¿Quién nos creemos que somos? Identificación vs. Identidad. Por Esteban Garvie (*)

La pregunta que titula el artículo es una cuestión que calladamente nos desafía. En este texto, Esteban Garvie nos propone un camino orientador, con las necesarias paradas en Freud y Lacan para deslindar, en principio, lo que el psicoanálisis discrimina entre identificación (e identificaciones) e identidad. Y nos lo presenta en un formato de contrapunto, denotado en ese “versus”, que bien podría ilustrar, creo yo, una forma de la división del sujeto. Cuáles son esas oposiciones y a qué lógica responden, rápidamente nos advertirá sobre sus incidencias en la estructura, y por tanto, de su importancia clínica.

Respondernos quién nos creemos que somos apela a la identidad y es un necesario punto de anclaje para la vida de relación, amén del efecto tranquilizador que provoca, en tanto cualquier cosa que se sea, por eso que se es, se sostiene el ser.

Pero claro, el “versus” divide, separa, pero no excluye, y así las marcas de la identidad y de las identificaciones habrán de arreglárselas para convivir.

Ricardo Pereyra, edición

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a) Identidad o Identificación

En este artículo intento despejar conceptos que pueden ser equívocos al invocar la noción de identidad. Por cierto sospechamos en psicoanálisis del término “identidad” y desconfiamos de su utilización en nuestros textos, cuando es tan usual en el discurso corriente. Para acercarnos a la cuestión podríamos decir que la identidad es lo que responde a la pregunta ¿quién nos creemos que somos?

Constantemente nos apoyamos en nuestra pretendida identidad. Algunos creemos ser psicoanalistas, por ejemplo. Pero nunca falta quien nos cuestione o impugne…y por otro lado no viene mal que revisemos de vez en cuando esa pretensión. Y sucede que rápidamente nos presentamos como argentinos, a costa de empapelar las múltiples diferencias que nos separan de nuestros connacionales. Están los que “son de River”, o “son de Boca”. A menudo se postula que hay que defender “nuestra identidad” En estos tiempos, la cuestión de la identidad de género ocupa gran parte del debate social. A modo de anticipación, puede decirse que la identidad siempre viene asociada a una afirmación acerca del ser.

Para abordar en más detalle el tema, resumiré los aspectos más definitorios del concepto de identificación. Luego de tomar nota de su densidad, se pasará a considerar la lógica de la identidad. Finalmente se considerará la posibilidad implícita en el campo subjetivo de ser y no ser al mismo tiempo, para concluir en la diferencia que hace que el psicoanálisis se encuentre más afín con las implicaciones del concepto de identificación.

b) Las tres formas de la identificación.

Se trata de desarrollar aquellos tres modos de la identificación que fueran expuestos por Freud en “Psicología de las Masas y Análisis del Yo” (1). Se los articulará con el modo en que fueron re-elaboradas por J. Lacan, y además asociadas con comentarios acerca de la constitución subjetiva, en aportes que se encuentran en los textos de Héctor Yankelevich (2) y Silvia Amigo (3).

Tenemos una primera identificación que Freud denominó “Identificación al padre” o “Identificación canibalística”. En términos lacanianos se la denomina “Identificación a lo Real del Otro Real”. Para entender por qué Freud habló de identificación “al padre” hay que remitirse a su conjetura acerca del nacimiento de la civilización en su obra “Tótem y Tabú”: El padre de la horda primitiva es asesinado y devorado por los hermanos que en consecuencia deben repartirse la culpa por el crimen y acordar un modo de convivencia que supone una legalidad normativa que regula la vida social. En la primera infancia habría una repetición de aquella mítica fiesta canibalística en tanto que se efectúa la incorporación de un rasgo que va más allá del plano de la necesidad biológica de la alimentación. Se trata de la incorporación del rasgo fálico, tramitado por la función materna, y que escribimos con la letra Φ. Es lo que se trata en la consigna que se suele condensar taquigráficamente el primer momento del Edipo lacaniano al decir “en el principio basta con ser el falo de la madre” (4) Decíamos que se trataba de que la madre acompañe los cuidados corporales y el amamantamiento de un plus deseante, que excede la efectuación meramente mecánica de esas operaciones. También se lo podría equiparar a una incorporación del lenguaje, pero no en su dimensión de simple locución, sino al tono, al ritmo, a la concurrencia cenestésica, en fin a toda la complejidad amorosa que hace al decir de lo Real del Otro, encarnado en la función materna. Al mismo tiempo se efectúa, lo que se denominaba el “vasijamiento” del cuerpo, siguiendo el modelo del alfarero que partir de abrir un agujero central en la masa de arcilla que gira en el torno, va elevando las paredes de la vasija. El modelo óptico ilustra el momento de constitución de UN cuerpo y del yo a partir del estadio del espejo, y que se representa con aquellos dos jarrones separados por el espejo plano, en la que una de ellas representa al Yo Ideal y el otro al Ideal del Yo. Ese modelo óptico en su descripción intuitiva es superado por una versión más rigurosa en términos de topología, cuando es equiparada la primera “reversión del toro”. En aquella operación que produce el llamado “toro trique” (5) con su agujero central, su meso, y su ecto. Toda una efectuación fundacional, que de no suceder, resultaría en la descripción de René Spitz de “síndrome de hospitalismo” y que encuentra sus paralelos clínicos en las manifestaciones del espectro autista.

