Imagen de portada: Rinko Kawauchi
Cuidado editorial: Amanda Nicosia, Patricia Martínez y Gerónimo Daffonchio
Ante las políticas que dictan sus preceptos a través de la fijación del sentido de algunas palabras y composición de letras, desde nuestro lugarcito en el discurso jaqueamos el orden decretado y nos reapropiamos de la materia de la metáfora.
Con ustedes y para ustedes, para todxs nosotrxs, anunciamos una nueva sección: TNU, texto de necesidad y urgencia.
Textos que no obligan nada a nadie. Textos con los que cada quien subjetiva, lee, venga, defiende y construye la vida que nos hurtan.
Delegación editorial
La violencia más insidiosa es epistémica o lógica,
y se reproduce espontáneamente
en el lenguaje cotidiano.
Roque Farrán
Leer como acción.
Leer bien, es arriesgarse mucho.
Apuesta a una palabra que se niega darse a sí misma por sentada.
George Steiner
Estamos atravesados por un tiempo de dolor, de zozobra, de perplejidad ante la llegada de una violencia vehiculizada por palabras feroces, que pretende arrasar con la vida institucional, con la vida instituida, y si se la deja con la vida a secas; violencia que se pretende intimidante, para la cual no se necesitaron botas, esta vez bastaron las urnas. Tiempo por tanto de hacer más fuertes y cercanos los lazos amorosos, de resistir, de no ceder ante los dementores voraces. Tiempo de encontrar, casi a tientas, brújulas en la oscuridad derramada desde el espesor de la perplejidad. Una de ellas es para mí la lectura, refugio y arma. La lectura con otros, siempre; tal como invita a enlazarnos, con la puesta en acto de su práctica, el dispositivo Leer a la letra, invención contagiadora de deseo, de Helga Fernández, lúcida escritora de las marcas que el malestar en la cultura imprime en el tiempo que nos toca, a cada quien, vivir.
Así el último día del año que acaba de irse, poco después de que el cambio de agujas demoledor, tan inesperado como advertido, cayera sobre lo que conocimos hasta ahora, una necesidad esencial se impuso para mí: volver a los textos de George Steiner, ese gran maestro del arte de leer, cuya vida y obra, podemos decir parafraseandolo, son en sí mismas una forma ejemplar de civilización, un mentís a la ordinariez y al caos.
En el prefacio de Lenguaje y silencio, conjunto de ensayos, reunidos sobre la literatura, el lenguaje y lo inhumano, de una vigencia y belleza abrazadoras, Steiner precisa que el núcleo vital, subyacente en cada uno de ellos, es la vida del lenguaje y algunas de las complejas energías que la palabra suscita en nuestra sociedad y en nuestra cultura.
Se trata de un libro sobre el lenguaje y la política, sobre las presiones que ejercen los regímenes totalitarios y la decadencia cultural.
Ofrece un recurso de resistencia: leer; leer como acción. En tanto Leer bien, es arriesgarse mucho. Apuesta a una palabra que se niega darse a sí misma por sentada.
Afectada desde hace tiempo por su lectura puedo decir que cada uno de esos ensayos funcionan como un obrador abierto para el armado de preguntas ineludibles, por lo cual, sin proponérselo, Steiner nos enseña a leer; muestra su modo de desbridar los textos a los que hace referencia, en los que encuentra soporte para el entramado de su escritura, de modo tal que, con frecuencia, no nos da una respuesta sino que revela la densidad de los asuntos que aborda con visceral erudición y lúcida sensibilidad.
En el ensayo El milagro hueco –referencia inagotable para abordar el tejido íntimo entre lengua y política, publicado en 1959, el cual recientemente, por ese sesgo, me brindó apoyatura para cuestionar los modos persistentes de nombrar los actos de violencia contra los niñxs y adolescentes– advierte que: la nuestra no es una época corriente. Se esfuerza bajo la tensión de lo inhumano, experimentada en una escala de magnitud y de horror singulares; y no está lejos la posibilidad de la catástrofe. Hondamente concernido por los hechos de la Segunda Guerra Mundial, precisa que el idioma alemán no fue inocente de los horrores del nazismo. La poética de la lengua alemana de Goethe, de Heine, de Nietzsche, fue atacada ferozmente por la erupción del nazismo en la tercera década del siglo XX.
Establece la antecedencia de ese ataque a fin del siglo XIX en la Alemania de Bismarck, en el “estilo Potsdam”, mezcla de groserías y clisés pomposos, a través del cual el odio y el oscurantismo ya habían sido instilados en la lengua alemana, y ya contenía los elementos de la disolución de su poética para convertirla en un arma política: la más absoluta y efectiva que cualquier otra conocida por la historia para degradar la dignidad del habla humana. La lengua fue así utilizada para incorporar a su sintaxis los modales de lo infernal. Poco a poco las palabras perdían su significado original y adquirían acepciones de pesadilla. Jude, Pole, Russe vinieron a significar piojos con dos patas, bichos pútridos… que debían ser aplastados por los maravillosos arios. “La solución final” acabó por significar la muerte de seis millones de seres humanos en hornos crematorios.
