El malestar en la cyberlización. Carta 1. Por Helga Fernández.

Buenos Aires, 14 de mayo de 2020. Ciudad de Buenos Aires, Argentina.

Queridx amigx:

No recuerdo bien cuándo y cómo comenzó. Fue repentino. O así lo pareció. No propendemos a creer que los malos augurios ocurrirán. Pero ocurrir, ocurrió.

Lo real no avisa. No pide permiso.

Se hizo urgente prodigarnos una acción que apapachara del estado de inermidad. Darnos el tiempo y el espacio para articular los efectos del virus, como amenaza y fuerza transformadora.

Si las representaciones no alcanzan lo real, pero lo real tiene que hacerse y sólo se hace inventando aquello que lo bordea: ¿cómo inventar lo real? No es posible saberlo desde el vamos, pero empecemos por reparar en la diferencia entre hacer lo imposible y hacer el imposible.

Tal vez por lo convulsionado del asunto, estos días recordaba que el 13 de mayo de 1970, un grupo de estudiantes impidió a Lacan ingresar en la Facultad de Derecho a impartir su Seminario. Lo interceptaron en las escalinatas compeliéndolo a dar cuenta de su posición. 

Una intervención performática en la polis. 

Se obstaculiza el paso del profesor a El Panteón. Y, como si no bastara, se le pide explicaciones: 

-Todo muy bonito con tus clases, ¿pero qué haces frente a lo que pasa? 

Lacan (como el actor que era) acepta el convite:

-Pensarán que con mi bla bla bla y mis dibujitos de cuatro patas (los discursos) pierdo el tiempo, mientras otros se enfrentan cuerpo a cuerpo con la policía. También podrán reprochar que mi quehacer no tiene nada que ver con lo real. Pero, si hay un sitio donde lo que ocurre se aprehende, es en el pizarrón. Centrando la reflexión en la notación, se sitúan los fenómenos singulares del mundo y se incide sobre ellos.

No se qué pensaron quienes lo interrogaron después de esa respuesta. Y, desde acá tampoco alcanzo a imaginar qué pensas vos. Lo que yo creo es que los que estaban interviniendo la escena del mundo, cumplían una función y Lacan, otra. El orden de importancia no viene al caso. ¿Por qué habría que conmutar las acciones entre sí, como si todo pudiera y debiera equivalerse?

Necesitamos tirar piedras a los patrulleros, 

también arrojarlas en girones de escritura.

Es innegable que lo escritural incide en el curso del mundo. Algunas ecuaciones matemáticas cambiaron nuestra existencia. Los telares de las hilanderas predijeron las cosechas. Ciertos libros crearon nuestra historia. Los acuerdos de paz salvaron vidas. Y, parafraseando a Guattari: No sabemos si la gramática de la próxima insurrección vendrá de un Kafka, de un Lautréamont, de James Joyce o de una Camila Sosa Villada, antes que de las fábricas, de las universidades o de los analistas.

¡Psicoanalistas no muertos, va carta! Pero, —grita Lacan, años más tarde, muy, muy fuerte, para hacer llegar su mensaje al futuro, en el que vuelve a aludir a la letra. Aunque también sería ajustado traducir: ¡Psicoanalistas no muertos, letra sigue! –tal y como lo dijo Paul Alexis, a través de la puntuación lacónica del telegrama–. 

Invoca a los psicoanalistas no muertos. A los analistas que aún no habrían nacido. A los que estarían ejerciendo la práctica cuando él ya no esté.  Pero, también, invoca a los analistas lo suficientemente vivos (o no muertos) para seguir construyendo el psicoanálisis. A los que no renuncian al deseo. A los que vuelven a articularlo. A los que fracasan cada vez mejor.

Me parece que con el próximo correo se refiere al siguiente advenimiento de lo real, que no depende del analista. Por el contrario: el analista, en los próximos años, dependerá de lo real  —dice. 

Lo real despierta del letargo de los días. Y despabila de la hipnosis con la que resistimos al psicoanálisis con la misma cantinela de siempre. Fuerza y nos fuerza a seguir construyendo el discurso. 

¿No te parece que este virus cuestiona los ordenamientos que se daban por establecidos? ¿Los clichés de las relaciones sociales, del amor, los clichés del Estado, de las organizaciones de analistas y los clichés de la práctica que nos ocupa? ¿No te parece que este bichito puso en cuestión, incluso, el lazo mismo?

Hoy y ahora, vos, yo y todxs los que estamos vivos tenemos algo por hacer: escribir el real que está aconteciendo.

Inventar pulmotores de lo simbólico. Hacerle lugar a lo inaudito.

Del avance de la letra depende el porvenir del discurso. Avant la lettre. (Siempre me pareció una expresión hermosa. No debe ser casual que haya nacido con la imprenta, alude a un estado anterior a lo escrito: lo que aún está escribiéndose. En español avant suena y consuena cerca de avanti. Una arenga, también.)