Ahora consideremos la segunda identificación, llamado por Freud la identificación al “Einzeger Zug” que se traduce al “rasgo único”, y ahora en nuestra terminología, al “Rasgo Unario”. Freud quiso describir una forma específica de la identificación, que en oposición a la incorporación masiva de la primera identificación, es de naturaleza parcial; al “bigotito de Hitler” por ejemplo. Se produce alrededor de pequeños rasgos que pueden ser incorporados al collage caracterológico. Pero en la reelaboración teórica de Lacan, se trata de un momento crucial, enunciado cuando en su seminario pronuncia “…la identificación, es la identificación al significante”. De ahí que se lo denomine “identificación a lo Simbólico del Otro Real” .Apelando a la fundamentación de la noción de número intentado por Gottlob Frege en sus “Fundamentos de la Matemática” (6), el 1 de la serie numérica se define como aquello que sutura el 0, definido como “lo no igual a sí mismo”. Del mismo modo el significante unario, viene a suturar lo no igual a si mismo de la ausencia simbólica, pero con un excedente que hace que no pueda significarse a sí mismo, sino que sólo puede articularse en la diferencia con la serie de n significantes. Esto se resume en el matema (S1….S2) y que implica toda la red de significantes. Si al sujeto se le adjudica el lugar del 0 como “aquello no igual a sí mismo”, la consecuencia es que la definición del significante sea “un significante es lo que significa a un sujeto para otro significante”. Esta formulación implica que en la articulación significante se produce el “efecto sujeto”, sujeto del significante, sujeto del inconsciente. Por otro lado, la proliferación significante tiene otra consecuencia que es la producción del objeto a. De modo que debemos a esta segunda identificación estos dos elementos, aún disyuntos, de S barrado y objeto a. Ahora bien, como movimientos concurrentes a este momento constitutivo tenemos lo que ocurre en el segundo momento del Edipo, el de la Privación, cuando la consigna es “ser o no ser el falo” que es intuitivamente ilustrado en el modelo óptico con la inclinación del espejo plano a la vez que a uno de los jarrones se lo ve algo derribado. Es que la intervención de la función paterna genera una suerte de destitución del trono que ocupaba “su majestad el bebé” a la vez que la función metonímica de la función paterna debe ocuparse de trasladar el objeto a, a otras pantallas. La escritura topológica de esta situación es la de un segundo toro que rodea en el meso el agujero central del “trique”.

Por último Freud diferenció una tercera forma de identificación que llamó “identificación histérica”. Nosotros lo llamamos “identificación a lo Imaginario del Otro Real”. Puede entenderse como la incorporación de lo que entendemos que es del orden del deseo del Otro, que intentamos figurar en nuestra fantasía. Los circuitos concomitantes aquí son complejos, ya que se trata de lo que Lacan ubicó en el 2do piso del grafo del deseo. La novedad es que en este tiempo se articulan sujeto barrado y objeto a como se escribe en la fórmula del fantasma ($<>a). El lugar que ocupa el fantasma sirve como tope a lo que es exigido desde la pulsión, que no puede ser respondido con el puro significante, y que intenta responder al emplazamiento del Otro percibido en el célebre “Che voi?” (¿Qué quieres?). Esta forma de identificación tiene algún punto de contacto con la identidad, a pesar de que tendremos que puntualizar sus diferencias.

