Soy Ofelia. A propósito de Ser sin orillas. Por Helga Fernández.

“Pienso que un psicoanalista sólo tiene derecho a sacar una ventaja de su posición, la de recordar con Freud, que en su materia, el artista le lleva la delantera, y que no tiene por qué hacer de psicólogo donde el artista le desbroza el camino”.J. Lacan.

Cada vez que hacemos una declaración asumimos un compromiso y, si lo consideramos tal, aceptamos la responsabilidad de lo que decimos. Hablar nunca es un acto inocente. Cuando hablamos hablamos no hablamos acerca de, generamos un mundo nuevo para nosotros y a veces también para otros. La palabra crea una realidad. Después de haberse dicho lo que se dijo el mundo ya no es el mismo, fue transformado. “Hágase la luz” declaró Dios, y la luz se hizo. Si Dios existiera no creo que tuviera la necesidad de hablar. Nosotros no somos dioses, hablamos. Por esto, a diferencia de él, sí somos responsables, de nuestro decir-hacer. Y tal vez también a causa de este poder creador de la palabra, los seres parlantes tuvimos y tenemos la necesidad de recrear el “Hágase la luz” en un otro espacio que el cotidiano.  Algo así como aislar, recortar o concentrar el milagro de la encarnación de la palabra y los efectos de su conjuro, para honrarlo como se honra en los rituales lo que nos da origen y para resguardarnos de sus consecuencias fatales que nos trascienden(1). Porque no somos dioses, pero creamos realidad y también esa otra realidad que dimos en llamar teatro, en la que cada tanto acontece la verdad de la ficción y los presentes, todos y cada uno, en cuerpito y alma, somos generadores del “Hágase la luz”o del inicio de una vida tan efimera como frágil.

Freud, en algún momento de su existencia, dijo algo así como que la formación de un analista debería incluir la mitología, la literatura, la antropología; en suma, otros oficios y discursos, además del psicoanálisis. Agregaría a esta lista a medio hacer, que nunca se pretendió catálogo, vivir el teatro. Claro que así como el análisis será didáctico a condición de que no se pretenda tal cosa como su fin, nadie podrá vivir nada, siquiera el teatro, por más empeño que ponga, si en lugar de dejarse tomar por una experiencia se esfuerza por alcanzarla.

Del mismo modo que Freud importó palabras provenientes de otros campos, utilizó schuaupaltz, una palabra referida a la teatralidad o al drama. En la Traudentung nombra como Otra Escena o Otra Localidad Psíquica al espacio onírico, distinto al de la vida despierta, donde el inconsciente se representa y se figura, donde surgen imágenes. Pero estas imágenes no se reducen a un señuelo captativo, hecho para ver, que fascina por la estimulación sensorial que produce, más bien estas imágenes son correlativas de la función de la mirada y el campo escópico constituido por el marco que introduce esta Otra Escena. Tal imaginario, que se pone en juego tanto en el teatro como en el sueño, supone imágenes hechas de palabras que el entramado significante compone y escenifica.

A través de la Otra Escena algo puede ser dado a ver, por lo que se escenifica un lugar donde mirarse, con todas las transformaciones gramaticales posibles. La Otra escena auspicia como el sostén de la actualización de los recuerdos infantiles o las fantasías, en el contenido manifiesto del sueño, reeditando, con otras personas y otra concatenación significante, la marca de la experiencia con el Otro en la actualidad del tiempo presente del sueño. Tal actualidad y actualización también acontece en el teatro, aunque no sea una formación del inconsciente como el sueño. Como un  marco actual y presente en el que el sujeto, de acuerdo a su posición, puede verse, ser visto y hasta imaginar la mirada del Otro, también supone la función del fantasma. En el teatro los fantasmas cobran vida como los sueños se constituyen en sustitutos del deseo infantil.

Si el teatro nos conmueve, nos toca, es gracias a que el dramaturgo o la dramaturga y el actor o la actriz, desde su no saber, hacen pasar algo al guión y a la escena en la que cada tanto, cuando el prodigio sucede(2), es posible aprehender algo del deseo. Sí, el deseo, ese animalito voraz e intangible que busca representaciones en las que metamorfosearse, pero a la vez las sobrepasa.

