DUELO DE LA MODERNIDAD. OTRO MUNDO ES POSIBLE. POR ElIZABETH VITA y MARCELO ESSES.


Cuidado editorial: Gabriela Odena y Gerónimo Dafoncchio.

Lo que van a leer a continuación es la primera parte, “El porvenir de una des-ilusión”, de un escrito de Elizabeth Vita y Marcelo Esses, que nos conmueve como psicoanalistas a pensar el mundo, a buscar salidas a la captura por el “Otro”. Salida que en este texto alcanza su realización en la proposición detallada y propiciante de la gestación de nuevos lugares habitables: “Un estar-siendo-en-el-ex-sistir, más allá de las cristalizaciones del ser y del tener.” Gabriela Odena


Un llamamiento (1)

Creer en las palabras, en su poder para no dejarnos indemnes, quizás sea el acto iniciático de toda brujería. Creer en el poder para mezclarse con el cuerpo y las emociones propias y ajenas. Pero creer en las palabras es también saber su límite y de los territorios que la colindan. Quizá sea cierto y el capitalismo nos haga creer tanto en sí mismo que es hora de volver la mirada sobre aquello en lo que creemos y sobre aquello que nos afecta”. Natalia Ortiz Maldonado, Embrujos y Contraembrujos . Palabras para la edición castellana de La Brujería Capitalista.

En tanto psicoanalistas, implicados en nuestras trayectorias, en prácticas territoriales, institucionales se nos hace presente el haber quedado convocados e interrogados por los padecimientos del malestar en la cultura de nuestros tiempos.

Los textos desde nuestra escucha y nuestro diálogo van transitando un intercambio entre el psicoanálisis, discursos hegemónicos y los insurgentes contemporáneos que conforman parte de la composición de la estructura subjetiva de esta época.

En este sentido subrayamos la dimensión de la singularidad tanto en lo que atañe a la especificidad de un sujeto como a los peculiares modos en que se hace presente el malestar en la cultura- localizada-enraizada en sus territorios.

¿Desde qué dimensiones nombramos a este sujeto? 

Habitar en el lenguaje es condición de lo humano; cada sujeto y cada cultura localizada transitará la búsqueda de su modo de decir y su modo de estar. Morada del lenguaje que nos baña, nos sumerge en el Otro, no sin establecer una marca de desgarro y de exilio en tanto desencuentro radical entre el organismo y el lenguaje.

Siendo el lugar del Otro, uno del orden estructural en la constitución de un sujeto, ¿se podría decir que es el mismo para todos los seres y todas las épocas?

¿Cuáles serán las especificidades en los tiempos que corren, su estado, su modo, su textura, su caudal, sus fallas?

Otro del lenguaje lejos de su eternidad, siendo un efecto de construcción y deconstrucción permanente. Un campo del lenguaje y su puesta en acto en los términos de su ordenamiento en discurso.

Ubicamos la dimensión de lo social, histórico y político no con el estatus de contexto de un discurso, sino en calidad de parte de la composición del mismo.

Los malestares en las culturas evidenciarán de lo que disponen y de lo que no en su marcha y su trayecto vez por vez, como modos de respuesta al originario estado de desamparo de la condición humana.

Estado de haber sido arrojado desde su prematuración e indefensión junto a los avatares de un quedar permanentemente expuesto ante las encrucijadas del deseo del Otro.

Los malestares en las culturas serán ubicados como una estructural hiancia de lo social, en tanto inscripción del establecimiento de lo simbólico y su falla que comandará las respuestas posibles e imposibles de ser producidas vez por vez.

Malestares móviles, cambiantes, ubicados de un modo diferente a un punto de fijeza universal y abstracto, barrando la dimensión de “El” malestar en la cultura. Sin esta barradura “El” malestar queda establecido en tanto una roca viva de lo colectivo, un telón de fondo intransitable y no merecedor de sus singulares recorridos epocales.

La barradura posibilita un estar interrogando y leyendo junto a otros, transitando prácticas, discursos y epistemes extramuros del psicoanálisis confrontando en su encarnadura a los discursos hegemónicos de turno y sus aparatos de poder que impactan en la promoción de padecimiento y sufrimiento de un colectivo social. 