De recurrir al modelo óptico tendríamos una suerte de vuelco libidinal de un jarrón en el otro, a modo de muñeca rusa babushka. Para el esquema de las categorías de la falta es el tiempo de la castración. Corresponde a la salida del tercer tiempo del Edipo donde se entona el recitado que dice que el sujeto sale “con los títulos en el bolsillo”. En concreto, el niño saldrá alentado de que eventualmente podrá ejercer su masculinidad. No tiene el falo en forma efectiva pero la tendrá, y la niña “sabrá donde buscarlo” y de alguna forma se saldará la promesa paterna. Intentando designar esta situación de un modo algo más formal, diremos que el sujeto encuentra una salida de la encrucijada dotado de una “reserva libidinal”, cuya escritura es (-phi). La escritura topológica será la de la reversión de aquel toro que rodeaba el agujero central en la 2da Identificación, de modo que lo “engulle”.

Pero lo que se debe destacar es que en este tiempo, se sale de “la dialéctica del ser” para ingresar a la del “tener”. A modo de repaso, en el primer tiempo del Edipo “bastaba con ser el falo”, en el segundo se trataba de “ser o no ser el falo” mientras que en el tercero la situación es la de “tener el falo”

Resumiendo, el tránsito por las identificaciones implica una complejidad texturada por los tres registros. Si del fantasma se trata, la respuesta a la interpelación del Otro está en parte acuñado en términos de goce pulsional, y está marcado por la naturaleza parcial de los objetos del goce.

c) La lógica de la Identidad

Ahora corresponde ingresar al campo de la Identidad. Como primer comentario en relación a lo anterior, hay que destacar que la identidad se opone a lo parcial, Al contrario, empuja a la inclusión en un conjunto con aspiraciones a la totalidad. Si el fantasma responde desde una elección singular de goce, la identidad lo hace instando a participar de un colectivo que reúne a varios sujetos.

La identidad tributa a la lógica del principio de identidad. Es aquella que habita el pensamiento occidental desde los tiempos de Aristóteles. Todo el edificio lógico aristotélico descansa en el llamado Principio de Identidad, que postula que en que todo ente o cosa es igual a sí misma. (A=A). Al principio de identidad le corresponden dos corolarios complementarios. Son el principio de contradicción, que afirma que no se puede no ser igual a sí mismo, y el de tercero excluido, que dice que toda cosa contemplada por la lógica tiene que ser o no ser. (Expresión ontológica del principio de identidad).

Pero el principio de identidad ha sido objetado desde muchos ángulos. Lacan menciona un par de ellos en su seminario 9 (7). Ahí consigna la objeción de Wittgenstein, que observa que la fórmula A=A es tautológica, ya que no predica nada. Otro ejemplo que menciona es el caso del “expreso de las 20.30”. En la tabla de horarios del ferrocarril, ése servicio será siempre el mismo. Pero la máquina, los vagones y los pasajeros del tren difícilmente sean los mismos.

Se ha objetado el principio de identidad desde tiempos presocráticos. Heráclito observaba que el río siempre estaba en movimiento y que no se podría bañar dos veces en sus mismas aguas. También se formuló la llamada “paradoja de Teseo” (8) Los griegos estaban divididos en que si aquellos navegantes que venían de Creta a Atenas en un barco a la que se le habían reemplazado todas sus maderas, remos etc, era el mismo barco o uno distinto.

Entonces cabe preguntarse si se puede dar que algo sea y no sea al mismo tiempo. El principio de identidad lo niega, pero la lógica a la que apela el psicoanálisis no es aquella lógica, sino lo que se ha dado en llamar “la lógica del significante”.

d) Ser y no ser al mismo tiempo.

Como se expuso en el apartado sobre la 2da identificación, la naturaleza del significante es la de no poder significarse a sí mismo. Requiere de la articulación con un significante diferente y luego con toda una red para hacer significación. Lo que sí significa es “a un Sujeto para otro significante”.

Esto implica que en el plano del significado, la significación puede mutar hasta corresponder a un significado opuesto. De ello da testimonio el discurso corriente, en que una palabra viene a denotar cosas totalmente contradictorias. Un “boludo” es un amigo querido y respetado y un “hijo de puta” puede corresponder a alguien con talentos excepcionales.

Podemos concluir entonces, que en el terreno de las identificaciones prima la lógica del significante, y en el de la identidad, el del principio lógico de identidad.

Freud destaca que los sujetos se creen iguales entre sí cuando identificados a un líder conforman una masa. En una situación ilusoria afín a la de la sugestión hipnótica, se consideran iguales entre pares. Entonces se puede ubicar a las identificaciones por el lado de la subjetividad y la identidad por el lado de los fenómenos de masa.

La identidad se asume en forma consciente, y se lo proclama en la suposición de que es un blasón que se adopta en forma autónoma y libre. Las identificaciones se producen sin una decisión consciente del sujeto. Ocurren como efecto de una coyuntura entre el Sujeto y el Otro, y la historia de sus ocurrencias en general queda fuera del dominio del yo.

