LA APATÍA: ESCULTORA DE CUERPOS CANSADOS*. POR MARCELO ESSES

Portada: «Mujer saliendo del psicoanalista». Remedios Varo


Siendo el lugar del Otro uno del orden estructural en la constitución del sujeto, ¿cuáles serán las especificidades en los tiempos actuales, su estado, su modo, su textura, su caudal, sus fallas?                              

Invito a ubicar lo epocal, no en los términos de un complementario contexto, sino donde tanto su temporalidad como su entorno, forman parte de la misma composición del Otro, tallado con el status de conjunto abierto.                                                                                                          

En los tiempos que corren, me encuentro confrontado en la clínica, a un aumento de ciertos estados subjetivos, marcados por lo menos en su modo de presentación, por un estar instalados y hasta tomados desde posiciones fijadas a un movimiento de empuje al goce. Cuadros resistentes al ejercicio del preguntar, del decir, del implicarse, cuya demanda se orienta a un alivio del padecimiento pero con las pretensiones de poder saltearse la puesta en trabajo de un análisis. Subjetividades emplazadas al estilo del ejercicio de un derecho del consumidor, resistentes al hacer síntoma y a transitar por los senderos de la retórica inconsciente.                                                                                              

Ante tal perspectiva de la clínica, como también de la cultura, sugiero nombrar apatía, a este estado del ánimo. Desde la etimología apatía remite al prefijo privativo de a: no, sin. Junto a pathos que refiere emoción, sentimiento, padecimiento, enfermedad, apatía se puede leer como una indiferencia de ánimo.

Epocal condición del a, no al modo de objeto causa del deseo, sino en el lugar de objeto de goce, regido por ausencia de corte y caída, generador de un campo de condensación, en un ensamblaje de objetos de la pulsión con objetos de goce social. Vigencia de la privación, un estado de la carencia en ser, aún no inscripto en los términos de castración. Marca de la distancia entre la era del vacío y el resguardo de la falta.                                                               

Tiempo, donde no van a ser las formaciones del inconsciente: sueños, chistes, actos fallidos, lapsus, el modo hegemónico de la puesta en acto de lo dicho, sino desde una primacía de las producciones de las especies de a. Allí sugiero ubicar a la apatía en tanto una posición a-deseante, realizando serie con otros modos de goce epocal, presente en la abulia, el aburrimiento, las anorexias, las adicciones, la anomia, versiones de un sujeto acéfalo y anónimo. Expresiones que nos confrontan a un Otro afectado por una declinación del valor de lo simbólico, desencadenando una reacción diseminadora de los no lugares subjetivos y sociales.

Un modo de ser:

La substancia, lo que es en sí, consiste en aquello que no precisa otra cosa para existir. A la extensa y pensante aportada por Descartes, Lacan nombra la inadecuada substancia gozante.  

En la Subversión del sujeto Lacan expresa: “Se llama Goce y es aquello cuya falta haría vano el universo…Ese goce cuya falta hace inconsistente al Otro…”. (1) Mientras en el Seminario X expresa: “ A esa orden: ¡Goza! (Juis) solo pudo responder ¡Oigo! (Jóuis)”. (2)  

El goce conformará el espacio de la compacidad, campo de lo continuo y de la completitud. Estado de una de las versiones del objeto a desde la textura de “un núcleo elaborable del goce”. Conformando un aglutinante compacto entre yo soy, goce, oigo, sentido. Vigencia del Uno consistente y concentracionario, en souffrance, allí donde las marcas sufren demora y llaman a su transcripción, mientras el agujero se orienta a ser sustraído de substancia,  a contornearse para advenir al lugar de causa deseante.  

A su vez la voz, quedará en el lugar de aquello que resta en el decir, cobrando la densidad de un oigo, configurando una posible esquizia entre el oír y el escuchar,  imperio del Uno desenlazado del Otro del discurso. Baño de   la  Cultura que producirá como consecuencia, una voz y un goce incapturables por lo simbólico, reforzado por lo inacabado de la insatisfacción.

