El malestar en la cyberlización. Carta 2. Por Helga Fernández.

Esta carta forma parte de la sección El malestar en la cyberlizacion, a cargo de Helga Fernández. Está escrita y entramada en relación a cada una de las cartas publicadas hasta ahora en esta revista.
Cuidado editorial: Gerónimo Daffonchio, Gabriela Odena, Ricardo Pereyra y Amanda Nicosia.


29 de abril de 2020. Buenos Aires, Argentina.

Queridx amigx y colega:

Llegó tu carta, aunque es más preciso escribir que tu carta me llegó.

Una carta es un contacto fuera de este mundo. Ni la carta ni el sueño se dan por pedido. La carta se escribe por necesidad de discurso o por deseo. El sueño, también. 

Si Lacan se refiere a la próxima carta como el siguiente advenimiento de lo real y lo real se inventa escribiéndolo, se trataría de una carta en blanco –como quien dice un cheque en blanco–. Una que hay que tallar de modo que la inmixión de lo simbólico horade lo real, como los grabados en madera, o las aguafuertes en metal o los grafitis de la ciudad. (By the way: hoy leí, al costado de la General Paz, en un cartel vacante de publicidad: INTERNET ES DROGA. La lengua popular también escribe, y lo hace en las calles.)

¿Cuáles son las primeras líneas del envío que llega y que escribimos retroactivamente y a los ponchazos? 

Resulta increíble que algunas personas sin dificultades intelectuales no entiendan que lo que ocurre es grave. El obstáculo de aprehensión del horror que acontece no es intelectual. Es posicional, ético. Una vez más el negacionismo presto a eliminar lo real, a borrarlo o limpiarlo de la faz de la tierra.

Quienes menosprecian los hechos hacen prevalecer sus intereses monetarios por sobre el valor de la vida o eliden de un modo violento el real en juego. Basta escuchar al presiente de Chile contando a las personas fallecidas como recuperadas “porque ya no contagian”. O considerar que el presidente de Brasil, el país más golpeado de América Latina por el virus, llama a éste una gripezinha. O escuchar al gran ventrílocuo del discurso amo diciendo que la afección se trata con una inyección de desinfectante.

Algunos seres hablantes son incapaces de asumir la existencia de lo imposible, de la atrocidad y de la inermidad. Incluso, queridx amigx, los que contamos con tal posibilidad y ética, por ráfagas, por estados, la olvidamos para continuar.

La mayor parte del tiempo, por decir algo, desconocemos que la tierra avanza entre material espacial y que ese espacio no está libre ni vacío, es un tembladeral que nos acecha. O no tenemos presente que nuestro mundo se originó de una colisión estrepitosa, de una tormenta del principio de los tiempos. Y tampoco que otro día, otro accidente quizá baladí, podría extinguirnos.

Es tan difícil vivir que por sobrevivir obviamos lo insoslayable. Tenemos la certeza (irrefutable) de que somos una especie excepcional y continuamos parapetados en nuestra omnipotencia pese a que como humanidad ya enfrentamos varias heridas narcisistas.

Cada uno de estos embates al yo se produjeron por la reorganización de lo simbólico, a causa del advenimiento de una verdad que contradijo el establecimiento de otra que nos sostenía como seres centrados en algún orden de primacía. Sin embargo, lo que hoy nos toca no supone la objeción del pensamiento humano por otra posición, lo hace un real que con la fuerza de lo imposible expone la impotencia de los hablantes.

No somos soberanos del universo. La tierra en la que vivimos no es el centro. Existen multiversos que se rigen por leyes a las que no accedemos.

No somos seres privilegiados en la cadena animal. Dios -esa criatura que ya murió- no nos creó a su imagen y semejanza; descendemos de los monos y somos un eslabón de la cadena zoológica.

No somos señores de nosotros mismos. El yo –ese invento loco y necesario– no es dueño en su propia casa.

Somos insignificantes –por cientos de significantes que nos aviven–.

Y, como si no bastara, el covid-19 nos enrostra que tampoco somos Uno, que nuestro cuerpo está constituido por varias formas de vida, también por organismos inertes. 

