Lo medular de la palabra. Por Gisela Avolio  

Ilustración: Maria Cristina Mercado, @Maria.vuela

Cuidado editorial, Mariana Castielli, Marisa Rosso


Aclaración: A modo de preservar el secreto profesional y la identidad de las personas fueron aún más ficcionados los datos.

Una niña de corta edad asediada por la sonorización del pensamiento (un ruido difuso como cuchillos que se afilan) experimenta en la travesía de un análisis, cómo estos van cobrando forma humana, la de un “llamado” al modo de una voz acéfala y venida de un afuera que pronuncia una frase inconclusa en idioma extranjero.

Un tiempo después aquella frase en suspenso atrapa un significante que pone un punto de cierre, y al mismo tiempo de apertura a la significación (del falo). Cuando la niña expresa al analista el alivio por recordar esta palabra  descubre que esa frase le dictaba que “alguien estaba enojado con ella” .

En el derrotero de encontrar la razón de ésto, asocia un recuerdo del enojo que su padre tuvo con ella en una ocasión cuando era aún más pequeña. Entonces una intervención del analista propone que si esta sanción estaba en su recuerdo (es decir ya no era anónima), quizás la voz venía de otro lugar de  donde ella la ubicaba (afuera).

Con estupefacción la niña responde con una fórmula tan lógica, que dividía las aguas de la indiscriminación yoica “no sabía que venía de adentro de mi cabeza, pensé que venía de afuera”. Justo allí parecía inaugurarse un adentro al mismo tiempo que un afuera; una extimidad que albergaba la resonancia de una voz que podía convertirse en recuerdo en ese mismo acto. Una voz interior que parecía aproximarse más a una ganancia simbólica que a un retorno de lo real como en los comienzos del tratamiento. 

Nos equivocamos si creemos que el análisis halló la última palabra, ni la primera, pero sí podría decirse que la intervención -más una construcción en el análisis que una interpretación, ya que porta un sentido-, precipitó la frase que contiene el símbolo (de la negación) que admite la existencia de lo que no era un afuera, y que equivale a la emergencia de un adentro emplazado a condición de que el sujeto gane un lugar desde la dimensión simbólica.

Muchos años antes que el manual diagnóstico estadístico DSM describiera los criterios de clasificación del trastorno del espectro autista, en 1930 una mujer que trabajaba como psicoanalista de niños se ocupó de argumentar sobre la formación del símbolo y su importancia en el desarrollo del Yo (1) a partir de un caso de alteración del mismo en un niño. Una vez más el psicoanálisis y algunos de sus hacedores anticiparon acertadamente acerca de la vida anímica en la infancia.  

Esa misma psicoanalista había sido convocada por el propio Lacan en 1948 a participar en un congreso de psiquiatría (organizado por su colega Henry Ey), para tratar el tema del “Progreso del psicoanálisis en la psiquiatría”. Pero será en 1949 que coincidirán en un congreso de la IPA -en Zurich-, donde Lacan presentará su idea sobre el estadio del espejo como formador del yo, y ella por su parte, sobre los criterios para la terminación de un análisis. (2)

Probablemente no haya sido mutua la influencia de los textos, porque es en palabras de Lacan en quien encontramos de un modo explícito los efectos que la lectura de Melanie Klein produjo en su enseñanza. Tal vez haya que contar con el relato de los hechos como antecedente para comprender algunas cosas…se sabe (3) que en aquel encuentro de ambos, Klein le otorga a Lacan su obra “El Psicoanálisis de niños” para que la traduzca al francés, pero Lacan deja el texto a otro colega y se pierde la porción que ya había sido traducida suscitando molestias a Melanie Klein quien lo resolvió confiando la traducción a un psiquiatra canadiense (Boulanger). 

Considero importante recordar que en su seminario número 1 dictado en Sainte Anne durante 1958 sus primeras clases acerca de la “Tópica de lo imaginario” están dedicadas a articular la voz de tres mujeres analistas: Anna Freud, Melanie Klein y Rosine Lefort, esta última analizante y alumna de su seminario cuyo texto sobre un caso clínico (“Roberto, el niño-lobo”) es comentado por Lacan  durante una sesión del seminario.  

