El resguardo de la falta. Por Marcelo Esses

Cuidado editorial: Gabriela Odena

Estar bañados, sumergidos, inmersos bajo la bendición del lenguaje, nos dona en algunas ocasiones, el poder de contar con la palabra vibrante.

Aunque este don trae a su vez el inevitable  tallado del crujiente vacío, el inundable goce, la abierta brecha hacia la vertiginosa infinitud, la irremediable finitud de la vida misma.

Un sujeto perplejo marcado a lo innombrable, articulado a un predicado que padece y se confronta ante lo impredicable.                                                                                                  

Elogio del Verbo. Cita con el ensamble musical de lalengua. 

Senderos del tartamudeo, de un pifiado, tropezado decir, horadador de estados de abierto. 

Un predicar, consagrando lo que se ha recibido del ser en el decir. 

Saber hacer con lo real, soportando  el desamparo, resistiendo a su encapsulamiento en los bunkers de la consistencia y la completitud.  

Si bien es posible acordar, que el Psicoanálisis en intensión se responsabiliza en arreglárselas con su clínica, ¿qué de los avatares del Psicoanálisis en extensión?  

Elongar la dimensión del Otro: lo epocal y el entorno      

Hace cierto tiempo me insiste una pregunta. Siendo el lugar del Otro uno del orden estructural en la constitución de un sujeto, ¿se podría decir que es el mismo para todos los seres y para todas las épocas? ¿Cuáles serán las especificidades en los tiempos que corren, su estado, su modo, su textura, su caudal, sus fallas? Un Otro del lenguaje lejos de su eternidad, siendo un efecto de construcción  permanente. Lógica del campo del lenguaje y su ordenamiento en discurso.

Invito a ubicar la dimensión de lo social, histórico y político no en términos de contexto de un discurso, sino en calidad de parte de la composición misma del Otro, junto con el ya avalado Edipo(1).  Donde los Malestares en la Cultura evidenciarán de lo que disponen y de lo que no, en su marcha y su trayecto vez por vez. Malestares móviles, cambiantes,  ubicados de un modo diferente a un punto de fijeza universal y abstracto barrando la dimensión de “El” malestar en la cultura. Sin esta barradura “El” malestar queda establecido en tanto una roca viva de lo colectivo,  un telón de fondo intransitable y no merecedor de sus singulares recorridos epocales. La barradura posibilita un estar interrogando y leyendo junto a otros, transitando prácticas, discursos y epistemes. Extramuros del psicoanálisis confrontando en su encarnadura a los discursos hegemónicos de turno y sus aparatos de poder que impactan en la promoción de padecimiento y sufrimiento de un colectivo social(2). 

Lalengua se va conformando en su dimensión filológica, impregnada de la sustancia gozante de los dichos del Otro. Dichos en tanto marcas en sufrimiento y a la espera de ser leídas, comandadas por lo que impera vociferando, sumidas a la  re-petición, quienes peticionan sonoras y sentidas escuchas y transcripciones hacia el status significante.

Dichos confeccionados con la hechura de los discursos parentales,  juntos con los de cada época. Un acentuar el Eso habla, un más allá de quiénes o qué nombres cobre el decir, abriéndose hacia una cierta exogamia del decir inconsciente.  A lo largo del despliegue de la historia hemos sido hablados por una pluralidad de discursos y sus prácticas que han tallado ineludiblemente nuestra subjetividad. Los discursos del Estado total, los del colonialismo, el del patriarcado, el de la religión, la ciencia, el del capitalismo y otros, generaron una dramática de modos de goce y un amor totémico al padre en tanto per-versión(3).                                                                             

