Electra “Contra mi pecho ensangrentada”. Por Cynthia Eva Szewach


Imagen, Paul Himmel

Cuidado editorial: Valeria González y Viviana Garaventa.


El texto muerde en la vida 

J.Lacan

Un interés por los personajes que resultan secundarios, al costado, en las sombras, como extras en la escena o incluso al margen, pueden llevarnos a partir de cierta curiosidad, a darles luz. 

No es exactamente el caso de Electra, pero lo que se puede vislumbrar, es que no parece revelar mucho interés el personaje para la teorización freudiana: “No quiero promover su uso”. En “Sobre la sexualidad femenina”, dice tener razón en rechazar la designación de Complejo de Electra ya que tiende a destacar la analogía entre ambos sexos. La disputa con Jung, con espadas selladas en diferentes lenguas, en una “pugna de alta esgrima”, se asienta en la asimetría edípica a la que alude Freud, lo que no haría del llamado Complejo de Electra un atractivo ni una ganancia conceptual, más bien una fastidiosa analogía. La disputa se asume por sobre el interés que este personaje femenino, que por otros motivos, podría suscitar para Freud algún valor… Queda con poco brillo, algo descartada, en acorde a lo que ella misma padece. Para Lacan cuando la menciona en sintonía con Antígona en el seminario dedicado a la Ética dice: “el texto muerde en la vida”, aunque explicita que no lo va a desarrollar. Retomamos parte de esas valiosas migajas.

Electra es una mujer, proveniente del linaje de los Atridas. En las diferentes versiones de las tragedias antiguas o en dramaturgias contemporáneas nos encontramos, que sufre entre otras cosas por sentir que perdió belleza (1). Ya no es joven y sacrificó parte de su vergüenza en la espera como un martirio del corazón expuesto en plaza pública, dice Magris. Radica parte de su vida en aguardar a su amado hermano Orestes que retorne del exilio y en llorar la muerte de su padre asesinado. Pero ¿Cómo se sacrifica la vergüenza? ¿Qué lugar dar en este caso a la vergüenza “perdida o desplazada”? ¿Un velo, sin secreto, queda corrido y muestra lo sacrificial en la desmesura (hybris), plagada de impudicia y de dolor? ¿Un grito que no cesa pero que le otorga singularidad?  Se trata de una hija diferente de su bella joven hermana Ifigenia, elegida para encarnar el instrumento de un destino con su sacrificio, por el honor de la Guerra de Troya. 

En la voz aullante se localiza el tono donde figura un vacío que impera en su vida, un vacío no soportable, un duelar que le está obstaculizado. Su clamor en soledad no encuentra eco. “Sola ya no valgo para llevar la carga de mi aflicción”Estoy empapada en lágrimas…”

Electra pide que se le otorgue crédito a su desvarío “dejadme que me entregue al desvarío de mi pesarEl asunto es qué nos revela ese pedido en el desvarío en tanto recurso.

 “¿Acaso ningún otro mortal está de luto?” (2) Implora. El duelo es difícil transitarlo en un desierto de indiferentes. 

Si bien las lecturas de las diversas versiones de las Electras nos permiten pensar acerca de los duelos abreviados como se transmite en Hamlet y por ende sus consecuencias, también nos interrogan acerca del matricidio en términos del psicoanálisis, cuál es su lugar en  la operatoria simbólica, ¿es necesaria o contingente en relación a una madre?

Electra, un personaje que en Sófocles es esperante del retorno de su hermano Orestes, en una errancia perpetua, con la decisión o la intención, por designio de los Dioses, de vengar un crimen, el de la muerte de Agamenón su padre, realizado en manos de Clitemnestra, su madre y de su amante Egisto. Agamenón fue enterrado sin honores. La venganza se cifra como desesperación. 

Del enlace, creo fallido, que Lacan hace de Electra como doble de Antígona, si bien ambas transitan una relación al duelo, sugiere que ambas están muertas en vida: “sus almas están muertas hace mucho tiempo…están muertas para todo”. Pero sin embargo Electra vive en tanto agobiada en su clamar. Gobierna en su cuerpo una lamentación (komos) desgarrante: ¿quizá la vehemencia vociferada no es acaso un modo de nombrar el afán de que no haya olvido? Que se denote una injusticia (3). Que se escuche su decir. Entonces, parece que estuviese su vida suspendida, pero está dedicada a desenmascarar una perfidia.

Se la nombra en insistencia por el Coro y por ella misma también como desgraciada: “sola a solasconsumida, desropada. “Estoy hecha de golpes alzados contra mi pecho ensangrentado”. Por momentos aturde los ojos al lector.  

Electra es la denunciadora de la falsedad de las argumentaciones maternas, descree de Clitemnestra, matricida sus ideas, la acusa de sacarle un padre, pero quizá obtura de esta manera alguna forma de no quedar enlazada a él sin fin.

