Infancia/infamia: Lo infantil, la experiencia, el lenguaje. Parte II. Por Jessica Bekerman

Imagen de portada: Escena de la película: La infancia de Iván, Director: Andrei Tarkovsky

Este texto fue publicado en Hilo nro. 1 — revista de psicoanálisis —

Cuidado editorial: Gabriela Odena


6. En 1973, Lacan dice en Declaración en France Culture:“La nueva forma que él [Freud] sustituye por la interpretación es, diría, del orden de la traducción, y por mi causa, como es sabido, comienzan a interesarse tal vez un poquito por la traducción…”.1 No sólo en La interpretación de los sueños, donde se trata todo el tiempo de palabras que se traducen,podemos advertir que traducción e interpretación son, en muchas ocasiones, términos equivalentes.2

Sabemos que Freud se topa muy pronto con la traducción como un problema ligado a las escenas infantiles de la histeria, ocurridas en un período muy temprano. En la carta del 30 de mayo de 1896 dirá, respecto de estas escenas, que el excedente de sexualidad impide la traducción: falta a los restos mnémicos su traducción a representaciones palabra. Esto es retomado en la famosa carta 52, fechada en Viena el 6 de diciembre de 1896. Freud le escribe a su amigo de Berlín que trabaja con el supuesto de que nuestro mecanismo psíquico se ha generado por estratificación sucesiva: cada cierto período de tiempo, el material de huellas mnémicas experimenta reordenamientos según nuevos nexos. Freud llama re-transcripción (Umschrift) a estos reordenamientos que definen una memoria múltiple, registrada en diversas variedades de signos (signos de percepción, huellas inconscientes y los signos preconscientes ligados a representaciones palabras). Estas transcripciones son, en principio, tres según un ordenamiento temporal que define épocas sucesivas de la vida. Entre una y otra hay un linde, una frontera donde debe producirse una traducción del material psíquico. Es la primera vez que Freud vincula la traducción con una cierta causalidad de la neurosis: “me explico las peculiaridades de la psiconeurosis por el hecho de no producirse la traducción para ciertos materiales”. La traducción está íntimamente ligada a la escritura de los mencionados reordenamientos del material psíquico o transcripciones: si no hay traducción, no hay re-escritura. Traducción-escritura van juntas hasta el punto de confundirse. La escritura anterior, la huella mnémica, o es traducida o queda no traducida. Lo cual tiene consecuencias: “Toda vez que la reescritura posterior falta, la excitación es tramitada según las leyes psicológicas que valían para el período psíquico anterior […]. Subsistirá así un anacronismo, en ciertas provincias regirán todavía unos fueros, aparecen relictos. La denegación de la traducción (Die Versagung der Ubersetzung) es aquello que clínicamente se llama represión. De este modo la traducción queda tomada en el principio del placer, pues su motivo es siempre el desprendimiento de displacer que se generaría por una traducción ⎯“como si este displacer convocara una perturbación de pensar que no consintiera el trabajo de traducción (Ubersetzungs arbeit)⎯. Lo no traducido permanece aquí como un anacronismo de la lengua, una reliquia, un hiato: una laguna dentro de lo psíquico3 que tiene una eficacia siempre actual. Se trata de “grupos mnémicos que en particular existen sólo como investiduras visuales, no como traducción a los signos de los sistemas que vienen después”.4 Así, Freud, define una zona lagunosa, líquida, rodeada de “representaciones fronteras” de la que nos separa un abismo, donde podemos localizar las escenas primitivas, “lo inconsciente que viene del reino de lo infantil”5 que siendo lo intraducible, es lo que empuja ⎯como una pulsión traductora⎯ hacia lo que no podrá sino pasar/no pasar ⎯siempre al borde de diluirse⎯ en una traducción. En La interpretación de los sueños esa zona lagunosa adquiere la dignidad de un lenguaje “original”, extraño y enigmático. Los pensamientos del sueño y el contenido del sueño se relacionan entre sí como dos lenguajes distintos, y el trabajo del sueño no es más que la transferencia de un lenguaje original a otro de traducción: “Pensamientos del sueño y contenido del sueño se nos presentan como dos figuraciones del mismo contenido en dos lenguajes diferentes; mejor dicho, el contenido del sueño se nos aparece como una transferencia de los pensamientos del sueño a otro modo de expresión, cuyos signos y leyes de articulación debemos aprender a discernir por vía de comparación entre el original y su traducción”.6

