EST-ÉTICA LATINOAMERICANA, ARTE Y TEORÍA DEL CAOS. POR ELIZABETH VITA

“Eso llamado movimiento o transmutación permanente es un elemento clave en la creación contemporánea, o sea una cosa que nunca es sino que, cuando se cree que es, puede ser ya de otro modo, encierra una gran posibilidad. Es algo más que el movimiento, es el devenir”. Luis Felipe Noé/ Antiestética.

Desde la mirada localizada y posicionada de América Latina, el concepto de arte se comenzó a repensar y redefinir hace relativamente poco tiempo a partir de ciertos movimientos como la Antropofagia nacido en Brasil . Esta corriente daba cuenta a través de un manifiesto  del gesto de incorporación de conceptos importados de Europa pero sin dejar de operar una raigambre americana, deviniendo así en un concepto móvil y abierto. 

También desde Argentina  el  filósofo  Rodolfo Kusch (1)  planteaba el concepto de “Gran Arte” como arte situado en su territorio y su paisaje, con estructuras que operan más al modo de los sistemas no lineales de la física cuántica que a la apolínea mirada europea.

El problema es nuevo porque recién en los años 50 se empieza a hablar recurrentemente en nuestro medio de la identidad como un modo colectivo de ser y la identidad americana como una nueva realidad o devenir.

Una de las secuelas de la conquista de América por los españoles en el siglo XVI fue el exterminio de los pueblos originarios que habitaban estas tierras y con ellos el acervo cultural cosmogónico y artístico de los mismos. 

Ese acervo, sin embargo, no se perdió del todo ya que en el llamado mestizaje esa raigambre primigenia podía asomar desde algunos intersticios. Autores como Ticio Escobar (2) comenzaron lo que se denomina la descolonización del arte en América Latina. Este autor afirma también que “cuestionar la dependencia no es demonizar lo ajeno sino interpretarlo y seleccionar lo que sirve a nuestros propios proyectos”.

El concepto de Arte es occidental, surgió en la Europa del Renacimiento reclamando la autonomía de lo humano frente a lo sagrado, como una desacralización de la expresión artística, privilegiando lo individual frente a lo social apostando al “genio”, ese ser excepcional que produce una obra.

Para la cultura europea un objeto de arte es un objeto que por alguna característica puntual no entra en el circuito de uso cotidiano, no sirve para las necesidades de la vida. Queda exceptuado, deviniendo así en un objeto artístico.

La historia del arte fue concebida entonces, como una sucesión de objetos deslumbrantes y exclusivos. 

Para nuestra cultura este concepto no opera. Por excavaciones arqueológicas y antropológicas sabemos que los objetos hallados que guardarían la memoria y la historia de nuestros antecesores americanos potencialmente podrían ser todos de uso cotidiano, vasijas, objetos de cocina, objetos de adorno como collares, vinchas, instrumentos de percusión o sonoros, etc., no darían cuenta de esta característica de excepción que se requeriría para que un objeto se considere objeto de arte.

Tampoco ocurrió que alguien denominado Artista destinado a producir una obra por un llamado superior o “genio” apareciera por estos lares. Había artesanos que manejaban las técnicas con expertes, pero no alcanzaban la nominación de artistas. 

Todo comienza en el Renacimiento, que es también cuando la belleza se convierte en categoría fundamental, alcanzando su máxima expresión al promediar el S XIX.

Tal estética se funda en la belleza idealizada y cobra hoy un especial relieve en la llamada “función estética”,  que al exigir exclusividad desaloja de los espacios privilegiados de la producción simbólica a la mayoría de las obras del arte popular americano.

Ticio Escobar en su libro “El mito del arte y el mito de los pueblos” dice que muchos de estos objetos se utilizaban sólo en ceremonias que tenían el valor de sagradas, como las ceremonias fúnebres, ceremonias de iniciación o de pasaje. Con lo cual, si bien tenían el aspecto de objetos de uso cotidiano, estaban exceptuados a ser usados solo en esas circunstancias. No sería lo cotidiano sino lo sagrado/profano lo que asignaría ese estatuto de arte. Lo sagrado en América confluye con lo profano, la estética y lo sagrado están en la cotidianidad, es un nuevo habitar que propiciaría no desalmar los objetos.

Ahora bien, estas ceremonias tenían estructura de rito, el rito es un universo simbólico que difiere de lo cotidiano, a la vez ese ritual siempre está sostenido por un relato fundacional o mito y el elemento a agregar a este sistema complejo es el de fetiche. El fetiche es un objeto que se diseña para que se le adjudique un poder sagrado en esa ceremonia ritual, transmutando y operando como objeto protector. 

Es una ruptura total de paradigma, ya que de una única obra se pasaría a un sistema de relaciones y movimientos complejos donde la corporalidad y lo colectivo son parte intrínseca de la misma.

De una obra como “ente” en tanto es en sí, pasamos a cuerpos que se mueven ritualmente sostenidos por un relato mítico de origen y el diseño y transmutación de un objeto fetiche. Hay movimiento, hay vacío, hay cuerpos danzando, hay mutaciones y transmutaciones hay de lo per- formatico en juego, hay algo de un orden “otro”, hay algo del estar siendo en un devenir.

La teoría del caos entra a la física por la puerta grande del determinismo pero, paradójicamente sin posibilidad de predecir a largo plazo, razón por la cual el estar siendo en un devenir cobra particular relevancia en tanto trayectoria no predecible.