¿Qué acción la libera de sus calamidades? ¿Un asesinato? ¿Una venganza personal?  ¿Dónde ubicar en este caso, un asunto privado, la opción  posible de la justicia? 

En términos de “El Malestar en la Cultura”, Assoun plantea que si hubiera que volver a considerar el lugar de la mujer en el drama de la Kultur habría que recurrir a la parábola de la ausencia y de la recuperación:  esta parábola de ausencia procede del hecho de que la mujer no participa en el asesinato originario, del que Freud hace surgir, como mito, la fundación de la Cultura. Assoun se pregunta cómo se saldan los efectos de esa supuesta “inocencia”, y concluye que la manera en que retorna es siendo ubicada como instigadora, incitadora del asesinato, con una cierta intención diabólica, hostil, o extraña. 

Una lectura interesante que bordea el caso de Electra. Podemos registrar ese lugar donde ella encarna esa proclama, arenga a su hermano, al que le instila la imperiosidad de una venganza. Es instigadora de un matricidio, sufriente por amor al padre asesinado.

 Retomando la pregunta por el matricidio, acaso, ese modo de ir en contra de su madre, ¿la separa, la lleva más lejos o afianza, de forma apasionada una ligazón sin desprendimiento? 

La culpa o el arrepentimiento, desde ya ausentes en Sófocles, ¿puede ser un nombre de un inicio de separación, de corte o de una nueva atadura? ¿Abona en este caso “lo matricida” a la posibilidad de duelar un padre, un padre en tanto muerto, o reactualiza los efectos de la  ausencia de las mujeres que subraya Assoun en el mito?

A modo de minúscula coda, en la maravillosa versión de la Ópera de Strauss y letra de Hofmannsthal, Electra hacia el final, luego del crimen, danza y danza en éxtasis, hasta morir.


1. Solo las enumeramos:  Los tres trágicos griegos son Sófocles, Eurípides (en versión cinematográfica de Cacoyannis.)  Esquilo en las Coéforas, donde se desarrolla también el personaje. De las versiones posteriores donde se introducen diferencias importantes en relación a las obras clásicas como la culpa, el arrepentimiento y sin duda la ausencia de la determinación de los dioses, nombramos: Las moscas de Sartre, La ópera Strauss- Hofmannsthal, “A Electra le sienta bien el luto” de O’Neill,  de costumbrismo local como El Reñidero de De Cecco, (hay también versiones, entre otras,  de Marechal, de Giraudoux,  Electra Garrigó, del cubano Virgilio Piñera) desarrollado el tema en parte en http://www.improntas.blogspot. Electras. En la sección Desactualidad incesante.

2. Las citas provienen en este caso del libro Electra de Sófocles, Editorial Cátedra, traducción Vara Dorado (1985).  En la versión de Esquilo, el personaje de Electra se presenta no sabiendo qué decir, no tiene palabras, ¡sometida e interesada en el fluir de lo que surgirá!: “¡No encuentro qué decir cuando haya de verter sobre el túmulo de mi padre la fúnebre ofrenda! o ¿más bien me llegaré en silencio y de espaldas como mi padre fue asesinado?”

3. La justificación argumental que plantea Clitemnestra en su venganza quien, -en la versión de Sófocles a la que nos estamos remitiendo en esta ocasión- dice que mata a su marido por haber sacrificado a su hija Ifigenia. Este argumento es lo que Electra destituye, denuncia desmesuradamente el carácter ambiguo que tiene, señalando la falsedad del argumento materno, como móvil del crimen realizado con su amante por el poder (allí nos recuerda a Hamlet) y por el cual se ve privada de padre. “¿De acuerdo con qué ley lo mataste?” le pregunta.


Cynthia Eva Szewach, psicoanalista. UBA. Interesada en la práctica y en el intercambio grupal sobre la práctica analítica y la tarea institucional. Coordinó Equipo de Consultas por Adolescentes  y en Maternidades y Paternidades en la adolescencia en el Hospital Argerich,-Consultora en Terapia intensiva neonatal. Ex Docente de la Práctica Ricardo Gutierrez, UBA. Docente de psicoanálisis en la Maestría de diseño Interactivo en FADU, Supervisora y docente en Infanto Juvenil ,  Interconsultas, Residencias y sala de juego en Hospital Rivadavia, Hospital Ricardo Gutierrez, Argerich, Tobar García, Hospital Italiano. Coordinadora de grupos de estudio acerca de la práctica. Participación en publicaciones diversas  y coediciones.  Codirección de la colección psicoanalítica Improntas, Libros : Hojas Encontradas, sobre púberes y adolescentes, Ediciones del Dock  , y coautora de Infancias en Duelo, de Otro Cauce.


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