En esas primeras clases Lacan procura  articular el “lugar del imaginario en la estructura simbólica”(4), o dicho de otro modo el advenimiento del sujeto del inconsciente y su distinción del yo, y lo hace teniendo por marco la concepción de la formación del símbolo según Melanie Klein. 

¿Y en qué medida dicha conceptualización kleiniana del símbolo incidió en la elaboración de Lacan? A esta altura de su doctrina -conviene resaltar es un tiempo de incipiente construcción de algunos conceptos como el estadio del espejo-, la constitución del mundo para el infans resulta de la relación entre dimensiones (aún no registros) imaginario y real dependiendo de la articulación simbólica para que dónde Ello era je pueda advenir, dicho de otro modo, la significación del mundo dependerá del lugar del infans en relación a la palabra articulada en el discurso. 

Lacan descubre algo en torno a esta cuestión en el artículo de esta psicoanalista que estaba apoyado en el tratamiento de su paciente llamado Dick, un niño de cuatro años de edad que por la pobreza de su vocabulario y desarrollo intelectual estaba al nivel de un niño de 15 meses, con relaciones de objeto empobrecidas, que miraba la realidad circundante como quien «mirara un mueble. Todo le era igualmente real e indiferente» (5). 

El esbozo de simbolización en Dick era palpable en la aprehensión de algunos vocablos, pero estaba inmovilizada y detenida en una sola identificación lo “negro” y lo “vacio” puesto que su uso de los vocablos carecía de la humanización de la palabra que llegaría mas tarde con una intervención de Melanie Klein y que Lacan denominó “la simbolización de un ser nombrado con otro ser (6); este enchapado de lo simbólico no fue otra cosa que la verbalización del mito edípico: “dick tren pequeñito, tren grande papa-trenque para la autora componían función precoz de la fantasía en el infans. 

Respecto del caso Dick Lacan dice: “No hay en el sujeto ningún tipo de inconsciente. Es el discurso de Melanie Klein {el inconsciente es el discurso del Otro} el que injerta brutalmente {con su demanda} las primeras simbolizaciones de la situación edípica” (7) dice Lacan, y que llevó al niño a precipitarse en una serie de equivalencias simbólicas que hizo que los objetos se sustituyan unos por otros con objetos cada vez más elaborados y con posibilidad de definir lo contenido de lo no-contenido (así de “lo negro” que lo refugiaba parado entre dos batientes de una puerta, pasa a la palangana de agua y de allí al radiador eléctrico).

Si nuestra pregunta era por la incidencia en la elaboración de Lacan, el informe de esta experiencia –la de Melanie Klein- fue un texto fundamental que dio sustento a otra experiencia la llamada del “ramillete invertido” y que le permitió a Lacan distinguir la formación del Yo y la posición del sujeto en esta esquematización del estadio del espejo. 

Si había algo en Dick que no había alcanzado su estructuración era el Yo, en la medida en que la falta de afirmación en la dimensión simbólica impedía el juego imaginario y anticipatorio del dominio de su cuerpo así como las inclusiones imaginarias de los objetos reales

Con la lectura de aquellas sesiones del seminario asistimos a dos fenómenos, al modo en que el inconsciente estructurado como un lenguaje se va conformando como fórmula axiomática en la elaboración de Lacan, y también cómo existe a temprana edad.

Si nos propusiéramos encontrar un modo de intervenir en la práctica del análisis con niños cuyas presentaciones son muy delicadas por estar en juego algo del orden del rechazo al significante primordial que entre otras cosas impide la distinción de un adentro y un afuera, o una voz de un pensamiento, no podría despreciarse el estudio de la experiencia kleiniana por varias razones a mi entender: una por la convicción en el sentido sexual de la fantasía (que convirtió a Klein más freudiana que la propia Anna Freud) y que Lacan llamó significación fálica; otra, por la función del mito y su alcance; y también por sus intentos de bordear lo real inefable. 