7. Quizá no nos hemos interrogado aún por los motivos y los derroteros que, en el interior de la doxa psicoanalítica, han hecho de la infancia la figura sustancial del arraigo psicopatológico, momento de las primeras inscripciones, de las fijaciones, las represiones primordiales, el trauma, las marcas irreversibles que signan la vida toda del sujeto. Sin menoscabo de lo que estas lecturas han forjado, una auténtica sensibilización por los problemas de la niñez y el lugar del niño como sujeto, hay que retomar lo infantil para leer lo que cierta doxa no leyó en el texto de Freud, donde encontramos otra figura de lo infantil. Estadio preliminar del chiste, lo infantil se liga allí a lo auroral de un ejercicio de la lengua en tanto raíz del mundo humano por donde el juego entra en la repetición placentera.

Desde los primeros gorjeos y balbuceos, sonidos inarticulados cargados de expresión, el juego de elementos fónicos, los sonidos interjectivos de las primeras sílabas hasta el juego con las palabras, Freud destaca el elemento del placer que singulariza la incorporación del lenguaje por parte del pequeño sujeto. Placer que el niño encuentra en la repetición de lo semejante y en el descubrimiento de lo consabido. A nadie se le escapa la algarabía y la alegría en estos primeros juegos que rápidamente abrevan en el placer de disparatar, sin miramiento alguno por el significado de las palabras. Lacan señaló el júbilo que se produce cuando, frente a un espejo, el infans reconoce su imagen especular. No se ha señalado, hasta donde sé, el valor de la algarabía y del júbilo cuando la asunción del ejercicio de la lengua en el niño muy pequeño, saliendo de su estado infans. Tomemos nota de que aquí el lenguaje reserva la misma palabra para la imagen y el disparate. Especular designa la reflexión en este doble sentido del re-conocimiento: el reflejo en el espejo y el ejercicio mimético del lenguaje.

En La interpretación de los sueños ya había notado que el sueño y las psiconeurosis abrevan en una fuente común: “los artificios verbales de los niños, que en ciertos períodos tratan de hecho las palabras como si fuesen objetos e inventan lenguajes nuevos y formaciones sintácticas artificiales”.7

En El chiste y su relación con lo inconsciente, Freud se interesa por estos primerísimos juegos verbales. De las dos fuentes de placer en el chiste, la técnica y la tendencia, reconduce la primera a este ejercicio temprano del habla, esencialmente creativo y poético, que privilegia el sonido y no el sentido, la representación acústica sobre el significado de la palabra, la expresión sostenida en el ritmo y en el sonido. En el niño, escribe, “habituado a tratar todavía las palabras como cosas, advertimos la inclinación a buscar un mismo sentido tras unidades fonéticas iguales o semejantes, lo cual es fuente de muchos errores que dan risa a los adultos”.

Freud llega a formular una “psicogénesis del chiste” que remonta su raíz a ese juego que “aflora en el niño mientras aprende a emplear palabras y urdir pensamientos”.8 Así, el chiste “pudo producir en el curso de su desarrollo, en el estadio del juego (vale decir, la infancia de la razón) esas condensaciones placenteras”.9 En el ejercicio del lenguaje el niño “tropieza con unos efectos placenteros que resultan de la repetición” que lo impulsan ⎯antreiben⎯10 a cultivarlo, sin miramiento por el significado de las palabras y la trabazón de las oraciones. De modo que “un juego con palabras y pensamientos, motivados por ciertos efectos de ahorro placenteros, sería el primero de los estadios del chiste”.11