Esta cierta articulación del deseo en el teatro a lo mejor encierre la razón del lazo tan íntimamente extraño que tenemos con algunos actores, gente desconocida y tan cercana, o con los personajes que componen. Todxs somos Hamlet y cada una de nosotras somos Ofelia. O mejor, hay un modo de Hamlet y una Ofelia singular, en cada unx de nosotrxs(3).

Hablo de Hamlet, no como un ejemplo más o un ejemplo cualquiera del teatro. Si hay una obra de teatro por excelencia en la que la articulación de la tragedia instaura planos superpuestos en el interior de lo que puede encontrar lugar la dimensión propia de la subjetividad humana o de la articulación del deseo, es Hamlet. Y, si Hamlet nos alcanza, si es uno de los grandes dramas de la tragedia moderna no es sólo porque Shakespeare fue genial. Es  también porque Hamlet es una pieza que se presenta como un enigma que resuena en nosotros a través de un personaje, del que no conocemos sus profundidades, no por causa de nuestra ignorancia. Hamlet es un personaje que está compuesto de algo que es necesario situar, el lugar vacío o el de nuestro no-saber. Pero, por favor, no seamos idiotas o eruditos, se trata de otro no saber que aquel que podría ser connotado como negativo. Este no saber situado, localizado, articulado, hace a la presentificación del inconsciente y entonces a la posibilidad de que el deseo o todos los problemas de relación del sujeto al deseo encuentren su lugar, ahí. Ahí donde el inconsciente se presentifica bajo la forma del discurso del Otro, encarnado en actores y actrices.

En Espacio 33, los sábados a las 20 hs., está sucediendo una Otra escena que nos toca y atraviesaa mi y a tantos otras y otros. Lleva por nombre, Ser sin orillas, Ensayo sobre Ofelia, con dirección y texto de Macarena Trigo y encarnación de Inda Lavalle. Es un unipersonal en el que Inda, habitando el texto y haciendo desaparecer lo humanamente posible su yo, da cuerpo a una Ofelia que habla y nos habla con voz propia, a diferencia de la escrita por Shakespeare.

Ofelia no es una persona, sin embargo tiene una historia, la historia de sus escrituras y sus representaciones. La Ofelia del Hamlet de Shakespeare resultó escrita sin madre y delimitada a los hombres que la rodean, una mujer moldeada para cumplir demandas y reflejar los deseos de los otros o del Otro. El padre y el hermano se erigen en los guardianes de su moral, de su pensamiento y de su vida. Para Laertes es un ángel casto. Para Polonio, un bien, un objeto del que dispone para su propio beneficio, en virtud de lo que le prohibe la autonomía de acciones y pensamientos. “No os entendéis a vos misma claramente, y como esto concierne a quien es mi hija y a su honor, yo os enseñaré” “Pensad que sois un bebé”. Así, después de haberle prohibo el contacto con el príncipe Hamlet, la expone como señuelo, ante este mismo príncipe una vez que ya se volvió “loco y peligrosamente turbado”, para congraciarse con el rey Claudio y elevar su posición social.

Ella, existente en la medida en que los otros la existen, no puede responder a la demanda de todos, no puede ser simultáneamente la variedad de seres que le exigen que sea. A estas demandas se le suma otra, la de Hamlet: “Los hombres somos criaturas falsas. No nos creas, a ninguno de nosotros.” Ante lo que ella atina a balbucear: “No sé, señor, que es lo que debo pensar.”

Poco después de este despotismo ejercido para con ella esos hombres desaparecen de su vida. Si te he visto no me acuerdo, parecen decirle. El hermano se va a Francia, el padre muere asesinado por su amado, el amante la rechaza. Ya nadie le da contenido a su existencia aparentemente tan adepta y necesitada del deseo del otro. Ofelia, poco a poco, parece ir desintegrándose y convirtiéndose en nada, ya sin siquiera esperar, al modo de un recipiente vacío, el significado que algún otro ocupante de turno quisiera atribuirle. Ofelia ya no es hija, ni novia, ni hermana No es nada. Ocurre entonces una lenta desintegración y luego el suicidio. Desde esta iluminación del sin-sentido(4) es que Ofelia llega a ahogarse en esa sustancia de la que ha salido toda vida, insípida, inodora e incolora, tan blanda como fuerte y maleable.

