Traducción: Anacristina Rossi y Nora Garita
Imagen: El origen de la muerte. Autor desconocido
Conferencia dictada el día 30 de julio de 1995, en el Centro Cultural de Mexico, bajo el auspicio de la Asociación Costarricense para la Investigación y el Estudio del Psicoanálisis, el Colegio de Costa Rica y la Embajada de Francia.
Agradecemos a la Asociación Costarricense para la Investigación y el Estudio del Psicoanálisis (ACIEPs) y su revista, In$cribir el psicoanálisis por la autorización para publicar la presente Conferencia.
A juzgar por la gente presente hoy aquí, el tema de esta conferencia es pertinente. Las cosas no sólo son pertinentes en sí, sino que se vuelven pertinentes. Por ejemplo, para volver pertinente el problema de «La Traviata«, tuvo que ocurrir un suceso y luego una novela, -«La Dama de las Camelias», escrita por Alejandro Dumas-, en seguida una obra de teatro basada en la novela y finalmente el guion de Verdi, y la música de «La Traviata«.
La cuestión muestra que lo que vamos a tratar es un poco así. Al principio fue el verso del poeta Auden, luego Kenzaburo Oé, aisló este verso. Después trabajó sobre este verso y, finalmente, esta noche, entre Inglaterra, Japón y Francia, desembocamos en Costa Rica.
Voy a tratar de examinar cómo en el Occidente moderno, se intenta una respuesta a esta cuestión. Voy a partir de dos hechos cotidianos.
Primero, algo que me pasó hace poco en un Hospital Psiquiátrico de París, donde estuvo hospitalizado el Marqués de Sade. Se trata de una joven mujer que fue internada contra su voluntad -como se dice en Francia hoy: a la demanda de un tercero- después de romper todo lo que había en un apartamento.
Este acto de romper fue juzgado por la sociedad como inadmisible. Al interrogar a la mujer, me di cuenta que este acto, juzgado como loco, era totalmente racional. Fue internada después de haber bebido mucho en cierta velada, una noche. Le dio su hijo menor a una vecina para que lo cuidara y sabía que sus otros dos hijos tenían la suficiente edad para pedir ayuda en caso necesario, por ejemplo, para comer. Sin tomar en cuenta esta precaución maternal, las autoridades fueron alertadas y muy rápidamente un juez de menores decidió que esos niños no estaban bien al cuidado de la madre y había que ponerlos en un orfelinato. ¡Y llaman a esos jueces, jueces para menores! Verán que muchas veces esos jueces, en vez de ser para los niños, parecieran estar contra ellos. No son amigos de los niños, y además, hacen psicología.
Se trata de que aprendan cuales son las poleas que hay que mover para estar contra los niños. La madre de esta joven mujer a la que encontré ese día internada, fue avisada de lo que estaba pasando y ella le dijo al juez que deseaba tomar la tutela de los niños. Como les digo, el juez había estudiado Psicología, consideró que mejor estaban en familia que en un orfelinato. Le dio la responsabilidad jurídica de los niños a la abuela y cuando la madre quería ver a sus propios hijos, tenía que pedírselo a su madre, incluso para llevarlos a la calle. Todo eso era oficial, es decir, con lo que yo llamaría la complicidad del juez.
La abuela llegó al punto de llamar a esos nietos, mis hijos: mi hijo y mi hija. Eso agredía mucho a la madre, cuando la madre decía que esto no le parecía, su madre le decía: No tiene ninguna importancia.
Estos niños estaban siendo cuidados por gente que vivía en el apartamento que era de la madre de esta madre, y por un pequeño incidente, la mujer rompió todo en ese apartamento que era de la madre y donde estaban los niños.
Evidentemente, esto plantea la cuestión de ¿Quién es el loco en esta Historia? ¿Es la mujer que fue declarada internada o es todo el aparato pedagógico y judicial que se puso al servicio de la abuela, en nombre de la felicidad de los niños? De lo que creían que es la felicidad de los niños. Había una razón por la cual ella rompió todo.