Es en este último sentido que el aspecto imaginario que a veces le fue criticado, no dejaba de implicar la dimensión simbólica y real en la medida que con su escucha fue capaz de captar el límite, el corte, la presencia de algo que resistía al sentido (8).

Si entendemos el sujeto del inconsciente como el efecto de la simbolización, éste acontece en la infancia cuando la inscripción de la marca y su lectura se efectiviza. Para que esta inscripción sea posible la condición es la afirmación primordial (Behajung) que habilita el encuentro entre el símbolo y lo real; afirmación que se corresponde con lo expulsado en calidad de no-yo y que será la operación que permita al sujeto la constitución de la realidad y que ésta extranjeridad/alteridad no se confunda con su identidad. 

Esta afirmación primordial que en Dick, como en la niña del relato inicial, y como en tantos niños, no ocurrió, se constata en el consultorio de Melanie Klein donde no había para él ni otros, ni yo: sólo había una realidad pura. Los trenes y los objetos dentro del consultorio eran algo pero no eran ni nombrables, ni nombrados. Por eso el corazón del problema estaba en el punto de génesis del yo en la articulación entre lo simbólico y lo real, o en otras palabras  “lo que está en cuestión es la génesis del exterior y del interior”. (9)  

¿Cómo interviene ella? Con la lösung de la palabra, le habla. Ella da nombre a  algo que efectivamente participa del símbolo porque es nombrado, y que hasta entonces no era para ese sujeto más que una realidad pura. 

Tal vez esto no se trató de una interpretación, coincido con el modo en que Marie-Claude Thomas lo explica al decir que “esta intervención condensa mito/fantasía/ y lectura del gesto de Dick” (10). Lo que es indudable es que la osadía kleiniana orienta un camino en la práctica del psicoanálisis con niños al tratarse de las intervenciones que inauguran una marca, que no siempre es posible en cada caso pero que cuando ocurre, es constatable. 

Esa experiencia de Melanie Klein se tornó guía por un lado porque revela cómo el significante encarnado en la demanda del Otro se introyecta posibilitando al sujeto una representación que lo despierta a la vida, fue preciso el deseo de Yepeto para que Pinocho hablara, así como hizo falta que por boca de Klein, Dick se convirtiera en “tren pequeñito” despertando su respuesta “negro” y “oscuro” que era ya en si misma una pregunta por su lugar en el Otro. Y por otro lado, en tanto demuestra que las veces que esto es posible es gracias a la confianza en el inconsciente que opera en quien escucha y determina al que habla.


Bibliografía 

  1. M. Klein, “La importancia del símbolo en el desarrollo del yo”, en Contribuciones al Psicoanálisis, Horme-Paidós. 
  2. M.Claud Thomas, “Lacan lector de Melanie Klein. Consecuencias para el psicoanálisis de niños”. Ed Epeele. México 2008
  3. Op cit, 2. 
  4. J. Lacan, Seminario 1. “Los Escritos Técnicos de Freud”. Clase VII. Ed Paidós. Buenos Aires 1995
  5. Op cit, 4. 
  6. Op cit 4
  7. Op cit. 4
  8. Op cit 2
  9. J. Hyppolite “Comentario hablado sobre la Verneinung de Freud” en Apéndices 1 de Escritos 2, J. Lacan. Ed Siglo XXI
  10. Op cit, 2. Pág 100.

Gisela Avolio, actualmente trabaja como analista, es miembro fundadora de la Escuela Freudiana de Mar del Plata, miembro de Fondation Européenne pour la Psychanalyse; y miembro de Umbral (red asistencia) en Barcelona
Fue Residente de Psicología en el Htal. Subzonal especializado Neuropsiquiátrico Dr. Taraborelli (Necochea, Bs. As.). Dicta clases en las actividades de la Efmdp, y allí forma parte del dispositivo Práctica psicoanalítica con Niños y Adolescentes, desde 2010; actualmente es docente y supervisora de la Residencia de Psicología Clínica de los Hospitales Provinciales de Necochea y Mar del Plata. Y dicta clase anualmente en Centre IPSI de Barcelona. Desempeña la práctica del psicoanálisis en el ámbito privada.


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