El Psicoanálisis, una vez más, queda convocado desde un llamado a partir de cada uno de los modos de goce de las épocas, en tanto el lugar de la falta en ser no solo atañe a lo central de lo éxtimo como punto de calce, sino también en los términos de poder situarse a la manera de un conjunto abierto al entorno.    El Psicoanálisis, en el ineludible trabajo de hacer síntoma en los términos de un resguardo del desencaje, resiste a la poderosa fuerza del empuje al Uno del goce, restitutivo de la compacidad de la soberbia del logos. Un hacer síntoma a la manera de una política orientadora ya sea en intensión en el reanudamiento del decir, como en extensión dirigido a los modos de goce del Malestar en la Cultura, al igual que cada analista.                                                              

Hoy nos encontramos ante los excesos de estos tiempos, junto con algunas prácticas y discursos que intentan darle curso a una gama de cuestiones y encrucijadas.  La devastadora crueldad del capitalismo, la crisis del patriarcado, la declinación de la función paterna, el auge de los movimientos feministas, la desconfiguración de la familia moderna, la heteronormatividad, los abusos de la tecnociencia, los atropellos del Estado colonial, el desesperado grito del llamado ante la depredación ecológica.  

Política del síntoma, a hacerse presente en la recepción de los malestares y padecimientos de la época, sosteniendo una posición no plegada ni hacia la afiliación, ni hacia el rechazo,  desafiada a soportar las no respuestas clínicas y teóricas. 

Política del síntoma donde lejos de sentirnos atacados,  somos llamados a sostener la incompletud,  inconsistencia e incertidumbre de lo riesgoso del decir, resistiendo a la tentadora posición de sacralización de los dichos.               

Dimensión de lo dicho en tanto monumento totémico, del tabú de lo intocable de la religión del amor de los padres fundadores, aquellos que propiciaron la transmisión y a su vez suturaron la falla, la inexistencia del fundamento. Propiciar a su continuo y sacro retorno, nos lleva una y otra vez a hacerlos consistir, rechazando lo que de lo real nos interroga, nos conmueve y atraviesa. 

Versión de la verdad sustentada por la figura de la falacia ad auctoritatem, aquella que cobra su valor en base a la autoridad del sujeto citado. Instancia de la cita en tanto un enunciado sin enunciación.  

Política del síntoma arrojada a los continuos riesgos de la apuesta a la enunciación y al decir.

Un más allá de la consistencia y del uno del logos, del ego al igual que del falo, serie de valiosas y ordenadoras inscripciones padeciendo a su vez el testimoniar la imposibilidad de inscribir lo uno y las diferencias en cada campo.

Si bien la anatomía y los dichos del Otro son nuestros lugares de partida, no así conformarían nuestro lugar de destino. Lanzados a un horizonte abierto al des-ser, un más allá de las imposturas del ser, como de las dueñidades del tener, un estar-siendo-en el enigmático decir(4).   

Elongar la composición del Otro, tanto en su vector temporal desde lo epocal, como desde su dimensión espacial en tanto conjunto abierto al entorno.

Espacios y Movimientos

Moramos en el lenguaje, en el mundo, en el cuerpo, juntos entrelazados, en tensión, con, sin, tan lejos, tan cerca de los otros.  Colectivos constructores, creadores, productores de espacios, de objetos, de herramientas, de circuitos de intercambios, lugares donde vivir, modos de estar, cotidianos, culturas, historias, paisajes. El Psicoanálisis en tanto puesta en acto de una práctica discursiva, conlleva sus propias constelaciones de lazos sociales entre analistas, junto a otros discursos, otras prácticas, con las comunidades en cada época y su entorno. Movimiento de prácticas, discursos y modos de enlaces conformadores de espacios de intercambio, organización y representación de los psicoanalistas.              Un movimiento que conlleva un contrapunto entre dinámicas y estáticas, puesto en escena tanto en sus discursos, como en sus espacios de pertenencia, desplegándose durante el juego de tensiones entre el saber, la verdad y el poder. Espacios, práctica y discursos que encarnan la estática de lo instituido, junto con la dinámica de lo instituyente. La cristalización del movimiento se consolidará, por un lado, desde el establecimiento de rígidos marcos en el ejercicio de la exégesis, en los términos de las posibles lecturas autorizadas de un texto, tornándolo en dogma, reforzado por la ritualización de sus prácticas.

