Responsables sección y cuidado editorial: Gisela Avolio y Yanina Marcucci
Dirección editorial, Helga Fernández
—¿Cómo y cuándo descubrió el psicoanálisis?
—Cómo: Al psicoanálisis lo sigo descubriendo, en cada sesión.
Cuándo: Mi interés por lo “psi” —al menos como lo entendía en mi adolescencia— provino en esa época, especialmente, del ámbito forense, representado cinematográficamente. Le debo ese gusto a cierta fascinación por el célebre psiquiatra y cocinero Hannibal Lecter.
El camino de estudiar para formarme como médico general y luego la especialidad psiquiátrica (y particularmente la práctica en los hospitales) me repelió marcadamente de esa rama psi. Por ello decidí entrar a otra opción académica: la psicología. Con tal afán, forense y positivista, ingresé a esa carrera en la Universidad de Costa Rica y prontamente choqué con lo que en su momento me pareció —y nombré peyorativamente— una magia sexual rara, es decir, el psicoanálisis. Ese fue mi primer contacto formal con el psicoanálisis. Al final de esta respuesta me referiré al momento cero, bastante más fortuito.
Mi disgusto respecto al psicoanálisis continuó hasta que tuve dos experiencias que cambiaron mi postura. La primera fue al escuchar sobre lo siniestro, un “concepto” freudiano que mi profesor de teoría psicosocial, Ignacio Dobles Oropeza, migrante venezolano radicado en Costa Rica, relacionó al fenómeno de la xenofobia: un pueblo vecino, un pueblo hermano se vuelve extraño, el visitante deviene intruso, el amigo es ahora enemigo, etcétera; ¡totalmente refrescante respecto a otros psicoanálisis con los que había tenido contacto hasta el momento!. La segunda fue en un curso que trataba especialmente sobre la locura y que abordaba diversas críticas a la psicopatología, impartido por Rocío Murillo Valverde, donde apareció otro Freud y un tal Lacan, a lo que se sumó una invitación a actividades de psicoanálisis fuera de la universidad.
Asistí a este “afuera” por primera vez en el año 2009, a una actividad de la École Lacanienne de Psychanalyse organizada por una de sus miembros, Ginnette Barrantes Sáenz, quien también formaba parte de la Escuela de Psicología de la Universidad de Costa Rica como docente catedrática. Este coloquio se celebró en la Alianza Francesa de Costa Rica, un coloquio sobre Antígona a cargo de Annick Alleigre. Así empezó un recorrido que me acercó a cierto psicoanálisis, “cierto” porque hoy en día sigue habiendo algunas vertientes psicoanalíticas que se me hacen terribles. Precisamente, he tenido contacto con varias otras propuestas y escuelas, he tenido más o menos afinidad con algunas de ellas. Con la que más: la École Lacanienne de Psychanalyse, principalmente por su crítica al lacanismo dogmático y sectario, al freudolacanismo, a la psicopatología barnizada de estructuras clínicas, a las síntesis conceptuales, al psicoanálisis aplicado. De ahí que, el pasado 23 de abril del 2023 hiciera mi admisión a esa escuela en Ciudad de México.
Catorce años pasaron desde el coloquio sobre Antígona hasta dicha admisión, en medio una serie de intrafueras y exodentros de países, divanes, instituciones y grupos: el movimiento ha sido una errancia deseada.
Lo inquieto y lo inquietante ha caracterizado mi vida y mi práctica analítica especialmente en los últimos años, con mayor fuerza desde la pandemia. Han sido tiempos difíciles. Habitar más de veinte casas en los tres años recientes ha dejado muchos aprendizajes. Uno de ellos es que, de todas esas casas, sin importar lo rústica, sofisticada, selvática o urbana que sean, hay un espacio que se mantiene —para mí— como esencial: la cocina. Resuena ya no sólo ese Hannibal “psi”, ahora también el cocinero (¿co-psi-nero?). Durante mi admisión a la École Lacanienne de Psychanalyse —escuela que se me hace muy cocina—, en ese umbral, se me retorcieron las tripas, ahí, justo ahí y así, me percaté de que tengo una relación muy estomacal con el psicoanálisis: es, actualmente, lo que me da de comer.
Al terminar este “¿cuándo?”, algunas gracias. A Ginnette Barrantes, generosidad; a Jorge Núñez, ominosidad; a Lionel Klimkiewicz, rigor; a Esteban Monge, “sensiblez”; a Helena Maldonado, armonía; a Marcelo Real, presencia; a Álvaro Ledezma, tenacidad; a Dalia Impaciente, escucharse; y a Helga Fernández, gracias por darme este espacio para seguir descubriendo —mientras escribo— cómo descubrí el psicoanálisis.
***
Esto que escribo no puede ser sin-cero. Mi momento cero de descubrir —algo de— el psicoanálisis fue cuando escuché por primera vez el apellido “Freud”. Era 1994, a mis cinco años oía en la radio a un tipo que estrenaba el álbum Historias y que cantaba un lastimero “Ayúdame Freud”, a mis oídos “ayúdame Froi”.
—¿Quién es Froi? —le pregunté a mis hermanas.
—Era un doctor que le ayudaba a la gente.
—¿Era? —repliqué.
—Sí, porque ya está muerto.
—¿Y cómo le ayudaba a la gente?
—No sé —contestó mi otra hermana, y agregó—, creo que los escuchaba porque era como un psiquiatra.