El psicoanálisis una vez más va a quedar convocado desde un llamado a partir de los modos de gozar de las singulares épocas, en donde sería posible disponer que el lugar de la falta en ser, no solo atañe a lo central de lo éxtimo como punto de calce, sino también a una perspectiva, a un poder situarse con el status de un conjunto abierto al entorno.                                                                                                    

El Psicoanálisis requerido en el ineludible trabajo de hacer síntoma y orientado hacia un resguardo del desencaje, resiste a la poderosa fuerza del empuje al Uno del goce restitutivo de la compacidad de la soberbia del logos.                                                                                                          

Un hacer síntoma a la manera de una direccionada política  en intensión en el reanudamiento del decir, como en extensión dirigido a los modos de goce de los Malestares en las Culturas.

Hoy nos encontramos ante los cuantiosos excesos de estos tiempos, junto con algunas prácticas y discursos que intentan darle curso a una gama de cuestiones y encrucijadas.  La devastadora crueldad del capitalismo, la crisis del patriarcado, la declinación de la función paterna, el auge de los movimientos feministas, la desconfiguración de la familia moderna, la crisis de la heteronormatividad, los abusos de la tecnociencia, los atropellos del Estado colonial, el desesperado grito ante la depredación ecológica.                              

Política del síntoma, a hacerse presente en la recepción de los malestares y padecimientos de la época, soportando una posición a sostener donde ni la afiliación, ni el rechazo nos aportarían sino un permanente quedar desafiado hacia horizontes increados aún.

Horizontes como contornos, mojones de perspectivas, de lo inefable, límite de las infinitas vueltas del carrusel. 

Un devenir abierto orientado hacia nuevos tejidos en tanto entrecruzamiento de varios hilos o hebras que conforman la textura de una tela y también agrupación de células semejantes que desempeñan una misma función, como en el caso del esqueleto, la sangre y los músculos.

Voz del latín texere “fabricar un tejido” y “entrelazar” tanto en lo material como en lo mental y molecular. A la misma familia etimológica latina pertenecen contexto, pretexto, tesitura, textil, texto.

Para tejer se necesita la urdimbre y el entrelazado, si “tex” significa extraer, “ur” remite a origen. Alude entonces a un exordio, porque cuando se teje la acción implica extrae el origen y volverlo a entramar vez por vez. Composición creacionista que podría “conjurar situaciones de barbarie, de imposición mental, de espamo caosmico que se perfilan en el horizonte y transformarlas en riquezas y goces imprevisibles” (2)

Un estar – siendo- en – el- ex-sistir, más allá de las cristalizaciones del ser y del tener.

Epistemologías Narrativas, del entramado local de las partes y sus tejidos comunales, de los ensambles epistemológicos, morando en los sagrados templos de lo vital.

Primera parte:  El porvenir de una des-ilusión

“Qué materia usamos para pensar otras materias? ¿Qué historias contamos para contar otras historias? ¿Qué historias crean mundo? ¿Qué pensamientos piensan pensamientos?” Donna J. Haraway. Seguir con el problema. Ed. Consoni. 2 edición. 2020

La razón en su práctica clasificatoria, universalizante y constructora de respuestas a todo, expropia y arranca el alma desde una religión colonizadora a seres,  cuerpos,  tierras y saberes.

 El desamparo nos sume en la insoportable levedad del ser empujándonos a desesperadas e imperiosas búsquedas de respuestas del Otro y a quedar cohesionados con lazos de pertenencia y afiliación alienantes con el anhelo de eternidad. La alienación en un Otro encarnado, compacto, unificante, podría ser  ubicable en un líder, en un discurso, en una ideología, en una religión, siendo esta operación la que nos desalma y desenraiza.

La emergencia inevitable y de estructura de la falla de las respuestas de ese Otro nos confronta con el ejercicio permanente de la desmentida.

Ante lo apremiante del acontecimiento de lo real junto a la puesta en acto de lo pulsional, el sujeto y el colectivo social se gestan en el ejercicio de la desmentida, tendiente a responder desde un “no pienso” y  atrincherándose en respuestas inmediatas ya existentes. 

