Ante las políticas que dictan sus preceptos a través de la fijación del sentido de algunas palabras y composición de letras, desde nuestro lugarcito en el discurso jaqueamos el orden decretado y nos reapropiamos de la materia de la metáfora.
Con ustedes y para ustedes, para todxs nosotrxs, anunciamos una nueva sección: TNU, texto de necesidad y urgencia.
Textos que no obligan nada a nadie. Textos con los que cada quien subjetiva, lee, venga, defiende y construye la vida que nos hurtan.
Delegación editorial
1. Milei ganó porque logró instalar la idea de que la casta es el Otro, cualquier otro que no sea el poder real que lo sostiene. Y si esa interpelación funcionó tan bien fue porque se instaló una desconfianza radical entre los argentinos facilitada por el desconocimiento y desprecio respecto de lo que hace el otro, agravada además por el malestar que ocasionó la pandemia; el otro en cuestión: el que trabaja en educación, en cultura, en ciencia y técnica, en los servicios públicos, en las pymes o los sindicatos, etc. Nos enteramos que votaron a Milei empleados del Banco Nación, de las embajadas, músicos y artistas, investigadores, docentes, etc. Para cada uno de ellos la casta es el Otro, y el recorte sólo iba a caer sobre el otro imaginario que lo representa, pero resulta que el recorte del loco de la motosierra no hace distinciones y recae sobre todos menos sobre el poder real.
2. Ya es tarde para recriminaciones, no supimos transmitir el nudo común que nos constituye, pero estamos a tiempo para hacer notar -antes que todo se hunda de nuevo en la nada- el goce que nos lleva de las narices cada vez que no nos hacemos cargo de nuestro deseo. Interpelar a cada uno, a cada sector: ¿Qué tienes que ver tú con el desorden del cual te quejas? Acaso, ¿quieres lo que deseas? ¿Entiendes lo que te une a otros en un lugar donde todavía es posible la vida? ¿Un país donde hay recursos naturales, históricos, simbólicos invaluables? ¿O realmente prefieres que todo se vaya al demonio y el sufrimiento embargue a tus hijos, a los hijos de tus hijos y a generaciones enteras? La lucha es con otros, nos gusten o no, y es ahora. El NO tiene que ser masivo y público, después veremos cómo organizamos de nuevo el nudo que nos constituye, donde la libertad tiene que entenderse rigurosamente desde la implicación material y no desde la autodestrucción.
3. Tomemos nota de esto con suma urgencia: Argentina está siempre a la vanguardia en los experimentos de gubernamentalidad. Y el dispositivo de poder ha mutado: No hace falta decidir un estado de sitio o estado de excepción siquiera para que la muerte sea una posibilidad cierta, inducida por asfixia o inanición de individuos o poblaciones. Como dice Dorlin: “No hay peligro de muerte mayor que este tipo de situación en la cual nuestra potencia de actuar se convierte en un reflejo auto-inmune. Ya no se trata solamente, entonces, de poner trabas directamente a la acción de las minorías, como en el caso de la represión soberana, ni de dejarlas simplemente morir, sin defensa, como ocurre en el marco del biopoder. Aquí se trata de llevar a ciertos sujetos a aniquilarse como sujetos, excitar su potencia de actuar para presionarlxs mejor, llevarlxs al ejercicio de su propia pérdida, producir seres que, cuanto más se defienden, más se dañan.” Entonces resulta fundamental que las luchas sean sostenidas y acompañadas con prácticas de cuidado, que entendamos la articulación virtuosa entre lo individual y lo colectivo, entre la ética y la política.
4. Desde que ganó el macrismo, y todavía más con el incipiente mileirismo, sostengo que ha sido un error de nuestra parte oponer lo individual a lo colectivo: las derechas o ultraderechas tienen sus ideas tanto sobre el individuo como sobre lo colectivo, trazan sus propias conexiones históricas y sus legados precarios, expresan sus afectos de temor y esperanza, etc. No se trata de oponer conceptos ni de refutar historizaciones, porque sus ideas no funcionan a un nivel científico o racional; se trata de interpelaciones ideológicas: un individuo que es llamado a constituirse en empresario sufrido de sí, que se resigna a todo y autoexplota, pero que aspira a una sociedad de competidores igualitaria donde triunfa el más esforzado sin trabas del Estado. Es una fantasía, claro, porque cualquiera que se detenga dos segundos a pensar puede darse cuenta que las condiciones nunca son igualitarias; pero tal fantasía no por eso deja de ser efectiva y aglutinante de una comunidad ilusoria entre tanta discordia e incertidumbre. Una comunidad basada en grupos de WhatsApp y charlas de ocasión. A ello tenemos que responder con propuestas ético-políticas que apunten al cuidado de sí, que apelen a los afectos que aumentan la potencia de obrar, que pongan en valor saberes de uso que nos permitan transformarnos y no quedarnos repitiendo frases vacías que exudan culpa y sufrimiento, llaman a martirologios y sacrificios. La cura siempre ha sido filosófica, incluso si la praxis de base es política.
