EL NON LIQUET COMO CAUSA. POR HELGA FERNANDEZ*.


¿Por qué aún, todavía, seguir dándole vueltas al historial conocido en nuestro ámbito como el Hombre de los Lobos?

En este artículo, “¡Y dale con el Hombre de los Lobos!”, Helga Fernández, nos acerca algunas respuestas, a la vez que nos enseña -en todos los sentidos del término-, cómo continuar haciendo discurso desde y con las fuentes: los textos freudianos y la experiencia del análisis.

En el margen, agradece y celebra esta publicación.

Violeta Atadía, edición.



Del Historial de una Neurosis Infantil [1] de Freud  -más conocido o “lanzado a la fama” como El Hombre de los Lobos[2]- han discutido, teorizado, escrito y hecho referencia una gran cantidad y variedad de autores, tales como: el propio Freud[3],  Rank, Jung, Adler, Lacan, Klein, Safouan, Pommier, Masotta, Leclaire, Maleval, Clastres, Green y  otros tantos. Este interés por el historial parece trascender: las épocas históricas, en tanto ya era discutido con anterioridad y posterioridad a  ser publicado; los momentos políticos, en tanto  da que hablar más allá de la disputa de Jung y Adler; e inclusive, las llamadas corrientes discursivas. Un buen ejemplo de esto último es que  Nicolas Abraham y María Torok[4], editaron  un libro[5] que fue prologado por Derrida y que llega a plantear que dentro del texto del historial puede leerse otro texto, que sería la verdadera palabra del hombre de los lobos. Para llegar a ella interrelacionan arbitrariamente el uso de tres idiomas: el alemán, por ser la lengua en la que se llevaba a cabo el análisis; el ruso, por ser la lengua materna del paciente; y el inglés, por considerar que al ser su gobernanta inglesa, el hombre de los lobos tenía  que dominar dicho idioma desde niño. Así, estas personas, realizaron una disparatada y extravagante relectura del historial.

Otras personas, psicoanalistas o no, que no se han dedicado a trabajar con el historial,  sin embargo también se han interesado por el  hombre de los lobos pero en tanto paciente de Freud, de manera tal que por ejemplo: Muriel Gardiner, paciente de la analista con quien el hombre de los lobos realizara otro análisis derivado por Freud[6],  lo incentivó a escribir sus memorias, las cuales a pedido de Sergei[7] fueron firmadas por ella; algunos psicoanalistas norteamericanos le encargaban -por intermedio de la ya mencionada Muriel Gardiner ya que ésta conocía su verdadera identidad y  entonces auspiciaba como su representante ante la comunidad analítica- cuadros del sueño pintados por él;  Kurt Eissler, quien fundara junto a Anna Freud los Archivos Sigmund Freud, le realizó una serie de entrevistas que fueron grabadas, por sobre todo respecto del interés que le suscitara las intervenciones y entonces el modo de trabajar de Freud; y por último la periodista austriaca Karen Osholzer[8] que descubriendo su identidad lo buscó, lo encontró y lo incitó a realizar una serie de entrevistas en las que Sergei habla de su vida y fundamentalmente de su análisis con Freud y que fueron publicadas, por  pedido expreso del entrevistado, después de su muerte[9].

A través de  estos datos mencionados, que no dejan sólo de ser curiosos desde cierto aspecto,  quiero hacer notar que por alguna razón este historial freudiano y todo lo que pudiera girar en torno al mismo, ha sido no sólo el más comentado sino el que mayor interés o fascinación ha suscitado, de acuerdo a la posición de quien lo leyera.  Una cosa o la otra encuentra su razón en tanto algunos  han tomado el texto del historial más bien a la manera de un pretexto, tanto en el sentido de excusa como el de lugar desde el que se parte, de modo tal que desde el mismo han  desprendendido otras consideraciones que no están  explícitamente  allí contenidas y que hallaron su antecedencia no sin lo que a partir de ahí surge. De hecho Freud se refirió una y otra vez a su trabajo de manera tal que es a partir del mismo que surgen consideraciones fundamentales del discurso, tales como las construcciones en psicoanálisis y la cuestión acerca del análisis terminable e interminable. También es en sus párrafos donde por primera vez habla de una palabra que más tarde Lacan elevará al estatuto de término: forclusión;  y también es el texto en el que este último se apoyara para construir por ejemplo el fantasma, el objeto a, y hasta la negación y su fracaso.