La voz cursará como uno de sus destinos, el superyó, anhelando restituir un todo del lenguaje. Restos de la voz que perdurarán en la ferocidad, voracidad, obscenidad y la voluptuosidad presente en el imperativo categórico.                                                                           

Mientras su otro sendero, el de la pulsión,  se configurará articulado en los términos de una gramática verbal desde los tres tiempos de la voz activa, media y pasiva. Los primeros dos dan cuenta de una gramática del verbo aún sin sujeto, acéfala, siendo recién en el tercero cuando se cristalizará con la dignidad del fantasma. Pulsión que pretende fallidamente un todo goce en el cuerpo.                           

Es posible ubicar, que lo que de la voz aún no se articuló al sujeto, a lo largo del recorrido del circuito pulsional, presente en los modos de su voz activa y media en Lacan, se relacionaría con los dos primeros destinos pre-represivos en Freud: la transformación en lo contrario y la orientación hacia la propia persona, que invito a ser emplazados en los términos del autoerotismo y el narcisismo respectivamente. 

Espacio de lo vociferante también hallable en las marcas en tanto zumbantes S1 aún sin enlace, enjambre encarnado en el aturdidor vozarrón de la mudez, allí donde las marcas sufren demora en ser leídas. Lo invocante de la voz se encuentra dirigido hacia un Otro que la torne en sonoro discurso.

En Subversión del sujeto Lacan subraya: “Lo dicho primero decreta, legisla, aforiza, es oráculo, confiere al otro real su oscura autoridad”. (3) El campo de lo dicho, puede establecerse desde  cristalizaciones en densas compacidades. Será lalengua escrita en una palabra condensada, la que encarnará el estado de lo dicho por el Otro aún sin barrar. El Eso habla al modo de un campo de las sedimentaciones y petrificaciones del decir.                                                                                                                 

Propongo  la dimensión del dicho en tanto un conglomerado de yo soy, goce, oigo, sentido en los términos de un suturante Uno compacto, consistente y concentracionario.  Movimiento restituyente de un logos unificante, total, abstracto, puro  y universalizante que quedará comandado por la voz de mando del imperativo categórico, orientado hacia un empuje al goce.  

En el tiempo actual, la versión del Uno va estar bajo el dominio de  la cruel asociación de Kant con Sade, renegatoria de la ausencia de relación sexual, empujando esta vez al logos a su taponamiento a través de las letosas, ventosas corporizadas en las mercancías de la tecnociencia, universalizantes y globalizadas destinadas a obturar cada uno de los orificios de las especies del a. Allí donde lo universal tiende una y otra vez a lo peor de la crueldad, el horror, al arrasamiento y desmantelamiento subjetivo.

Cristalización de un modo de ser bajo la forma de un yo compacto, emplazado con las pretensiones de un soy lo que soy, configurador de sólidos rasgos de carácter. Empuje al goce orientado por la pasión de un “hacerse Uno con el Otro”, regida por la lógica de la desmentida.

Un llamado a una a-puesta clínica ex-puesta:                  

Ante tales estados subjetivos, el Psicoanálisis una vez más va a quedar convocado a partir de los modos de goce de las singulares épocas. El Psicoanálisis requerido en el ineludible trabajo de hacer síntoma orientado hacia un resguardo del desencaje, resistiendo a la poderosa fuerza del empuje al Uno del goce, restitutivo de la compacidad de la soberbia del logos.   

Un hacer síntoma a la manera de una política direccionada en intensión en el reanudamiento del decir y en la extensión el hacer síntoma dirigido a los modos de goce del Malestar en la Cultura, no sin a su vez, quedar confrontado el mismo discurso del Psicoanálisis encarnado en cada analista con lo que no alcanza.                                                                   

Llamamiento que invita a una a-puesta de la clínica, a partir de estos modos de presentaciones subjetivas, a no esperar una demanda  “bien formulada”, sino que nos implica en la construcción de la misma, orientada a transcribir ese padecimiento, para que pueda ser nombrado e interrogado. Trabajo que excede los tiempos de las llamadas entrevistas preliminares, que indagaban la analizabilidad del sujeto demandante y nos sume en el desafío de la construcción de las condiciones de posibilidad de un análisis.   