El acontecimiento por su carácter intrusivo/irruptivo, nos confronta con la urgencia de crear respuestas nuevas donde se articule una puesta en suspenso para poder pensarlas y fabricarlas asumiendo el riesgo de tomar posición. En contraste a esta ubicación, la ininterrumpida producción del conocimiento científico, los saberes convertidos en archivos y dogmas, las prácticas tornadas en burocráticas rutinas junto a las ideologías cristalizadas, configuran una insistente práctica de la desmentida donde se escamotea la puesta en acto de la posición del sujeto.

Lo consolidado de lo cotidiano entramado en modos de estar, pensar, vivir nos brinda cierta garantía ante el desamparo y nos resguarda ante los riesgos del devenir y de lo abierto, pero navegar es preciso, lanzados a los riesgos de perder de vista los puntos de referencia, a contracorriente de los navegantes de sarga, aquellos que no pueden desapegarse de la costa. Vértigo del devenir del acontecimiento.

Desdibujamiento de los puntos fijos de la existencia para emprender un andar por los trazos tangenciales, transversales, de lo aún increado. Potencial posibilidad de escapar de la encerrona trágica consolidada y cotidiana del “entre la espada y la pared” encarnado en los binarismos dilemáticos existentes en cada época y lugar. Producción de pizcas de libertad.

Abandonar el suelo seguro atravesando los muros de lo que oprime encarnado en el decir de un sujeto y de un colectivo singular. Operación de pasaje de las cristalizadas respuestas: al modo paranoico con su carácter de querella reivindicativa, o al modo depresivo, sumido a la resignación, impotencia y aplastamiento subjetivo.

Fabricación de una posición tercera y creacionista  que descrea de los saberes certeros de “los especialistas” sobre los malestares y necesidades de ese colectivo singular. Agenciamiento de un colectivo de enunciación.

Audacia del sujeto al llamamiento para poder alojar y vivir el renovador acontecimiento, si la puesta en suspenso convoca al pensamiento crítico. El compromiso ante el riesgo conlleva la dimensión del acto desde donde se soporta la pérdida de las engañosas garantías. 

Abandonar el suelo seguro, agenciarse de un colectivo de enunciación  con el fin de orientarnos hacia un nuevo dimensionar  los lugares que se habitan  para no exiliarse de ellos y ser vividos de otro modo.

  • La ilusión como captura.

El llamado Estado de bienestar, quien velaba por el bien común, fue siendo desplazado hacia un Estado asociado al neoliberalismo, regido por el mercado donde el bien común queda esfumado.  Perspectiva narrada desde una historia oficial cuya autoría queda a nombre de una  población blanca occidental.

Duelo de la ilusión de progreso, en los términos de ascenso y movilidad social de la burguesía, regida por la promesa de una trascendencia generacional. Mientras que la burguesía se configuraba en una creyente de la descendencia, se confrontaba a la aristocracia cuyo emblema era el linaje de la ascendencia de su sangre pura. Crisis del capitalismo y su ilusión de progreso en tanto profundo duelo,  donde la actual generación parental vive con desdicha la imposibilidad de transmisión y promoción para sus hijos.

Hegemonía de la apatía y la tristeza reflejada en “los ojos desilusionados”. (3) Desesperanza con el riesgo de ser empujados a lo peor de la tolerancia cero. Desenlace y estallido de la dimensión del otro y su lazo social.

El ideal del progreso de las sociedades modernas se encontraba sustentado, por un lado en los Estados-naciones quienes se otorgaban la potestad de representar y definir los intereses comunes, ubicados por un lado en el valor del bien común y por otro en la marcha ininterrumpida del desarrollo del capitalismo, apuntalado desde la hegemonía de la razón presente en el discurso y la práctica de la tecnociencia.

El pueblo se hallaba entonces ubicado bajo una doble inscripción: la del ciudadano y la del trabajador.

En la actualidad la falla del progreso, el bien común, la movilidad social, la distribución del capital económico, simbólico, cultural queda visibilizada y desmentida, desencadenando una crisis de la representación de la dimensión de ciudadanía en relación a los Estados-Naciones. Mientras la dimensión de los trabajadores queda vulnerabilizada y precarizada a causa del capitalismo y su voraz acumulación. 

El Estado como el único habilitado para definir los intereses comunes a los que serviría el progreso,  encarna un lugar de contradicción, dividido en una conflictiva que, mientras que enuncia una posición garantista del cuidado de la ciudadanía y del progreso, por otro lado queda ocupado por el desembarco de los intereses del capitalismo funcionando como socio y gerenciando al mismo.

