatados del siglo XX. Su propósito es la contemplación de la rareza que cotidianamente organiza al mundo. Nucleó a algunos de los artistas franceses más desfachatados (Boris Vian, Duchamp, Man Ray, Miró, Max Ernst, Eugène Ionesco, entre otros). Se expandió por el mundo, conquistó una forma de pensamiento y echó  raíces en Buenos Aires.

Ricardo Pereyra, explora ciertas coincidencias que encuentra y articula entre la patafísica y el psicoanálisis. Coincidencias que tangencialmente nos muestran, a partir del contraste, que el psicoanálisis no es una ciencia ni una escolástica  y que, como proponía Freud, los profanos pueden ejercerlo. Pero tal contraste, a la vez, nos indica que si la patafísica es la ciencia de las soluciones imaginarias, el psicoanálisis supone una práctica, una formación y un nuevo lazo social: la transferencia, por lo que opera no sólo desde y en la imaginación sino en lo real, lo simbólico y lo imaginario. Recordemos que Lacan decía que: ‘la patafísica es la trivialidad refinada del lapsus’ y que si bien el psicoanálisis trabaja con el lapsus su trivialidad

Después de haber leído este sapiente y lúdico artículo, después de habernos deleitado a través del ida y vuelta que propone,  los editores de En el Margen, ayudados por Rafael Cippolini, nos preguntamos: ¿podría pensarse en una patafísica del psicoanálisis? Si así fuera, ¿se trataría de un lacanismo-sin-Lacan, cósmico y meta-cósmico y con un número mucho más restringido de suicidados? (menor que el de dadaístas y surrealistas incluso) ¿Serían los escolásticos patafísicos los Jacques-Alain Miller de Jarry?

Agradecemos a Ricardo Pereyra por animarse y ocuparse de lo que, como él  mismo dice, muchos miramos de reojo y otros, directamente, descalifican.

 

 Facundo Soares, editor.


 

¡Merdre! Así; con esta emblemática alocución, a la manera en que salió a escena por primera vez el Padre Ubú (1), quisiera iniciar esta breve pero concienzuda aproximación a un estudio cuya demora aquí termina; a la relación – casual o no – que pudiera existir entre dos campos teóricos que desde siempre tal vez se miraron de reojo, con esa prevención tan típicamente neurótica ante lo extraño que comienza a asemejársenos demasiado. Pero estoy, a esta altura, especulando. Esperemos a adentrarnos un poco en el tema para luego intentar  descubrir qué de verosímil hay en tal especulación.

Volviendo al ¡Merdre! (el mío, el que abre este escrito) no se trata de una expresión cabalística, sino de una lisa y llana interjección ante la hoja en blanco, ese “real” que media entre la idea y su realización; este ¡Merdre! – podría afirmar –  se ubica equidistante entre el desafío y el desaliento. Pero, en fin. Aquí vamos…

Me es inevitable comenzar este opúsculo, con la presunción de que hay muchísimas más personas familiarizadas con el psicoanálisis que con la `patafísica (nótese el apóstrofe) (2). De modo que expondré con la mayor síntesis posible la entidad de esta “ciencia”, a medida que aprovecharé para marcar las primeras concordancias y / o contrapuntos con el psicoanálisis. Y adjuntaré, al final de este escrito, un glosario con referencias, ante la necesidad de utilizar términos específicos de la ciencia en cuestión o de precisar un dato biográfico.

La definición “de libro” de `Patafísica tiene varios ítems, pero su núcleo, en palabras de su creador, Alfred Jarry (3), reza así: La patafísica es la ciencia de las soluciones imaginarias, una ciencia proclive a la excepción y a la singularidad. O para ser más exactos: Es la ciencia que se añade a la metafísica, bien sea en ella misma, bien sea fuera de ella misma, y se extiende más allá de ésta, tan lejos como ésta se encuentra de la física”. Se afirma también que esta ciencia no es una más, sino única pues es la “Ciencia de las ciencias”. Su unicidad se debe a que esta Ciencia (así, con mayúscula) se diferencia de las “ciencias” en aquello que le es lo más propio: el procedimiento. Y además, también porque las “ciencias” son parte de sus objetos de estudio; pero no como conjunto, no como una rama, sino en cada caso, en cada singularidad, en cada postulado. Porque la ciencia forma parte del todo del universo. Y todo es patafísica, según un principio nodal de la Ciencia de las ciencias.