Pero si leemos Hamlet entre líneas, más allá de lo escrito expresamente, hay que reconocer que Ofelia también fue escrita para o resultó escrita para dar cuenta del estado del deseo de Hamlet. Ella, en esa escritura y representación, más que todo es la brújula o el barómetro del deseo de este otro personaje, por lo que en el transcurrir de los actos representa una y otra vez tal objeto, sea cual sea el estado en el que Hamlet se encuentra con el mismo.

Para Hamlet, desde el comienzo está todo mal, después de la aparición del espectro del padre su situación del deseo no da lugar a que éste sea un efecto no efectuado y a que el objeto esté en función de causa. Se produce la desestabilización de lo imaginario o la despersonalización en Hamlet. El teatro nos muestra al fantasma tambalear y vacilar. Como el fantasma contiene las funciones de lo imaginario es en lo imaginario donde va a aparecer el efecto de ese tambaleo. ¿De qué manera se aprecia en la estructura? En la escena en la que Ofelia le cuenta a su padre que se encontró con Hamlet y que estaba muy extraño. Tenía las medias sucias, sin atar. Se lo veía pálido como su camisa. No llevaba el sombrero en su cabeza. Parecía haber salido del infierno, proyectando en su imagen el horror de la aparición del ghost. Estaba desgreñado, desceñido, a nivel del i(a). Es el momento, en la relación de Hamlet con Ofelia, de lo estragement, de lo extraño. Donde Ofelia, por no estar el objeto a en función, aparece en el lugar de menos fi, en tanto lo siniestro. Lacan, sin embargo,  en ningún momento nos dice que en ese lugar o en ese momento Ofelia sea el doble real de Hamlet, pero sí nos señala, que es el momento de la máxima comunicación del sujeto barrado-losange-a con el i(a). Por lo que Ofelia deja claro que Hamlet no la reconoce, la mira extrañado, le dice “yo alguna vez te amé, pero ya no sé quién sos“, la desconoce.

Ofelia no cumple la función del objeto del deseo en el fantasma de Hamlet porque, como decía, ese marco está tambaleante, por lo que en un segundo tiempo de esta relación cumple la función de falo. Es el momento en el que Hamlet la rechaza y, a través suyo, rechaza al objeto causa. Ofelia aparece ante él como el símbolo del significante de la vida. No el falo simbólico que ordenaría la cadena de las generaciones, sino como el falo que se revela en su función de procrear, de símbolo del significante de la ley de la fertilidad, no de la transmisión. Ofelia, ahí,  es quien procrearía una especie de cochinos y de bestias que no tendrían la dignidad de existir porque surgirían de una mujer, que como Gertrudis y todas las mujeres, reduce el deseo a la satisfacción. Mujeres obsenas, condenadas a la genitalidad. El falo que en este momento representa Ofelia no es el de la potencia simbólica, es el falo reducido a su función de reproducción de individuos de la especie. Esta es la escena en la que Hamlet le dice, como quien arranca de su vida a alguien, destierra y excreta: Vete a un convento.

En el último momento de la relación de Hamlet con Ofelia es ese momento en el que se bate a duelo con Laertes para ver cuál de los dos quiere más a Ofelia ya muerta. Ofelia representa el objeto perdido y entonces es la condición de posibilidad del reintegro del objeto causa, que permite la función del fantasma y también del i(a). Es decir, un imaginario que no concierne en sí mismo al fantasma, como en la escena sobre la escena, sino un imaginario que supone la distinción entre el i(a) y la fórmula del fantasma. Lo que le permite a Hamlet constituir un rival, dejar de andar tirando espadazos al aire sin saber a quién mata y comenzar a realizar su acción de una vez por todas, en tanto Ofelia, ahora, una vez perdida para siempre, es algo, en tanto función, en él.

Pero si Ofelia es quien encarna el deseo de Hamlet y Hamlet es la pieza que mejor encarna el deseo entonces Ofelia es el personaje que mejor encarna cómo una mujer encarna el deseo de un hombre y por lo mismo el personaje que mejor nos da a ver la tragedia a la que se arribaría por obstinarse en ser el deseo del otro o del Otro. Una tragedia que parece leer  Macarena Trigo, con sentido afilado, para escribir una Ofelia que nos hace escuchar, golpeando en el cuerpo, la locura y la desesperación por la que algunas vez pasamos cada una de las mujeres pretendiendo ser ese deseo, con más o menos obstinación. Ahogadas de tal pretensión.