Este tiempo de la temprana infancia en que el niño muy pequeño experimenta jugando ⎯feliz expresión que Freud toma de Groos⎯ con el mamá lenguaje “entramando el material sin atenerse a la condición del sentido, a fin de alcanzar el efecto placentero del ritmo o de la rima” que conforma “el tipo infantil del trabajo del pensamiento”,12 será muy pronto sometido y censurado por la educación, por las estructuras sociales, por la escolarización. Freud mismo señala que no es fácil atrapar en el niño esa rara elaboración inconsciente del trabajo del pensamiento: “la más de las veces se lo corrige por así decir in statu nascendi. La represión sepulta esa lengua alucinatoria y erótica de las satisfacciones primarias. El placer del disparatar le es prohibido poco a poco, hasta que al fin sólo le restan como permitidas las conexiones provistas de sentido entre las palabras.13

Entre el juego y el chiste, Freud sitúa, entonces, la represión: la crítica o racionalidad discursiva pone término a este juego que será “desestimado por carecer de sentido o ser un directo contrasentido”. Antes de la represión: el juego infantil; después de la represión: el chiste. El chiste consuma la misma operación que el juego “mediante la zambullida del pensamiento en lo inconsciente”. Es que “lo infantil es la fuente de lo inconsciente, y los procesos del pensar inconsciente no son sino los que en la primera infancia se establecieron en forma única y exclusiva. El pensamiento que a los fines de la formación del chiste se zambulle en lo inconsciente sólo busca allí el viejo almácigo que antaño fue el solar del juego con palabras”,14 obteniendo así la “fuente infantil de placer.”15 A través de su peculiar técnica, el chiste logra “abrir paso a la ganancia de placer del juego, pero cuidando, al mismo tiempo, de acallar el veto de la crítica que no permite que sobrevenga el sentimiento placentero”. El sentido del chiste sólo está destinado a proteger este placer. A diferencia de las otras formaciones del inconsciente el chiste no crea compromisos; es decir, no esquiva la inhibición, sino que pasa a través de ésta. De este modo, el Witz es para Freud el único camino que conduce a la meta de obtener un placer del ejercicio del lenguaje conservando intacta la “tontería infantil”. Todo el arte del trabajo del chiste “se ofrece para descubrir aquellas palabras y constelaciones de pensamientos en que se cumple esa condición”. A su vez, las rimas, la aliteración y otras formas de repetición de sonidos en la poesía se nutren de esta misma fuente de placer. De donde la vecindad entre el chiste y la poesía.

La poesía, dice Hamann, es la lengua materna del género humano.

8. Ferenczi, siguiendo algunos pasajes de Freud en El chiste y su relación con lo inconsciente, señala que la lengua toda se arraiga en un movimiento puramente corporal. Todas las palabras tienen originariamente una connotación erótica: es el habla primera, la del “vocabulario primitivo popular erótico de la lengua materna”. Se pregunta: ¿cómo es posible que sea realmente más difícil designar una misma cosa por un término que por otro? Aparentemente sencilla, la pregunta es crucial, porque alude a cierta condición de habla. Ferenczi viene a decirnos que de y desde eso infantil: no es fácil hablar. La clínica nos enseña todo tipo de inhibiciones, pero también la persecución, la invasión dolorosa e insoportable de las palabras del otro, el sujeto parasitado por el lenguaje.

Ferenczi va más lejos, pues plantea su propia incomodidad para nombrar frente a un paciente las cuestiones sexuales con las palabras de la vulgari eloquentia. La palabra obscena no es, para Ferenczi, más que un retorno, una vuelta hacia ese estadio infantil de la lengua, momento en que lalengua es material, hace cosas, es una lengua abierta, cenestésica. Habría que ampliar aquí la perspectiva, y pensar una obscenidad esencial al lenguaje. Lacan dice que: “Lalengua, cualquiera que sea es una obscenidad, esa obscenidad que Freud designa como obrescene, que es también lo que él llama la Otra escena”.16 Ferenczi destaca la dimensión pulsional en juego en los chistes tendenciosos: “mediante el enunciado de la palabras obscenas, ella (la grosería) obliga a la persona aludida a imaginar la parte del cuerpo o la función de que se trata”. Eco en el cuerpo del decir, hay palabras que despiertan ⎯el real, bajo su aspecto de imposible⎯, palabras que hacen algo, así como hay palabras que calientan. En este sentido, la palabra dicha obscena (se entiende que esta sanción del léxico es posterior a la represión), en su particularidad de forzamiento, hace resonar algo de eso infantil: “debemos concluir que las palabras obscenas poseen características que en un estado anterior del desarrollo psíquico se extendían a todas las palabras”.17