Es decir que este artículo ha sido y sigue siendo la fuente de inspiración de nuevas construcciones del  discurso del psicoanálisis, o de otras intervenciones que por el contrario nos llevan fuera del discurso, en tanto sustentándose incluso de datos y materiales que no hacen a la experiencia de ese análisis, contribuyen a hacer del Hombre de los Lobos algo así como el ídolo, en el sentido de objeto o de icono que se coloca en lugar de aquello que en el historial propiamente dicho no se comprende, lo que no deja de suscitar una mirada fascinada. Esto,   evidentemente, ha sido lo que motivó a  Lacan a decir que el hombre de  los lobos podía ser considerado una “momia del psicoanálisis”.

Pero por qué razón el mismo historial puede ir al lugar de causa que contribuye a que se prosiga en la construcción del discurso o antagónicamente al lugar de objeto, que no sin grandes esfuerzos y consecuencias,  clausura toda posibilidad de interrogación.   Creo que la respuesta al precedente interrogante puede empezar a responderse si  se advierte que  si este historial es antonomástico,  lo es del hecho de que no aloja la posibilidad de que se cierre sobre sus propias conclusiones o que produzca una suerte de reflexión en el espejo de la teoría. Y esta particularidad intrínseca es justamente la que le otorga el valor de caso, ya que muestra de un modo mucho mas patente que  los otros de Freud,  lo real. Real que puede  poner a trabajar el discurso provocando un  proceso de pensamiento que remonta al más allá de lo que la teoría comprende, en tanto el mismo puede auspiciar como causa o convocar a que se siga diciendo; o bien, real que puede ser rechazado colocando en su sitio cualquier elemento que vaya al lugar de objeto que tapone dicha causa, incluso al propio Sergei, con lo cual Todo queda comprendido[10].

Y creo  que esta característica no sólo se desprende a partir de la lectura de sus contenidos, en el que sus afirmaciones parecen resultar contradictorias, sino que también se escucha en el modo mediante el cual Freud lo escribe: al estilo de la migaja,  de la porción, del fragmento, por  lo que  se trata entonces de un texto que deja ver, que muestra, eso mismo que su autor dice al finalizar el capítulo V en el que aparece el famoso relato del sueño de los Lobos: NON LIQUIT. Y esto que parece un hecho anecdótico, que se encuentra tan al margen que puede pasar desapercibido como esas cosas que se dicen con la espontaneidad propia de la glosa, me parece que es justamente  uno de los modos a través de los que pasa eso “otro”, inclusive a pesar del propio Freud, por lo cual nos da una clave de la posición enunciativa del texto.

“Non Liquen”  quiere decir en latín, literalmente, «no está claro». Deriva de una expresión utilizada en derecho cuando un órgano jurisdiccional no puede responder a la cuestión controvertida o a la “cosa jurídica” por no encontrar solución o bien por no haber norma directamente aplicable a la misma. La fórmula era empleada con estos fines en el Derecho Romano, en el que estaba permitido que una cuestión permaneciese imprejuzgada de manera indefinida. Pero sin embargo, en la mayoría de los ordenamientos jurídicos actuales se prohíbe que el juez se niegue a dar solución al caso que se le plantea ya que se parte del dogma de que el ordenamiento jurídico es pleno, por lo que utilizando las herramientas interpretativas adecuadas, el juzgador siempre podría y tendría que encontrar una solución. Tal idea de plenitud del ordenamiento tiene su raíz en el movimiento codificador, ya que el Código era entendido entonces como una ley omnicomprensiva, que podía dar respuesta de todos los posibles conflictos que se suscitaran. Y es sustentándose en esta posición que en la mayoría de los países se prohíbe esta imposibilidad por lo que los  Jueces y Tribunales tienen el deber inexcusable de resolver los asuntos o la “cosa” ateniéndose al sistema de fuentes establecido.  Mientras que otras posiciones contrarias a ésta, aceptan la posibilidad de la imposibilidad frente a la cual la ley se toparía[11].

Es decir que aquello a lo que se denomina Non Liquit se diferencia de lo forcluido, ya que esto último supone que algo es extirpado del sistema simbólico o para el caso  del expediente y  lo que anoticia  de este rechazo, por ejemplo,  es el hecho de que falte una página, lo que sería homologable a ese agujero del que habla Freud, que queda como consecuencia de la werverfung, al que denomina  Lucke; sino que mas bien esta expresión da cuenta de algo que bajo la lógica del código con el que es tratado no puede ser juzgado, pero no porque haya sido rechazado o extirpado del expediente, sino porque pone en evidencia con su presencia misma,  la laguna del derecho, es decir que podría decirse que hace a lo que llamamos castración simbólica en tanto supone eso imposible de ser dicho, no por estar fuera de la significación por haber sido desestimado, sino por no poder entrar en la significación con la lógica de aquello por medio de lo que sería significado. Es así que no se trata de una impericia o de una potencia o impotencia del Juez sino más bien  de un llegar a la imposibilidad de resolución como resultado y no como premisa de la que se parte, al menos a partir de la lógica con la que se cuenta.