En nuestros días la muerte por hambre, enfermedad, tristeza, ignorancia, asesta el golpe directamente, menos horroroso y demencial, en tanto no ataca directamente el montaje filiatorio de Occidente, como precisa Legendre respecto al nazismo, pero no por eso menos cruel.
Ahora, el ataque a la dimensión poética de la lengua se ha vuelto palpable en su vertiente de violencia injuriante.
En esta dirección, en Escribir lo real, Roque Farrán precisa que la violencia más insidiosa es epistémica o lógica y se reproduce espontáneamente en el lenguaje cotidiano; trae un ejemplo reciente: cada balazo bien puesto en cada zurdo ha sido para todos nosotros un momento de regocijo, y acentúa : dice con total libertad alguien que ni vale la pena nombrar.
En este punto situamos que estamos ante un ataque feroz a la dimensión po/ética del lenguaje encarnado, a través de esa violencia injuriante proferida impunemente.
Farrán destaca algo esencial: las condiciones de posibilidad de enunciación, reproducción y circulación de esta frase miserable exige ser analizadas, denunciadas y confrontadas con toda seriedad, rigurosidad y contundencia.
Esta afirmación nos interpela fuertemente: ¿Cómo llegamos hasta acá? ¿Cómo oímos, casi sin escuchar, esos gritos desaforados, esas injurias a cielo abierto en el camino al entronamiento? ¿Cómo quedamos paralizados en la increencia, sin presentar objeción jurídica a quién profería dichos que podrían encuadrarse como apología de la violencia, en algunos casos, discriminatorios en otros? ¿Cómo no exigimos que citara las fuentes acerca de algunas afirmaciones referidas a los desaparecidos?
En plena post Segunda Guerra, Steiner diagnosticaba la crueldad de la época, lo cual no impedía, más bien todo lo contrario, el vertiginoso desarrollo económico nombrado como el milagro alemán. Ahí, podemos ubicar el resurgir de un capitalismo entramado a las tecnologías de la guerra, que dieron nacimiento a la cibernética como principio técnico universal, y sellaron las bodas entre la ciencia y la técnica, transformadas en tecnociencia al servicio del mercado.
En pleno siglo XXI, sobre todo a partir de su última década, según pensadores de la tecnología como Eric Sadin, esos atributos están sostenidos en una nueva etapa histórica del capitalismo, apoyado en los sistemas computacionales, basado en una generación exponencial de datos y en una sofisticación de la Inteligencia Artificial. Lo cual ha dado lugar a una nueva cosmovisión: la tecnología devino en tecno-ideología, y el capitalismo liberal en digital libertario, nacido en los últimos años del siglo pasado en San Francisco, en Silicon Valley, en ese valle de silicio, donde surgieron las primera empresas tecnológicas, hoy monstruos como Google, LinkedIn, Facebook, Netflix… que ganan billones de dólares, extendidos de un modo sincrónico en casi todo el planeta. Esta expansión colonizadora, que Sadin nombra silicolonización del mundo, extiende la creencia, de que dado el “origen humilde”, en pequeños garajes de algunas de esas primeras empresas, producto de la “iniciativa individual”, cualquiera tiene la libertad de iniciar un emprendimiento exitoso, al alcance de quien se lo proponga. Lo cual es una mentira descarada, en tanto esas empresas tuvieron, y siguen teniendo, aportes del Estado y apoyo científico de las universidades. Pero la ideología es más fuerte, sabemos que ahí no entra la lectura crítica, y la silicolonización de la mano del libertarismo que se desarrolla en su seno, tiene hondos efectos en el malestar del tercer milenio.
La lectura de La Inteligencia artificial o El desafío del siglo, de Sadín me permitió aprehender porque el desarrollo de la IA trajo un cambio cualitativo, no sólo industrial, sino fundamentalmente civilizatorio: afecta nuestros modos de existencia por su inmixión, casi permanente, a través de nuestros inseparables smartphones, con los que, a través de su pantalla táctil, tenemos contacto carnal, y se imponen de facto en nuestros relojes internos y en nuestra psiquis.
Lo digital asume la forma de un tecno-logos, una entidad artefactual dotada del poder de enunciar siempre con más precisión, y sin demora alguna el supuesto estado de las cosas.
