El malestar en la cyberlización. Carta 5: Por Helga Fernández.

Esta carta forma parte de la sección El malestar en la cyberlizacion, a cargo de Helga Fernández. Está escrita y entramada en relación a cada una de las cartas publicadas hasta ahora en esta revista.
Cuidado editorial: Gerónimo Daffonchio, Gabriela Odena, Ricardo Pereyra y Amanda Nicosia.


8 de febrero de 2021. Villa Amancay, Córdoba. Argentina.

Queridx amigx:

No sé si estarás de acuerdo, pero escuchando a cada uno de los analizantes por teléfono, a través de los oídos y no con todo el cuerpo –como sucedería en presencia–, se sobre evidencia el nuevo real que traen las letosas y su progreso aparente.

La ciencia no ensancha el campo de nuestro conocimiento, tampoco realiza aquello que promete: volvernos omniscientes. En el campo en el que opercibe (opera-percibe) inventa cosas que no existían a nivel de nuestra percepción, que provocan transformaciones sin precedentes. A este campo inventado por la ciencia, bajo el cual vivimos, Lacan lo llama, no sé si lo recordas, aletósfera –en alusión a la esfera de la alétheia o al campo de la verdad de la lógica como lo que hace presente el ser de manera intermitente–. La atmósfera en la que estamos insertos, en la que respiramos o nos ahogamos, se conforma por capas de oxigeno, de hidrógeno y de argón interrelacionadas, pero también por capas de fenómenos que existen a partir de la manipulación del número o del juego de una verdad formalizada. Parece increíble pero las fórmulas matemáticas nos determinan como la luz del sol o el ADN.

Pensando en esto volví al hecho de que Freud introduce la realidad psíquica develando que la relación con el mundo es fantasmática, producto de nuestros sueños, castillos en el aire, fantasías, ensoñaciones y, también, producto de la sexualidad que se engarza y origina en cada una de estas producciones. Mientras que Lacan introduce la realidad sexual, dependiente de cómo el ser hablante anude el sexo y la muerte. Querido amigx, sin ánimos de subirme a la ola que encuentra en cada forma o vestimenta una modificación a nivel estructural, ¿no te parece que lo digital, en tanto la letosa más espectacular de los últimos tiempos, introduce una nueva dimensión o una nueva realidad que no existía? Y, ¿no te parece, también, que tal vez esta realidad se engarce con la realidad psíquica, la realidad sexual y el lazo social, de varios modos y maneras que van desde un saber hacer, a una fetichización, a un síntoma y/o al sinthome? Me estoy refiriendo a lo que de acá en más voy a llamar, realidad digital. Pero, seamos sensatos, sólo encontrando condiciones de legibilidad que den cuenta de estos anudamientos y desanudamientos, sería legítimo afirmar que desde el advenimiento de la digitalidad existe una nueva realidad, pegada al nuevo real que produce la ciencia, que opera/percibe en la realidad psíquica o en la realidad sexual. Aunque, desde el vamos sería tan irrisorio considerar que la vida carnal es una ventana más de la realidad digital como considerar inexistente o falta de su propia dimensionalidad a esta última.

Si ceder a las palabras es ceder a las cosas, parece conveniente distinguir lo virtual –en su relación con lo fantasmático y con la imagen virtual– y lo digital, porque de otro modo lo virtual se pervierte en su función a la par que lo digital lo coloniza hasta desaparecerlo. (Una cuestión que no sólo acontece a nivel del significante sino que, como todo lo que acontece a tal nivel, ocasiona efectos en la existencia.)

En el mundo digital ni siquiera hablamos de la imagen especular, esta dimensión en tal esfera está presente, sin embargo no queda reducida a la misma. Ahí, la imagen no es efecto de la experiencia sensible constituida por la dimensión simbólica, es generada por un lenguaje liberado de la materialidad propia de la estructura del ser hablante. En la interfase tecnológica, concretamente, no hay imagen, sino una señal eléctrica que configura la misma a los fines de que sea vista, siempre y cuando primero haya sido “leída” (aunque prefiero decir procesada porque leer es otra cosa) por un dispositivo de traducción matemática, a un modelo inteligible.