Para poder terminar de decir qué entiendo que Freud hace pasar a través del Non Liquit y de la estructura general del historial, hay que recordar  que en el momento en el que Freud escribe el historial, a fines de 1914, también escribe el artículo Contribuciones a la Historia del Movimiento Psicoanalítico en el que da a conocer la polémica que mantenía con Jung y Adler frente a la cual precisamente responde por medio del historial como si éste fuera la prueba que tendría que bastar para ratificar  la veracidad de lo que sustenta. ¿Pero cuál es el estatuto de lo que sustenta y con el que los otros no acuerdan? Freud -arrastrado por su pasión- intenta o parece procurar  decir desde una posición oficial, que sería posible  arribar a la verdad de los hechos que explicarían el sentido del sueño y la veracidad de la escena primaria,   pero pese a él o más allá de sus intensiones y casi contrariamente a las mismas deja pasar igualmente, más que esta verdad de los hechos y por tanto la totalidad pretendida, el hecho de lo real y con él el problema de la verdad. Pasaje que se realiza con sus respectivas objeciones a la lógica  en juego y justamente diciendo, Non Liquit, respecto a eso mismo que se pretendía la prueba suficiente para  la comprensión del caso, haciendo espacio por consiguiente a la articulación entre la verdad y lo imposible, más que a la conjunción de la realidad y la verdad, o de la verdad y lo verídico.

Es decir que si bien Freud nos hace saber del  encuentro con lo real, explícitamente en Más Allá del Principio del Placer,  entiendo no es sin este historial  y sin escuchar lo que allí escucha, que se acerca a lo que efectivamente  hasta Lacan no encontrará una definición posible; y que en Freud, para esa altura de sus escritos, es algo que para él no tiene explicación, pero no porque  todo lo que no tenga explicación para él mismo  sea lo real, sino porque hasta allí lo real coincide con lo que no se explica, lo que él no puede explicarse, y no con un simple  obstáculo o escollo en la prosecución de su discurso. Por esto creo que Non Liquit es su modo de decirlo y es un modo que nos agrega como plus, que lo real siempre se encuentra en la falla de lo simbólico[12].

Milner dice en su libro Los Nombres Indistintos[13] algo que está en relación directa con la posición de rechazo a lo real en tanto imposible. Imposible que es  justamente aquello que genera malestar entre los analistas, malestar del que también Lacan hace mención en el texto de la Proposición[14] hablando para esto de la verlegnung:

“¿Quienes mas que los psicoanalistas, y algún que otro primo hermano, no hacemos del uno de lo simbólico un poder incastrable, que mantiene lejos como una cruz el horror vampírico que suscita lo real? El cual se hecha atrás incesantemente cuando todo parece indicar el desanudamiento dispersante: raíz de todas las proscatinaciones así como también de la infinitud  del análisis.”

Tomé este párrafo de Milner y esa alusión de Lacan al malestar entre los psicoanalistas porque me parecen magníficos para entender la posición que han tenido  Jung como Adler y más tarde, también a propósito de este  famoso sueño de los Lobos, Rank, porque no sólo se trata de la polémica en sí, sino principalmente de cuáles fueron las respuestas con las cuales se “desestimó” y / o “forcluyó” lo que estaba en juego.

Evidentemente hay una conjunción entre aquello que Freud quiere o pretende hacer entrar en el discurso del psicoanálisis con el hecho de que justamente es por medio de este historial que decide hacerlo, en tanto en él se escucha eso que por las particularidades del caso contornea lo que no tiene nombre ni forma. Quiero aclarar que no me parece que  este “sin nombre ni forma” es algo a lo que se llegó o arribó sólo como producto de la prosecución del tratamiento, en tanto supondría por ejemplo el atravesamiento del fantasma, sino que es algo que irrumpió o que estuvo presente desde el comienzo del análisis, producto de la estructura del analizante. Entiendo que en gran medida  la forclusión, sin necesariedad de que se trate de una psicosis, es aquello frente  a lo que surge el Non Liquit en el historial, pero que igualmente la misma le permitió a Freud, en tanto ejemplo de la existencia del más allá del principio del placer, hacer entrar eso a lo que arribó o construyó en el discurso a partir del encuentro con lo real, es decir el más allá del principio del placer que se vislumbra del otro lado de la ventana de Sergei.  Así justamente la diferencia entre la posición de Freud  y por ejemplo la de Jung o Adler radica en que aquél le dio lugar a lo que suscitaba problema en tanto problema mismo, sin rechazarlo ni clausularlo comprensión mediante. En tanto entiendo  que para escapar de lo real,  “la cruz” a la que Jung recurrió es a la de la infinitización de lo simbólico,  con lo que  “huyó hacia atrás” extendiendo el inconciente a las generaciones precedentes y hasta a las imagos animales, con la pretensión de ampliar su suficiencia ante el anuncio de toparse con aquello que se encuentra por fuera de la significación, y por tanto intentando dotar a la teoría con esa misma omnicomprensión del código que rechaza el Non Liquen!