La identidad pertenece al registro de lo imaginario. Las identificaciones tienen pertenecen a los tres registros RSI.

¿Cuáles son los puntos de confluencia y de diferencia con el fantasma? Tienen en común que ambas son respuestas a la demanda y el deseo del Otro, y son construidas como defensa frente al Otro. Ambas suponen cierta fijeza repetitiva.

Pero son mayores sus diferencias. El fantasma en tanto implica a los objetos del goce, raramente es confesado. La identidad suele ser exhibida con orgullo. Podría pensarse que el fantasma corresponde a la identidad como en un plano de segundo o tercer orden, como ocurre con los distintos niveles de escritura lógica. Pero estaría operando en forma oculta, y sólo asomaría aquello que en el grafo del deseo lo conecta con el lugar del significado del Otro. El fantasma operaría desde el lugar de la causa, mientras que la identidad ocupa el lugar del efecto. El fantasma puede llevar a actos que son experimentados por el sujeto con perplejidad. Sólo sabe que no puede dejar de cometerlos. La identidad suele estar acompañada por la certeza yoica y es asumida de un modo reivindicatorio.

Las identificaciones son parciales. Aún en el caso de la primera, o canibalística, se trata de la incorporación de el “rasgo fálico” ɸ . La identidad tiene aspiración a una totalidad sin resto. El “tener” que resulta de la castración, es la posibilidad de acceder, no la estable satisfacción en el “ser”. En el dominio de las identificaciones, podemos ser y no ser al mismo tiempo.

Las identificaciones resultan en la triple articulación de los registros en el nudo. Sin dejar de participar de lo imaginario, son del orden de lo simbólico y lo real.

La identidad es del orden del narcicismo y en tanto imaginario, supone consistencia. Del lado de las identificaciones se encuentran la insistencia y la ex-sistencia. El fantasma $<>a situado en el piso superior del grafo del deseo, es del orden de lo inconsciente. Sin embargo un vector de retorno lo conecta con el significado del Otro en el primer piso, y por lo tanto tiene su vertiente consciente. Mientras que el significante es lo que opera en las identificaciones, la identidad tiene la unicidad del signo, por la que el sujeto quiere ser algo para alguien.

En resumen; las identificaciones son los soportes de la subjetividad. Las identidades funcionan como contraseñas que indican pertenencia a grupos colectivos, o a la lógica de las masas. La identidad es lo que creemos que somos. Las identificaciones hacen a que nunca sepamos del todo lo que somos, o lo que podemos llegar a ser.

Por último, resumo en un cuadro las diferencias entre identificación e identidad.

IDENTIFICACIÓN IDENTIDAD
Subjetividad Masa / Colectivo
Parcial Totalidad
Del “tener” Del “ser”
Insistencia/ex-sistencia Consistencia
Inc/Cc Cc
$<>a s(A)
Significante Signo
RSI I
Lo que no sabemos que somos Lo que creemos que somos.

Notas:

Freud. Sigmund “Psicología de las masas y análisis del yo” 1921

Yankelevich, Héctor “Lógicas del goce” Ed Homo Sapiens 2002

Amigo, Silvia. “Paradojas clínicas de la vida y de la muerte” 2003

Lacan, Jaques, “La relación de objeto” Seminario 4

Lacan Jaques, “L’Insu…” Seminario 24

Frege, Gottlob, “Fundamentos de la Aritmética” Ed. Laia, Barcelona 1972.

Lacan, Jaques. “La Identificación” Seminario 9

Chisholm, Roderick. “On Metaphysics” University of Minnesota Press 1989.

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Acerca del autor

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Esteban Garvie nació 1946. Se gradúa como Licenciado en Psicología en la Universidad Nacional de Mar del Plata en 1972. Ya como estudiante asiste y participa de los inicios del movimiento psicoanalítico de su ciudad. En 1976 debe migrar al Reino Unido. Allí, además de trabajar en salud mental, continúa su análisis,  y se vincula con las actividades del psicoanálisis en Londres.

De regreso a la Argentina en 1985, retoma su práctica analítica en Mar del Plata, a la vez que se incorpora al movimiento lacaniano local. Sin pertenecer específicamente a ninguna de las instituciones activas en la ciudad, continúa participando en jornadas y eventos hasta el presente. Cursa la  Maestría en Psicoanálisis (UNMDP) y defiende su tesis de Maestría en 2012. A partir de entonces y hasta 2018  se incorpora su cuerpo docente dictando seminarios, además de colaborar como evaluador y jurado.

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