El malestar en la cyberlización. Carta 4: Por Helga Fernández.

Esta carta forma parte de la sección El malestar en la cyberlizacion, a cargo de Helga Fernández. Está escrita y entramada en relación a cada una de las cartas publicadas hasta ahora en esta revista.
Cuidado editorial: Gerónimo Daffonchio, Gabriela Odena, Ricardo Pereyra y Amanda Nicosia.


31 de enero, de 2021. Villa Amancay, Córdoba. Argentina.

Mi queridx amigx:

La vida es y está complicada. Y nosotros, acá, aferrados a la pretensión de escribir. Seguir siempre es necio.

Leí tu última carta. Sus líneas me llevaron, como lo propones, hacia La Tercera en correlato con el seminario XXII, RSI. Los simbólico, lo imaginario y lo real es el enunciado de lo que obra cuando nos situamos a partir del discurso analítico, al ocupar el lugar del analista.

Coincido con vos en subrayar la importancia del pasaje del cuadro de doble entrada del seminario X hacia un anudamiento que eleva el tríptico inhibición-síntoma-angustia a campos de existencia, de modo que tales conceptos no queden reducidos a la dificultad de una instancia, provincia o registro en detrimento de los otros, sino que se expandan al interjuego dinámico de tres dimensiones. La práctica que ejercemos cambia según como entendemos los conceptos, también a partir de la cartografía de la estructura de una u otra escritura. El paso de las tópicas freudianas a los registros, y de los registros a las dimensiones nos libra de Planilandia y nos introduce en las Dit.mansiones a habitar en la dimensión de la experiencia.

Cada tanto es bueno recordar que nuestra política es la del síntoma; lo importante se esfuma, se olvida, se disuelve, una y otra vez. Te agradezco haberlo hecho. Me hizo pensar que quizá, querido amigo, tengamos que tener cierto cuidado y no decir que nuestra política es una política del frenado, sin más. Creo que sustituir un término por otro (síntoma y frenado), como si entre los mismos hubiera una equivalencia punto a punto, podría desviar la practica hacia una moralidad tendiente a provocar el frenado como un fin en sí mismo cuando, tanto como la cura, si uno y otra sobrevienen, sobrevienen por añadidura, por efecto.

Escribir que la política del psicoanálisis es una política del frenado, creo, carga las tintas, no sobre la complejidad conceptual de un término tan vasto y amplio en la historia y en la estructura como el síntoma, sino en el efecto de una acción que en tanto tal puede aliarse fácil, muy fácil, a la vocación de servicio del superyó presto a encarnar al amo, al sacerdote o al asceta. Claro que distingo que no escribís política del frenar, sino del frenado, y que tu expresión está enlazada a la mejor política, pero tal término, al contener en sí la acción y el efecto, podría ser tomado como otra razón que justificara que el psicoanálisis y la intervención del analista, suponen la instrumentación del lenguaje por causas finalistas e incluso de oposición de fuerzas. Mientras que el psicoanálisis no frena el goce oponiéndose al mismo, no es la cruz del Vade retro Satana, ni la del sacrificio, es una practica que cada tanto produce, como acerca tu decir, su morigeración por consecuencia; por ejemplo, a través de la transformación económica que opera la angustia, allí donde el plexo solar oprime y falta la falta, llamando a la dimensión simbólica en interdicción -y resalto interdicción junto con vos- a lo acéfalo.

Querido amigo, creo que esto que trato de decirte -entendiendo a lo que te referís y acordando- es lo que por otra parte articulas cuando mencionás la función de la inhibición: “¿Cómo sería concebible la puesta en función de una actividad positiva inhibidora? ¿Cómo la inhibición puede tener que ver con este efecto de detención que resulta de su intrusión en el campo de lo simbólico?” Tendremos que discutirlo -avisa.” Porque el palo en la rueda que en este caso encarna la representación mental (incluida su forma fálica) siempre cumple una función, por ejemplo, la del compromiso de la función del falo casi exclusivamente en el trabajo de un duelo y, entonces, redundando la inhibición misma en una economía de movimientos de la estructura de modo que aquel sea, por así decir, la tarea central, como la de un especulador que tiene inmovilizado el dinero en sus empresas. Aunque tal detención o frenado de determinada función por otra no creo que sea, tampoco en la estructura, un fin en sí, en tanto la misma no es finalista, como tampoco, por consiguiente, podría serlo la intervención del analista, quien si así lo hiciera, más que intervención actuaría una manipulación o rectificación de ortopedia. En todo caso, así como la inhibición no se produce por economizar sino que el ahorro es consecuencia de que el significante fálico sólo está en función del trabajo del duelo, el trabajo de análisis, siempre al ras de la estructura, llevará a que el objeto de la pérdida deje de coincidir con el objeto a como causa y entonces el ser hablante en cuestión recupere la condición del respeto del que hablas. Y, entonces, y a la inversa pero bajo la misma lógica, la persona del analista tampoco podrá, por mucho que lo quiera y pretenda, comandarse por la aspiración de frenar el goce sin que el síntoma haga, antes que él mismo, la transformación propia de la economía del deseo que traerá algún modo de acotamiento al mismo. Así como no se puede salir de la inhibición exhortando a que se lo haga tampoco se puede suavizar el goce deteniéndolo como una acción en sí. (De todos modos nos restaría distinguir síntoma de inhibición, pero no estamos en esas.)