Este Non Liquit, que Freud sí deja pasar, puede leerse principalmente en tres cuestiones fundamentales del historial: en la polémica entre la verdad o ficción de la escena primitiva, de cuyo resultado parece pender la existencia o inexistencia de la sexualidad infantil; en esas tres corrientes de las que se  habla en el capitulo VII, a propósito de las  contradictorias y coexistentes posiciones frente a la castración; y en lo indecidible del diagnóstico, lo cual se desprende lógicamente de la consideración anterior.

De hecho Lacan, entiendo que a partir de la lectura del Non Liquit del historial[15], de las dos últimas cuestiones mencionadas, habla en el Seminario I por vez primera, de la negación y el negativismo. Por lo que intentaré dar cuenta, en lo que sigue, de cuáles han sido las condiciones discursivas de dicho historial, articuladas a este Non Liquit,  que a Lacan le han facilitado, como un camino abierto, la  introducción y construcción de  la negación y su fracaso.

En el capítulo VII titulado El Erotismo Anal y el Complejo de Castración, al que me refería cuando hablaba de esas tres posiciones que coexistirían en el hombre de los lobos, es donde fundamentalmente puede encontrarse dicha relación entre la forclusión y la negación. En esta parte del historial, Freud pone en relación el erotismo anal, como el componente esencial de la neurosis obsesiva, con el complejo de castración, a partir de lo cual intenta determinar qué modalidades entraron en juego:

– una equivalencia del objeto anal con otros objetos, tales como, regalos, dinero, niño. Equivalencia  a partir de la cual entonces puede decirse que el complejo de castración dio lugar a la función de la significación del falo. Por lo que allí se hace referencia a varias palabras que son utilizadas por el analizante y que perfectamente podrían ser sustituidas en su significación, por  ejemplo: DURCHFALL,  que significa tanto fallar en un examen como también “diarrea”; “antes de llegar a la puerta de su casa se le escapó algo distinto”; “el apretón más grande de su vida, como la estrechez o constipación  más grande de su vida.

–  en términos sintomáticos, que se manifestaban en su dificultad para ir de cuerpo, que es leída por Freud “como el fragmento de histeria que regularmente se encuentra en el fondo de una neurosis obsesiva”. Síntoma del cual el paciente se habría curado por haber hecho entrar en la situación analítica el intestino, o como lo dice Freud: “el intestino empezó a entrometerse en el trabajo”. Es aquí donde claramente puede leerse una intervención del analista tendiente a que se hable del intestino,  o  tendiente a que esta dificultad se histerifique. Es decir como algo análogo a una conversión y diferencial de la hipocondría en tanto en ésta  el intestino no entraría en la conversación sino que “estaría presente” por medio del lenguaje de órgano.

– como identificatoria con la madre, la que deduce de una expresión que el paciente utilizaba “así ya no puedo vivir más”, en tanto le indica a Freud de la misma ya que también era dicha por la madre, que -de acuerdo a lo que el analizante había escuchado de niño- padecía de disentería y de hemorragias vaginales. Es aquí entonces cuando surge la pregunta: ¿cómo se concilia  el reconocimiento de la vagina como equivalente de reconocimiento de la castración, con la elección del intestino para identificarse con la mujer?, en tanto la angustia de castración y la identificación a la mujer, por medio del intestino, son contradictorios entre sí en tanto no suponen una feminización que se suscita como efecto de la intervención del padre en tanto ley, sino más bien de lo que Freud llama una “actitud femenina”. Es decir que hay  una diferencia sustancial entre lo que se entiende por  “feminización” con  esta “actitud femenina”, de modo tal que la primera es necesaria o consecuente como paso previo -lógicamente hablando- en la instrumentación del falo, mientras que la segunda indica más bien que algo de la ley en tanto simbólica ha sido fallida, por lo que surge como restitución dicha identificación. Entre la feminización y la identificación a la mujer, faltó eso que  Freud llamó la convicción en la existencia de la castración, porque su juicio  falta o  brilla  por su ausencia. Es aquí, llegado precisamente este momento del historial, donde aparece la palabra werverfung. Palabra  que Lacan, en el seminario III,  eleva desde su uso común a la categoría de término del discurso, sustentándose tanto en que Freud aclara que el rechazo que le corresponde, a esta falta de afirmación de la castración, es mucho más enérgico que el de  la verdrangung, como así también  en el sutil, pero no menos importante hecho, de que  Freud a continuación de decir acerca de este abominable rechazo habla -como si no tuviera nada que ver una cosa con la otra, es decir mediante un modo de escribir en el que pareciera haber una interrupción en la cadena asociativa de lo que se viene diciendo- del relato de la alucinación del dedo meñique cortado. De manera tal que surgiría en el texto una homogeneidad o isomorfismo entre el modo o la manera de relatar este episodio y el episodio en sí, ya que en  ambos, algo rechazado en lo simbólico retorna sin nexos de conexión  abruptamente y sin previo aviso.