Ante el imperio y el banquete de los goces la jugada pro-puesta nos ubicaría corridos de los parámetros de una cultura regida por la relación con la demanda de la modernidad, que  la supone a la espera, bien orientada y distribuida a través de su tramitación en la serie de sus instituciones.  Ante el estado de declinación subjetivo y social, en tiempos del empuje al goce desenlazado, la demanda constituirá un instancia a ser construida, donde lejos de quedar a la espera, en sus salas, junto a sus padecimientos sufriendo demora, la pulseada será la del ofrecimiento de un lugar de  a-puesta deseante a escuchar su decir. 

Ante tiempos donde el Otro parental, social, da señales, de un punto de partida en el que los sujetos no le hacen falta, quedarpa en el lugar de excedente, de desecho. La respuesta contrapuesta sería del orden de la oferta de un lugar en el Otro, al modo de una transferencia hospitalaria y causada. Contraste con el estado de a-patía tatuada con la marca de la indiferencia afectiva del Otro, modo de su abuso, ya no desde los excesos de la represión, sino comandada por el permanente ejercicio del acto omitido y desimplicado. Diseminación de los anónimos y anómicos no lugares, donde su paradojal efecto, será el del encierro esta vez, no en las instituciones totales sino en los espacios abiertos del desamparo. Tiempos donde allí el Otro no responde. Estado de a-patía del Otro y su ineludible efecto en el sujeto afectado, mientras que quienes van encarnando al Otro, escamotean, contrabandean, evaden sus goces en la acumulación concentracionaria.  Puesta en escena de la obscenidad desde una exhibición de la renegación. Tiempos del empuje al goce, un hacerse uno, regida por la lógica renegatoria de la castración y la desmentida de la verdad. Hegemonía de un goce epocal donde las posiciones van a hallarse más en resonancia con la per-versión.  Será desde dichos estados subjetivos que el Psicoanálisis se va a confrontar con la oportunidad de elongar sus marcos teóricos como sus orientaciones clínicas. 

Mientras que en Freud su punto de avance aconteció desde las neurosis, en Lacan se desplazó a las psicosis, lo que permitió la ampliación del campo freudiano. Estarían siendo hoy estos estados subjetivos, los que nos confrontan con nuestras posibilidades y limitaciones.  Estados donde priman los dichos del Otro al modo del uno unificante desenlazado del campo del saber, junto a la omisión de un corte efectuado, conllevando  la ausencia del intervalo, el entre los significantes, cristalizados desde la configuración al modo de la holofrase. Vigencia de lo abismal de los orificios no contorneados y de un abrumador desborde de lo excedido.                                                                                                           

Estos estados subjetivos quedarían tomados por un goce comandado por el modo superyoico en el cual,  la palabra cobrará el status de una soberbia verdad indiscutible y la ley se trastocará en un ininterpretable y soberano decreto. Diseminador de posiciones desde la sin vergüenza, el sin pudor, el sin asco.  

A partir de lo expuesto puede plantearse el superyó articulado a la pulsión invocante, desplegada durante el tour del artificio gramatical de sus tres voces verbales en un oír-oírse y hacerse oír. Siendo posible ubicar en el tiempo del oír a lo inaudible por atronadora de los golpes de la voz, en el oírse producto de la orientación hacia la propia persona, a la necesidad de castigo y en el hacerse oír el punto del borramiento de la huella, el establecimiento del montaje fantasmático, lugar del sentimiento de culpa y del engendramiento de la deuda en tanto sujeto de palabra. Tiempo de torsión del oír hacia el escuchar.

La desmentida de la verdad y la renegación de la castración impiden el pasaje exogámico hacia lo Otro: de la diferencia del sexo, como de la alteridad del prójimo, horizonte de un sujeto responsable ante su deseo como de su lazo social a advenir.

Trayectos, perspectivas y horizontes:

Ubicar a la a-patía desde un estado anímico de indiferencia, no sólo da cuenta de una posición del sujeto, sino sobre todo del Otro epocal.                  

Lejos de ubicar a los modos de presentación en la clínica con la gravitación de su destino, sino como el de desafío de un trabajo de análisis posible.