Y he aquí lo que a primera vista aparecería como el primer contrapunto con el psicoanálisis, pues el psicoanálisis se autoexcluye enfáticamente del campo de las ciencias. Pero cambiando la perspectiva de la mirada, es un punto de encuentro. Por un lado o por el otro, psicoanálisis y patafísica huyen de la ciencia con el denominador común de la incomodidad ante la generalidad y la rigidez de las definiciones; y tan luego a partir del reconocimiento del alto poder deslizante de los significantes y de las constantes fintas del lenguaje; tan constantes que son esas fintas, precisamente lo que lo caracterizan.

Lo inconsciente y el razonamiento patafísico

El sujeto del psicoanálisis es el sujeto de inconsciente. Esta entidad, caracterizada por su evanescencia, esta regida por un sistema a cuyas propiedades sólo se accede a través del estudio de sus producciones. Estas, llamadas “formaciones del inconsciente” (sueños, lapsus, actos fallidos, síntomas) son manifestaciones caóticas que asaltan a la conciencia a la manera de una catástrofe, como un error. Se trata de cortes, vacilaciones temporales y huidizas en las que por esos breves instantes el sujeto de enunciación puede entreverse.

El inconsciente, pues, se manifiesta como lo que vacila en un corte del sujeto, siendo sus producciones estructuradas por una modalidad de fracaso. Este fracaso se traduce al lenguaje.

Juan Esteba Fassio (4) en la ardua tarea de cernir el concepto de patafísica, dice:“El razonamiento patafísico descubre que todo fenómeno es individual, defectuoso“. ¿No estamos autorizados a decir con Freud, que el razonamiento psicoanalítico ha llegado a la misma conclusión?

Otra concordancia, tal vez: El psicoanálisis trabaja con lo que la ciencia descarta; con la ruptura, la falla, el imprevisto, lo particular. La falla del lenguaje es la tarea del analista. Esto equivaldría a decir que el psicoanálisis trabaja con aquello que escapa a la esquematización, pues un sujeto y otro sujeto son universos completamente diferentes.

Nos ilustra Roger Shattuck (5): “La ‘patafísica es la Ciencia de lo Particular, de las leyes que rigen las excepciones. Especula luego que existe un error del pensamiento contemporáneo al suponer que el dominio cientista que va más allá de la metafísica podrá ser alcanzado en tiempos futuros por generaciones más avanzadas. Y agrega: El retorno a lo Particular demuestra que cada hecho determina una ley, una ley particular. La ‘patafísica vincula cada cosa y cada hecho, no a una generalidad (que en el fondo es sólo un medio de soldar excepciones entre sí), sino a la singularidad, que hace de cada uno de ellos una excepción”.

 

La única verdad (psicoanalítica) es la realidad (patafísica)

¿De qué verdad se trata? No son ya los tiempos del idealismo platónico cuando la cosa y su nombre se identificaban mutuamente. Desde Wittgenstein(6) y su lenguaje como una proposición lógica que desarma la idea de la necesariedad de correlación entre la palabra y cosa, la letra ha sufrido sus buenos vaivenes, y tanto, que la patafísica se ha anticipado a Lacan, aún desde su instancia lúdica e irreverente. Pues si para  Lacan la verdad encuentra su fundamento sólo en la palabra, y un  significante no designa la cosa, sino que representa al sujeto; para la patafísica las cosas no son muy diferentes. Veamos: “Los estudiantes de filosofía recuerdan tal vez al alemán Hans Vaihinger (7) y su filosofía del “als ob”(8): él enseñaba, con cierta pesadez pero no sin perseverancia, que construimos nuestro propio sistema de pensamientos y de valores y que luego vivimos “como si” la realidad se conformara a ese sistema. La idea de «verdad » es la más imaginaria de todas las soluciones” (Roger Shattuck).

Porque recordemos que la patafísica es la ciencia de las soluciones imaginarias. Y que todo problema particular tiene una solución particular.

Ni teoría ni ciencia, sino todo lo contrario.