La palabra digital designa el mundo y el lugar, inmateriales y sustentados por la tecnología. Se utiliza el adjetivo virtual formando pareja con todos los sustantivos de los que hacemos uso en la vida carnal, duplicándolos: 

                                                                              comunidad virtual 

museo virtual                                    tienda virtual 

                                           paseo virtual                          oficinas virtual 

     aula virtual  

                                                                                    visita virtual encuentro virtual, 

                                        sexo virtual, etc. 

En los últimos treinta años el término virtual, mientras fue utilizado para designar la realidad así llamada, fue privado de otra de sus acepciones o peor: se produjo una homologación entre una significación y otra que solapó ambas. No parece haber sido adrede, pero tampoco casual y menos sin consecuencias, que desde mediados de los años ochenta la industria telemática y su maquinaria publicitaria aplicaron el adjetivo virtual a las representaciones y simulaciones informáticas, vendiéndolas como mundos inusuales y prodigiosos, libres de la atadura de la materia, donde poder disfrutar de nuevas experiencias, y como simples versiones más cómodas de la realidad carnal. Sobre todo porque no hay nada virtual o muy poco en las construcciones digitales: mundos acabados y actualizados -en el sentido de articulados a lo actual-.

La palabra virtual, antes de ser utilizada para mencionar tendenciosamente a esta realidad, estaba referida al lugar donde todo empieza, al germen de la imaginación y, entonces, de la actividad del fantaseo: un ámbito donde la pulsión, el deseo y lo imaginario fabrican un montaje posible. El espacio donde nace cualquier acto de creación e invención, movido por el objeto a.

Virtual es virtus, fuerza. La fuerza con la que todo se origina aunque no se origine, porque lo virtual es también una suposición resignificativa y/o proyectiva, conjugada al futuro anterior del deseo: habrá sido. 

Las fantasías laboran con restos de lo visto y lo oído.  Son una fachada psíquica construida con el fin de crear una pantalla a “los recuerdos que no se soporta recordar”, combinan cosas experimentadas en el cuerpo con imágenes y sonidos. Una remake productora de una nueva realidad con fragmentos de escenas anteriores. Un pastiche montado para la realización del deseo. Columnas de los espacios de sosiego del presente, obradas con lo que persiste en pie de antaño. Sustento real del fantasma.

El fantaseo no es una facultad secundaria ni una actividad ociosa. Es una fuerza libidinizante. Erótica. Causante. Política.

En la vida digital asistimos a un espacio compuesto también por fragmentos de sonidos, de imágenes, de texto, de vídeos; en tanto toda realidad, por muy tecnológica que sea, es fragmentaria. Sin embargo, en ésta no hallamos el zurcido propio del sujeto. Tampoco sus experiencias, sus olvidos y memoria.

Freud, en El poeta y los sueños diurnos, escribe que en el juego y en el sueño a pleno día, el jugador y el soñador se toman muy en serio el mundo de la fantasía porque en él invisten grandes montos de afecto, lo que no impide que puedan diferenciarlo de la realidad efectiva. Lo único que diferencia el jugar del fantasear es el apuntalamiento. El que juega tiende a apuntalar sus objetos y situaciones imaginadas en cosas palpables y visibles del mundo carnal, por ejemplo, en los juguetes o en todo aquello en lo que se asiente la transformación del “como si”, mientras que el ser hablante cuando fantasea, no. Se entiende la diferencia que Freud introduce; sin embargo habría que pensar, llevados por la experiencia del análisis, que las fantasías también se apuntalan aunque esto sólo sea legible a partir de la noción de fantasma. O, ¿acaso, las fantasías no se apoyan en cosas tan palpables y visibles como el otro, el semejante? Lo que a veces ocurre hasta el extremo de que alguien podría recriminarle a su partenaire: ¿Estás jugando conmigo?

De esta realidad del mundo lúdico y del fantaseo derivan consecuencias importantes para el arte y el discurso del psicoanálisis: lo que se recrea en el fantasma ocasiona placer, pero si se efectiviza en la vida carnal depara mayor cantidad de displacer que placer, incluso un monto de goce afeccionante. Porque, si bien el apuntalamiento es un modo de nombrar el anudamiento entre la realidad fantasmática y la realidad sexual, y el anudamiento de ambas con el lazo social, la distinción que Freud apunta sigue siendo útil por necesaria, dado que la materialidad de la fantasía, aunque se apuntale en la realidad efectiva, siempre supone un como si bajo el cual el deseo se realiza en la fantasía misma, no a través del acting o el pasaje al acto. No es lo mismo para alguien que el otro entre en su fantasma a que lo instrumente para actuar sus fantasías.

