“LAS INVASIONES”. Por Gisela Avolio.

Intervención realizada en XI Congres de la Fondation Européenne pour la Psychanalyse: LE SUJET EN SOUFFRANCE. (Marzo 2017, Barcelona)

 

Agradezco al Comité Organizador de FEP y a la Escuela Freudiana de Mar del Plata (Argentina) institución de la que soy miembro, y a quienes debo con sus interlocuciones haber desarrollado parte de los comentarios que hoy puedo hacer sobre este tema.

Con Freud aprendimos que en la esencia de la cultura coexisten sus producciones y la fuente de nuestros sufrimientos, porlotantopartimos de que se trataría de un imposible pensar sujeto sin malestar.

Tal es el fracaso en la plena realización de la felicidad que el concepto más propio del psicoanálisis,la Pulsión de Muerte, abre su paso a través del mandato al sujeto de encontrar satisfacción en el malestar.

Con estas coordenadas y las particularidades que la época imponeno es sencillo un comentario acerca del sujeto y su sufrimiento.

Convocada por lo que se propone debatir, me interesa comentar unas consideracionessobre el fenómeno de la segregaciónque a mi modesto entender es un nombre del sufrimiento, del malestar de la cultura actual, que constato en mi práctica y me obliga a argumentar cómo opera el psicoanálisis con eso.

Toda invasión supone un sesgo de exclusión, entendiendo por invasión la voluntad de apoderamiento que ambiciona diluir lo extraño, arrebatando al otro (con la violencia que esto conlleva) justo aquello que lo hace semejante, es decir su diferencia.

Que en el “Malestar en la Cultura” el hallazgo freudiano sea el fracaso del programa de Eros, brinda de por si un escenario complejo, diría de semejante complejidad.

Y más, aunque el narcisismo de las pequeñas diferencias constituya un fenómeno de elaboración de la agresividad renunciada,porque permite “la descarga de la hostilidad frente a quienes han quedado excluidos de un núcleo cultural, siempre se podrán vincular amorosamente entre sí a mayor número de hombres con la condición de que sobren otros en quienes descargar los golpes”. (1).

La segregación, verdadero origen de la fraternidad – dice Lacan – e inspirador de pasiones violentas, ocurre cuando en el encuentro con lo que es diferente en el semejante, esa diferencia se rechaza por lo indomesticable que esto supone.

Por esto la segregación es también una cuestión de lenguaje, no exclusivamente de idiomas, en tanto es no poder hacer entrar la diferencia que el significante comporta. Es renegar la falta de homeostasis que nos instala en el malentendido.

Encuentro que de una forma precisa lo menciona el psicoanalista Norberto Ferreyra: “todo movimiento cuya condición de existencia sea sostener, que algo no existe o no debe existir, o (…) nunca haya existido, se constituye en un movimiento en el sentido de la segregación”. (2)

En la universalización que el discurso capitalista implica, Lacan encontró un argumento para esto. Homogeneización que apunta a una igualdad sustancial que impone el mercado –entenderé por igualdad algo que tiende al todo, que aglutina-.

Este modo de lazo ubica a los sujetos en el espacio de lo clasificable, evaluable, como cosa domesticable. Todo puede subsumirse a la forma de mercancía, incluso los cuerpos mismos.

Esta política del discurso actual es posible que se sostenga por algo que le hace límite y a lo que necesariamente excluye.

En este problemático punto considero que se instala esta cuestión de la segregación, en donde lo que no se incorpora en el núcleo queda violentamente excluido, y -me pregunto, si cabe decir-: no por ello diferenciado, quiero decir devenido sujeto como efecto. En este sentido los niveles, las clases, ¿hacen a la diferencia o la ocultan? Sobre todo si son una versión del mercadoque se corresponde con la idea de que hay un gran Otro que calcula cómo se distribuyen las cosas, los diagnósticos, los fármacos…etc.

Esta lógica de la justa distribución es cuestionada por el concepto psicoanalítico de Falo como falta.

Entonces:¿qué lugar para la diferencia en un movimiento que reúne, apoyado en la eliminación de la singularidad del otro, del sujeto? Porque si se trata del goce y su exceso, ¿por qué no lo sería el que deviene de la exigencia de erradicar al otro?