(5)“Soy Ofelia. La que el río no retuvo. Luz de luz. Engendrada y creada por la gran naturaleza del deseo, por quien todo fue hecho. Por quien todo fue dicho” “Tengo el mío acá -posa su mano en sus genitales de mujer-, atado a otra paloma mensajera”.

“Como del aire cual camaleón y engordo con la esperanza. Flota igual que un nenúfar cuando quiere, dijo una vez mamá. Flor y esperanza del reino. Miren esto. Miren cómo marchita cualquier hija de flor. Todo fue hecho. Y dicho”.

“Soy Ofelia. Un bello pensamiento entre las piernas de los hombres. No superamos la modestia de la naturaleza”.

“Te daría mis ojos y mis manos. Quiero ser necesaria. Probar cada alimento antes que vos, salvarte de inconstantes enemigos, darte un hijo quizá. Un ruiseñor certero. No me pensás capaz ni me pensás nunca. Nos vemos nunca. Nunca”.

Pero esta Ofelia, la Ofelia a la que presta su marioneta y su inconsciente Inda Lavalle con fuerza espeluznante, no es solo el falito obsceno y bueno para nada de Hamlet. Ni una pajarita cazada en su jaula. Ni una zombie llevada y traída por su padre, hermano o amado. La Ofelia de estas dos bestias, dramaturga y actriz, no es una muertita importante en alguien una vez enterrada. Es una mujer, que también podría ser cualquiera de nosotras, que muestra paradigmáticamente cómo se puede jugar el juego del señuelo sin que por esto el hombre que en ella refleja la causa de su deseo sea su estrago y sin que por esto ella sucumba a determinarse por algún significante amo asignado.

Al derredor de este borde, a veces impreciso,  por el que las mujeres funambuliamos con mayor o menor destreza, es eso acerca de lo que Macarena Trigo escribe Ser si Orillas. Ensayo sobre Ofelia.

No voy a hablar ni a delatar lo que dice y hace esta Ofelia porque no voy destruir lo que las artistas cifran, ni borrar la amplitud semántica de su lectura. Tampoco, y más que todo, voy a hacerlo porque esta Ofelia no es un personaje susceptible de objetivar o totalizar. No soporta descripción o lectura que permita su apropiaciónCarece de medida que la abarque. Esta Ofelia es una alteridad que se resiste a toda síntesis, un exceso frente a cualquier contenido que pretenda determinarla. Esta Ofelia resulta determina por el deseo del otro o consagra su ser a semejante atrocidad, pero más allá de ella misma esta Ofelia se suelta de esa determinación asfixiante y se afirma en la diferencia o en el lugar de tensión máxima de los indecidibles que no se resuelven, abriéndose a la multiplicidad, a otras formas y a las formas otras de captar lo femenino. Es una Ofelia que parece aclarar que podrá representar la madera del deseo de alguien o que podrá dejarse ser gustada pero no harán de ella o con ella lo que les gusta. Como si Ofelia opusiera a la guerra Máquina-Estado del Poder, territorializante, sobrecodificado, despótico y perverso, una otra guerra que desterritorializa, descodifica, anarquiza y provee representaciones continuamente cambiantesEl texto entrecomillado y en cursiva pertenece a la obra(6).

(7)“Soy Ofelia. ¿Tampoco a vos te alcanza? Estaré junto a vos cuando sí y mientras no”.

“Soy Ofelia. Puedo amarte y ahogarme cuando quiera. Vení. Mi rostro en las monedas irá de mano en mano. Estaré a salvo al fin. O quizá al comienzo. Sí. Quizá pueda ser otra. Ofelia y alguien más dentro de mí. Luz de luz. Piedra arrojada al río por la mano blanquísima de algún niño salvaje. Seré Ofelia de nadie. Volaré como si supiera y amaré como nunca en este lago”.

“Soy Ofelia. Soy el santo remedio de la humanidad. Morirán a salvo. Soy Ofelia. Tomá. El amor es otra cosa y otra. También la culpa. No es cierto pero tampoco lo contrario”.

Vayan a vivir esta puesta una y otra vez. Inda, dejándose tomar por ese suceder constante de Ofelia, hablando del “Hágase la luz”, ilumina uno y otro y otro y otro tramo del texto, cada noche.


(1) El teatro, ritual ateo de la encarnación. Y, conjuro de la fatalidad.

(2) Un modo de decir que tomé de Macarena Trigo.