Ese funcionamiento primario de un lenguaje aluvional, táctil, líquido, en movimiento, represión mediante, da paso al discurso que, despojado de ese carácter erótico alucinatorio, sustituye la relación (sexual) que no hay. Francis Ponge coincide en esta cualidad líquida del lenguaje: una ola, un conjunto informe que colma su contenido, que puede enlazar hasta cierto nivel su forma. “La palabra sería pues para las cosas mentales su estado de rigor, su manera de mantenerse en pie fuera de su continente”.18 El 19 de abril de 1977, Lacan dice: “el discurso sirve ante todo para ordenar, entiendo para llevar el mandato que me permito llamar intención de discurso, porque queda algo de imperativo en toda intención, cualquier discurso tiene un efecto de sugestión, hipnótico […]. Un discurso es siempre adormecedor salvo cuando uno no lo comprende… ¡entonces despierta!”

¿No despierta el sueño justo cuando la traducción ya no es posible? ¿No nos muestra así con su incesante trabajo un drama que “conocemos”, pero hemos olvidado: el drama del pasaje del lenguaje?19 Pasaje que es linde, una frontera que el pas francés nos permite situar, puesto que indica bien el paso y el no (paso). Hay un saber que queda inscrito en lalengua, constituyendo el inconsciente, del que nos separa esa frontera-ombligo, del que nada sabemos. Porque, si bien ese saber inscrito de lalengua se elabora (ganado terreno sobre el síntoma), está lo Urverdrangt, algo que de ese saber nunca será reducido, ni traducido.Lo que resta de ese universo anterior al pasaje del lenguaje, un mundo sonoro que reconocemos en la presencia de los objetos, de los animales y de los infans es ya una interpretación, una traducción. Somos continuamente tocados por esos signos, que nos desafían a responder; y es sólo por esa pulsión traductora, en tanto que los nombramos que ellos significan ⎯no lo hacen por sí mismos⎯. Los nombramos, es decir, sustituimos. Traducir, en este sentido, ¿no sería una tentativa de precipitar lalengua en letra? ¿No es esto acaso lo que el sueño escribe? En La Troisième leemos:“Pero eso también quiere decir, pues no hay letra sin lalengua, ese es el problema, ¿cómo es que lalengua, puede precipitarse en la letra? Jamás se ha hecho nada suficientemente serio sobre la escritura. Sin embargo, eso valdría la pena, porque ese es exactamente un empalme”.

9. Lyotard diferencia la enarthos aristotélica formada de articuli que se encadenan, una voz discontinua de la lengua organizada en signosque llama lexis o logos ⎯con todas sus posibilidades de flexión (género, número, persona, voz activa, voz pasiva, interrogación, negación, etcétera)⎯; de otra voz, la del tono que no flexiona. Es la voz como timbre, la phône, un continuo que puebla el discurso, donde Lyotard discierne uno de los nombres de la infancia o de lo infantil ⎯otros nombres de eso infantil son: lo indubitable en Kafka, lo inapropiable en Joyce, el desorden en Valery, el nacimiento en Arendt, lo inarticulable en Sartre⎯.20

La lexis es la voz articulada y discontinua de la lengua organizada en signos. Es la voz que se flexiona en la frase del discurso. La phônè, Lyotard la identifica con la gama de todos los tonos connotados en la raíz indoeuropea mu-(mut-), que indica los sonidos que se obtienen con los labios cerrados (to moan: gemir-, to mutter: mascullar, murmurar, mugir), y también con el mutismo de la pulsión “porque más allá de su timbre, ella ensordece siempre la lexis”. La phôné es sonido continuo, no desmontable en los fonemas, no articulada e inflexible (literalmente que no se flexiona) que es menester, a su vez, distinguir del ruido. Es una voz porque, a diferencia del ruido, tiene sentido. ¿Qué sentido? No aquel que se forma en la juntura de las dos caras del signo lingüístico, tampoco el que adviene en el franqueamiento de la barra del algoritmo. Lyotard dice de esta voz que es un semeion, una señal, que es el sentido mismo en cuanto se señala. Se trata aquí de un sentido que es efección21 por eso ligado a lo corporal: el placer, el dolor, según el matiz singular de éstos. Según su timbre, justamente. Del continuo en el lenguaje Meschonnic dice que implica pensar “eso que puede un cuerpo en el lenguaje” y “eso que un cuerpo hace al lenguaje”, cuya consecuencia es el texto como invención del pensamiento o el poema: “[…] eso que es una fuerza, cómo actúa en una invención de pensamiento”.22