La realidad digital también es distinguida de la realidad carnal o efectiva -como la llamaba Freud-, ningún hablante que no delire podría confundirlas; aunque de igual manera es tomada en serio porque como en el juego y en la fantasía conlleva un compromiso de investidura libidinal. Supone una realidad que no está hecha de la realidad de las fantasías, pero que el fantasma puede tomar para recrearse a través de las posibilidades que provee. Queridx amigx, aquí también es importante el concepto de apuntalamiento porque la subjetividad y el cuerpo que se requieren difieren del que se pone en acto en el juego con objetos concretos. Por ejemplo, no es lo mismo jugar con bloques que pasar pantallas a través de una destreza maquínica que no conlleva la imaginación activa o no es lo mismo jugar con muñecos de madera que jugar con personajes pixelados con los que supuestamente se interactúa. No quiero apresurarme hacia afirmaciones asertivas pero en este último caso creo indispensable, o un progreso en la metáfora, o una abstracción esquizofrénica del lenguaje, según el caso. Y si bien el poeta inventa “lo palpable” a través de la creación de sus criaturas, quizá también contando con un grado más de abstracción por el que la palabra misma es el chiche del juego, su quehacer requiere de la invención, es decir de la complejidad de la dimensión simbólica de cada quien.

En la novela anterior a la modernidad, el sentimiento de seguridad con el que yo acompaña al héroe a través de peripecias es el mismo con el que un héroe real se arroja al agua para rescatar a alguien que se ahoga; es ese genuino sentimiento heroico al que uno de nuestros mejores poetas ofrendó esta expresión: «Eso nunca puede sucederte a ti». En esa marca reveladora que es la de invulnerabilidad se discierne Su Majestad el Yo. Mientras que la novela moderna encuentra su especificidad en la inclinación del poeta a escindir su yo, por observación de sí, en yoes-parciales, y a personificar en varios héroes las corrientes que entran en conflicto en su propia vida anímica, lo que estructuralmente es posible dado que el yo (moi) está constituido por ese caleidoscopio de astillas identificatorias. Esta fragmentación del yo también puede ponerse en acto en la realidad digital. Cuando se elige el jugador de un videojuego, se despliega una serie de opciones: rubia hombre flaco morocha mujer alienígena gordo monstruo musculosa. O, a la hora de crear un usuario la persona puede proliferar en sus identidades tanto o más que Pessoa con sus heterónimos.

¿La realidad digital ofrece un uso de sí misma para sensorizar y enriquecer las fantasías, potencializando la praxis de lo imaginario? O a la inversa: ¿la realidad digital podría bloquear u obstaculizar la función de la Otra escena ocasionando, por ejemplo, fenómenos afines a lo siniestro? Peter Pal Pebralt interroga: ¿Cómo diferenciar el hecho de que no sabemos lo que puede un cuerpo, del desafío de la tecnociencia, que justamente experimenta lo que puede y se puede con un cuerpo? Y, ¿cómo diferenciar la descomposición y la descompactación del cuerpo, necesarias, para que las fuerzas que lo atraviesan inventen nuevas conexiones y liberen nuevas potencias (la danza, la literatura y el propio psicoanálisis), con la descomposición y desfiguración que la manipulación biotecnológica suscita y estimula?

En los juegos sexuales cuyas imágenes son animé, la distancia mínima e inmensa con lo humano permite, por ejemplo, que una mujer juegue a ser otra mujer que coge y/o es cogida por otra mujer con pene. Las posibilidades de la realidad digital cubren el espectro de varios fantasmas, están ahí, listas para usar; proveen de imágenes que (coinciden o duplican?) la fantasía y adicionan una cierta semejanza con la realidad efectiva aunque mejorada: sin poros, celulitis, sudor ni cicatrices; una buena forma, melliza del Ideal, lisa y plana: superflat.