(3) Esta misma actualidad y actualización del deseo a través de la encarnación del personaje también podría dar cuenta de la diversidad de interpretaciones críticas tan contrarias entre sí, como del hecho de que hay tantos Hamlet como actores o tantas Ofelias como actrices la representen.

(4) Tal y como se nombra en Ser sin orillas.

(5) El texto entrecomillado y en cursiva pertenece a la obra.

(6) Por lo que cabe que nos preguntemos, como lo hace el texto mismo de la obra, si en la escena del convento, la escena que se menciona para dar inicio a esta Ofelia, ¿Ofelia se somete o se libera de la maquinaria-amo?

(7) El texto entrecomillado y en cursiva pertenece a la obra.

 


#El texto fue premiado por el CELCIT en el concurso Teatro dentro del teatro.

Foto de portada, de María Kusmuk.


20190123160621-macarena-trigoMacarena Trigo. Poeta, actriz, directora de teatro y docente. Española por defecto, reside en Buenos Aires desde 2005. Se formó con la compañía española Telón de Azúcar y en Buenos Aires con Mauricio Kartun, Claudio Tolcachir, Verónica Oddó y Tamara Kiper, entre otros. Investiga sobre la puesta en escena del texto poético, la formación integral del actor y el uso de espacios no convencionales. Obtuvo la Suficiencia Investigadora en el Doctorado de Calidad “El Quijote y la novela moderna” de la Universidad de Valladolid en 2004. Es Licenciada en Teoría de la Literatura y Literatura Comparada, Historia del Arte y Comunicación Audiovisual. Trabaja como asistente de dirección en La omisión de la familia Coleman de Claudio Tolcachir, desde su estreno en agosto de 2005. 2018. Imparte talleres sobre montaje de unipersonales, creación de obra y dramaturgia en Espacio 33. Publica Campo minado de poemas, Ed. Invasoras, Vigo. Compilación de varias de sus obras. Estrena como dramaturga junto a Jimena López, Rhonda. Dir. Diego Recagno. Espacio 33. CABA. Trabaja como asistente de dirección en Un Golem, de Gonzalo Demaría. Dir. Claudio Tolcachir. Timbre 4. CABA. 2017. Coordina y programa la I edición del Festival 33 / Buenos Aires realizado en febrero en Espacio 33. CABA. Estrena como autora y directora Acá el tiempo es otra cosa y Planes de fuga todavía peores. Reestrena el unipersonal Por eso las curitas en El Brío Teatro. CABA. Se incorpora al equipo de redactores de la revista Continuidad de los libros.  2016. Se une al colectivo Espacio 33 donde trabaja como docente y programadora de actividades, obras y eventos. Estrena como autora y directora: Esas cosas que se dicen y son tan extrañas y Teoría del amor como pieza de museo. Imparte junto a Claudio Tolcachir el Taller de Escritura en la Diplomatura de Dramaturgia de la U.B.A. 2015. Su obra Ser sin orillas gana el Concurso Iberoamericano Textos Dramáticos CELCIT 40 Aniversario, publicada por la editorial Paso de Gato, México, se estrena en el CELCIT de Buenos Aires con dirección de Leo Bartolotta. El micromonólogo “Del amor en los tiempos del whatsapp”, forma parte del espectáculo Idénticos de Teatro por la Identidad, coordinado por Mauricio Kartun y Daniel Veronese. Colabora como dramaturga en la obra El cielo por asalto. Dir. Melisa Hermida. Timbre 4. CABA.  2014. Como autora, actriz y directora estrena el unipersonal autobiográfico Por eso las curitas. Teatro Polonia. CABA. Texto publicado en la colección Voces de papel. Ed. Escénicas Sociales. 2012 – 2013. Asiste a Claudio Tolcachir en los talleres de Creación de personaje que imparte en Timbre 4.  Como autora y directora estrena las obras Ella también la está pasando mal, (2013); Pie para el beso, (2012); La lluvia y otras cigüeñas, (2010). Desde 2009 mantiene el blog Me cago en la bohemia dedicado, entre otras cosas, al comentario y difusión de obras teatrales. Ha publicado los poemarios Polaroids de aeropuerto bajo lluvia y otras breves escenas sin Bruce Willis. Buenos. Aires, 2015; Cuatro angelitos. Ed. Anaya, 2008; Los poemas perdidos de Eleonora que Mariana encontró no sabe dónde. Ed. Amarú, 2006; Mutis sin aforo y Cuaderno porteño. Premio Letras Jóvenes de la Junta de Castilla y León, 2004 y 2003 respectivamente. Más: http://www.macarenatrigo.com/