Cuando leía el historial me preguntaba por qué razón tanto Freud como Lacan,  no han tomado a este relato como un recuerdo encubridor, si fue referido por el analizante  al modo de un recuerdo de alrededor de los 4 o 5 años de edad. Entonces por qué estaban tan seguros estos dos hombres que se trató de una alucinación efectivamente acontecida en la infancia y no de un recuerdo encubridor que contuviera en su conformación un elemento, aunque disparatado e imposible desde el punto de vista perceptivo -pero no más ni menos que algún otro contenido de este tipo de recuerdos- no se considerada como una alucinación. Para poder contestar esto hay que decir que si bien  surge en la experiencia del análisis, no como una alucinación sino como el relato de la misma, en tanto le es contado al analista -inclusive como suele suceder en los recuerdos encubridores, mezclando un recuerdo con otro- tampoco comporta la función del mismo, al menos en un primer momento. Digamos que se encuentra a medio camino y que por el trabajo del análisis podrá subirse a la escena del mundo o introducirse en  la significación, no sin el deseo del analista.

Hay varias las razones que fundamentan e indican que se trató en su momento efectivamente de una alucinación:

–  Freud dice que no en pocas oportunidades cuando un analizante cuenta por vez primera algo, tiene la idea o la impresión que la misma cuestión ya había sido relatada, frente a lo cual como analistas advertimos que nunca antes había entrado en la palabra ya que nunca hasta allí había sido dicha. Pero si así se le hace saber al analizante éste responderá aseverando, con una certeza llamativa, que sí había sido comunicado. Ante lo cual no resultaría de provecho alguno entrar en una discusión de “convencimiento” sino solicitarle que igualmente sea relatado. Este fenómeno podría ser comparado con el deja vú e indica, tanto como éste, que algo ha sido registrado como percepción, es decir que en el aparato psíquico de acuerdo al esquema del peine, se encuentra marcado como signo perceptivo, pero sin embargo por no haber entrado en el comercio asociativo del sistema psi  o del inconciente, no ha sido significado. Razón por la cual tampoco  devino conciente ni retornó como una formación del inconciente como lo sería, de acuerdo a su conformación, el recuerdo encubridor. Es decir que no podría haber sido olvidado por no haber sido reprimido y  entonces, recordado bajo el retorno. Por esto es que al entrar por vez primera en la palabra, el sujeto tiene la impresión -cierta desde este punto de vista- de ya haberlo contado, en tanto se anoticia -por el hecho de decirlo- de haberlo vivido o de empezar a contarlo en el sentido de que alguien por contarlo o relatarlo puede empezar a contar con ello. Por lo que no posee entonces el estatuto de un recuerdo sino de una reviviscencia y se transformará en ese preciso momento del primero al segundo, justamente por haber entrado en la cadena asociativa. El escritor cubano Diego Eliseo dice que: “Recordar no es volver a vivir, sino volver a mentir”, lo que entiendo está en relación directa a esta diferencia existente entre el recuerdo encubridor y la reviviscencia, en tanto que el primero puede entrar en la dimensión del engaño de  la palabra o en tanto, lo que alguna vez habría sido percibido, está perdido por lo que no hay modo de relatarlo sin que el relato mismo conlleve la pérdida de esa autenticidad supuesta.

–  Porque en el relato aparece la idea de que esta percepción se produjo en un instante, en un tiempo que no es un tiempo simbólico, por lo que no podría decirse por ejemplo, cuánto tiempo pasó desde que vio el meñique  tomado por una fina capa de piel, hasta que volviera a mirar y entonces viera que no se le había caído, ni estaba siquiera lastimado. Lacan dice que el sujeto cae en un embudo temporal sin poder contar  tampoco las vueltas de este abismo. Así un fuera del tiempo es equivalente a un fuera de lo simbólico, como quien dice está ido, perdido, ausentado.

–  Otro indicador resulta de que el niño no le haya podido comunicar esto que vio a nadie y mucho más porque ese alguien, que podría haber sido posible por estar presente en ese momento, era nada menos que su querida Chacha,  la niñera a la que le confiaba todo, pero no porque no haya querido o haya decidido así hacerlo, sino que contrariamente a esto le fue imposible decirlo porque se trató de una experiencia incomunicable, por fuera de la palabra, y porque a causa de ese mismo abismo en el que queda por fuera de lo simbólico, se rompe el contacto con el otro.