Segundo, quisiera darles algunos «flashes» para introducir lo siguiente. Esto no es algo que me ocurrió a mi directamente, sino que lo cuenta un escritor, Thomas Bernard, une de los principales novelistas austríacos. La literatura es muy importante, nos ofrece rejillas o puntos de referencia o de lectura para saber lo que está pasando. Bernard escribió un libro de relatos muy cortos de pocas líneas que se llama «El Imitador». El los escribe a partir de hechos cotidianos que encuentra en la calle, en el periódico. Uno de estos relatos tiene 17 líneas, se llama “Locura”, es la historia de un cartero. Ser cartero no es fácil. Las historias de las escrituras cuentan que en la antigüedad los encargados de transmitir los mensajes, llevaban dichos mensajes prensados al final de un palo, una estaca, lo más lejos posible de sí mismos. Primero, porque ellos no sabían leer y luego porque no sabían lo que estaba escrito adentro. ¡Cualquier prudencia es poca!
En Shakespeare también esté el que lleva el mensaje y al final este mensaje dice lo que hay que hacer exactamente: una vez que lea el mensaje, el rey debe matar al mensajero.
Hay dos tipos de cartero: uno, que se imagina que no sabe exactamente lo que hace y transporta noticias cuyo contenido ignora. Noticias que, en general, son malas. No sé qué ocurre en Costa Rica, pero en Francia cuando uno recibe una carta, en general es una factura, un aviso de que alguien murió o los impuestos.
¡Qué oficio! Pasarse la vida llevando malas noticias a las personas. El cartero de la historia de Thomas Bernard sabía lo que hacía y tomaba muy en serio su oficio de cartero. Era e1 único en todas las cuadrillas o brigadas de carteros de toda Austria, que tenía una visión subjetiva de su oficio y lógicamente miraba las cartas que debía entregar y las que le parecían malas noticias, no las entregaba, las quemaba. ¡Era un benefactor de la humanidad!. El problema es que la administración de correos no estaba muy de acuerdo. Lo tacharon de loco y lo encerraron en un asilo psiquiátrico. Pero estamos en la época moderna, en el hospital psiquiátrico se hace terapia y entonces por solicitud del cartero, el Hospital Psiquiátrico aceptó que conservara su uniforme y siguiendo el método de Pinel, que es el método del tratamiento moral, hicieron todavía aún más, había alguien en el Hospital que escribía cartas solamente para que el cartero pudiera acomodarlas en un buzón, colocado especialmente para que pudiera distribuirlas a los enfermos.
La historia no nos dice si le habían dado algo para que pudiera quemar algunas. Me parece que no. El hospital psiquiátrico sí distribuía las cartas efectivamente, como debía ser, es decir que se curó, pero no es eso exactamente lo que le interesó a Thomas Bernard. Lo que lo hizo transformar los sucesos en un texto, fue la observación siguiente: le preguntaron al enfermo por qué tenía tanto empeño en distribuir las cartas aún en el hospital y él dio una respuesta que perturbó mucho a Thomas Bernhard, el enfermo dijo: es para no volverme loco.
Son muy gentiles de reírse. Pero ese temor que tiene el loco de volverse loco, es algo que desde el punto de vista clínico, la mayoría de los psiquiatras sabe, pero ninguno de ellos sabe dar cuenta.
¿Qué es la locura, si el más loco entre los locos está habitado por el temor de volverse loco?
Este es el lado difícilmente localizable de la locura. En esta historia del cartero de Thomas Bernard por ejemplo, no sabemos quién es más loco, si el que fue hospitalizado o el director del hospital que se pone a escribir esas cartas.
La dificultad para localizar la locura, nos solicita, nos lleva a ver el lado de la historia y ahí les propongo que vayamos ahora, con algo que señaló muy bien el Sr. Ministro –sin que nos hayamos puesto de acuerdo anteriormente– y es “El Elogio de la Locura” de Erasmo de Rotterdam.
¿Quién nos enseña cómo dejar atrás la locura? Hay muchas instituciones y muchos aparatos para esto. Antes, hasta hace mucho tiempo, era la religión. De hecho no hace tanto tiempo, y aun esto no ha terminado. Pero hoy día el aparato al que le corresponde, se le llama Psiquiatría, que encarna ante la locura una respuesta que se llama estoicismo.
¿Cómo vérselas con la locura? Bueno, seamos estoicos. Lo que estoy diciendo es una verdad histórica. Sabemos que Pinel, el fundador de la Psiquiatría, sabía mucho de antigüedades grecoromanas, leía mucho de Cicerón y esos eran sus puntos de referencia. Para ver cómo la Psiquiatría trata de responder a nuestra pregunta de esta noche, debemos irnos hasta Erasmo y su “Elogio de la locura”.