Manifestaciones de este estado, lo hallamos en un gesto muy vigente hoy, de vivir al otro con el carácter de insoportable, tanto por algunos padres con sus hijos, de parte de instituciones educativas, de salud, como también en las terapias en un sentido amplio.                                                                                                           

Extensa serie de actitudes no hospitalarias presentes:                             

– En los cuadros infantiles de ADD donde queda de manifiesto la coartada de desmentida de sus causas, allí donde sería el Otro parental y social el que no ha donado su atención, mirada y deseo. Queda el niño cristalizado, casi responsable de su posición, en un estado de angustia asociado a excitación psicomotriz, quienes en su mayor medida culminan siendo medicados.

– En el avance del neo-biologismo sancionando el tratamiento del autismo como un déficit de su exclusiva incumbencia.                                

– Adolescentes y jóvenes, bunquerizados en sus cuartos y sus artefactos electrónicos, vulnerabilizados en los ámbitos del estudio y del trabajo, donde, ante las posibilidades de contar o tener que salir a construir una respuesta, el “me da paja” y el “zafar” constituyen, en ocasiones, su emblemática fijeza. 

– La epidémica tendencia hacia la rápida medicalización, evidenciando la insoportable levedad del ser de los terapeutas.         

– La pasión por las sesiones cortas, que lejos de cortar el goce, eyectan el mismo junto con los analizantes de los consultorios.         

– La indiferencia teórica y clínica por los padecimientos epocales, exhibiendo un avaro resguardo del mercado de las transferencias.                                                                                                  

Desafíos clínicos donde la cuerda simbólica no siempre es el canal de despliegue de un posible decir, quedando invitados algunas veces al jugar, al humor, al hablarle a la mudez, al informar, al enmarcar, al recepcionar, renunciando a prejuicios y ortodoxias.                                                    

Será desde la potencia de la dimensión del entre, la oportunidad de lo creacionista de generar oxigenantes intervalos significantes ante los macizos de los compactos de goce. Elogio de lo inter-dicto, del entre, allí donde el amor entrelaza el goce al deseo, la escena nos sitúa ante la intemperie del mundo. Abre las posibles ventanas del fantasma,  y el síntoma le sale al cruce a la angustia, como a la inhibición.                                                                                                   

Ante tiempos del empuje al goce y el desalojo subjetivo, seres erradicados de Otros deseantes, eyectados de lugares de lazo e intercambio social, desplazados de sus enraizados territorios, ante la decepción de las utópicas promesas de la modernidad y ante lo aplastante de la crueldad del estado de indiferencia, el Psicoanálisis, lejos de repetir el modo social vigente,  queda una vez mas  convocado a no olvidar su causa, a alojar los padecimientos con el fin de ponerlos a hablar, orientado hacia la emergencia del anudante y vitalizante bucle del sujeto y su movimiento deseante, junto a otros.      

* Texto escrito en base a la clase del Seminario: “Inconciente, Cuerpo y Goces. Intervenciones Clínicas” Coordinadora: María Eugenia Vila. Hospital Fernandez. Servicio de Salud Mental.
(1) Lacan, Jacques: Subversión del Sujeto y Dialéctica del Deseo en el Inconsciente Freudiano. Siglo Veintiuno editores. Argentina, 1985.
(2) Lacan, Jacques: Seminario X. La Angustia. Circulación EFBA. 1962-63                                                         (3) Ibid 2


Marcelo Esses, psicoanalista, miembro de la Escuela Freudiana de Buenos Aires.


Cuidado editorial: Gabriela Odena y Patricia Martinez


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3 comentarios en “LA APATÍA: ESCULTORA DE CUERPOS CANSADOS*. POR MARCELO ESSES

  1. El texto me parecio, asi leido con la ansiedad de ir entendiendo lo que se lee en la clinica y lo poco que hay sobre esa misma clinica con lecturas nuevas, excelente. Discutiria si el concepto Otro se sostendria mas como una figura literaria, que como figura clinica, no porque no lo sea con sus imactos ,sino como que no logro llegar a ese otro total como imagen sino como fragmentos de un» Ootro» tiempo u epoca.

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