En esta diferencia entre la lexis y la phônè como nombre de la infancia se juega “el reconocimiento del cuerpo contra el borramiento del cuerpo en el lenguaje”.23 Cuando la Lexis se concatena olvidando la phônè, que es esa voz corporal que no articula, tenemos el lenguaje científico, académico, instrumental que funda sus especulaciones en una igualación abstracta y anónima, el borramiento de los sujetos y de los cuerpos. Señalemos que las políticas de exterminio y, su reverso, la macabra empresa de desaparición de los cuerpos y de toda huella, siempre se acompañaron de lo que, con Vidal-Naquet, podemos denominar un lenguaje cifrado, una política de la lengua consistente en una operación de abstracción hecha de eufemismos, destinada a borrar todas las marcas jurídicas y subjetivas de los crímenes,24 que es el paradigma de un lenguaje desanudado del cuerpo. Digamos, de un lenguaje máquina, instrumento, mercancía, automaton. Un lenguaje sin infancia. ¿Acaso no caminamos hoy, con el lenguaje instrumentalizado y mercantilizado en las redes hacia un orden cada vez más maquínico? La distopía terrorífica de The Matrix: agotadas las fuentes de energía tras el desastre ecológico, los bebés son cultivados para alimentar con su energía las máquinas. Recordarán aquella imagen horrorosa de una planta de cultivo de bebés, miles de bebés, todos idénticos, repeticiones multiplicadas de réplicas alimentando la gran máquina. Pero si nos diferenciamos de las máquinas es, justamente, por la posibilidad ⎯esencialmente humana⎯ de no repetirnos; o la imposibilidad de la repetición que los niños atestiguan cuando una historia resuena en ellos de tal modo que piden: otra vez. Los niños pequeños, sumergidos aún en el lenguaje lagunoso, nos hacen saber que el mismo relato, vuelto a contar, las mismas palabras, no es el mismo. Esas “mismas” palabras ya no resuenan.

10) El chiste tiene un lugar aparte entre las formaciones del inconsciente. En el seminario homónimo, Lacan señala que el Witz, por su propia naturaleza, no ocurre inmediatamente al nivel del inconsciente, sino que mirando allí donde ocurre, veremos mejor lo que no está totalmente ahí, sino al lado, a saber, el inconsciente que se ilumina y se rebela cuando miramos un poco al sesgo. Eso que hace el Witz es siempre mostrar al lado lo que no se ve sino mirando en otra parte.25

En L’insu, en un contrapunto tónico, Lacan lleva la interpretación analítica al estatuto de Witz, con lo que va a redefinirel movimiento de la metáfora y de la metonimia: “no tienen alcance para la interpretación más que si son capaces, […] de hacer las veces de otra cosa, y esa otra cosa de la que hacen las veces es por lo que se unen estrechamente el sonido y el sentido”. No es del lado de la articulación, la razón, “que es preciso sentir el alcance de nuestro decir”. Punto de entrada de la resonancia, de la reson, un neologismo que Lacan toma de Ponge:

…denme el gusto, escriban r.é.s.o.n.26 Es una grafía de Francis Ponge. Siendo un poeta, y siendo lo que es, un gran poeta, no debemos dejar de tomar en cuenta, en esta ocasión, lo que nos dice… Es un asunto muy importante que, por fuera de este poeta, sólo vi formulado seriamente en el nivel de los matemáticos, y es saber que la razón, de la que por el momento nos contentamos con captar que ella parte del aparato gramatical, tiene que ver con algo, […] con algo resonante.27

La phônè inarticulable, nombre de la infancia,del cuerpo en el lenguaje, del gozo del que lalengua está hecha, sólo puede resonar, eco en el cuerpo del decir, haciendo pasar lo infantil en lalengua misma, como hilos de una araña bordeando vacío.