Mis cavilaciones empezaron a andar en mi cabeza: un muerto al que le cantan o hablan esperando que los escuche y ayude, ¿es un santo?, ¿un espíritu chocarrero?, ¿un fantasma bueno?, ¡¿Gasparín?!, …
Sin quererlo y sin saberlo, con “Freud” empecé a asociar libremente.
—¿Qué es lo que cree que el psicoanálisis puede aportar a nuestra contemporaneidad?
—Aportes de “ciertos” psicoanálisis, de momento, se me ocurren tres. Tres maneras distintas de relacionarse con…
El pathos
A partir de una crítica a la patologización y al idealismo de la locura, pueden concebirse contorsiones a dicha dicotomía, precisamente porque presenta posibilidades de algún equilibrio activo sin un posicionamiento estático-normativo (muchas veces llamado salud mental), de algún punto de apropiación y cautela particular frente al pathos que, sin dejar de indicar los riesgos de una locura desbordante al sujeto, tampoco niega ni mucho menos busca suprimir la locura inherente a la subjetividad. En nuestra contemporaneidad, se persigue el ideal de un individuo apático («apathia») como personificación de lo supuesto como normal, o al menos con su pathos dentro de los márgenes de una masa moderna homogenizada. La «apathia» regularizada —junto a las consecuencias paradójicas de su búsqueda— se me hace una categoría realmente mórbida o enfermiza.
El dinero
El dispositivo analítico subvierte diversos elementos que lo constituyen, con Lacan, por ejemplo, se pasa a una lógica temporal distinta a la cronológica freudiana respecto a la duración de las sesiones, y con ello, a una lógica temporal distinta a lo imperante fuera del consultorio. En cuanto al dinero, Freud indicaba lo homólogo en el trato social dado a éste y a lo sexual. La dimensión económica de lo psíquico, tan importante para el psicoanálisis, conjuga en lo libidinal el tema de los montos y sus movimientos, siendo el ámbito monetario uno donde se concretiza o expresa con particular nitidez. Si hablamos de sesiones de tiempo variable, ¿también hablamos, apenas por mencionar algo, de sesiones de costo variable? Mi impresión es que de la transgresión a ciertas (i)lógicas de intercambio se habla poco, o casi nada, y se escribe aún menos. El cobro de las sesiones —un acto como lo es citar, la escansión, la abstinencia— no podría estar en plena continuidad con sistemas hegemónicos externos al dispositivo. Como decía, es singularmente importante debatir sobre esto, considero que es incluso necesario: hace falta.
Más que un aporte, este punto lo considero un aporte potencial, quizá algo que en y para el psicoanálisis aún se mantiene como deuda, ¿un deber? Debe discutirse entre psicoanalistas claro, pero también es uno de los lugares del psicoanálisis en la cultura, el de abrir y sostener interrogantes, las más de las veces incómodos. No es poca cosa cuestionar una dimensión tan humana como la del malestar económico; especialmente considerando que el dinero es una de las mayores fuentes de sufrimiento en la actualidad.
Las artes, o el cine, o lo audiovisual
Lejos, muy lejos de un psicoanálisis aplicado y/o concebido como un código con el cual descifrar obras, el psicoanálisis enriquece y principalmente se enriquece cuando establece diálogos abiertos y horizontales con las artes. Los aportes no tendrían que ser vistos como mera suma o relleno, mucho menos como afinar u ornamentar el quehacer artístico, sino especialmente como una interlocución de dudas, fugas, porosidades y resquebrajamientos. En lo relativo al cine y a los estudios visuales, en congruencia con el auge de lo escopofílico y del oculocentrismo, muchas veces se escucha decir que el psicoanálisis echa luz sobre tal o cual obra, artista, dispositivo o proceso creativo, incluso como lentes para poder ver o ver mejor. Mucho gana y ofrece el psicoanálisis si renuncia a esa promesa lumínica, si quiebra esas gafas, si continúa una trayectoria que reformuló la clínica de la mirada, en la que precisamente el diván fue, muy desde el comienzo, un artilugio antivisual, así como también muy tempranamente el mismo Freud recurrió a las artes, cual retrovisor, para trabajar los escotomas, los puntos ciegos de su campo de investigación y trabajo. Enfatizo: no con fines de esclarecimiento o de eliminar puntos ciegos, sino de un psicoanálisis que cuestiona su ojo en el espejo de las artes, siendo mirado por estas.
Roberto Martín Villalobos. Psicoanalista. Miembro de la École Lacanienne de Psychanalyse y del comité editorial de e-dicciones Justine. Editor independiente de textos, colaborador y revisor en revistas de psicoanálisis y académicas. En el ámbito universitario ha trabajado como docente, investigador y supervisor clínico en Costa Rica y México.
Algunas de sus últimas publicaciones son: “Cuando el cine desoja: una mirada surrealista” (2022); “Inercia psíquica (Trägheit) y compulsión a la repetición (Wiederholungszwang): índice textual comentado” (2022); “Kubrick, aprendiz y maestro de lo Unheimliche” (2020); “Mirada al desnudo: poderes y placeres visuales en _Salò_ de Pier Paolo Pasolini” (2020).
Sitio web: https://psicoanalisisrmv.com/
Esta revista se sustenta gracias a la publicación, la difusión y la edición, sin ánimo de lucro, de cada uno de los miembros que la componen. Agradecemos la colaboración económica que el lector o la lectora quiera y pueda para lo cual dejamos nuestros datos.
CVU: 0000003100078641018285
Alias: enelmargen.mp
Mercado Pago
Desde el exterior: https://www.paypal.me/flagelodelverbo
Un comentario en “DOS PREGUNTAS A ROBERTO MARÍN VILLALOBOS”