Este golpe cuestiona de manera exponencial el cuerpo como unidad envolvente y continúa desbaratando la vocación de superioridad de lxs humanxs. El Uno –lo uniano– es lo más parecido a un recipiente que no cierra, a una bolsa agujereada en la que pretendemos contener los fragmentos de una inmensidad que se dispersa por todos lados.

Estamos conformados por una estructura molecular que contiene minerales.

Los meteoritos que caen en el desierto del Moroco, las condritas carbónicas –la forma más antigua de materia sólida de nuestro sistema solar– poseen más sabiduría que la que podemos alcanzar. 

Nuestros cuerpos transportan bacterias, virus, hongos y no humanos. 100 mil millones de bacterias de 500 a 1.000 especies se instalan en nosotros: 10 veces más de células que la que nos componen.

No somos un solo ser vivo. No somos una entidad clausurada al mundo. Somos el mercado de Wuhan.

El cuerpo, como lo uniano e indiviso, es una función pero también una necedad que, en su feroz ignorancia, extravía. 

Emanuele Coccia dice –y acuerdo con él– que el poder de los organismos no se asienta en el tamaño, en la inteligencia o en la especie. Cuando existe vida, amigx, por más chiquita y rudimentaria que sea, contiene en sí un poder susceptible de imponer un nuevo orden, un nuevo modo de existir y una perspectiva capaz de mutar al planeta. 

Amigo, si lo que ocurre no fuera dramático, bien podría considerarse otra intervención performática, una ironía: un virus infringe una nueva afrenta sobre el narcisismo extendido hacia los órganos auxiliares y las prótesis que el hombre creó, a imagen y semejanza de su Yo Ideal con el afán incansable de hallar su deificación a través de la ciencia y la tecnología.

En El malestar de la cultura, Freud escribe :

Con las herramientas el hombre perfecciona sus órganos –tanto los motores como los sensoriales– o elimina las barreras que se oponen a su acción. Las máquinas le suministran gigantescas fuerzas, que puede dirigir, como sus músculos, en cualquier dirección; gracias al navío y al avión, ni el agua ni el aire consiguen limitar sus movimientos. Con la lente corrige los defectos de su cristalino y con el telescopio contempla las más remotas lejanías; merced al microscopio supera los límites de lo visible impuestos por la estructura de su retina. Con la cámara fotográfica ha creado un instrumento que fija las impresiones ópticas fugaces, servicio que el fonógrafo le rinde con las no menos fugaces impresiones auditivas, constituyendo ambos instrumentos materializaciones de su innata facultad de recordar; es decir, de su memoria. Con ayuda del teléfono oye a distancia que aun el cuento de hadas respetaría como inalcanzables. La escritura es, originalmente, el lenguaje del ausente; la vivienda, un sucedáneo del vientre materno, primera morada cuya nostalgia quizá aún persista en nosotros, donde estábamos tan seguros y nos sentíamos tan a gusto. 

Al listado tendríamos que agregar que con la medicación y las vacunas, los implantes y la biotecnología acrecentamos más todavía nuestras ansías de poder y nuestra sensación de fortaleza.

Sin embargo, tanta ingeniería genética, tanto clon, tanto cyborg, tanto Apple 10.0, y un virus nos tiene al vilo.

Tal vez, este nuevo agravio de en el blanco del cuerpo Uno, hoy constituido con el cuerpo de la tecnología. Quizá nos recuerde que además de singularidades somos individuos de una especie. O a lo mejor, nos ubique en la palmera del universo y admitamos –como se admite lo que verdaderamente se admite: con el cuerpo– que por petulantes obviamos que los recursos que explotamos se van a extinguir y nosotros con ellos.

El hombre ha llegado a ser por así decirlo, un dios con prótesis: bastante magnífico cuando se coloca todos sus artefactos; pero éstos no crecen de su cuerpo y a veces aún le procuran muchos sinsabores. Por otra parte, tiene derecho a consolarse con la reflexión de que este desarrollo no se detendrá precisamente en el año de gracia de 1930. Tiempos futuros traerán nuevos y quizá inconcebibles progresos en este terreno de la cultura, exaltando aún más. -También escribe Freud.

