Imagen: grabado de Joan Miró
Cuidado editorial: Gisela Avolio y Gabriela Odena
Presentación realizada en el marco de la Feria del libro Psicoanalítico. En Zona Oeste. Domingo 10 de Noviembre 2024. Llevado a cabo en ACIM. Morón. Provincia de Buenos Aires. Organizada por Diego Baracat y Grupo Psicoanalitico del Oste, a quienes, desde En el margen, agradecemos todo su quehacer y hospitalidad.
Agradecida de estar aquí en esta feria del libro psicoanalítico, en este encuentro con otros en el tejido de un lazo, de una trama, que constituye en sí mismo un acto de resistencia a estos tiempos crueles, crudos, que pretenden usurpar la dignidad de la vida.
Agradecida también a la invitación de Helga, siempre una oportunidad para atrapar, cernir, un pedacito más de real, con cada relectura.
Una alegría compartir con Patricia Martínez, querida compañera de la Revista, el estar acá participando de dar la bienvenida a estas nuevas, extrañas criaturas, que la sensible inteligencia lectora de Helga Fernández supo dar a luz en medio de la brumosa perplejidad que nos envuelve: Mandíbulas autómatas[1], que tomó forma de plaqueta, e Hiperstición, la más nueva de la letosas[2], bajo la forma de ensayo portátil.
Ambas publicaciones diseñadas con potente belleza, atraen, invitan, incitan a ser leídas desde sus portadas y contratapas, puertas/ ventanas, que irradian algo del fulgor y temblor que suscita la travesía de sus páginas. Una travesía de riesgo, la que emprendió la autora y a la que nos embarcamos al surcar sus páginas.
Casi como una refutación poética a la afirmación borgiana de que los libros son cosas inertes antes de ser leídos, podríamos decir, que estas publicaciones están vivas, despiertas, incluso antes de que atravesemos el umbral, nos llaman a despertar del espesor de la perplejidad en el que estamos inmersos por este nuevo modo de dispositivo de la crueldad: la cosmovisión digital al servicio del poder económico político.
Estas criaturas se inscriben en una genealogía. Su autora viene trabajando estos asuntos desde la pandemia, ese hito reciente, que por momentos parecería olvidado, cuyos efectos en nuestra epocalidad son hondos, inéditos, irreversibles.
La pandemia por covid en el año 2020, marcó un antes y un después en nuestra civilización: arrebató millones de vidas en todo el mundo y en pocos meses. Fueron tiempos en los que estuvimos efectivamente amenazados de muerte, y vivenciamos lo que se llamó el Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio: necesaria medida de protección sanitaria que al mismo tiempo por quedar privados de los encuentros presenciales se debilitó el entramado del lazo social, acelerando sus rupturas.
Fue también el 2020 y los años subsiguientes la ocasión para la expansión del uso de las letosas, esos dispositivos digitales con los que intentamos sostener la vida cotidiana: escuela, banco, compras, salud, actividades culturales y sociales y aún, gran parte de la praxis del psicoanálisis, lo cual abrió interrogantes fecundos acerca de como sostener la función “estar analistas” sin la presencia de los cuerpos en la tridimensionalidad.
Sin embargo, las letosas, al modo del pharmakon griego, si bien se constituyeron en el soporte que permitió cierta continuidad de la vida anterior a la irrupción pandémica, abrieron también la puerta a la aceleración de la digitalización de la vida cotidiana con consecuencias irreversibles en relación a la temporalidad y a la palabra. Se produjo una “compresión del tiempo y del espacio a escala suprahumana” nos dice Helga, y una “diseminación masiva de palabras, imágenes y sonidos sintéticos” sin precedentes.
Mandíbulas autómatas e Hiperstición, la más nueva de la letosas nacen con esta antecedencia.
Los nombres otorgados por Helga a sus criaturas, que parecen salidos de la literatura new weird, nueva ficción extraña, nos ponen en la pista de lo fantástico; de lo fantástico oscuro de la realidad efectiva actual.
El epígrafe de Hiperstición la más nueva de la letosas, frase del escritor de ciencia-ficción, William Gibson, lo señala:
“Confundimos con videncia de futuro la capacidad de reconocer la extrañeza de la actualidad.”
Este epígrafe permite localizar algo de la extrañeza de la actualidad de hoy, efecto de que esa videncia de futuro, advertida por Gibson décadas atrás irrumpió, y hace intrusión en la dimensión temporal bajo un régimen de aceleracionismo, que parece imparable, bajo el cual no hay futuro ni porvenir.
Claro que seguimos disponiendo de la temporalidad propia de lo humano, sin la cual no estaríamos aquí y ahora.
Seguimos disponiendo del tiempo –ese bien que en el límite es lo único que tenemos– que cuenta con el espesor de la diversidad de dimensiones, que se entrelazan y vivifican: el de Cronos, Kairós y Aion, desde los griegos, o el que se abre necesariamente para el acto: instante de ver, tiempo de comprender, momento de concluir.
Esta cualidad temporal es la que está amenazada, por momentos arrebatada, por el nuevo régimen cibernético que se constituye en una cosmovisión digital bajo la égida de la inteligencia artificial.