Es decir que entonces y por todas estas razones, ahora sí estamos en condiciones de poder afirmar que se trató de una alucinación y que justamente al tratarse de la alucinación del dedo cortado, es decir del símbolo de la castración,   se induce de esto  que la misma ha sido consecuencia de  un rechazo,  el cual es preciso que se entienda, no como el rechazo por no querer admitir la castración, sino como un movimiento restitutivo que se encuentra en lugar del fracaso de la negación ya que la misma no puede ser implementada en tanto falta la afirmación o bejahung relativa a la castración y que Freud nombra como la falta en la convicción de la existencia del castración. Es decir que al haber una falla en  la afirmación surge en su sitio, este rechazo enérgico de aquello mismo que por igual razón a que no fue afirmado, tampoco fue negado. Es decir que si  en el hombre de los lobos falta el juicio de existencia que reconozca la existencia de la castración, la castración para él  no ha existido, por lo cual no puede ser integrada a un orden de verbalización. Así lo que fue rechazado al modo restitutivo, retorna en lo real, no significado sino bajo el modo de puro símbolo, por lo que el meñique cortado es el símbolo de la castración y no la significación de la misma. Hay en el historial otros símbolos que no son simbolizados, en los que retorna esta castración no afirmada: el pie cortado, el sueño donde la madre está decapitada, las marcas en la nariz en el análisis posterior con Ruth Mac Brusnwich, etc.

Lo interesante es que  Lacan, pese a afirmar la forclusión en juego, dice del Hombre de los Lobos: “no puedo decir que en ese momento que ocurre esa alucinación él sea un psicótico o un esquizofrénico. Puedo decir que allí hay una forclusión, pero no puedo decir en ese momento que el sujeto sea psicótico”[16].  Así muchas personas, dentro de las cuales me cuento hasta cierto momento de la lectura del historial, que han leído a Lacan y a Freud a propósito del Hombre de los Lobos, no pueden entender finalmente de qué estructura se trataría la  que lo constituye. Ya que Lacan dice, al respecto del diagnóstico, tanto que se trata de un sujeto conformado por la forclusión del Nombre del Padre, es decir psicótico, como constituido por una estructura neurótica al modo obsesivo, como bordeline, como alguien con una neurosis narcisista, sin que sea posible decir certeramente en qué concluyó al respecto; análogamente podemos decir que Freud entendía que se trataba de una estructura neurótica con componentes tanto histéricos como obsesivos, y hasta que se refiere a la misma como una neurosis infantil que habría encontrado su resolución en una fobia a los lobos; pero inclusive desde su lectura esta  supuesta neurosis puede ser cuestionada en tanto en el capítulo VII habla de estas tres corrientes que coexisten frente a la castración: una que la desestima de un modo abominable, de la que podemos deducir la forclusión; otra olvidada, de la que podemos deducir entonces, reprimida; y otra que le dio un tratamiento a la falta bajo la forma de “pese a que…” o “sin embargo…” “me desentiendo”, de la que podemos por consecuencia decir que se refiere a la verlegnung o renegación.

Así,  ni Freud ni Lacan dan por clausurado el diagnóstico del que se trataría, ya que la dificultad que comporta su estructura no permite hacerlo unívocamente, de modo tal que sin hacer referencia a que nombrar la estructura de un modo y luego de otro, supondría una contradicción dan lugar a la misma, más en calidad de un aspecto indecidible que contrapuesto,  por lo que no queda anulada ninguna de estas afirmaciones a pesar de la aparente oposición que conllevan[17].

Entiendo entonces que se puede decir, retroactivamente, que seguramente el hecho de que Freud haya dado lugar a esas tres corrientes contradictorias entre sí del Hombre de los Lobos frente a la castración, a partir del análisis que hace del erotismo anal; y consecuentemente, del relato de la alucinación del dedo cortado como un pequeño acontecimiento intemporal no dirigido al Otro, no hystorizable; y así mismo al hecho de no poder mencionar un diagnóstico certero, hizo a que en definitiva hubiese un lugar para la complejidad del aparato psíquico,  lo que facilitó o dejó el camino abierto para encontrar la  lógica de la negación y sus fracasos. En  tanto que de ningún modo sería posible que esta complejidad de lo psíquico tuviese un criterio de decibilidad o alcanzara un estatuto discursivo, y entonces fuera introducida en la experiencia analítica, sin tomar en cuenta la relación de solidaridad que comparten con la negación  o con la imposibilidad y/o dificultad en la misma. Ya que justamente dicha solidaridad  hace,  sin ser reducidas en su complejidad, a un  modo de leerlas en tanto que así como la negación hace al funcionamiento de la represión, la renegación y muy especialmente la forclusión conllevan el  fracaso de la negación como afirmación, por lo que cuando la negación no funciona es posible considerar que ahí hay una forclusión porque  su “no ocurrió, ni ocurre, ni ocurrirá” no suponen la verneingung sino su restitución a través de un negativismo.