La realidad digital podría dar lugar a una puesta en acto del fantasma, antes del pasaje al acto pero un paso después de la realización de la fantasía. Sus posibilidades no suponen llevar a cabo la fantasía, pero están mediadas por una realidad de una materialidad que no es la del juego ni la de fantasía. La que, por su naturaleza desasida de la carnalidad, está más cerca de lo real que de lo simbólico. Queridx amigx, creo que esta otra materialidad es más clara si pensamos que la realidad de la digitalidad también puede ofrecer la interacción con otros, reducidos a usuarios, para llevar a cabo estas fantasías que, si bien no suponen igual consecuencia que el acting en la vida carnal, implican el encuentro de deseos que se acomodan, alían o enlazan en función de fantasmas compatibles. Por ejemplo, imaginemos a un ser hablante en determinado momento de su vida, realiza-actua una fantasía histérica, en la que excita a un hombre, quien con esa erección tiene sexo con la otra mujer mientras ella los observa por la cámara e interactua erizando aún más el deseo de cada uno. Aquí esta persona es el hombre penetrando a la mujer, la mujer gozando del hombre y también el falo que los une. Una vez que lleva a cabo esta acción se angustia, no como si efectivamente hubiera actuado el fantasma, pero sí por la falta de la falta de la cuestión y la compulsión gozosa, como toda compulsión, a la que cada tanto se ve llevada; en tanto esta fantasía, articulada a la pantalla de la digitalidad, no la protege del goce tal y como lo haría el fantasma como pantalla ante el deseo del Otro, aunque quizá detenga tanto como impulse la actuación.

En el cyberespacio las fantasías recreadas, pueden resultar violentas, no por el contenido que exhiben sino porque la intimidad de las mismas viene de afuera: las imágenes no son proyectadas por la matriz más o menos armada del fantasma, son proyectadas por una máquina enteramente ajena al sujeto, es en este sentido que viene de afuera o de este afuera. Y, como toda porción simbólica que llega desde un afuera ajeno se presenta, o bien bajo un color siniestro, o bien como una imposición. Estas seudo fantasías, articuladas a la pantalla de la digitalidad, no protegen del goce tal y como lo haría el fantasma como pantalla ante el deseo del Otro, aunque quizá detengan tanto como impulsen el pasaje al acto.

La tecnología no provoca esta realización a mitad de camino entre la fantasía y el pasaje al acto, como una especie de diablo contemporáneo seduciendo con imágenes del Ideal, pero la ciencia trajo una nueva realidad al mundo y esta realidad que opera se anuda de diversas maneras a la realidad fantasmática, a la realidad sexual y al lazo social, a la vez que ofrece posibilidades que antes no existían a partir de las que cada ser hablante establece conexiones que van desde un modo del juego hasta estados oniroides. Queridx amigx, como leerás, lo que te escribo está entramado de clínica, pero tiempo al tiempo, en las cartas que vendrán, tanto mías como tuyas, estoy segura de que nos haremos el espacio para hablar de la experiencia de un modo más directo.

Las fantasías no son rígidas ni inmutables, se alteran con la variación de las condiciones de vida o reciben de cada impresión nueva una marca temporal. El nexo de la fantasía con el tiempo es sustancial. Una fantasía oscila entre tres momentos de nuestro representar. El trabajo anímico se anuda a una impresión actual, a una ocasión del presente que fue capaz de despertar los grandes anhelos de alguien; desde ahí se remonta al recuerdo de una vivencia anterior, infantil las más de las veces, en que aquel deseo se cumplía, y entonces crea una situación referida al futuro, que se figura como el cumplimiento de ese deseo, justamente el sueño diurno o la fantasía en que van impresas las huellas de su origen en la ocasión y en el recuerdo. Pasado, presente y futuro son cuentas de un collar engarzado por el deseo que aprovecha la ocasión presente para proyectar un cuadro del futuro, siguiendo el modelo del pasado. Esta plasticidad es efecto del devenir del movimiento de la cadena significante. Pero, si la realidad digital provee de un stock de fantasías envasadas, hechas para usar, ese stock es siempre limitado o fijo, no tanto por la cantidad ni por la fijación del fantasma, sino porque por mucho que proliferen, incluso respecto de su contenido, no contarán jamás con el exlibris de la singularidad del inconsciente, del que resulta como efecto un sujeto. Y, si es cierto que los escritores y poetas, como expertos en la construcción de castillos en el aire, nos proveen de representaciones en las que se apoyan nuestras fantasías, también podría ser que la realidad digital provea de pedacitos de tela para la confección del entramado del deseo. ¿Cuántas veces escuchamos a un analizante invocando al personaje de la Play para recrear la rivalidad con su padre, la amenaza de castración, la sucesión de títulos o la transmisión de un legado? Sin embargo, tal forma de la invocación supondría uno de los fragmentos de los que se vale el ser hablante en la construcción de su fantasía, no un islote prefabricado y/o falto de dialéctica, sino una esquirla más de la realización del patchwork. Cuando la realidad digital aparece en sí misma, en tanto lo real de su actualidad, desencadenada de todo pasado y, entonces, de todo porvenir, siempre es obscena y coagulada aunque varíe en infinitos contenidos.