Lacan, después de invocarnos y de llamarnos a la espera del próximo envío, aclara: …no obstante, desconfíen. Tal vez sea mi mensaje en forma invertida. Tal vez yo también me precipite. Es la función de la prisa que he valorizado para ustedes. La misma función que hoy nos pone a escribir en medio del vendaval a partir del vendaval. La misma por la que asumimos el riesgo al garabatear cartas de un carácter provisional, interino y accidental desde una sustancia maleable, que aún se está gestando, que todavía está aconteciendo.

No hay Uno que diga. Es tiempo de situar lo real en colectivo. Si cierta política se está cayendo, hay que colaborar interrumpiendo la monarquía de una voz Única en cualquier sitio que habitemos –público o privado–. Porque no basta con salir a las calles a manifestarnos contra las medidas que sostienen al patriarcado, también es necesario admitir cuáles seguimos practicando, o bien porque resulta fácil, o bien por creer que no somos responsables de lo que no hacemos. 

No somos biólogos investigando vacunas. No somos médicos asistiendo a los enfermos. No somos políticos procurando administrar los recursos del Estado. No somos militantes ayudando en las villas. No somos sociólogos analizando la realidad. Como analistas, somos aquellos a los que toca seguir escribiendo el psicoanálisis, de acuerdo a las circunstancias de nuestra época.

Resulta paradojal pero también lógico que en tiempos de post-verdad los analistas, casi, casi, hayamos renunciado a inventar. ¿A qué le tenemos miedo, a delirar, a extraviarnos, o nos tragamos el buzón de la Verdad y quedamos atrofiados de ficcionalidad?

Lo real puede diseminarse. Desparramarse. Viralizarse. Desbocarse. Y, desde que cuenta con el apoyo de la voracidad de la ciencia, más. 

Es desolador, pero estamos ante dos reales distinguibles. El coronavirus, que objeta el poder de la ciencia. Y la presencia de las letosas, que en pandemia encuentran excusas y razones para proliferar. 

Pero que el analista tenga que hacer la contra a lo real, no quiere decir que se ponga en contra. Hacer la contra no es estar en contraHacer la contra es, por ejemplo, procurar otra alternativa a la tecnología como instrumento de la tecnocracia. Y para esto es necesario cuestionar. Interrogar. 

Hay que adentrarse en el lenguaje a desentrañar; desde su semiótica y su sintaxis, inventaremos otro modo posible. Los anticuerpos se generan a partir de los códigos del virus. Los espíritus del Averno cifran su propio exorcismo.

Para distraer el hambre del mundo y el de estructura, la ciencia enchufa artefactos en el lugar de la relación que nos falta:

                                                                 la televisión,

                                                                     el viaje a la luna,

                                                                         el smartphone, 

                                                                            los ordenadores (No sé si calaste la palabrita: or-de-na-dor. Ay,  el súper yo, ya no sabe cómo vociferar más alto y más sordo).

Lacan decía –también por La Tercera–, que el porvenir del psicoanálisis depende de que los gadgets se nos impongan o de que lleguemos nosotros mismos a estar animados por éstos. ¿Podes creerlo? ¿No me digas que decir estar animados por los gadgets no se torna siniestro bajo el campo de significancia de nuestros días? Mucho más si consideramos que sin estas latas tuneadas, hoy, no habría análisis. Porque seamos honestos: ¿antes de esto, quién hubiera creído que hasta el más purista de los analistas iba a continuar el trabajo por las pantallas o los teléfonos? Ni siquiera hace falta apuntar a los ortodoxos, ninguno de nosotrxs fuimos capaces de considerar que tal cosa podía ser posible. Ya sé, te lo escucho decir: Una cosa es que funcione bajo condiciones de excepcionalidad y otra es que el consultorio portátil sea una alternativa a la presencialidad. Acuerdo. Pero habría que considerar que este sacudón voló las paredes, el techo, el piso, el marco del encuadre y, ahora, no quedan dudas de que, por ejemplo, si un analizante viajó (o está internado o está enfermo o cualquier otro hecho que no lo deje asistir al consultorio), el trenzado del decir y la escucha se constituyen, bajo transferencia, en el hábitat mismo del análisis, más allá del sitio en el que se asiente fácticamente.

Pero Lacan será muy Lacan, más no por eso adivino. A lo que parece estar refiriéndose con esto de que nos dejemos animar por las letosas —siguiendo aquel campo de significación– es a que sería esperable que no nos quedemos dormidos, a que éstas no sean el chupete 9.0 de la alucinación, a que no reine su animosidad de inanimidad; a que vos y yo, como seres vivos y encarnados, nos animemos, incluso, a través de éstas y pese a éstas; a que no okupen nuestro lugar; a que no seamos sustituidos por estos cusifai; y, a que, en tanto analistas que vamos al lugar de semblant del objeto a, no prestemos nuestra anuencia para que el nada consista. 