Los resultados de dichos análisis no se conforman con reproducir ecuaciones que se suponen exactas, sino que, se enmascaran bajo un valor de verdad, en la medida que se presentan como conclusiones cerradas que llevan a que se inicien las acciones correspondientes. La verdad se confunde con la exactitud y se transforma en aletheia algorítmica; el tiempo humano de comprender está deslegitimado,reducido a una desértica cronología acelerada como en una ruedita de hámster; la ambigüedad propia del lenguaje, reservorio inagotable de posibles y de inventiva está excluida, con lo cual el estatuto de la palabra se reduce a su literalidad.
Estas características del medio digital instauran modos de existencia cada vez más sometidos a esquemas racionales, que favorecen el apoyo de estructuras asimétricas de poder.
Otro filósofo de la tecnología, e ingeniero informático, Yuk Hui, en Fragmentar el futuro, señala algo esencial:el fin de lo humano tiene menos que ver con la hipótesis de un reemplazo completo de los seres humanos por las máquinas inteligentes, que con el hecho de que la inteligencia de las máquinas transforme a los humanos, en una medida que excede la imaginación.
Hui ubica, críticamente, este desarrollo digital en la brecha histórica abierta después del 11 de septiembre del 2001, lo que dio lugar al surgimiento de los neoreaccionarios. Cita a Peter Thiel, cofundador de PayPal, junto a Elon Musk, quien en el 2004 en su contribución al coloquio Política y apocalipsis, escribió que esa fecha marcó el fracaso de la herencia de la ilustración, lo cual, subraya Yuk Huí, es el rasgo fundamental que caracteriza la actitud de la neoreacción. En el 2009 en su ensayo La educación de un libertario, Thiel hace su célebre pronunciamiento: ya no creo que la libertad y la democracia sean compatibles. Afirma que los libertarios han estado equivocados a pensar que la libertad puede alcanzarse a través de la política o sea a través de la democracia y que la única manera de realizar el proyecto libertario es a través de un capitalismo que aventaje a la política por la vía de una vasta explotación del ciberespacio, el espacio exterior, y los océanos.
Cualquier semejanza con nuestro panorama actual no es mera coincidencia. Quizá no advertimos suficientemente el peligro de la imposición de un capitalismo nuevo, fabricado con la siliconización del mundo y sustentado por una ideología neorreaccionaria que abrió la puerta al ascenso y entronamiento de figuras más cercanas a los cómics de los juegos de la play, tales como el del peluquín en el norte, y el de la motosierra, su alter ego vernáculo, más explícitamente destructor y bizarro, que si no fueran terribles, por los efectos deletéreos que para la dignidad humana tienen las medidas que pretenden instaurar, serían cómicos.
Quizá dejamos de leer críticamente, adormecidos por el efecto postpandémico, afectados por dolorosas pérdidas, por las secuelas del aislamiento, de la parálisis productiva; quizá por eso no pudimos despertar a tiempo de la pesadilla e interpelar y movilizarnos por la caída imparable, vertiginosa hacia la segregación social y económica, que continúa en ascenso, de gran parte de nuestro pueblo, es decir nosotros mismos. Muchos estamos despertando, buscando salir de la perplejidad, con un desafío, para decirlo con Farran: que no se siga reproduciendo. George Steiner cifró en el arteoficio de leer un modo de existencia, en la que nuestra potencia de obrar encuentre su soporte. Por ahí vamos.
Notas y Bibliografía:
Leer a la letra, a cargo de Helga Fernández, quién propone leer con precisión algebraica y sensibilidad afectiva. Recuperado de En el margen. Revista de psicoanálisis.
https://enelmargen.com/2024/01/08/propuesta-leer-a-la-letra-a-cargo-de-helga-fernande z/
George Steiner. Lenguaje y silencio. Ensayo sobre la literatura, el lenguaje y lo inhumano. Editorial Gedisa
Abuso sexual ¿infantil?Maltrato ¿ infantil?Pornografía ¿infantil?
Una interrogación urgente. Viviana Garaventa . Cuidado editorial, Amanda Nicosia, Agostina Taruschio. Recuperado de En el margen. Revista de psicoanálisis.
Roque Farrán.T.N.U.: Escribir lo real. Recuperado de En el margen. Revista de psicoanálisis. https://enelmargen.com/2024/02/13/t-n-u-escribir-lo-real-por-roque-farran
Pierre Legendre. El inestimable objeto de la transmisión. Editorial siglo XXI.
Eric Sadin.La Inteligencia artificial o el desafío del siglo. Editorial Caja Negra.
Esta revista se sustenta gracias a la publicación, la difusión y la edición, sin ánimo de lucro, de cada uno de los miembros que la componen. Agradecemos la colaboración económica que el lector o la lectora quiera y pueda para lo cual dejamos nuestros datos.
CVU: 0000003100078641018285
Alias: enelmargen.mp
Mercado Pago
Desde el exterior: https://www.paypal.me/flagelodelverbo