En La tercera, Lacan hace mención a un efecto de aluvión, de petrificación, de depósito que marca en lalengua los usos que se sedimentan de la experiencia inconsciente de un grupo que la comparte. De esta lalengua en uso resulta que civiliza el goce del cuerpo: “entiendo por eso que lo lleva a su impresión más extendida, aquella por la cual el cuerpo goza de objetos, de los cuales el primero, aquel que escribí con la a, es el objeto mismo, como decía, del que no hay idea, idea como tal, quiero decir, salvo al romperlo, este objeto, en tal caso sus pedazos son identificables corporalmente y, como trocitos del cuerpo, identificados”. Entre estos objetos, anotemos esa sustancia que se desprende como voz, y en ella la palabra-cosa o la cosa-palabra, una cosa entre las cosas. En este sentido, la interpretación analítica apunta a lo infantil: esa “reson-ancia a fundar en el chiste” que, como Freud nos enseña, no se sostiene más que del equívoco, de ciertos forzamientos, de triturar las palabras o volver a la aurora del juego con los sonidos. Dice Lacan en La tercera: la interpretación debe ser siempre el ready-made de Marcel Duchamp; para que por lo menos entiendan algo de eso, lo esencial del juego de palabras es que hacia allí tiene que apuntar nuestra interpretación para no ser la que alimenta al síntoma con sentido.

11. Mucho más cerca de lo dialectal, del lalalá que produce el “desconcierto y la iluminación”, pero también de la onomatopeya que recorta los sonidos de lalengua en el cuerpo: quiquiriquí, pipí, popó, guau guau, miau, ñami-ñami, lo infans es cada vez la condición del paso, que es invención fugaz que mina la lengua en su vector maquínico del sentido, en una experiencia que comparten el niño pequeño, el poeta y el loco; pero también el analista y el analizante. ¿Y si un análisis, apuntando a lo infantil de lalengua abre a ese paso un porvenir?

“Que la impropiedad de los términos permita una nueva inducción del humano en medio de signos ya demasiado apartados de él y demasiado resecos, demasiado pretenciosos, demasiado presuntuosos. Que todas las abstracciones sean corroídas internamente y como fundidas por el secreto calor del vicio, causados por el tiempo, por la muerte y por los defectos del genio. Por último, que no podamos creer con certeza en ninguna existencia, en ninguna realidad, sino tan sólo en algunos movimientos del aire al paso de los sonidos…” (Ponge). He aquí un origen, la infancia-lo infantil, que no podría reducirse a un hecho histórico sustancial; instancia siempre activa está recomenzando siempre, no cesa de acaecer entre-lenguas y senos, y ojos, y heces, y oídos. Ante el lenguaje como virus o parásito, ante la palabra impuesta, ante ese orden sórdido que describe Francis Ponge en “Los establos de Augías”, un lenguaje demasiado gastado y cubierto de desechos, del lenguaje máquina, podemos estar advertidos. Haber tomado conciencia de ello, escribe el poeta, es casi haberse salvado, pues ya no hay más que el hastío de las imitaciones, de las repeticiones, de “las estratagemas de esclarecimiento a través de ese agotador juego de abusos mutuos. Ante eso, lo infantil es también la posición más abierta hacia una práctica espiritual, Witzi: “Es igual que si nosotros fuésemos pintores que sólo tuvieran a su disposición para mojar los pinceles un mismo pote inmenso donde desde la noche de los tiempos todos habrían tenido que diluir sus colores”. Y de pintar “al fresco con su propia mierda, su agua sucia: trabajo conmovedor y que requiere un corazón más firme, más ingenio y perseverancia de los que se le exigieron a Hércules para su trabajo de simple y grosera moralidad”.28

Citas bibliográficas

1 J. Lacan, Declaración en France-Culture a propósito del XXVIII Congreso Internacional de Psicoanálisis, 1973, en revista Ñacaté, disponible en línea:

1973: DECLARACIÓN EN FRANCE-­CULTURE A PROPÓSITO DEL 28º CONGRESO INTERNACIONAL DE PSICOANÁLISIS / DÉCLARATION À FRANCE-­CULTURE À PROPOS DU 28e CONGRÈS INTERNATIONAL DE PSYCHANALYSE.