Si bien el ciberespacio se apuntala o podría apuntalar en la realidad fantasmática, su existencia se anuda más a lo real que a lo simbólico o en todo caso, se trata de un imaginario que por naturaleza está más en relación a lo real que a lo simbólico –a diferencia del imaginario del fantasma–. Su efecto, superpuesto a la fantasía o desanudado de la misma, suele ser profundamente anti-virtual: en cuanto simulaciones, su actualidad está duplicada, es redundante o reducida a una fantasía artificial que en ocasiones, pero sólo en ocasiones, también podría estar en el lugar de suplencia de la no posibilidad de fantasear o en el lugar de suplencia de un imaginario que no se constituye por fallas en lo simbólico.

Las narrativas-imaginarias de la realidad digital se asemejan a una mercantilización de la fantasía, a fantasías codificadas al bip, envasadas y vendidas en serie, no en serealidad. Por lo que al tornarse fantasías desencarnadas, sin rastros ni huellas siquiera de un autor o de una obra narrativa, suelen surgir en su materialidad imaginaria-real bajo algunos de los matices del fenómeno de lo siniestro o a través de objetos que, salidos de la pantalla de silicio, se presentan-en-sí desasidos de toda narración, desamarrados de cualquier palabra, aislados incluso unos de otros sin concatenaciones que los entramen. Pero esto, queridx amigx, lo dejamos para una próxima carta.

H.F.

P/D: Una última cosa: Si la fantasía es libidinizante y producto de la economía psíquica, en una economía globalizada, pretendidamente globalizada, no sólo se ataca lo simbólico, también lo imaginario en su punto de emixion , por ejemplo fantaseando por nosotros. No vaya a ser que deseemos otra cosa que lo que se vende; no vaya a ser que esas latas tuneadas no abarroten el espacio del deseo como causa.


9 comentarios en “El malestar en la cyberlización. Carta 5: Por Helga Fernández.

  1. Excelente trabajo Helga. Acá te escribe un sociólogo que trabaja en una misma dirección interpretativa, comprender la diferencia entre cibernética y subjetividad. El asunto será tratado con detenimiento en un ensayo que pronto publicaremos en la Revista Espectros, tentativamente, llamado “Notas sobre el capital cibernético”. Tu carta, ya forma parte de sus lecturas. Muchas gracias por el aporte.

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    1. Hola Leonardo. No sabes cuánto me alegra que encontremos redes efectivas de trabajo. Voy a estar atenta a ese trabajo para tomarlo como referencia e interlocución. Habrá algo que pueda leer de lo que ya trabajaste? Creo que se trata de una articulación que tenemos que trenzar desde varios discursos. Muchas gracias por la lectura, Leonardo: esa es la apuesta de la carta.

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  2. Ando por aquí y por allá en tu densa carta y cosecho impactos y sugerencias. Colecciono notas para tirar una botella al mar de la dimensión cibernética. > La carta se escribe por necesidad de discurso o por deseo< – has escrito. Aquí va.

    I
    Sí, una nueva dimensión de la realidad. Lo digital es una herramienta en la que me sumerjo esperando que otres acepten también jugar el juego. La presencia en el espacio digital se da en forma de una irrupción. Esta irrupción es en sí temporal: el momento de la aparición, el imprevisible momento del nuevo posteo de alguien me transmite una partícula de lo que es su espontaneidad. Si esto significa que en el espacio digital estén engarzadas la realidad psíquica y sexual … no lo sé. Ahora: lazo social sí hay – con quien quiere. O con quien puede. Porque aquí para mi el asunto pasa por el poder desprenderse o no de la letosa para no embotarse y poder registrar los hechos en las diversas dimensiones de la realidad con “presencia de espíritu” – qué vieja expresión-. Les embotades y les no embotades se posicionan frecuentemente en la manera de no querer arriesgar. Qué diferencias entre elles hay es cosa de otra consideración. A ambes el no estar cara-a-cara los lleva a menudo a comportarse irresponsablemente. Se mira y no se contesta. Se notan las publicaciones y no se las comenta. Se publica y no se da razón del contenido cuando llegan preguntas. La gente se comporta como quien pasa al lado de un cuerpo tirado en la calle: apresurando un poco el paso y aguzando la mirada para verlo bien mientras se lo deja atrás.