Para que sitúen lo que hace Erasmo, Tomás Moro es el autor de la Utopía, es Rebelais, es la versión critica de Saint Jerome. Alguien que sostenía que no todo lo que estaba en los textos sagrados era la palabra del evangelio.
El Elogio de la Locura, es algo que creo que los psicoanalistas pueden reivindicar. Primero, el libro fue pensado a partir de un juego de palabras. Erasmo viene a caballo desde Italia a Francia. Este viaje, muy largo, lo ponía a soñar y en un momento piensa en su amigo Tomás Moro y su pensamiento es Moria, asociación de ideas, y en lugar de seguir soñando dijo voy a escribir el elogio de la Moria, es decir que era un acto, una cosa que lo acerca también al psicoanálisis, es hacer algo serio con cosas frívolas. Y por lo demás escribe su Elogio de la Locura, escribiendo lo que se le viene a la luz. Están en su texto las ideas fundamentales del psicoanálisis: diga todo lo que se le pase por la cabeza por más frívolo que le parezca. Hay algo serio en la frivolidad. No es como los escritores estoicos. El escritor estoico escribe en cambio lo que le parece oportuno. Por eso apenas escribe una frase, se pregunta ¿Esta frase es una frase oportuna? Y empieza a dudar, la tacha, escribe otra. Y otra vez duda, la tacha. Le empieza a doler la cabeza… otra vez duda… le da migraña, no duerme…y al fin la escribe. La descripción es de Erasmo, no soy yo el que la estoy inventando. Erasmo cuando escribe su encomio a Moria, no duda de que va a escuchar, como lo dice él mismo, croar a los estoicos (ranas estoicas).
Ahora voy a presentarles una tesis que introduce Erasmo.
Primera tesis: muy antiestoica, más bien, no estoica. Es honorable ser atacado por la locura.
Una tesis terrible, para ponerse a reflexionar.
Segunda tesis: menos radical:
El que no está loco, está excluido. Está excluido el no loco.
La locura es necesaria para toda experiencia: tomar una mujer, hacer un niño, tomar el poder, dar una conferencia. Y si uno se pone a reflexionar cinco minutos, no lo hace.
Por ejemplo, si alguien pide información sobre la mujer con la que va a casarse, ¿cuáles eran los juegos de su infancia? y le dicen que le quitaba las alas a las moscas, no se casaría. Para casarse, la locura nos tiene que ayudar, es decir que nada importante en la vida se hace sin la locura.
Tercera tesis: La locura se conoce más a sí misma, mucho mejor de lo que la conoce nadie.
También esta tesis es bastante inaudita. Hay en ella lo que los psicoanalistas van a describir siglos más tarde, es decir la transferencia. La determinación del lugar donde uno supone que hay un saber. Entonces en esto hay algo muy claro, e1 lugar donde está el saber no es Dios, no es la religión, es el loco. Entonces Erasmo escribe frases como ésta «entre más loco esté uno más feliz es». Evidentemente, él sabe que eso no se sostiene completamente y para que se sostenga va a introducir en la locura una división, una hendidura. Va a distinguir Moria, la locura benéfica, la que acompaña toda acción, de la de la Furia, el furor, lo contrario, una locura maléfica.
Una de las tesis principales de Erasmo, va a encontrar en esta distinción una repartición. La tesis es la siguiente: «nadie está loco más que adrede». Para Erasmo esta tesis es verdadera de la Moria, la tesis se aplica en el caso de la locura Moria, pero para la Furia, esta tesis no es verdadera.
Es aquí que los historiadores hacen un retorno curioso, en ese texto que pretende tomar distancia de los estoicos. Esta distinción entre Moria y Furia, es una distinción estoica, se ve en Cicerón, en la distinción entre Sanus y Furiosus, la cuestión que se presenta a partir de ahí es la siguiente: Es verdad que e1 loco Furia no lo es tal vez a propósito. No es 1oco a propósito, tiene el mismo sentido de estar de acuerdo, de adecuarse a1 objeto. Por ejemplo, si un carro se me viene encima ¿sería a propósito que giro la dirección para no chocar?
La idea de una locura a propósito es la idea que concierne a algo pero que la concierne también de manera pertinente. Entonces, ¿La locura furiosa es o no a propósito? No voy a entrar en la discusión de este problema.