La convergencia de ambos aspectos fija los duros cimientos al campo de la ortodoxia, generadora de la aceptación de los fieles seguidores y la exclusión de las disidencias, sancionadas como desviacionistas. La pasión por la ignorancia ante lo nuevo, produce un primer efecto de defensa resistencial y de rechazo, se atrinchera en lo familiar no sin dejar un reducto extraño.

La primera experiencia al respecto, en el Psicoanálisis, estaría dada por la fundación y el desarrollo de la IPA, heredera de la letra freudiana. La misma rechazó en sus comienzos, todo tratamiento que no respondiera a su encuadre normativizado. 

Estados de los asuntos que con el paso del tiempo y ante su inevitable existencia y demanda social fueron paulatinamente incluidos, no sin haber soportado el destrato y hasta su expulsión, junto a los psicoanalistas que lo practicaban y sostenían.  

Entre tales destinos formó parte el discurso y el análisis lacaniano que, a pesar de la excomunión  de la IPA de Lacan, hoy cuenta en su institución con un departamento abocado a su estudio y a su práctica.  

Dinámica de los movimientos de prácticas y discursos en un estado de continua tensión instituido- instituyente, expulsión-restitución. 

El lugar de la excepción: aún y también

El movimiento del Psicoanálisis lacaniano no dejó de participar de estas encrucijadas, entre una tendencia al no enlace entre psicoanalistas, promoviendo el riesgo de lo disipativo, como a su vez marcado por la orientación hacia las supra asociaciones y su empuje hacia lo concentracionario y segregativo.  

Es indudable el inmenso aporte de Lacan al Psicoanálisis, que con su invención del objeto a causa de deseo y con la transformación del tiempo de las sesiones se ganó la intolerancia del establishment de su época.  

Acontecimiento que, lejos de detener su decir, lo promovió sosteniéndolo en acto, desde sus seminarios, escritos y con la fundación de la Escuela Freudiana de París. Escuela sustentada en dos valiosos dispositivos: el Pase y el Cartel.        

No deja de inquietar que junto con el constante avance del discurso, convivió también con una serie de crisis y rupturas basadas en nuevas y fecundas disidencias, que por resultar insoportables, generaron la desvinculación de valiosos miembros. Hasta arribar en 1980 a la Disolución de la Escuela Freudiana de París, donde cabe indagar:  ¿Cuánto habrá sido a causa del efecto grupo que comenzó a disecar la potencia del discurso y cuánto habrá pesado la intolerancia de las diferencias y donde la disolución pasaría a configurar un acto encubridor de un gesto de expulsión y excomunión masiva?

Repetición de los pecados del padre tanto de Freud, como entonces también de Lacan. Movimientos de rupturas que si bien encarnan el propulsador empuje a la renovación, una y otra vez, aún, no dejan de cristalizarse en modos concentracionarios y segregativos.                                                                             

Invitando a pensar que si, bien Freud salva al padre,  Lacan resguarda el lugar de la excepción.    

A partir de esta formulación: ¿Qué efectos generarán, en las instituciones psicoanalíticas, los restos de goce no analizados por sus fundadores. ¿Cuánto de este estado configurará parte de los cimientos, las resistencias y los límites de las mismas?                       

Por otra parte, la muerte de Lacan confrontó al movimiento con la cuestión de su herencia, haciéndose presente un modo de  posición de encriptamiento de la palabra de Lacan, donde sus Seminarios se transformaron en inaccesibles archivos. A pesar de ello, gracias a audaces y trabajosos esfuerzos, hoy se encuentran circulando en las generosas bibliotecas de algunas Escuelas.                                

