El 7 de marzo pasado se celebró la llegada de Boolodo Poro Corloto a Buenos Aires. La librería Salvaje Federal nos recibió. Aquí uno de los textos que dieron bienvenida, de Julián López, quien lo presentó junto a Helga Fernández y el autor, Humberto Bas.
Sospecho que se lee porque no se entiende, porque lo que se despliega en esa actividad constante renueva el misterio indescriptible, renueva la confianza y la desconfianza en eso que aparece por encima y por alrededor, por todo el tiempo. Y qué es eso que aparece, qué podría ser. Lo que no se sabe, lo que no se entiende. En todo caso la lectura es la escena de aquel de la piedra cuesta arriba en la ladera hasta que llega y cae y vuelve, otra vez. Y también puede ser la posibilidad que eslabona el no saber con una especie de tranquilidad aciaga, la certeza de que hay algo ahí que se sostiene en lo insostenido, que asegura el precario vaivén de lo vivo, que logra que no se aquiete eso que viene y va, eso que vayviene.
No es tan fácil avenirse a abrir un libro, la lectura no es una cosa fácil, por más empeño que hayan puesto las campañas oficiales que alguna vez existieron antes de este goce ridículo de castigo, la lectura recuerda el fracaso, la imposibilidad, se lee porque no se sabe, porque no se entiende. Y si empiezo este comentario tan general por acá es porque me parece condición inexorable que un libro se imponga de esa manera, que abrir un libro sea el desafío de aprender, otra vez, cada vez, la desmemoria y la gramática, la articulación que supone que una cosa también se perciba en la palabra que la nombra, en las palabras que la describen y la agrupan en familias de palabras, palabras montescos y palabras capuletos. Para que eso pase un libro tiene que estar escrito, tiene que haber escritura en sus páginas, tiene que hacerse la escritura más allá de ellas, por encima y por alrededor, por todo el tiempo, por fuera de la voluntad personalísima de escribir. Eso no sucede tan a menudo. Y entonces este texto va a hablar de la escritura de Humberto Bas, de este libro particular, sí, pero también de los otros, tan diversos, tan promotores de la felicidad rasposa que pueden dar los libros, la felicidad de saberse leído por quien ha escrito. Que los libros de Bas estén escritos es una de las razones que hacen que Bas sea uno de mis escritores preferidos, pero eso es nada más que un detalle. Ahí lo que en verdad cuenta es el Perogrullo, eso que se da por sentado pero que vuelve a descubrirse en la lectura: Bas lee. Bas escribe. Bas es escritor. Bas es favorito. Pero, otra vez, si me demoro en estas consideraciones demasiado personales es por lo que Boolodo poro Corloto me hizo, me obligó a hacer, por la invitación que supuso su lectura: volver a meterme en la cueva de la que huyo, volver a mecerme en el vaivén de lo incomprensible, volver a pensar en los términos del corte y la confección (las palabras demasiado definitivas) y atreverme a pensar que es posible intercambiarles el lugar, leerlas de nuevo, epifánicas, con la veladura rasgada por la que se cuelan nuevas penumbras. Pensarlas como formas del descubrimiento de ser este o ese y no otro, de estar acá y no allá o en los lugares enajenados en los que en general me ubico. Para hablar/me de la ternura y la crueldad, el cuadrilátero en el que boxea esta historia, Bas sacude la lengua, la desautomatiza, la desmaterializa, le saca la materia, la despoja de la maternidad, la saca del hoyo de la madre con un palito y el chorcito por el piso, la hace propia no porque tenga la ilusión de inventarla de nuevo, sino porque la entona.
En la voz de este narrador orbitan palabras que resuenan dispuestas de maneras particulares, únicas diría y, sobre todo, lejos del sobretodo del semblante, lejos de la maquinita literaria de hacer iguales. Más que mostrar el mundo (el mundo no requiere más sobregiros, más sobreimpresiones), Boolodo Poro Corloto ofrece elegir la tierra desprometida de la inocencia, valorar como un tizón la soledad que atraviesa la infancia, la madurez alucinante con la que en los años mozos sopesamos el mundo y a quienes nos tocaron. Y al mismo tiempo la novela propone rechazar la seguridad con la que el cinismo suele hacernos adultos inmaduros y generalmente incapaces de sentir lo que nos toca. Boolodo Poro Corloto es elegía y libro de aventuras, hace llorar a mares y morir de risa, es novela que iguala filosofía e infancia como plataformas del entrevero de estarse acá y es un canto compasivo y valeroso a la dignidad de proponer y aceptar, antes que el mesías del discurso y la parafernalia del texto, la compañía humana, por fin, del arrullo balbuceante.
Boolodo Poro Corloto se puede conseguir en:
@kiveve.editorial (envíos a todo el país)
@salvajefederal (Humahuaca 4007, CABA). Envíos a todo el país.
Librería Aquilea ( Corrientes 2008, CABA)
MALAPABRA casa librera, @malapalabra.casalibrera (Ministro González 63, Neuquén, cap.)