¡Oh! ¡Ay! Palabras para «Boolodo Poro Corloto», de Humberto Bass, 2023, editorial Kiveve. Por Helga Fernández.


El 7 de marzo pasado se celebró la llegada de Boolodo Poro Corloto a Buenos Aires. La librería Salvaje Federal nos recibió. Aquí uno de los textos que dieron bienvenida, de Helga Fernández, quien lo presentó junto a Julián López y el autor, Humberto Bas.



Este libro ya tiene un lugar en mi. Me afectó. Me compuso imágenes. Me editó recuerdos. Me causó sensaciones. Me hizo sentir/pensar.

Quiero compartir cinco cosas que más que armar trama son un montoncito que se reúne como las piedras de una payana.


Una
Boolodo Poro Corloto es el título del libro. Sí. Pero imagino que estas tres palabras también son parte de una lengua que se empieza a amasar. Y, siguiendo con la vieja costumbre de nombrar, a lo mejor también sean eso: el nombre de una lengua sin jerarquías cronológicas. No una lengua inmadura en relación a la lengua de UnCarlos. La lengua de uncarlito, que se estira como la caca, los mocos y el semen. Una lengua viscosa, que a veces se aposenta en el pecho y se transforma en una máquina de hacer significados fugaces como aleteos y relámpagos. Una lengua que desparrama belleza, sin perder tiempo en señalarse.


Dos
La lengua de uncarlito compone un libro donde las palabras encuentran formas imprevistas y no se asemejan de sí a sí; donde las personas cambian de especie y ontología, y donde los animales y objetos truecan cualidades y funciones. No es metáfora, es metamorfosis. Uncarlito es unalabuela y uncarabajo y hollín de fogata esparcido en el aire y huerto y animal de corral y Labuela es maga y tierra y un brotecito verde y sapo y la lluvia ladra y las plantas orinan y un pito es un tiburón y otro pito suena al talán talán de una campana y el cuerpo es un pañuelo que cuelga de un bolsillo y un papá es una voz acusmática y un niño es espectáculo viviente y superficie en la que incrustar un NO.


Tres
Para mí Carlito está a medio camino entre esas infancias llamadas salvajes y un niño nacido y criado, casi en exclusividad, por el lenguaje humano. Está entre Oxana, que  convivió con los perros que la criaron, que lamía, olfateaba los alimentos, su cabeza mostraba posición de alerta ante lo desconocido y aguzó un oído tísico, y un niñe X, que creció en una ciudad, que escuchó sonidos de humanos y máquinas.

Carlito tiene una familia ampliada: lamamá, Laovera, los patitos, elpapá, la tierra, lalabuela, el Níspero, Batata, la lluvia…

A mí, que a veces elevo el lenguaje humano a la superioridad, Boolodo me hizo sentir/pensar la fortuna que implica que alguien haya sido criado (o creado) por otras especies, además de la humana. No voy a decir que a Carlito lo instiló la lengua de los padres y la lengua de la naturaleza; hago a un lado el logocentrismo y digo que Carlito fue hospedado por la tierra, el agua, el fuego, el aire y otras fuerzas.

Imagino a Carlito percutido y magullado por fonemas; refregado y lamido por sonidos animales y vegetales. Me parece escuchar a Carlito rumiar, cacarear y hablar, o todo eso junto en lucha y en una suerte de paridad óntica.


Cuatro
En Córdoba, presencié una escena que me hizo entrar de otra forma en el libro. Unacarlita, jugaba con sus pies y las mojarras en el medio del río, mientras lloraba. Las ramas, la espuma y la correntada parecían anunciar una creciente. Me acerqué y le pregunté si estaba perdida, me dijo que no, que ellos, señalando a un grupo de humanos, estaban allá. Insistí y le pregunté si quería cruzar a la orilla. Me contestó: «Estoy bien acá, ellos me orfanan».

Quizás Carlita no haya querido decir lo que entendí(1),  pero  me acercó un verbo que me hizo pensar que una cosa es ser huérfano y otra ser orfanado. Huérfanos somos en la medida en que ningún ser que cría está a la altura de apaciguar la agitación sin sentido que la vida es. Y orfanados somos cuando los seres que nos reciben en el mundo no nos prodigan ternura, no nos hacen sana sana colita de rana. O peor, cuando quienes tienen años de experiencia en el dolor de la agitación, la acrecientan.

El Carlito de Boolodo es huérfano y orfanado.

Este libro es bello, como dice Cali Duarte: tremendamente bello. Da a sentir la sensualidad de un cuerpo y la crueldad de la obscenidad. Transmite el placer del erotismo y una lascivia que puede dañar y dañarnos.  Lo hace de un modo que no reproduce lo que cuenta, porque a medida que se acerca al exceso más se aleja de la literalidad de los hechos. Digo, cuando uno lee algo espantoso dicho con espanto, algo calma el espanto. Que el espanto diga el espanto, tal vez. Pero cuando alguien cuenta una desmesura, una desproporción, un abuso, haciendo pasar que aquel a quien le ocurre no puede decir ESTO ES UN MONTÓN, expande la agitación y hace sentir la ambigüedad de los contrarios. En este libro la ternura que envuelve el exceso es cobijo y dedo en la llaga de la intemperie.


Cinco
Como lectora digo que Boolodo escribe la entrada de un ser en la lengua. Y como persona que tiene una relación con la trastienda de la letra, no puede dejar de decir que este libro descompone la lengua. No sé a ustedes, a mí me maravilla que a partir de un trabajo se toquen momentos inaugurales del habla. Pero más me maravilla que el trabajo de descomposición no esté puesto al servicio de la destrucción.

Tengo un amigo cirujano, con quien en algún momento compartimos una guardia de hospital. Es formal, pulcro, atento, considerado. Se dedica a la ablación y trasplante de órganos. Además, es una persona hermosa. Cuando sale de haber metido mano en las vísceras, de cortar y quemar carne, se parece más a un fauno, a un sátiro, que a mi amigo antes de entrar al quirófano. Con una costillita de cerdo en la boca, una vez me dijo: «Si no fuera cirujano, sería asesino serial. La única diferencia es que yo vuelvo a armar los cuerpos y de yapa se alarga o mejora la vida».

El libro realiza un procedimiento lindero al que acciona mi amigo: descuartiza la gramática, corta y desgarra las palabras y se embadurna de restos. Esta descomposición tampoco está puesta al servicio de la destrucción por la destrucción. Todo lo contrario: da a sentir la poética de lo viviente. Para mí eso es la poesía: un descortezamiento del lenguaje que no mortifica, que instaura vida y  la multiplica. Y Boolodo Poro Corloto, más allá del género y la prosa, es poético.


1. Más aún considerando que luego recordé haber escuchado y leído este verbo, orfanar, en un trabajo que José Assandri compartió en el programa de Pulsión de Radio, respecto de Gabriela Liffschitz y su obra.

 


Boolodo Poro Corloto se puede conseguir en:

@kiveve.editorial (envíos a todo el país)

@salvajefederal (Humahuaca 4007, CABA). Envíos a todo el país.

Librería Aquilea ( Corrientes 2008, CABA)

MALAPABRA casa librera, @malapalabra.casalibrera (Ministro González 63, Neuquén, cap.)

Deja un comentario