Por lo tanto entiendo que por haber dejado pasar el Non Liquit del historial, de lo “no explicable” se hizo causa, de la que surgieran condiciones en el discurso por medio de las cuales puede zanjarse  la irresolubilidad que suele conllevar en la clínica el hecho de diagnosticar de acuerdo a cierto criterio orientador que hace corresponder una estructura psíquica a un mecanismo que funcionaría exclusivamente  en la misma, como por ejemplo: la represión o la verdrangung a la neurosis; la renegación o la verlegnung a la perversión; y la forclusión o werverfung a la psicosis. Aseverando entonces por consecuencia conclusiones tales como que en una estructura neurótica no habría posibilidad de que hubiera una forclusión o una renegación, u otras como que en la neurosis sería imposible que se suscitara por ejemplo una alucinación o un delirio, acotando así el hecho de un tratamiento posible a cuestiones que se presentan, no en pocas ocasiones y hasta diría que diariamente en la experiencia analítica, frente a las cuales, y no sin la orientación que nos facilita la negación, estamos en condiciones de afirmar que se encuentran por fuera de la significación al modo de lo forcluido, o al modo de lo renegado, o al modo de lo foclusivo renegatorio, sin que  esto afecte a la estructura de la que se trata en su conformación o su integridad[18]. Por lo que entonces este modo de entender hace a un lugar un poco más posible, por las condiciones en el discurso que otorga, en comparación con el que resulta  de la brújula de la neurosis, la psicosis y la perversión. De hecho si quisiera entenderse o leerse por ejemplo el caso del Hombre de los Lobos sólo a partir de las mismas y dejando de lado la negación y sus dificultades, resultaría que algo de la particularidad y singularidad de esta estructura no podría decirse por no encontrar el modo de hacerlo.



NOTAS:

[1] Sigmund Freud, Historia de una Neurosis Infantil. 1914 (1918)

[2] Ese es el nombre que le diera Ruth Mack Brunswick.

[3] En tanto hizo mención al mismo incluso antes y después de publicarlo.*

[4] Dos analistas no del todo vinculados con la Escuela de Paris.

[5] Nicolas Abraham y  María Torok, Le Verbier de L´Homme aux Louis. Cryptonymie. Aubier Flammarion. Paris, 1976

[6] Ruth Mack Brunswick, Suplemento de un Análisis.

[7] Su verdadero nombre era Sergei Pankejeff.

[8] Karin Osholzer, Conversaciones con el Hombre de los Lobos. Un psicoanálisis y sus consecuencias. Nueva Visión,  Buenos Aires, 1996.

[9] Ver Carlos J. Escars Los Nombres de los Lobos. Ediciones Imago Mundi. Buenos Aires.

[10] Y me refiero a la  palabra “comprender” tanto en el sentido de entender como en el del que se conforme un campo demarcatorio en el que se incluya todo lo que allí es dicho.

[11] Lacruz Berdejo, José Luis, Elementos de Derecho Civil I. Volumen I. Introducción (2006), Dykinson, Madrid; pág. 117

[12] Y para entender esto que creo que allí ya estaba en juego, antes de 1920, y cómo  influyó en la controversia que provocó la disidencia de estos hombres, no puede dejar de considerarse que  Freud publica con anterioridad al historial propiamente dicho algunos fragmentos altamente significativos del caso en otros textos como en  Lo ya Contado, donde relata la alucinación del dedo cortado como una reviviscencia y no como un recuerdo, y en la La Importancia de los Cuentos Infantiles en los Sueños, donde cuenta el famoso sueño que le da un nombre a este hombre.

[13] Jean-Claude Milner, Los Nombres Indistintos,. Buenos Aires, 1999. Ed. Manantial.

[14] Jacques Lacan, Proposicion  del 9 de octubre de 1967.

[15] Al que Freud arribara y al que él, apreciando los resultados, evidentemente le diera lugar en tanto tal.

[16] Lo que se encuentra en consonancia con que Freud especifica varias veces que en los niños pequeños es posible que se produzcan alucinaciones y que inclusive es más común cuando las mismas se refieren a la castración, sin por esto el sujeto en cuestión sea psicótico.