Me impactó la pregunta que Lacan hace en “El discurso de clausura de las jornadas sobre psicosis infantil”, se refiere a que el problema más ardiente de la época es la segregación. Dice:“¿Cómo hacer para que las masas humanas condenadas al mismo espacio, no solo geográfico sino también familiar, permanezcan separadas?”(4)

Consideré que tal vez hay una clave para pensar esta cuestión, en la separación, como algo que se distingue de la expulsión. Una operación que es inherente a la constitución del sujeto (tanto como la alienación) y que  no es la producción de un segregado, en palabras mercantiles, de un sobrante. “En un mismo espacio pero separados”, es decir: no marginados, concentrados o desaparecidos, -en dialecto de la historia de Europa y Argentina- algunos de los tristes nombresde la exclusión. De ser así, no se trataría de la separación, sino de un todo al que le sobra alguno, lo que lejos de efectuar un sujeto, más bien tiende a producir un resto.

Es un tema muy delicado, más que nunca en el mundo, del que sé muy poco, pero en el que, creo, cabe el discurso del psicoanálisis como el que pone en juego lo imposible, que abre un lugar para la subjetividad; para que aquello que se rechaza no retorne del modo más violento.

Recibí la consulta por un niño de ocho años que en la escuela tenía problemas de violencia, al punto de ser medicado. Muy agresivo con los compañeros, agredía puntualmente a la maestra de inglés. Llegaba muy enojado a su casa y también lo estaba en el colegio. Esto, preocupaba a la madre.

El niño nació en España. Su madre, argentina, radicada en una ciudad balnearia española hace más de quince años, conoce allí al padre de sus tres hijos, quien también es español. Padre que se rehusó al nacimiento de este niño.

Una aguerrida separación de la pareja varios años despues, hizo suponer a esta mujer que lo mejor sería volver a Argentina con sus tres hijos, donde vivía su familia de origen.

Por su parte, el padre del niño migra a Inglaterra, un país que lo cautivó a pesar de la controversial relación que los ciudadanos de aquel pueblo balneariotienen con los británicos -por ser desde hace un tiempo un destino del “turismo de borrachera y desmadre”.

 ¿Qué desata esta emergencia de agresividad en la escuela?

Un grupo de compañeros lo insultan, diciéndole “español del culo,andaté a tu país”; se burlan de su manera de hablar. “Hablas mal”, le dicen.

Lo acusan por hechos que son interpretados con algo de malignidad por los otros: a un compañero se le cae la gabardina, él la levanta y otro le dice:“le estás sacando la prenda a X!”. Y todos se le van al humo.

Las injurias alcanzan su punto máximo cuando recibe una golpiza a la voz de “nosos de acá”, como consecuencia de defender a otro compañero.

Dicho en otras palabras: bullyng en español, bullyng al español.

En sesión dibuja la escena de una batalla, me dice “son las invasiones inglesas”, hay dos bandos de soldados que luchan entre sí, identificados por las banderas española y argentina. Dice: “¿Sabes por qué ganaron en la guerra los argentinos contra los ingleses? Porque estaban los españoles”.

 A esta altura me cupo la pregunta: ¿de quién son las invasiones?

En 1806, al Virreinato del Río de La Plata lo invadían los ingleses; lo que al mismo tiempo armó el escenario para la gesta de otra lucha, la de criollos (nacidos de la mezcla de indígenas y europeos) y españoles, por la independencia de la patria Argentina.

Para este niño parecía que en Argentina las “invasiones eran inglesas” porque hasta a su padre habían conquistado, pero también eran criollas, como la viveza “criolla” (argentina) que con violencia lo envolvía.

Para los criollitos, el español también comportaba su amenaza colonial, presencia invasiva por ser otro.

No quedaba fuera de la contienda quien mostrara estar “enlazado al inglés”: su madre, la maestra, y la escuela cuyo nombre es británico.

 ¿Cómo se sale de este atajo especular?!

Un día advierten en la escuela que el niño se aísla en algún lugar de la sala y se marca los brazos con alfileres.En sesión me dice que encontró un libro sobre magia negra y que aprendió (textual) – “que si se pincha con alfileres un muñeco de trapo, puedes dañar a alguien que ha hecho un mal”. A lo que le digo que parece que él está convencido de quien ha hecho el mal, y que por eso se daña a sí mismo.