5. He escuchado a gente decir: “No podemos ya nada”. Y a otros insistir: “Esperemos un poco más”. La evaluación de un buen gobierno, como la vida misma, en un punto es muy simple: ¿Podés más o podés menos que antes? La potencia de obrar se evalúa en acto, en el pasaje de un estado a otro: si disminuye, porque se ve perjudicada, entonces adviene la tristeza; si aumenta, porque se ve favorecida, entonces adviene la alegría. La complejidad medial en que vivimos no anula esta evaluación imprescindible, sino que muestra una serie de dimensiones donde uno puede más o menos, según la situación, pero en definitiva tiene que haber un balance adecuado del conjunto de fuerzas y afecciones que nos solicitan. Es algo bien concreto, corporal, afectivo y generador de una idea adecuada de las cosas. No tiene que ver con valoraciones discursivas, ideológicas, teleológicas, etc., que enredan y confunden la apreciación más importante: ¿Te dan ganas de seguir viviendo bajo estas condiciones o no? Hay mucha gente que ha perdido la conexión con su cuerpo, sus afectos, no puede generar pensamiento porque no puede siquiera plantearse esta pregunta esencial. Necesitamos escuchar y leer mejor lo que nos sucede.
6. Leyendo sobre el yo en Descartes y en Montaigne, el papel de la escritura y la imprenta en su época, luego un post de Lidia Ferrari que advierte que no hemos comprendido cómo se constituyen las subjetividades frente a las pantallas, etc., pienso que son cuestiones que venimos desplegando entre varios hace tiempo. El problema es que no somos efectivos: podemos teorizar perfectamente sobre la causa que induce la subjetivación (o desubjetivación) por las redes y que eso no le llegue a nadie porque la modalidad de transmisión privilegiada ya no es la letra sino el meme. Quienes nos hemos formado en la antigua cultura escrita ¿acaso tendríamos que ingeniárnosla para hacer memes? No lo creo, aunque no está mal hacerlos. Sí considero que tenemos que modificar las formas de escritura en función de las nuevas tecnologías, o aceptar críticamente cómo su uso transforma nuestra escritura: no podemos aspirar a producir grandes tratados sistemáticos, o repetir explicaciones en extensas cadenas causales, sino proponer enunciados prácticos que interpelen a constituirse a sí mismo en situaciones cotidianas, de vida y muerte, cuya sistematicidad responda al entrelazamiento conjunto de lo existente y la asunción de una forma de vida que se muestra andando, deseando, errando, anudando. El yo es histórico por definición, producto del anudamiento de relaciones sociales y dispositivos varios, el problema hoy es que no terminamos de asumir eso mismo que sabemos de sobra para convertirlo en saber de uso.
7. Necesitamos practicar nuevas escrituras. Escrituras de nacimiento, escrituras de aprendizaje, escrituras de agradecimiento, escrituras de deseo, escrituras de duelo, escrituras de lucha, escrituras de pensamiento, escrituras de sueño, escrituras de encierro, escrituras de libertad. Necesitamos escrituras simples, directas, sentidas y pensadas que vayan al hueso de lo real, que permitan ejercitarnos en lo que nos pasa efectivamente. Porque la escritura es una tecnología fundamental para constituirnos a nosotros mismos. Toda la estupidez, crueldad y miseria de este mundo en descomposición está promovida fundamentalmente por la lógica algorítmica que desintegra los lazos de formación a pura fuerza de ceros y unos. Esta economía de la miseria y la chatura a todo nivel no sería posible sin el aplanamiento del intelecto general que promueve la algoritmización de la vida. No necesitamos grandes sistemas de pensamiento, no necesitamos elocuentes y enaltecedoras frases de autoayuda, necesitamos entender que el gesto de escritura hace cuerpo y pensamiento, tramándose con legados y tradiciones que responden por lo real en juego, cada vez: vida, muerte, deseo, alegrías y tristezas. Nada más que eso.