[17] Así es que algunos autores se inclinan por la neurosis y otros por la psicosis, presentando pruebas al respecto para sustentar su decisión. Pruebas que con el afán de querer hacer concordar esta estructura a un diagnóstico certero han sido  extraídas incluso de otras  fuentes que exceden el historial y a la experiencia analítica.  También en otros autores, que comentan el caso, se encuentra la necesidad explicitada de crear otros categorías diagnósticas y hasta otros mecanismos que no sean ni la represión ni la forclusión, ni tampoco la renegación, alguno de los cuales se apartan notablemente del discurso hasta estar  fuera del mismo.  Es así como se han llegado a nominar a estas estructuras como los inclasificables, neurosis narcisistas, bordeline, nuevas patologías, etc.

[18] De hecho Lacan hace referencia por lo menos a tres significantes, , que podrían ser forcluidos dentro de los cuales sólo el del nombre del padre determinaría necesariamente una psicosis mientras que los restantes -el falo y el amor u otro- no conllevarían inexcusablemente al resto  de la estructura.


BIBLIOGRAFIA  CITADA.

Salafia, Anabel.  El Fracaso de la Negación. Ediciones Fundación Ross, 2008.

Escars, Carlos J. Los Nombres de los Lobos. Lecturas de un Caso Célebre. Buenos Aires. Ediciones Imago  Mundi.

Lacan, Jacques. Seminario 1, Los escritos técnicos de Freud. Editorial Paidos.

Lacan, Jacques. Seminario 10, La Angustia. Editorial Paidos.

Lacan, Jacques.  Seminario 3, Las Psicosis. Editorial Paidos.

Lacruz Berdejo, José Luis. Elementos de Derecho Civil I. Volumen I. Introducción (2006), Dykinson, Madrid.

Ferreyra, Norberto.   Verdad y Objeto en la Dirección de la Cura. Ediciones Kliné, 1994.

Jaccard, Roland.  El hombre de los Lobos. Barcelona, España. Ediciones Gedisa, 1996.

Freud, Sigmund. Contribuciones a la  Historia del Movimiento Psicoanalítico, (1914). Ediciones Hispanoamérica 1988.

Freud, Sigmund. Historial de una Neurosis infantil, 1914 (1918). Ediciones Hispanoamérica 1988.

Freud, Sigmund.  La Importancia de los Cuentos Infantiles en los Sueños, (1913). Ediciones Hispanoamérica 1988.

Freud, Sigmund.  Construcciones en Psicoanálisis, (1937). Ediciones Hispanoamérica 1988.

Freud, Sigmund.  Análisis Terminable e Interminable, (1937). Ediciones Hispanoamérica 1988.

Freud, Sigmund.  Inhibición, Síntoma y Angustia, (1925). Ediciones Hispanoamérica 1988.


helgaclaudias* Acerca de la autora: Helga Fernández, es analista y escritora. Miembro de la Escuela Freudiana de la Argentina, parte del directorio de la misma desde el 2011 al 2014. Dicta clases en seminarios, es responsable del grupo de trabajo El lugar del tercero en la transferencia ¿Qué y a quién se transfiere?, en la misma Escuela. Coordina uno de los grupos de formación del Curso para entrar al discurso psicoanálisis. Supervisa y dicta clases en hospitales de la Provincia de Bs. As. y de C.A.B.A.: Hospital Interzonal General De Agudos “Luisa C. de Gandulfo”; Hospital de Emergencias Psiquiátricas Torcuato de Alvear; Hospital Municipal Dr. Diego E. Thompson; Colegio de Psicólogos de Lomas de Zamora, entre otros. Co-autora de: Melancolía, perversión, psicosis. Comunidades y vecindades estructurales. Ed. Kliné/Ed. Oscar Masotta; El hilo en el laberinto. Lectura del Seminario De un Otro al otro, Ediciones Kliné – Ediciones Oscar Masotta, Bs. As.: y, El hilo en el laberinto. Lectura del Seminario La angustia y sus referencias. Ediciones Kliné – Ediciones Oscar Masotta. Buenos Aires, Buenos Aires, 2013 (2da. Ed.) Autora de numerosos artículos, publicados en diversas revistas: LALANGUE; Acheronta. Revista de psicoanálisis y cultura; La Mosca; ElSigma; En el margen. Revista de psicoanálisis, entre otras. Editora para Bs. As. y columnista de Revista En el Margen. Revista de psicoanálisis. Participa de la Reunión Lacanoamericana de Psicoanálisis y en grupos de la Convergencia. Forma parte de dos grupos de Convergengia: Lalangue y Transferencia en la psicosis.Escribió varios artículos que forman parte de revistas o de publicaciones impresas conjuntas. También es editora para Bs. As. de esta revista y en los meses de Julio y Agosto dictará una serie de encuentros presenciales titulados: Lacan y el surrealismo, invitada por esta revista en el marco de la Sección Encuentro. Contacto: helgafernan@gmail.com

 


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