Estado del asunto que desenmascara una falsa opción entre mercado y estado quedando expuesta su operación conjunta: Mandar hacer capitalista- Dejar hacer estatal.(4)

La crisis de la representación del Estado junto a un capitalismo que finalmente precarizó y excluyó, pone en jaque el contrato social constitutivo y fundador de los Estados-Naciones, desenlazando y desmantelando lo instituido y los modos de lazo social presentes en cada uno de los estamentos de la sociedad:  justicia, educación, comercio, industria, salud, familia, cualquiera sea la forma que ésta se de a sí misma. 

Desilusión del progreso en tanto promotor de una reacción en cadena de ruptura de los lazos sociales, sus instituciones y sus pactos.

¿Cuáles serán las nuevas moradas, modos de habitar la tierra y cuáles  las modalidades de enunciación de los intereses comunes hacia un nuevo nos- otros? 

Herederos de Marx, testimoniando la confirmación de su diagnóstico por el movimiento constante y acelerado de la acumulación de la riqueza, lógica de la plusvalía, a pesar de que su obra y las políticas marxistas han resultado insuficientes.

Marx inventó el capitalismo porque supo nombrarlo, lo nominó y expuso sus lógicas. El capitalismo promueve la ilusión de un permanente progreso. Mientras la ilusión consiste en el encubrimiento de la verdad desde las apariencias, la operación de captura agarra, toma como presa al sujeto y al colectivo social desde múltiples señuelos de promesas de bienestar asociadas a objetos de consumo, relacionando su operatoria, a la  producción de las redes de poder y su sujetamiento a consistentes puntos de goce.

El Capitalismo, fabricador de una realidad “desarrollista”, encubridora de mortificantes encrucijadas, que mientras promueve el desarrollo y la liberación de potentes fuerzas productivas de la naturaleza, niega y enmascara la destrucción que de modo simultáneo necesita para ese progreso.

El ininterrumpido despliegue del capitalismo hasta alcanzar dimensiones globales genera una permanente puesta en crisis de la estructura social que sostiene: sus relaciones sociales, pensamientos, discursos, saberes, modos de lazo entre otros. 

Con respecto al capitalismo, el neoliberalismo revela que su alma es el capital mismo en su constante movimiento de auto reproducción y acumulación excediendo el protagonismo de los mercados y las burguesías. 

Capitalismo que mientras opera desde su acumulación irrefrenable, precariza y proletariza al conjunto de la población, configurándose a su vez como el poder generador de las continuas producciones de la tecnociencia.

 La lógica de la paradoja en tanto práctica de lectura, nos posibilitará la visibilización y localización de los escenarios y los diversos estados de padecimientos colectivos, lanzando a una práctica del pensar y del hacer.

Maneras de desplegar políticamente las denuncias de malestar localizables, política del síntoma.

El sondeador queda convocado a un más allá de la denuncia y la ideología, posibilitando pensar los medios de acción para que esas denuncias se transformen en prácticas políticas. Potencia del posicionamiento ético.

Política en tanto un formar parte junto a un colectivo del desafío que otro mundo es posible. Posición creacionista, transitando paradojas. 

Con respecto al Estado, si bien encarna la protección de la democracia y sus derechos ciudadanos promoviendo el descentramiento del poder, a su vez se consolida en un aparato compacto y colonial.

  • Crónica de una decepción anunciada.

 Lo arrasador de éste sistema empuja hacia los estragos de la homogeneidad de las subjetividades y culturas de los pueblos junto a un movimiento desenfrenado y sin límite, mientras que ofrece respuestas a las demandas sociales muchas de ellas compuestas por los mismos efectos adversos que el capitalismo genera, entre ellas una muy actual como las vacunas. 

Una de las coartadas del capitalismo hace su impacto desde una lógica de la desconexión; de los lazos sociales, relaciones de pensamiento colectivo en función a decisiones, el desmantelamiento de las subjetividades y sus entramados articulada a la pulsión de muerte en tanto no enlazado, no ligado.

Esta coartada, por lo tanto convoca a generar respuestas en torno a nuevas conexiones, entrelazamientos,  anudamientos como prácticas de la resistencia. ¿Por qué?