Luis Felipe Noé (3), ha dedicado gran parte de su obra a conceptualizar o mejor dicho re conceptualizar, re pensar el concepto de caos en el arte. En su libro Antiestética que tuvo una primera edición en 1965 y una última en 2015 plantea algunas cuestiones referidas al tema, cito:

“El caos, el desorden, es en realidad un orden que no entendemos, es un orden haciéndose, un orden abierto. Nuestra sociedad carece de la idea de orden como equilibrio y como hecho estático, su única verdad es el desequilibrio, puede ser un todo con elementos que tienen relación entre sí, una relación caótica pero relación al fin. Esta relación constituye una estructura, una estructura del caos, un conjunto de relaciones de elementos distintos. Entiendo al caos como estructura a la estructura que emana de esas relaciones, o sea un distinto orden. Caos como ausencia de todo orden conocido. Puede haber tantas versiones del caos como hombres hay en el mundo.” 

Noé nos plantea el caos como un orden “otro”, siguiendo esta  lógica no sería el artista desde su genialidad quien comanda la obra, sino que es la misma obra quien va creándose y creando al artista, no sería un modo de acceder a la creación sino más bien un modo de hallarla y habitarla. Es la creación quien nos encuentra en ese hacer, es la obra en su propio movimiento y desde su propio movimiento la que nos va atravesando y creando en tanto identidad narrativa.

Las Culturas mestizas se construyen sobre un terreno fracturado y abierto, erosionado por la cultura dominante, por lo que sus expresiones rara vez llegan a integrar un sistema orgánico.

En su texto “Planteo de un Arte Americano” editado en el boletín de arte “Estar”, en 1959, Rodolfo Kusch plantea una mirada en relación al arte situado, es decir que para hablar de arte es absolutamente necesario saber desde qué paisaje se habla. Desde la perspectiva Americana él afirma que el llamado “Gran Arte” sería aquel que surge como un compromiso y una necesidad que nada tendría que ver con el espectáculo sino que estaría más ligado a un acto de confesión:

“…no una confesión a modo de diálogo sino del que lanza a la cara de los demonios que lo rodean la evidencia de que vive, porque teme que estos se los devore.”

Se trataría, en el arte situado de América , de una conjuración mágica, dice el autor, que se elabora con el terror y en la que se vuelca lo que se es.

En cierta manera, la naturaleza de América nos urge para confesar lo que somos y una confesión urgente ha de ser megalítica, de tremendas proporciones para contrarrestar la gran naturaleza y mantenerla a raya mediante la conjuración mágica, nos dice Claudio Ongaro en “Arte, estética, literatura y teatro en Rodolfo Kusch”:

“…eso en plástica ha de ser como un fresco, un monumento o un altar y en la acción como un rito…”

Lo estético expresivo pareciera dar cuenta de un lazo que genera, en algún substrato de nuestra América, el orden de una común-unidad que pronunciaría palabras y disensos mirando un mismo horizonte.

No es el arte en sí sino la acción que ejecuta la obra lo que tratará de superar las fallas de la existencia cuando no puede conjugar entre si los verbos que se producen desde sus emociones y los que se producen desde la razón.

Es la manera de decir lo no dicho, signar lo no signado, es la manera de contener la vida no vivida siendo aquí donde asoma lo tenebroso en términos de Kusch, donde se actualiza en signos todo lo excluido y desplazado de la vida misma, que no pudo, a la  que no se le permitió salir a la luz. Esas transiciones entre lo tenebroso y la luz es quizás la respuesta estético-ético a la proto pregunta que los pueblos por intermedio de los artistas y sus producciones sensibles se hacen.

El trabajo obra será producto de lo que fue acto, movimiento, intencionalidad y ese acto es el fundante.

Ilya Prigogine (4) se pregunta en una entrevista que le realizan: ¿qué sucede fuera del equilibrio?

Fuera del equilibrio hay régimen de fluctuaciones, estructuras disipativas, relaciones complejas, probabilidades en lugar de certezas, hay algo de un estar siendo en un flujo de movimiento no lineal, no orientado e incierto, un estar siendo en tanto devenir articulado con lo caótico.

En la clínica el discurrir del decir del analizante no es lineal, y se lo va articulando en pizcas, no hay manera de captar lo real sino desde el trazo, la inconsistencia, lo no lineal, lo caótico, el devenir, en éste sentido la clínica psicoanalítica en tanto tal no estaría en los museos, ni el uno almidonado. Se trata más bien de soportar los recorridos de un trayecto y no de descubrir o hallar una lineal identidad.

Prigogine concluye esa entrevista con una frase muy bella, a propósito de saber hacer algo con lo real, con el vacío, con la falta en ser: «Hay que acostumbrarse a pensar lo incierto”. 


(1) Rodolfo Kusch:( 1922-1979), filósofo argentino que elaboró una serie de reflexiones críticas hacia la filosofía occidental con el afán de dar con categorías propias y construir un pensamiento americano. A la vez sostuvo una vinculación con el arte y la cultura de América en paralelo a su ensayística desde 1945.

(2) Ticio Escobar: 1947, Asunción del Paraguay. Curador, profesor, crítico de arte y promotor cultural paraguayo. Director del Museo del Barro.

(3) Luis Felipe Noé: 26/5/1933, Buenos Aires. Artista plástico, crítico de arte y docente argentino, exponente de la Nueva Figuración

(4). Ilya Prigogine: (1917-2003). Físico, químico y catedrático universitario de origen ruso nacionalizado belga. En el año 1977 fue galardonado con el Premio Nóbel de Química por sus investigaciones que lo llevaron a crear conceptos de estructuras disipativas.

Elizabeth Vita, psicoanalista, integrante del Movimiento Pedagógico Isaurino, miembro del colectivo de artistas “Asociación 210”.

Cuidado editorial: Gerónimo Daffonchio, Amanda Nicosia, Helga Fernandez, Gabriela Odena





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