inda2Inda Lavalle. Actriz. Participa y parcipó de: Ser sin orillas (Actriz), Lisístrata o La Rebelión de las mujeres (Actriz, Voces De La Banda Sonora), La calma mágica (Actriz), Con teatro te lo cuento (Idea, Directora), Jamón del diablo (Actriz), El viento en un violín (Actriz), 1984 (Actriz), Lisístrata, cruzada de las piernas cruzadas (Actriz), La omisión de la familia Coleman (Actriz), Hipólito y Fedra (Actriz), Otra vuelta de tuerca (Actriz), Platonov (Actriz), Jamón del diablo (Actriz) y Castas Divas (Actriz), entre otros.


img_8215-1Helga Fernández: Psicoanalista. A.M.E de la Escuela freudiana de la Argentina. A cargo del grupo de lectura: Lacan con Agamben, y viceversa. Supervisa, da clases y mantiene conversaciones de formación en hospitales de la Provincia de Bs. As. y de C.A.B.A. Autora de Tramoya. O la maquinaria de la voz novelada. Ed. Milena Cacelora. Buenos Aires, 2016. Co-autora de Melancolía, perversión, psicosis. Comunidades y vecindades estructurales. Ed. Kliné/Ed. Oscar Masotta; El hilo en el laberinto I y II. Lectura del Seminario De un Otro al otro, Ediciones Kliné – Ediciones Oscar Masotta, Bs. As 2016; La carta del inconsciente. Ediciones Kliné – Ediciones Oscar Masotta. Buenos Aires, Buenos Aires, 2007; Feminismos, de Leticia Martín y otras. Letras del Sur, 2017, y, Acuerdo en el desacuerdo. Qeja, 2019. Escribe para diversas revistas: LALANGUE; La Mosca; En el margen, entre otras. Editora para Bs. As. y columnista de Revista En el Margen. Participa de la Reunión Lacanoamericana de Psicoanálisis y en grupos de Convergencia. Ver más: http://escuelafreudiana-arg.org/sitio/events/event/lacan-con-agamben-y-viceversa/

4 comentarios en “Soy Ofelia. A propósito de Ser sin orillas. Por Helga Fernández.

  1. Querida Helga! te quiero agradecer el envío, además de que lo leí creo que en el día de ayer….y cerré sin comentarlo. Lo que resultó primero es que en cuanto leí el nombre,,,,,pensé que bueno, Helga escribió algo por Ofelia Fernádez!!!!! Ay, ay, ay!!!! Claro que no, en fin, tomada por la política y la militancia de los jóvenes…..
    A otra cosa, me gusta tanto como escribís que voy recorriendo distintos lugares y /o dimensiones cuando te leo porque es muy bello para mí y de un buen impacto que es que tengo presente la voz de quien escribe, claro está cuando los conozco…..y en esto me siento muy bien acompañada cuando leo.
    Con lo que vos escribís respecto de Ofelia y la obra de Macarena Trigo, a quien no conozco más que de nombre , me pasan dos cosas…..que quiero ver la obra de teatro porque decís de un inmenso trabajo hecho por la directora, la acriz y cada quien hace lo suyo ahí y también que es una versión otra de la Ofelia de la que hemos leído…..
    Así es que muchas gracias nuevamente. No abundo más porque apenas lo leí una vez y con eso no basta para decir demasiadas cosas! Adelante con esta versión!!!!!!

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    1. Claudia, acá, Helga, leyendo lo que decís y me decís. Andà a ver Ser sin orillas, te va a pasar algo. Me alegra que te acompañe mientras lees mi voz, algo de la presencia, porque a mi me acompaña que leas lo que escribo, saliendo de eso que llamamos uno mismo nos encontramos con otros. Y vos que sabes y soles salir de vos misma, acompañas de diferentes formas y diferentes lugares.

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  2. Helga, la veedad todo tu decir sobre OFelia me conmovio. No solo.por el deseo q causas de ver la.obra, sino x tu articulo tan bien dicho….Ofelia la representas de tantas maneras …como caras tiene una mujer……gracias Helga…..abrazo !!!

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