Hoy los hablantes del futuro de Freud, extendemos el terreno de lo uniano no sólo hacia un sentimiento oceánico en el que seríamos Uno con los otros y el Universo, también con las letosas. En nuestra actualidad mancomunamos con las latas inteligentes en una especie de misticismo tecnológico global, y así alargamos el cuerpo hacia tales potencias. Queridx, ¿nunca escuchaste o hiciste el chiste de que Google es Dios?

La implantación progresiva y el reemplazo de nuestros órganos internos, las prótesis tecno-computarizadas (desviaciones coronarias, marcapasos, órganos impresos, etc) funcionan como parte de nuestro organismo “viviente”. La expansión hacia el espacio exterior también se revierte hacia adentro: la colonización tecnológica hacia nuestro cuerpo. 

A la par, la digitalidad, como órgano de extensión del ser hablante, busca que la percepción se extienda indefinidamente. Deja visitar museos, monumentos y ciudades en tiempo real. O nos deja hablar con otros como si estuvieran al lado nuestro.

La mirada misma comprende la totalidad del cuerpo humano e incluye, en su tendencia de globalización, aquellos artefactos que dejan ver más y mejor.

Este avance también lo es en la derogación de la distancia hacia un lazo imaginario de inmanencia inserto en una suerte de animismo globalizado. Una compresión del tiempo y el espacio. Un supuesto ahorro que se acompaña de la fantasía de hacer existir la teletransportación o la desmolecularización. 

En el cuerpo Uno, que incluye el cuerpo de la tecnología, juega un papel esencial el concepto de interfaz, a través del que se lleva a cabo la tarea de conectar y amalgamar mundos ontológicamente distintos: el del ser hablante y el de las letosas. Si antes de la revolución digital existía cierta lógica compartida entre el hombre y la máquina y, también, cierta posibilidad de que éste entienda lo que aquella estaba haciendo cuando la manejaba, hoy es imposible. Ni vos ni yo tenemos idea de lo que pasa adentro de una computadora. La abstracción numérica de los  dispositivos, desde el más potente ordenador al más insignificante gadget, es incompresible para nosotros como usuarios, quienes sólo podemos relacionarnos con estas cosas a través del interfaz. 

El interfaz es la máscara de la máquina que nos calzamos para acceder a su complejidad. Si desde el punto de vista del aparato la máscara actúa como simplificador, desde el punto de vista del ser hablante actúa como complejizador, como entrada a facultades que no nos fueron concedidas. 

Los significantes nunca son fortuitos. U-sua-rio: parece nombrar un yo débil sin los megapoderes de las letosas, por lo que para alcanzar prestancia debe acceder a los recursos que la técnica prodiga: aplicaciones listas para usar y un moi que existe precisamente a partir de usar y ser usado por las Apps.

De algún modo el interfaz ocupa un lugar análogo al del espejo plano, es la puerta al Yo Ideal. 

Esta idea del interfaz, como prótesis y ventana, creo, es clave para entender el empecinamiento de los desarrolladores por su potencia y su comodidad, tanto porque promete llevarnos hacia lo que no tenemos como por el hecho de que cuanto más ergonómico sea a nuestro cuerpo, la transformación propia de la expansión de lo uniano más se adaptará, más aparejará y emparejará, envolviéndonos como una segunda piel o como una esfera que nos aísla del contacto propio de la vida carnal. 

El trasplante de prótesis artificiales –que en la dimensión imaginaria forma parte de la envoltura propia de lo uniano– corresponde a un movimiento iniciado, por lo menos, hace medio siglo, según procedimientos que no dejan de sofisticarse. Podríamos decir –no sé si estarás de acuerdo– que desde que el hombre es hombre e instrumenta el lenguaje para crear la herramienta más precaria, un mortero o un palo para acercar lo que no está al alcance de su mano, ya advino a la tecnología y su cuerpo –el cuerpo que tiene– cambia en función de los inventos del cuerpo de lo simbólico. Porque si el cuerpo de lo simbólico hace al segundo cuerpo, aquel, en su continua transformación, modifica a éste otro (no tan lentamente como suponemos o no tal y como lo suponemos).