Agradezco tu manera de introducir la función de la inhibición como una función en cierta instancia necesaria ya que me llevó a recurrir a su uso romano. En latín, inhibitio, significa acción de remar para atrás. Procede del verbo inhíbeo, que supone poner la mano sobre una cosa generalmente para detenerla; pero también para posibilitar, en algunos casos, una otra acción que la detención misma, una que no podría llevarse a cabo sin la inhibición, por ejemplo, imperium inhibere, ejercer la autoridad o suppliccium alicui inhibere, infligir a uno un suplicio. ¡Ni la autoridad y el suplicio podrían llevarse a cabo si algo no parara la mano del autoritarismo y el asesinato! Ya en Proyecto de una psicología para neurólogos, Freud se refiere a la inhibición en términos económicos y como necesaria para que cierto quantum de energía no se descargue por la descarga misma y obre en la complejización del sistema. Esto y tu modo de resaltar tal función señalan que las resistencias no son manifestaciones díscolas o anárquicas de la estructura, están ahí por algo y, por lo tanto, no tiene sentido alguno resistir a ellas con las nuestras. Gracias por el recorrido.

Tal vez sea tan difícil articular con palabras el quehacer del analista o la acción propia del psicoanálisis, porque para hacerlo en anuencia con la praxis hay que estirar la gramática hasta desgarrarla hacia un modo de expresión que no tome al yo (moi) como el ejecutor de su acto, ni al sujeto del inconsciente como al geniecillo que nos salva de un antihéroe que se cree dueño en su propia casa y, tampoco, al analista como un cirujano de la estructura, ajeno a ella. Por esto creo que la topología de cuerdas, además de aportar, como te decía dimensión al trabajo, aporta una escritura sin sujeto ni predicado, un poco más lejana del desvío de la voluntad, la intensión o cualquier proceder tendencioso. Es decir, una escritura sin agente de la acción pero que da a leer la estructura y sus movimientos.

Me parece muy valioso que me hayas hecho llegar el decir de Bruno Latour: Ser-crear interruptores de la globalización, generar gestos-barrera contra la producción desbocada. Ahí donde la destrucción humana de la biodiversidad está creando condiciones para que aparezcan nuevos virus y nuevas enfermedades. Considerarlo en relación con la política del psicoanálisis hace todavía más patente lo que éste puede enseñarnos también respecto de los modos del saber hacer ante el capitalismo desbocado: no basta con parar, con frenarnos, con ralentizar, todavía es necesaria una alternativa que construya otro modo de existencia. Y, aunque el psicoanálisis no propone una filosofía de vida ni otro sistema, más bien labora hasta que la causa del deseo esté a disposición del ser hablante y éste pueda hacer de la vida lo que pueda y quiera, indefectiblemente propende, por las condiciones que resultan de tal labor, a que se trate de un modo de existir que cuente con el sujeto del inconsciente y, por ende, con una economía de goce distinta a la del más y más y más.

Hoy, mientras miraba y escuchaba el arroyo correr, más caudaloso que de costumbre, vi una piedra dispuesta de costado desviando parte del lecho. Este pequeño obstáculo hace que el agua, al retornar, amojone un cambio en la forma de la cascada que, ahí, no cae sólo por la fuerza de la gravedad y el ímpetu de la creciente, se desplaza y desliza con una suavidad que imprime otro tiempo. La piedra que descamina por unos instantes el caudal hasta que éste vuelve a arremolinarse no merma la cantidad: la cualifica, la modera. Nunca es suficiente transformación la que le debemos al significante.

Amigo, qué impresionante el film y las imágenes de Yann Arthus-Bertrand, la pulsión de destrucción no sólo estraga nuestros cuerpos, también el planeta y el futuro. Mis respetos por ocupar la posición del analista y no menospreciar lo que acontece en el campo de intervención de otros discursos. Si consideramos que los efectos de la pulsión llegan a la atmósfera y a la tierra, el psicoanálisis no es ajeno al medio ambiente.

Una carta se escribe en las escansiones de ida y vuelta entre el destinatario y el remitente. Y, definitivamente, un amigo es quien te hace pensar, vale decir: quien soporta la diferencia.

H.F.

P/D: Qué valiosa tu referencia de ese decir de Lacan: Tendrá derecho sino al amor al menos al respeto el que por esta función esté orientado por el deseo como causa. Me recordó que el deseo también provoca odio.


Cuidado editorial: Gerónimo Daffonchio, Gabriela Odena, Ricardo Pereyra y Amanda Nicosia.

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