Para Lacan, el psicoanálisis no es una teoría. Tampoco la considera una técnica de tratamiento de perturbaciones psíquicas, sino un discurso. Pues bien, ¿qué quiere decir esto? Es la instalación de una lógica que se referencia en sí misma, y que a la vez encuentra su justificación en su propio funcionamiento como tal. Sin ser un código, establece un código de relaciones. Como su materia prima es el lenguaje, sus posibilidades combinatorias son infinitas. Un discurso se inventa, se crea, y tan luego se recrea; y en consecuencia se interroga. Un discurso es un marco de referencia. El discurso psicoanalítico, por la naturaleza de su ética no excluye a otros discursos, y por esa misma razón puede a algunos de ellos, confrontarlos. Por otro lado, entre las muchas consideraciones acerca de qué es la patafísica, acorde como se verá al psicoanálisis, se autocalifica como “un método, una disciplina, una actitud, un rito, un punto de vista, una mistificación. Es a la vez todo eso y nada de eso”. (Rafael Cippolini) (9)

Para el psicoanálisis, se está dentro de su discurso, o no se está, sin que esto conlleve un grado de calificación ni de valoración hacia los sujetos. Y como nos dice otra vez Shattuck para la patafísica “No hay diferencia de valor sino de estado entre el hombre ordinario y el deliberadamente consciente de la naturaleza patafísica del mundo y de sí mismo”.

Muchas veces, para precisar un concepto complejo, suele partirse no de cualidades positivas de aquello que se intenta definir, sino de aquellas cosas que no le son propias. Psicoanálisis y `Patafísica coinciden en muchas cosas en cuya propia transmisión se explicita. En ambos casos: no son una moral, no predican valores; y ciertamente no prometen ninguna cura ni ninguna dicha; y menos aún, un arribo a alguna verdad reservada a iniciados; pues como se ha dicho, la verdad es una construcción del lenguaje. No porque no exista la mentira; sino simplemente porque la significación de la existencia humana es, patafísica y psicoanalíticamente hablando, una construcción de lenguaje. El psicoanálisis confronta a los individuos con la dimensión más radical de esta existencia. Y aquello que no ingresa en el campo de la simbolización, tipificado como “lo real” es el límite de lo posible en la modalidad lógica.

En patafísica, nada hay más allá de ella misma. La patafísica es la última instancia. De modo que “lo real” es tan patafísico como cualquier otra cosa. En apariencia, da aquí, la Ciencia de las ciencias, da un paso más largo y más vertiginoso que el psicoanálisis. ¿No se toma  a sí misma tan en serio como lo hace el psicoanálisis? ¿O, por el contrario, se toma demasiado en serio?

El interrogante no es ocioso. Pues he aquí un mojón de contrapunto entre ambos discursos. Es Roger Shattuck quien explícitamente previene que la patafísica no tiene nada que ver con “esa especie de locura domada, puesta de moda ruidosamente por el psicoanálisis”.

Y su fundamentación se basa en que la vida no sólo es absurda, sino banal, y que “sería grotesco tomarla en serio”.

Qué tan de acuerdo en tomar esta distancia radical estarían otros patafísicos de nota, no podemos saberlo. Pero es claro que al tratarse la misma, de una postura principista, sería sencillo argumentar en su favor desde dentro del mismo discurso patafísico. De todos modos, como en el caso de la distancia para con la ciencia, patafísica y psicoanálisis se encontrarían a la vuelta del recorrido; por el otro lado. Como sucede con la materialidad, en el mundo de las ideas también puede comprobarse la curvatura del espacio (la política es el mejor de los ejemplos: el pan de todos los días es advertir cómo se es funcional a la derecha con una radicalización del discurso de izquierda). Y así, mientras el psicoanálisis va directo al corazón de la angustia de la existencia partiendo del sentimiento trágico de la vida, la patafísica llega al mismo lugar, fatalmente, en el intento de sofocar esa angustia mediante el discurso de su relativización, desafiante y adorablemente romántico. Cualquiera sabe que un método muy común para combatir el miedo es rebajando la entidad de aquello que nos atemoriza, pretender cierto desdén ante él, como cuando se entra silbando a una habitación oscura. Finalmente, pues, ¿qué son la patafísica y el psicoanálisis?  Dice el Padre Ubú: “La patafísica es una ciencia que hemos inventado y cuya necesidad se hacía sentir generalmente”. ¿No podrían haber dicho los primeros analistas “el psicoanálisis es algo que hemos inventado y cuya necesidad se hacía sentir generalmente?”