El movimiento del Psicoanálisis lacaniano local pasó a dividirse entre los fieles al supuesto heredero y los que resistieron en tanto lectores. Sin embargo, lo heredado, como suele pasar, no solo sería la potencia de la palabra de Lacan, sino a su vez, sus pecados. Encarnar el lugar de la excepción, un fuera de serie, que insistió en su repetición y se diseminó en mayor o menor medida en el conjunto del colectivo lacaniano. De este modo, gran parte de los referentes de las escuelas, de espacios clínicos y de transmisión, quedaron tomados por lo fallido de esta posición. Nuevamente y de un modo intermitente se hizo presente con sus excesos en varios períodos, desencadenando cuantiosas rupturas y desenlaces de los lazos sociales entre analistas.  Muchas de estas Escuelas, fundadas desde los principios del pase y el cartel, dejaban en la trastienda el lugar gozante de la excepción operando desde un más allá. Posición generadora de una serie de irregularidades y padecimientos para este colectivo: propiciar el pase sin que casi ninguno de estos referentes haya pasado por ellos; la existencia en su gran mayoría de listas únicas candidatas a las comisiones directivas mayormente avaladas o desde su intención por los mismos; invitar a retirarse de las Escuelas a aquellos disidentes o propiciarlo con destratos y confrontaciones; avalarse el privilegio del dictado de seminarios sin hacerlos pasar por las instancias formales de los requisitos de enseñanza, tomar decisiones de peso político sin consensuarlas con el colectivo de los miembros, etc.                               

El lugar de la excepción marca una lógica de la incompletitud, que establece que existe al menos uno que no cumple con la regla de la castración. Formulación derivada de la lógica de conjuntos, que inscribe la condición necesaria del al -1 que no forme parte del conjunto. Siendo éste el caso del Catálogo de los catálogos, donde la función que los agrupa no puede formar parte como uno de sus elementos, porque si fuese así, produciría un efecto paradojal, donde la dimensión que agrupa pasa a confundirse como uno de sus elementos. Ubicación que excluye el status de universal al conjunto y al discurso, dejando en claro la necesariedad de que la excepción se reste del conjunto para que pueda operar como tal.  Cuando esto deja de suceder, junto con el efecto paradojal, se cierra el estado de incompletitud, se pierde el resguardo de la falta y adviene el imperativo del imperio de lo uno concentracionario. Mientras que si se cierra la dimensión del conjunto abierto y solo pasa a primar el falocentrismo del conjunto cerrado, se clausura la otra versión de la castración presente en la inconsistencia. 

Modos de resistencia a soportar la castración tanto en su versión de incompletitud como de inconsistencia, empuje a la restitución de la completitud y la consistencia, donde tanto la falta como causa, lo abierto al entorno, la elasticidad de los cuerpos, como el flujo del movimiento quedarían suturados y detenidos generando una gama de impedimentos.    

Siendo el cartel el dispositivo que aloja el lazo social entre analistas en algunas Escuelas, mientras el pase daría cuenta de los testimonios de los finales de análisis: ¿Sería posible establecer cierta relación entre ambos? ¿Cómo impactarán los finales de análisis en el modo de lazo social entre los analistas? ¿Qué implicará, en este sentido, que la gran mayoría de los analistas fundadores y referentes de escuelas no hayan cursado un análisis lacaniano y muchos otros no hayan alcanzado un final?   

Si bien es indiscutible que la generación de los analistas fundadores han inaugurado, traducido, difundido y transmitido el discurso lacaniano, y a su vez establecido un rígido contorno, en algunos casos, ciertas fronteras al modo de muros, opera como barreras a la circulación y a los intercambios abiertos. Muros de lo instituido, conformando una nueva ortodoxia del campo lacaniano, siendo alambrado, algunos a la manera de chacras y otros como ambiciosos latifundios.Figuras del estar usufructuando la herencia lacaniana. Mercados de las transferencias, que no dejan de ofrendar a cambio, el hipotecar en una encerrona a la palabra y al pensamiento de los analistas, en el adentro de las alambradas de este campo. 