    II
    La imagen producida por textos, gráficas, archivos de audio y de video que alguien da de sus elecciones y de su posicionamiento es una escritura amplia. El hipertexto. Esta imagen no es igual a la generada por “la materialidad propia de la estructura del ser hablante”. Esta imagen no es la presencia de la voz que habla resonando en todo el cuerpo o siendo ella el producto de toda la caja de resonancia. Se trata de escritura, no de presencia (aunque, y aquí abro un largo paréntesis, las videoconferencias ofrecen del – de la compañer/a de charla significativamente más de lo que muches pueden percibir con su atención dispersa: dos puntos: el ritmo formado por el hablar y el callar; la entonación y el léxico; la gestualidad de cara, cuello y hombros; la manera de escuchar o no escuchar; la manera de enfrentar o evitar la mirada; las ocurrencias beside the point … y hasta los imprevistos fructificantes – con el perro o el gato que aparece en la cámara, el niño que grita, el tener que pararse a abrir la puerta para recibir un paquete que en realidad es para la vecina ….) La escritura en sentido amplio posiblemente esté engarzada con la realidad psíquica y sexual. Vuelvo a decirlo. Hay quien relaciona la producción de largos y sesudos textos por parte de Jean Jaques Rousseau con su por él mismo comentado y eterno gusto por la masturbación. En mi experiencia directa de activismo en el espacio cibernético [el producido por la digitalización de los flujos de información] los impulsos de mi subjetividad coexisten con la necesidad de trabajar en temas y ser parte de una comunidad – ¡ay! nunca se constituye del todo – de interesades en la que un dia podríamos hacer algo mancomunado.

    III
    … palabra esta última que introduce el asunto de los commons. Ya has dicho tú en otro momento que nada hay más socialista que este espacio en el que cualquiera puede publicar. Queda por lamentar que esta condensación tecnológica de un sueño haya visto la luz de la luna en un contexto de empresa privada. El niño de la Montaña de Azúcar (Zuckerberg) ha hecho más de lo que sabe. Ya quedó escrito por aquí en alguna parte que el excedente siempre es más libertario que las intenciones declaradas por la autoría. Es lástima que hasta el momento féisbuc reprima todos los intentos – y hay varios – que se hacen por inicitativas sin ánimo de lucro para que una plataforma a la féisbuc se convierta en un commons reconocido por las Naciones Unidas como un derecho de nueva generación: el derecho cultural a participar en el sistema nervioso extendido sobre el planeta. Ya vendrá.


    Postscriptum: Dejo de lado un asunto que me interesa mucho y excede mi temática, un asunto sobre el que te leo con creciente interés: la inmersión en videojuegos –para mi … una forma del olvido de sí. Te seguiré leyendo.

    **

    Mauricio Isaza Camacho

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    1. Hola Mauricio. Cuando veo en las estadísticas del wordpress que hay alguien leyendo en Alemania pienso que serás vos, y me alegra.
      Acuerdo una vez más con todo lo que decís, solo que considero que el problema no es cuando este medio permite el contacto sino cuando este modo del contacto se prefiere o se sustituye por el presencial. También considero que más allá de la responsabilidad en el uso, vale decir, más allá de un uso humano de la cibernética hay quienes por el estado de su estructura no pueden hacerlo. También pienso que una cosa es lo que hacemos algunos y otra es la que hace el comercio de algoritmos con lo que hacemos. Y también que así como la geografía influye en quienes somos, en cómo nos comportamos, cómo nos relacionamos, este medio también con sus diferentes particularidades.
      Quiero agregar algo a tu elogio a la cibernética: a través del texto (como lo llamas), conocí muchas gente que hoy forma parte de mi vida carnal, de mi realidad afectiva, de trabajo, de amistad. Creo que a veces lo escrito, el texto, nos deja ver sin que interfiera tanto el ruido de la personalidad. Esas irrupciones nos muestran más rápido o directo quién es el otro.
      Voy a tomar esto que decís de la videoconferencia en alguna carta.
      Gracias por recibir los envíos, la red también es una red. A eso apuesto y creo que vos también.

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