Lo que parece nuevo entonces es más viejo que el sol. Pero el hecho contemporáneo a nosotros –no al hombre del Paleolítico Superior ni a Freud ni a Lacan– más decisivo y determinante todavía, es nuestra inmersión continua y creciente en los flujos informacionales de atributos deductivos, lo que ocasiona mutaciones que no se limitan a tal expansión de la envoltura de lo uniano, también, producen modificaciones que ocurren en otras esferas de lo imaginario, en lo simbólico y en lo real. 

Queridx amigx, si nos orientamos por las tres dit-mensiones o dit.mansiones, diríamos –si me acompañas– que estamos entrando por la dimensión imaginaria. 

Considerar la tecnología como órganos-prótesis de extensión del campo envolvente de lo uniano forma parte de la dimensión imaginaria (más precisamente de uno de los efectos en tal dimensión). Pero existe otra dimensión imaginaria de la digitalidad –que no se reduce a la extensión progresiva de lo uniano–, a través de la cual la realidad digital puede constituirse en doble o doblete de lo que voy a llamar la vida carnal. Esa que por estos días tanto añoramos.

Lo dejamos para las próximas cartas.

H.F.

P/D: Respecto a que tampoco vos consideras casual que en varios idiomas -francés, catalán, español- llamemos a los computadoras “ordenadores” y que ese tal, Jacques Perret, profesor de lenguas clásicas de la Sorbona, fue quien se lo propuso a los directivos de IBM, considero que la pretensión por ordenar datos es afín al control del Yo, pero, como te decía, también a la incitación del superyó. Lacan ya señalaba que las letosas están llenas del viento de la voz humana que exhorta: 

Gocen,

gocen!

Comprenme

y gocen.

3 comentarios en “El malestar en la cyberlización. Carta 2. Por Helga Fernández.

  1. “El excedente siempre es más libertario
    que las intenciones declaradas del – de la – autor/a”
    J. Derrida

    Querida amiga: Sí, sí. Que esto viniera de Freud no lo sabía: el ser humano crea herramientas que son extensiones de sus órganos y los potencian: prótesis. Se lo ve en la primera parte de >2001: Una odisea del espacio<: el simio encuentra un fémur en el suelo. Descubre que rompe el cráneo del esqueleto fácilmente pegándole con el fémur. Le comunica el descubrimiento a la manada. Armados de fémures los simios les pegan a los de la otra manada y los hacen huír. Se apropian del pozo de agua. El descubridor siente que ha dado un gran paso de dominio. Lanza extático el fémur al aire. La cámara sigue el hueso en el aire … y lo reemplaza en algún momento por la nave espacial. Del fémur a la nave solo hay una historia de desarrollo de prótesis. En eso me hizo pensar McLuhan –porque lo de Freud no lo conocía, McLuhan no lo cita (¡), pero expone bien la idea. Para rematar escribe: “Con la electricidad [sic] el ser humano extiende su sistema nervioso sobre todo el planeta” : hablar, ver, oír (y escribir) son ahora posibles con alcance planetario. La velocidad de la electricidad transporta información codificada digitalmente. El sistema nervioso de cada quien puede – letosas mediante – comprimir el espacio y expander con mucha fuerza tres de los cinco sentidos.