Si vemos o estudiamos los casos de locura furiosa en la antigüedad, en primer lugar no hay muchos y el caso más importante, es el de Orestes. Orestes ha estado loco furioso, no les voy a contar los detalles de la historia pero si ven los textos de Orestes, del furor de Orestes, las crisis, los ataques de furia, de locura furiosa, son ataques perfectamente a propósito, no solamente podemos decir esto, sino aún más. Ustedes saben que las furias… eran las grandes campeonas del derecho materno y el problema de Orestes era justamente de matar a su madre, que a su vez había matado a su padre y a la amante de su padre y a los hijos que había tenido con él, porque sabía que si mataba a ese marido sin matar al hijo, un día u otro, éste vengaría a su padre. Pero es lo que se produce en el momento en que Orestes consulta a Apolo, en el oráculo Apolo le dice, estoy de acuerdo y te ordeno que mates a tu madre y a partir de ahí se desarrolla toda la Orestiada y de la locura furiosa de Orestes, que desemboca en una especie de puesta aparte, de apartamiento y la instauración del derecho paterno, que desde ese momento, reina en Grecia sobre el derecho materno, algo que curiosamente encontró el psicoanálisis y esto que se llama el Complejo de Edipo, en Lacan es algo diferente, pero es notable, el psicoanálisis al dar a luz el Complejo de Edipo confirma que la locura furiosa es también una locura a propósito.
A partir de ahí el estoicismo, más allá del estoicismo, el psicoanálisis, una especie de nueva psiquiatría como se le ha llamado también, reanuda con la locura furiosa, como una locura que tiene la razón. No quiero hablar mucho más, porque lo más interesante es que discutamos un poco.
Estoy insinuando que hay que plantearse si el psicoanálisis tiene la respuesta a la pregunta: “Enséñame a dejar atrás mi locura». Evidentemente no. Si el psicoanálisis tuviera la respuesta a esta pregunta, se sabría… Y si los otros candidatos a una respuesta la tuvieran, también todos lo sabrían.
Le ocurrió a un psicoanalista algo un poco desdichado, como si ese punto de la locura, no se pudiera realmente estar mucho en su proximidad, entonces el psicoanálisis en su lugar inventó un mito, que su fundador había vencido esta locura. Esta historia de Freud y su alter ego que llaman Fliess, los psicoanalistas se apresuraron a decir que Fliess era un paranoico y como Freud había escrito, cito: “logré algo ahí donde el paranoico fracasa”, esto fue suficiente para crear el mito de que Fliess no había logrado vencer la paranoia, pero Freud sí.
¿Qué se hizo a partir de ahí? Olvidar algunas fórmulas de Erasmo, y pensar que Freud dentro de la locura, todo lo que dice respecto de la locura es verdad y se trataría de aplicarle eso a los enfermos, entonces asi nos encontramos en una posición fundamentalmente no freudiana, ya que Freud está del lado de Erasmo, es decir que nadie conoce mejor la locura que la locura. Así que el psicoanálisis, después de confirmar a Erasmo, tenía toda la facilidad para encontrarse en una posición estoica, sobre todo que ahí se estaba anunciando, si claro, vengan, vamos del lado de los estoicos. Hay muchos textos psicoanalíticos que van en este sentido.
Y que la locura es una pasión o el desarrollo monstruoso de una pasión, y que el yo va a poder domar la pasión, ahí estamos en el retorno a la posición estoica del control de las pasiones.
“Enséñeme a crecer y dejar atrás mi locura». ¿Qué puedo yo dar como respuesta a eso en esta conferencia? En términos lacanianos se puede decir que no hay ninguna razón para que nadie se ponga en posición de dar respuesta a esta pregunta y el no poder responder a ella, es decir al recusar que pueda haber una enseñanza sobre cómo sobrevivir a nuestra propia locura, es diciendo que para eso no hay ninguna enseñanza que sea válida.
Al hacer esto, aquel que se plantea la pregunta o la demanda, puede avanzar en su propia pregunta, es decir, darse cuenta que se plantea en él a propósito, para decirlo de otra manera, que no hay más que una respuesta particular.
Notas
- Conferencia de Jean Allouch: “Enséñame a dejar atrás mi locura” (Costa Rica, 1995). In$cribir el psicoanálisis. Año 3. Nro 5. Enero-Julio. Costa Rica, 1996. Asociación Costarricense para la Investigación y el Estudio del Psicoanálisis (ACIEPs).
- Esta publicación forma parte del trabajo y la Sección «Vuelta al porvenir».