El desenlazamiento empuja hacia efectos donde el sujeto social, comunal colectivo va quedando aislado, desentramado consistiendo en la figura de un individuo libre y responsable, indiviso.

Coartada desde donde el capitalismo libera de obstáculos a su avance arrasante, conquistando nuevos territorios como zonas liberadas para su acumulación.

Esta Política del mercado está orientada hacia el desmantelamiento del estado de bienestar promoviendo la constante privatización de lo público. Así, el estado va quedando cada vez más alejado de garantizar los derechos colectivos de un pueblo .

El mercado de esta manera avanza ininterrumpidamente hacia estos puntos de condensación de ganancias tales como los fondos de jubilación, la salud, la educación y la constante apropiación de los recursos naturales y de los saberes populares.

El saber de este modo, deja el lugar propuesto por la promesa de la modernidad , que lo orientaba hacia la socialización y hacia la verdad para finalmente quedar ubicado en un lugar encriptado, silenciado en tanto mercancía codificada, patentada, cerrada en secretas fórmulas al servicio de su administración, acumulación de ganancias y de poder.

Una de las principales coartadas brujas del capitalismo es la consolidación de la figura del estado como supuesto garante de los derechos de los ciudadanos mientras realiza de modo continuo pases de magia encubridores de trucos de captura y expropiación de la historia de las conquistas de luchas por esos derechos creados e inventados.

Figura en su dimensión macro del patriarcado colonial que mientras se candidatea como referente amparador, garante, prometedor, intenta fagocitar de modo ininterrumpido la potencia creacionista y emancipatoria.  Espectáculo de seducción donde el pueblo es capturado en el “es muy necesario” cediendo poder bajo la forma de la delegación y la representación.

En ese acto de delegación representativa el estado y sus aparatos institucionales de expertos expropian una y otra vez los capitales simbólicos, sociales y económicos creados por la comunidad, los captura y los acumula empujando hacia estados de fragilidad: de la exclusión social, la vulnerabilidad y precarización.

El pueblo quedará así inscripto al modo de trabajador y ciudadano; y en cuanto a  su específica dimensión de Pueblo, perdurará como resto estructuralmente irrepresentable, incapturable. Lo real de lo político que retornará de modo ininterrumpido desde sus malestares, demandas sociales, denuncias, luchas y nuevas creaciones y versiones emancipatorias. 

Puntos de emergencia de la ruptura de un equilibrio imaginario y la sutura entre el bien común y la libertad.

La promesa del bien común fue siendo llevada hacia estados de ocultamiento y expropiación basados en la libertad del “ dejar hacer” que el mercado demanda, enmascarándose en oscuras y despersonalizadas figuras como las sociedades anónimas, las patentes, las fórmulas comerciales, el circuito financiero abstracto, encriptado en sus paraísos y sus cuevas.

Ininterrumpida producción de “secuaces”, todos estamos dentro del sistema pero no todos somos secuaces. Si bien todos nos encontramos formando parte del sistema, padeciendo y sufriendo sus efectos, están aquellos que si bien sufren y padecen el mismo queda reforzado en una posición de lealtad a sus normas, sus hábitos y sus modos, en su anhelo de garantizar su relación de afiliación y pertenencia. Figura resonante con la del burócrata, la banalidad del mal, la obediencia debida/de-vida.

En la medida en que este pacto fáustico no es recíproco, no hay reconocimiento suficiente. El sujeto desalmado queda empujado desde su estado anestesiado y obediente a la voz del mando del Otro, a los circuitos falsamente prometedores y compensatorios del consumo. Enajenación reforzada tanto desde una gris anestesia del burócrata como de la apatía insatisfecha del consumidor. Complicidad entre el estado colonialista y el capitalismo neo- liberal. 

(1) Gracias Helga Fernández por acercarnos este término

(2) Félix Guatarí. Caosmosis. Ed Manantial. 2015

(3) Stengers/Pignarre. Brujería Capitalista. Ed. hekht. 2017

(4) Idem( 3).


Elizabeth Vita, psicoanalista, integrante del Movimiento Pedagógico Isaurino, Adherente asociada de Encuentro Clínico Lacaniano. Asociación Río de la Plata.

Marcelo Esses, psicoanalista, miembro de la Escuela Freudiana de Buenos Aires.

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