Psicoanálisis como epifenómeno del lenguaje

Nos explica Alfred Jarry, padre de la `Patafísica: Un epifenómeno es lo que se agrega un fenómeno”…  “Ejemplo: al ser el epifenómeno frecuentemente un accidente, la ‘patafísica será la ciencia de lo particular, aunque se diga que no hay ciencia más que de lo general”.

La irrupción de la palabra, del lenguaje como fenómeno que torció para siempre el destino del animal humano – dudoso privilegio – nos sometió a la rudeza performativa del significante; somos lo que somos en tanto somos nombrados de un modo o de otro; todo nuestro mundo es un mundo de lenguaje, de representaciones. El mundo material ya no es un sitio objetivo, puro, sino su idea puesta en palabras. El psicoanálisis, heredero de la filosofía y de la lingüística, es el discurso que ha emergido para interrogar acerca de los intentos de adaptación del hombre, de aquel ser originario a este ser hablante. En este sentido, basándome en los lineamientos de Jarry es que, patafísicamente, podría sostenerse la idea epifenoménica del psicoanálisis; concretamente como epifenómeno del lenguaje. El ser hablante es una excepción en el mundo. Y “la patafísica estudia las leyes que rigen las excepciones”. De manera que sólo las leyes patafísicas nos rigen en tanto seres hablantes.  Y siendo que la patafísica…  “explicará aquel universo suplementario al nuestro, o menos ambiciosamente, describirá un universo que se puede ver, y que quizá se deba ver, en lugar del tradicional”… El universo suplementario es el que suplió (tomó el lugar, necesariamente) al universo tradicional, al concebido como ideal, objetivo.

Épica de lo intangible en la realidad materialista

El primer atisbo de la concepción formal de la patafísica, luego de aparecer como idea en “Ubú rey” la lleva adelante Alfred Jarry en su novela “Gestas y opiniones del Doctor Faustroll, Patafísico”, que  se comenzó a escribir en 1898 y que se publicaría recién en 1911, tres años después de la muerte de su autor. Fueron los seguidores de su impronta quienes dieron a luz lo que, con deliberada pompa, llamaron el Colegio de patafísica. Esto sucedió en Francia en mayo de 1948. Paralelamente, Jacques Lacan, ya un prominente psicoanalista, había retomado la transmisión de su “teoría  del espejo”, a la postre, uno de sus principales aportes a la obra iniciada por Freud.

Eran tiempos dominados por la expansión tecnológica y por la fe en la electricidad; pero sobre todo, por la esperanza en que la ciencia, más tarde o más temprano resolvería cualquier atraso, cualquier incomodidad, y más aún, nos llevaría inexorablemente a la verdad revelada de la vida. La ciencia, finalmente, eliminaría la posibilidad del error; todo sería previsible y adecuado a cada una de las necesidades. Los viajes al espacio exterior ya eran una posibilidad concreta; muy pronto,  los avances de la doctora Aslan serían sólo el comienzo de la derrota de la vejez; y tampoco habría de faltar mucho para sospechar que hasta nos evitaríamos las molestias de caminar pues las aceras se desplazarían automáticamente.

En ese ambiente de crudo materialismo irrumpe la patafísica y comienza a propagarse con más énfasis el discurso del psicoanálisis, con más garantías de ser víctimas de la burla que de ser atendidos; con esa épica que siempre supone el pensamiento abstracto ante las prosaicas huestes del materialismo. No se trata de una guerra contra la ciencia, sino tal vez de una intervención (en términos psicoanalíticos) o un cuestionar de privilegios, de parte de la patafísica sobre ella.