Lacan nos abrió el campo freudiano desde nuevas lecturas, discursos, epistemologías y otras disciplinas, extendió la clínica hacia otras estructuras y modos de anudamientos. Hoy, a 40 años de este legado, es de destacar, que se ha renovado muy poco desde verdaderos nuevos aportes estructurales. Mientras tanto circula un emblemático decir paradojal que se  encontraría cuidando al Psicoanálisis de los nuevos modos epocales, sus movimientos, de otros discursos y prácticas, de padecimientos sociales, de la política de la polis.Posición generadora de un efecto de desvitalización y de límite para la incorporación de las nuevas generaciones, impidiendo la polinización y su fructífera diseminación.                                                                                       

Encrucijadas sostenidas por el lugar amo, pero a su vez, acompañadas por el goce del esclavo, desde una cantidad de miembros en posición de adeptos obsecuentes, temerosos a nombrar lo sancionado como descalificado, lo prohibido de ser dicho, un evitar citar a ciertos autores y textos no autorizados, invitados  no deseables de sus presencias. Panorama mayormente vigente desde un decir en los pasillos, hay que tener cuidado de… Pactos de silencios abrazando la desmentida de verdades y limitando la producción de nuevos saberes, que el ejercicio del poder siempre territorializa. 

Efectos incontables, cuando el lugar de la excepción retorna haciendo faltar la falta, desorientando la dirección del discurso lacaniano donde hoy se está tan distante de ir más allá del Nombre del padre y de  honrar las diferencias de la otredad radical.

Las Escuelas, los espacios de pertenencia y de producción conforman una condición necesaria para que los discursos y prácticas que se eligen desplegar y construir pervivan, moren y tengan una vida cotidiana de intercambios y encuentros. Es cierto que cada dispositivo, se predispone a posicionarse, desde un cierto grado y graduación de su estado de disponibilidad. Que se puedan delimitar los contornos de su decir, es su derecho, a sabiendas de que siempre promoverá a que ciertos porcentajes de los entornos y de los tiempos que acontecen no sean incluidos. Que se tiendan a excluir y se defiendan de ellos, pasa a constituir un acto fallido, ya que no llegan a lograr que los constantes, renovados movimientos del decir y sus prácticas continúen su vital existencia.  

Elogio del resguardo de lo éxtimo: allí donde el fuego y el viento de su potencia discursiva pulsa y vibra con lo real de los acontecimientos y los padecimientos de su época. Fuerza irrefrenable del movimiento en estado de flujo continuo de los colectivos de enunciación, esos estoicos decires, en los márgenes, en los pórticos, las plazas, y las calles, tan lejos del Otro oficial de turno, tan cerca de los otros de cada tiempo y su paisaje.  


  1.  Marcelo Esses, Psicoanálisis encarnado en la época, ElSigma, 21-1019.
  2. Elizabeth Vita-Marcelo Esses, Duelo de la Modernidad. Otro mundo es posible, Revista de Psicoanálisis: En el Margen, 5-9-21.
  3.  Idem, cita 1
  4. Marcelo Esses, El Logos encarnado: horizontes e inconsistencias, Revista de Psicoanálisis: En el Margen, 22-4-21.

Marcelo Esses, psicoanalista, miembro de la Escuela Freudiana de Buenos Aires.



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Un comentario en “El resguardo de la falta. Por Marcelo Esses

  1. El “ supuesto heredero” que no está nombrado en este artículo, fundó seis escuelas. Sus textos tienen la apertura necesaria para intersar sin deprimir. Alfred Adler según parece dijo una vez, despertándose un poco de su inutil pasión contra Freud: “Se que estoy parado sobre los hombros de un gigante”. Recuperó así algo de su dignidad.

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