¿Cómo puede un niño volverse un muñeco que concentra el mal? Parece de película…

Para los otros: ¿El mal de ser un semejante? Para su padre, ¿el mal de haber nacido?

Si por definición –de la R A E- la invasión es del que cuenta con la fuerza es interesante pensar que aunque él venía de la Tierras de los Civilizadores, padecía el efecto de la fuerza invasiva de lo que hacía comunidad, expulsando.

Leí un comentario de J. Milner que me fue útil, “el Psicoanálisis, desde que nació, ha elegido la vertiente del sufrimiento contra la vertiente del control”. (3)

¿Qué podía hacer un análisis con este sufrimiento? que no sea la práctica del control de la violencia. Es decir, que no se convierta en una invasión más. ¿Cuál es la solución? No sé. Pero si siempre se vuelve al Sur (como el tango y la madre del niño), vuelvo a quien nos hace de brújula a los psicoanalistas. Freud inauguró la solución (losung), la fórmula con el sueño de Irma, que maravillosamente interpretada por Lacan muestra que la solución al problema es la palabra. Y es por lo que trabajamos, la apuesta al inconsciente.

Milner en “Los nombres indistintos” dice que el sujeto cuando es nombrado por el insulto se encuentra convocado a portar este nombre a partir del proferimiento. Esto ocurre también con una agrupación, cuyos miembros no se reúnen por una semejanza anterior, sino por el abrochamiento a ese significante, por ejemplo, podría ser “sudaca”.

 ¿Es posible que el sujeto pueda no consentir a esa palabra que convoca?

Aquí no es cualquier palabra, sino aquella que marca un signo de alteridad: su patriotismo.

España es el Nombre de la patria, de la Madre Patria, Nombre del Padre, patria hacia la que inmigró su madre y de la que se expatrió su padre. Al niño le dio insignias, tradiciones y síntomas; parafraseando a Freud: su “made in Spain”, todas ellas marcas de un modo de goce y, por eso mismo, destino del odio.

Si se trataba de la exclusión, en ese lugar otra operación era posible, la separación. Efecto de división y corte que hace existir al sujeto.

En este análisis la orientación fue que se produzcan las condiciones que separen, ¿Qué? “español” de “culo” -que es muy distinto a marginar al español o a su contrario: apartar al español de todos los que están de culo con él, ambos modos de la depuración que responden a la lógica de la segregación-.

El intento fue discriminar que la maldadno va de suyo que sea una propiedad ligada a “español” y que hay algo de la singularidad del sujeto que es no pasible de estar representada en el significante, por más patriótico que éste sea. Con otras palabras, existe Messi y es argentino, pero la particularidad de su juego, recae en él, y no en argentino; por eso juega para el Barcelona, donde curiosamente más goles marca…

El maldecir (a los maestros), su mal en el decir por el que era burlado, devenido en muñeco maldito parecía portar el estigma de ser maledictus (latín), mal-decido.

 ¿Por el rehusamiento de su padre; la decisión de su madre?

De esa maldición era preciso que pudiera separarse.

Así entiendo una/mi práctica del Psicoanálisis que no sea de las conquistas que esconden un ideal que traerá el justo orden; tan próximo a la lógica de la totalidad y los totalitarismos. Sino más bien a la práctica del psicoanálisis que hace falta, al malestar.


Bibliografía.

  • Freud. El Malestar en la Cultura, Ed Sudamericana.1988
  • Norberto Ferreyra. El Cuerpo, Ed. Kline. 1993
  • Jean Milner. La política de las cosas. Migue Gomez Ediciones S.L.
  • Lacan. El discurso de clausura de las Jornadas sobre psicosis infantil. 1967

gisela# Acerca de la autora: es analista miembro fundadora de la Escuela Freudiana de Mar del Plata. Miebro de la Fondation Européenne pour la Psychanalyse. Fue Residente de Psicología en el Htal. Subzonal especializado Neuropsiquiátrico Dr. Taraborelli (Necochea, Bs. As. 1999). Dicta clases en las actividades de la Escuela, y allí el Curso Clínica con Niños y Adolescentes, desde 2010; actualmente es docente y supervisora de la Residencia de Psicología Clínica de los Hospitales Provinciales de Necochea y Mar del Plata. Desempeña la práctica del psicoanálisis en el ámbito privado.

 

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