La transmisión de los discursos

Ya marginados de los parámetros científicos, patafísica y Psicoanálisis construyen sus universos a partir del desarrollo fáctico de los discursos en los que se fundan. Este factor, genera una conflictiva respecto de su transmisión. ¿Qué es lo que se trasmite? En ambos casos no es ciertamente un conjunto de nociones. Y no porque estas no existan. Sino porque el sólo conjunto de nociones no es el psicoanálisis, ni es la patafísica, como sí lo sería, por ejemplo la geometría o las reglas de juego del ajedrez. Nadie entenderá de qué están hechos estos universos sin ingresar en el terreno movedizo en el que se sustentan y tan luego soportar sus ambigüedades, sus perplejidades, sus desconciertos. Algo de todo esto se observa claramente en lo referido a los espacios de transmisión. Veamos. Para la existencia del psicoanálisis es imprescindible la existencia de la figura del analista. Pues bien, ¿qué es un analista? Al respecto, señala Norberto Ferreyra (10): “Analista es un lugar que no tiene representación. Más aun, es Lacan quien afirma que hacer existir al analista -en relación con el discurso- como representación es lo que se llama una traición. Traición que acecha a la transmisión del psicoanálisis, a su práctica, en tanto es por la posible existencia de esa traición que un ser del analista obtendrá su consagración. Se deduce de ello que aquello que asegura la representación es la existencia de un modelo. Pero siendo como representante y no como representación que se transmite la función del deseo del analista, su lugar, podemos decir que no hay modelo para el analista.” Y no omite decir que en donde el psicoanálisis encuentra una de las mayores encrucijadas es en lo que hace a la transmisión de este lugar de analista, a su posición en el discurso.

De un modo parecido, se pregunta, Rafael Cippolini si su libro “patafísica”, por ejemplo, puede enseñarnos a ser patafísicos. Y se responde con otra pregunta. “… ¿Enseñar es el verbo? Preferimos “examinar”. Y tales o cuales obras ¿no son modelo de comportamiento patafísico? Y la respuesta enfática debería ser NO! Porque todo texto patafísico no es otra cosa que un indicativo de patafisidad”.

Así como no hay modelo para el analista, tampoco hay modelo para el patafísico. La misma Ciencia de las ciencias instituyó un término que no hace más que dar cuenta de esto. Se trata de “patacesor” (11). Patacesores son aquellos que asumieron una actitud, un método, una poética, inadvertidos (al menos conscientemente) de conformar una grey, un conjunto disperso que sería nombrado más tarde; personalidades de vastos recursos y éticamente marginados del triste y vulgar sentido común, manifestantes empíricos de la heterodoxia.

Esta heterodoxia, imprescindible para la liberación de la mente y el espíritu, es al cabo, la piedra de toque de la patafísica y del Psicoanálisis, discursos difíciles de domesticar, un límite a la pretensión de unicidad sobre el que hace pie, por ejemplo, el discurso del capitalismo y cuyas consecuencias tan patafísicas como cualquiera, pero no por ello avaladas, están a la vista de quien quiera ver.

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* Escritor (obras publicadas: cuentos en antologías y la novela “El alegre trinar de los dromedarios” en 2011); actualmente guionista y conductor del programa radial La Musa Equivocada (AM 770 Radio Cooperativa), participante de la EFA desde 2006.

REFERENCIAS

  • Ubú (Personaje principal de “Ubú Rey”, farsa escolar convertida en pieza teatral por Alfred Jarry en 1896)
  • `Patafísica, así, precedida del apóstrofe “para evitar un fácil retruécano” según el propio Jarry, es la ortografía original de esta palabra. Pero se admite su uso vulgar sin apóstrofe; y siempre sin él, cuando la palabra es utilizada como adjetivo.
  • Alfred Jarry (Dramaturgo francés 1873-1907, creador de la patafísica)
  • Juan Esteban Fassio (Literato, patafísico e inventor argentino; traductor de “Ubú Rey” (1924-1980 )
  • Roger Shattuck (Literato norteamericano 1923-2005, Autor de “En el umbral de la patafísica”, obra citada en este escrito.
  • Ludwig Josef Johann Wittgenstein ( filósofo y lingüista asutríaco, posteriormente nacionalizado británico (1889-1951).
  • Hans Vaihinger (Filósofo alemán / 1852-1933 , alumno de Kant.
  • “als ob” (Philosophie des Als Ob, teoría de Vaihinger según la cual los seres humanos nunca pueden saber realmente la realidad subyacente del mundo, y que en consecuencia construyen sistemas de pensamiento para que “encajen” con la realidad.
  • Rafael Cippolini (Patafísico argentino contemporáneo. Autor de “patafísica: Epítome, Recetas, Instrumentos & Lecciones de Aparato)
  • Norberto Ferreyra (Psicoanalista argentino, fundador junto a Oscar Masotta y otros, de la Escuela Freudiana de la Argentina)
  • Patacesor (Patafísicos que actuaron con ese espíritu antes de la creación del Colegio de patafísica)

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