2 Véanse, por ejemplo, “El delirio de los sueños o la Gradiva de Jensen”, la “VIII Conferencia de introducción al psicoanálisis: Sueño de niños”, “El interés por el psicoanálisis”, Totem y tabú, entre otros.

3 Véase S. Freud, “Manuscrito K. La neurosis de defensa”, Obras Completas, vol. I, Amorrortu, Buenos Aires, 1991.

4 “Sobre la psicología de los procesos oníricos”, apartado D., “El despertar por el sueño. La función del sueño. El sueño de angustia”, en La interpretación de los sueños, op. cit.

5 Ver la Conferencia 13, de las Conferencias de introducción del psicoanálisis, en: Freud S., Obras Completas, Vol XV, Ed. Amorrortu, Buenos Aires, 1991.

6 “El trabajo del sueño”, La interpretación de los sueños, vol. IV, op. cit.

7 S. Freud, La interpretación de los sueños, tomo IV, op. cit.

8 S. Freud, El chiste y su relación con lo inconsciente, Obras Completas, vol. VIII, Amorrortu, Buenos Aires, 1991, p. 123.

9 Ibid., p. 162.

10 Ibid., p. 123. Cursivas mías.

11 Idem.

12 Ibid., p. 163.

13 Ibid., p. 120.

14 Ibid., p. 163.

15 Idem.

16 Jacques Lacan, Seminario XXIV, clase del 19/4/1977.

17 Sandor Ferenczi, “Palabras obsenas. Contribución a la psicología en el período de latencia” (1911), Obras Completas, tomo I, Espasa Calpe, Madrid, 1981.

18 Francis Ponge, Proemios, “La modificación de las cosas por la palara”, en De parte de las cosas.

19 Tomo esta idea del drama del pasaje del lenguaje de Le Clezió, en su texto sobre Louis Wolfson.

20 J. F. Lyotard, Lecturas de infancia, Joyce, Kafka, Arendt, Sartre, Valery, Freud, Ed. Eudeba, Buenos Aires, 1997.

21 Recurro aquí a este neologismo que reúne efecto y afecto, puesto que Lyotard nombra afección lo que es posible, con Lacan, situar como un efecto.

22 Henri Meschonnic, La poética como crítica del sentido, Mármol Izquierdo Editores, Buenos Aires, 2007.

23 Idem. Esto es, precisamente, lo que en su estudio sobre la infancia y la historia Agamben deja afuera.

24 Véanse Juan Ritvo, “La memoria del verdugo y la ética de la verdad”, en Conjetural. Revista Psicoanalítica, núm. 31, Ediciones Sitio, Buenos Aires, 1995; David Kreszes, “Filiación y juridicidad de la lengua”, en Redes de la Letra, núm. 7, Ediciones Legere, Buenos Aires, 1997.

25 Jacques Lacan, Las formaciones del inconsciente, clase del 6 de noviembre de 1957, disponible en http://staferla.free.fr/S5/S5%20FORMATIONS%20.pdf

26 Hay homofonía entre réson, derivado del verbo résonner (resonar), y raison (razón). [N. de la T.]

27 Jacques Lacan, Hablo a las paredes, Paidós, Buenos Aires, 2012, pp. 102-103.

28 Ponge, Proemios, “Los establos de Augías”, p. 171. Que un poeta como Francis Ponge recurra a la alegoría del pintor equivale a lo que Octavio Paz supo singularizar como el origen verbal de la creación pictórica de Duchamp y su fascinación ante el lenguaje, “el instrumento más perfecto para producir significados y, asimismo, destruirlo.” Fuera de su valor de significación habitual, Duchamp trata las palabras y los pensamiento como objetos: inventa un lenguaje que busca las palabras primeras/primas (divisibles únicamente por sí mismas y por la unidad).


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