    II

    Con lentitud tengo que recorrer tus consideraciones sobre las tres mansiones. Me interesan. Que tender el sistema nervioso sobre el planeta entero sea una acción en la mansión de lo imaginario … ime lo imagino! (“sistema nervioso”, “planeta”). Pensando en el nudo borromeo me atrevo a concluír: en lo real y lo simbólico tiene que haber nuevos hechos concomitantes. Tengo que manternerme sin embargo fuera de las consideraciones psicoanalíticas al decir: En la realidad existe desde hace algunos años un nuevo excedente. Las plataformas que han dado en llamar “redes sociales” y la interred en general son una forma nueva de escritura y han creado involuntaria e imprevistamente una dimensión. Esta dimensión tiene un espacio propio, el cibernético (el afuera del adentro, dirías tal vez tú con términos de tu "Un cuarto propio)". En la escritura en sentido amplio hay evidentemente nuevas producciones: el hipertexto – no bien cultivado hasta ahora por lxs cibernautas – y las viejas-cosas-que-son-ya-casi-una-nueva (todos los intentos de establecer un lenguaje visual, aunque se queden en 9 de 10 casos en la exposición banal de una imagen o un video que no desarrollan narratividad y no están enlazados con otros trabajos en otros medios). Ahí vamos. Considerando que la atención dispersa es la forma actual de la atención –ha sido pro ducida por la multitud de medios-, el paso de las cosas es explicablemente lento, pero no se detiene. Y el nuevo excedente atrae: la dimensión cibernética de la existencia – ¿lo que tú llamas el doble?- parece ser un jardín de juegos muy vicioso en comienzo. Atrapa. Se escribe sin responsabilidad y se pasea por los muros sin tener que “darle cuenta a nadie” –lenguaje de negociantes-. Pero el activismo existe – social, ecológico, de derechos humanos etc. – y les cibernautas (este presentimiento tengo) llegarán un dia a conformar redes que merezcan ese nombre, no un panóptico de muros privados para la cultura del ego, sino redes de ventanas en las que yo soy la sumatoria de las interrelaciones entre los posteos que entran y salen.

    III

    Aquí dejo esto por hoy. Sé que dejo algunos asuntos apenas mencionados. Estoy a la expectativa de tu próxima carta cibernética. Me imagino que después podremos hablar un poco sobre la implosión de la gente en sus muros: menos actividad que nunca en las “redes” y un sobrecogedor silencio sobre la pandemia y la vida diaria en ella, como si estuvieran haciendo también de ella “un asunto privado” – que llevan adelante de una manera sobre la que ya algo has escrito.

    **

    Incluír una linda gráfica del nudo borromeo no ha sido posible. La leyenda de la gráfica en Wikipedia dice: ”El nudo borromeo ejemplifica la relación entre los registros [RSI]. Basta retirar cualquiera de los tres anillos para que se desanuden los otros dos”.

    Le gusta a 1 persona

    1. Qué gran epígrafe, todo un regalo, querido amigo. Y qué gran película la de Kubrick, la ciencia ficción develando y anticipando lo que la ciencia oculta y forcluye.

      Decía que la tecnología se apoya en las très mansiones: RSI, y que el aspecto de la misma que hace de las prótesis de progreso científico Uno con el cuerpo del hombre está ubicado en la dimensión imaginaria. Concluís atinadamente, “tender el sistema nervioso sobre el planeta entero” e incluso más allá, también supone lo real y lo simbólico. Te agradezco la expresión, me hizo ver que la pretensión de extensión también se prolonga a las facultades neucerebrales porque en manos de las neurociencias en alianza con tecnocracia las mismas son equiparables, sustituibles y homólogas a las Apps.

      También acuerdo, por supuesto, en que existe una nueva dimensión: la cibernética que dio lugar a una nueva forma de escritura, también y a su vez a un nuevo imaginario, a un nuevo simbólico y a un nuevo real. Cuánto por indagar.

      Querido amigo, desde que nos escribimos resaltas las funciones benéficas para el ser hablante de esta otra dimensión. Quiero decirte, porque tal vez no quede del todo claro, que considero que si logramos que las letosas no nos usen y nosotros alcanzamos la posibilidad de, no que nos sustituyan, sino de que nos veamos animados incluso por ellas, y que podamos hacer uso de las maravillas que traen El Progreso que porfian traer no llegará sin nosotros. A propósito, no sé si alguna vez existió un invento más socialista que las redes sociales en las que todos podemos acceder a la publicación. Una amiga tiene un cuadro en su casa que dice: todo impreso es político. Agregaría que lo es aunque sea digital.

      Un gran abrazo desde Villa Amancay, Cordoba, hasta Alemania.

      Le gusta a 1 persona

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s