La digitalización de la vida cotidiana es todavía más palpable en confinamiento, incluso parte de la amenaza del mundo que llega o podría llegar –bajo la excusa y justificación de la urgencia y la necesidad.

Por estos días crece la demanda de compensar lo que no puede hacerse in situ, a través de la duplicación en la esfera remota de cada una de las actividades que realizamos. (Nominaciones, virtual y remota, que muestran que ninguna High Definition, por más higt que sea, suplanta la presencia.) Y, si bien este dispositivo puede ser un medio que permite hacer lo que de otro modo no sería posible, también puede constituirse en una de las formas de la tiranía con la que se procura suplir la ausencia, la pérdida y, hasta, obviar qué está pasando.

Si no podemos salir de la demanda de no parar, articulada a la digitalidad, no podemos dejar de estar hiperconectados: desconectados, descontactados, sustraídos de la materialidad propia del ser hablante.

Pa(r)ra, ¿sabes de qué me acordé? Discursos de sobremesa. (Nicanor también fue un visionario, un intempestivo.)

Yo es Yo

Yo es Otro

Yo es Nadie

Yo es un muñeco

Yo es la Internet Society

Cuya dirección en el cyberespacio es W.W.W. ISOC. Org.

Ocuparnos de la cyberlización de la vida y su malestar, es algo que, pese a este tiempo excepcional, había que emprender.

La cibernética es una lógica, pero como ideología, supone una praxis sobre la materialidad de los cuerpos en los que encarna el lenguaje. Por esto se nos impone estudiar su historia, su funcionamiento y su sintaxis. Su RSI.

La historia se descarriló. Los espejos se astillaron. Esto se está pareciendo cada vez más a una parodia de escena. Un telón rasgado. El público distante. La tramoya averiada. Y los actores y las actrices, con los ojos manchados de rímel, sobreactuando a la pantalla con la desesperación del que no soporta la ausencia.

Hay que llamarse a la dignidad y sentarse a escribir cartas.

H.F.

      


6 comentarios en “El malestar en la cyberlización. Carta 1. Por Helga Fernández.

  1. De verdad interesante la nueva sección.
    De considerar: la >metafísica de la presencia< (en términos de la Gramatología – Derrida -) vive también en el hecho de oponer realidad y virtualidad, pensando así que lo virtual – la escritura -es solo un sucedáneo y solo la presencia -la voz – es real y "de verdad". La reflexión sobre ciberlización debería, digo yo, considerar la deconstrucción de la polaridad real-virtual | Clave para la constitución de lo cibernético como dimensión nueva de la existencia es la responsividad: no seguir de largo, no mirar los perfiles solo por "pasar el tiempo": involucrarse en redes : estar ahí. También escribir la carta gana su fuerza de la esperanza de respuesta, de la promesa de interacción | Quedo a la expectativa de las cartas que vendrán.

    Le gusta a 1 persona

    1. Muchas gracias por la lectura atenta y por tu comentario que tomamos como respuesta a la carta, querido amigo.
      Habrá más cartas y en las siguientes se trabajará precisamente la diferencia entre lo real y lo virtual pero desde el psicoanálisis y antes desde la idea de virtual como fuerza.
      Veremos si desde Derrida quien sí nos acompaña en la carta.
      Y en coincidencia con tu propuesta también trabajaremos la posición de cada quien ante la cibernética, su responsabilidad y su estado de estructura.
      Compartimos la esperanza y esperamos más noticias tuyas.

      Le gusta a 1 persona

  2. Helga, me alegra la apertura de esta sección en la que reanudas la interrogación y la invención producida en tus oportunos textos acerca de, la para mí novedosa, articulación entre los analistas y las letosas, puestos a trabajar en plena pandemia y en el inicio del necesario aislamiento obligatorio. Fue una compañía imprescindible para sostener el trabajo en el consultorio y para seguir pensando. De esta carta destaco :”Es desolador, pero estamos ante dos reales distinguibles. El coronavirus, que objeta el poder de la ciencia. Y la presencia de las letosas, que en pandemia encuentran excusas y razones para proliferar.Pero que el analista tenga que hacer la contra a lo real, no quiere decir que se ponga en contra. Hacer la contra no es estar en contra. Hacer la contra es, por ejemplo, procurar otra alternativa a la tecnología como instrumento de la tecnocracia. Y para esto es necesario cuestionar. Interrogar.” De ahí esta imprescindible sección. Gracias

    Le gusta a 2 personas

Responder a Viviana garaventa Cancelar respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s