8. La escritura nos permite anudar pasiones y pulsiones. Hay que pensar las pulsiones como tendencias ineluctables que nos atraviesan, no como instintos naturales. La pulsión erótica tiende a componer, la pulsión tanática a descomponer, el conatus a preservar. Si solo existiera una de ellas no sería posible la vida tal como la conocemos: si solo hubiese tendencia a la composición, suma o multiplicación, no sería posible hacer lugar o espacio para lo nuevo, todo se saturaría y volvería cada vez más inhabitable; si solo hubiese tendencia a la descomposición, retorno a lo inorgánico o la estabilidad absoluta, el universo se congelaría y sería igualmente inhabitable; si solo hubiese perseverancia en el ser, cada ente estaría chocando con otros, disputando espacios y oportunidades, pero no serían posibles la destrucción ni la composición. ¿Cómo se entrelazan estas pulsiones? El conatus requiere asistencia tanto de eros como de tánatos: no hay perseverancia en el ser si no se destruye lo que se contrapone a ello y si no se compone con lo que aumenta la potencia de actuar. Pero también eros necesita que haya perseverancias que componer y destrucciones que liberen nuevos componentes. Por último, tánatos exige composiciones a las cuales descomponer y persistencias a las que acabar definitivamente. En el medio, nosotros, inventando dispositivos que privilegian unas por sobre otras, que agudizan o cronifican tendencias. Podemos explicar la estupidez humana o la banalidad del mal cuando una se impone sobre las otras y el armado resulta altamente empobrecedor.
9. Solemos privilegiar el deseo, por ejemplo. Al repasar mis deseos para estas fechas encuentro cierta repetición que va en ese sentido: habitualmente deseo que deseen, que se multipliquen los deseos, que nos encontremos más seguido deseando, etc. Pero he notado que puede haber una trampa allí: no se puede desear a cualquier precio, a cualquier costo, en cualquier circunstancia. La fantasía del libre mercado elevado a regla general, medida de todas las cosas, es un delirio absoluto que incluso se sirve del deseo como esencia del ser humano: perseverancia en el ser. Hay que estar dispuestos a morir también: asumir el fin ineluctable de cada cosa, cada instante, cada día, cada año, el fin de una civilización entera o el universo, para tasar el precio absolutamente singular del deseo de vivir que se tiene, y si se está dispuesto a sostenerlo. Porque es de esa indeterminación objetiva del deseo que se prende y nutre este parásito insaciable que llamamos capitalismo. Ocuparnos de nosotros mismos es, en primer lugar, estar dispuestos a pagar un precio único por acceder a la verdad de nuestro deseo; y, en segundo lugar, interpelar a los demás a que también lo hagan con urgencia porque si no la vida en común se torna cada vez más insoportable. Sobre todo, si se promociona como lo más lógico una vida de libremercado y deseos desatados que solo pueden conducir al suicidio colectivo. Les deseo entonces que deseen, sí, pero sabiendo exactamente el precio que están dispuestos a pagar para seguir viviendo con otros. Allí nos encontraremos.
10. Mientras les dejo un deseo textual acerca de la escritura que invoco:
Un texto hermoso como una Katana Samurai que nos ayude a cortar el nudo imaginario de todas las servidumbres voluntarias.
Un texto potente que movilice los cuerpos para que juntos armen una Gran Muralla de resistencia ante la imbecilidad y cobardía moral que desbordan desde el poder real.
Un texto delicado como una flor que perfume el ambiente saturado de sudor, pólvora y gases lacrimógenos.
Un texto militante que ayude a volver sobre sí mismo en los momentos más difíciles y darle ánimo a los compañeros con el ejemplo.
Un texto multicolor fabricado con todas las hebras de las vidas y muertes que nos componen.
Eso necesitamos: escribir nuestra propia historia en un momento de alta y generalizada descomposición social.
Ahora y siempre, compañeros.
Córdoba, 1 de enero de 2024.
Un texto cual oasis para despertar de la pesadilla cotidiana: «la historia es la pesadilla de la que…»
Se agradece su publicación y difusión, (que refuerzo con reenvíos por mails).
Reescribirnos… toda una apuesta pascaliana!
Gracias.
Me gustaMe gusta
Muy bueno Roque! Me dejás pensando mucho. Hay que acercarse sin prejuicios a otros paradigmas en la linea de esa pregunta que hacés y que es clave, queremos vivir así? A cuánto y a qué estamos dispuestos para que así no sea?
El filo de esa espada oriental que traés nos puede dar el indicio de que necesitamos un corte que venga de afuera de nuestro endurecimiento y saturación epistémica. Pueblos originarios, saberes sepultados x nuestro etnocentrismo, el oriente aplastado x esta tecnoglobalización, que como bien decís excluye la diversidad de colores.
Me gustaMe gusta