Este nuevo régimen está comandado desde una exterioridad que Helga propone nombrar el Lenguaje del espacio exterior, podríamos decir eso que nombramos sin saber muy bien de qué se trata la nube digital, que transmuta a los seres humanos en mandíbulas autómatas, cuando pierden su condición de estar hablantes.
Helga en la apertura de Hiperstición nos recuerda que:
“El lenguaje, su naturaleza, no requiere el calificativo de viral: el lenguaje, es viral por necesitar de otros cuerpos para replicarse. Igual que cualquier otro virus que muta y es mutado, el lenguaje se transforma desde las cualidades de cada huésped que infecta: (el lenguaje) se modula al encarnar en un cuerpo orgánico (como el de los seres humanos) y se intensifican al hospedarse en uno metálico.”
Señalamos aquí la diferencia esencial entre la Encarnación del lenguaje, es decir cuando ha sido y sigue siendo transmitido por un ser hablante, de su hospedaje en lo que Helga llama cuerpos de lata, que podríamos decir robóticos, esos dispositivos que tenemos a mano pero que nos tienen en la mano, como el recién llegado Chat GPT 4, recibido con bombos y platillos a comienzos del año pasado.
La autora subraya la diferencia ética entre estos dos modos de viralizar que tiene el lenguaje al advertir que: “cuando el lenguaje es exceptuado de las interrupciones que imprime la encarnación, el lenguaje se reproduce con una fuerza que demanda conexión y desanuda enlaces”
Señala la necesariedad de designar esta nueva presencia, que llama el lenguaje en estado viral. Es decir lo viral, no ya como una cualidad intrínseca del lenguaje sino como el estatuto de un establecimiento del lenguaje que corre por los circuitos del tecnoceno.
Advierte que en la era predigital, este estado de viralidad del lenguaje, ya estaba, pero carecía de los medios para hallar su expansión y permanencia actuales.
En el siglo pasado, la propaganda política propagó un fuego gélido: los penetrantes y letales discursos totalitarios entre los cuales el nazismo perpetró el mayor ataque al montaje civilizatorio de Occidente.
En este siglo los seres humanos quedan/ podríamos quedar reducidos a mandíbulas autómatas cuando se convierten en meros portadores del virus del lenguaje que desde el espacio exterior coloniza y se propaga por medios digitales.
Desde su experiencia clínica la autora se pregunta:
“¿Cómo entender este modo de la palabra desde el discurso del psicoanálisis?”
Recurre, para cernirla, al esquema del peine, tan conocido y tan caro a todos nosotros; esa escritura, o más bien esas escrituras y reescrituras, con las que Freud da cuenta del anudamiento subjetivo que él llama, aparato psíquico, atravesado estructuralmente por la dimensión inconsciente, ese no saber radical, ombligo inasimilable, custodio de un vacío creador en cada ser hablante.
Helga propone que si topologizamos este esquema en una banda de moebius se hace factible escribir y leer una concatenación que supone la representación palabras sin el pasaje por la escritura del inconsciente y sin su enlace con la representación-cosa.
Afirma que tal exclusión genera una retroalimentación entre la precariedad simbólica efectuada y el hecho de que la transmisión digital encuentra terreno fértil en quienes atravesamos estados de supervivencia.
“Con esa exclusión estamos vulnerables a ser dirigidos hacia acciones inesperadas, incluso contrarias a nuestras propias creencias”.
No se trata en ese caso de actos inconscientes sino de acciones teledirigidas.
“El lenguaje en estado viral nos excluye para existir, necesita vetarnos en tanto hablantes responsables del decir.”
En este punto, voy a trazar un puente con la invención que Helga arriesga con su escritura: La hiperstición, la más nueva de las letosas, en la cuál nos podríamos llegar a convertir bajo el influjo y voluntad de dominio de los creadores de una subjetividad preformateada. Esta figura condensa poderosamente las consecuencias de nuestra epocalidad.
Recordemos, o precisemos para quienes no lo tengan presente, que en 1970, Lacan impactado por la llegada del hombre a la luna cuatro años antes, acuña el término letosas, neologismo que inventa en referencia al campo de la ciencia a la que llama aletosfera (conjugando aletheia y estratosfera). Ciencia cuya novedad radica en que, no sólo ha aumentado el campo de conocimiento, sino que también, asociada indisociablemente a la técnica, transformándose en tecnociencia, produce nuevos objetos que no son accesibles a la percepción, como las ondas satelitales que atraviesan la atmósfera. En este punto Lacan propone que la ciencia actual opercibe (es decir opera con lo que no se percibe)
De ese campo, nacen las letosas, cuya nominación evoca a Leteo, río del Hades, el infierno de la Grecia antigua, cuyas aguas producían el olvido de la vida terrenal en las almas de los muertos.
Como un Leteo actual, el flujo incesante de letosas: teléfonos móviles multifuncionales, tablets, iPod, iPhones, computadoras mínimas, cada vez más touch, cada vez con más contacto carnal buscan, situándose en el lugar del objeto a como plus de goce, equivalente a la plusvalía marxista, no sólo recuperar algo del goce perdido irremediablemente por la entrada al lenguaje, sino también el olvido de esa pérdida.
Ya por entonces Lacan advierte a los analistas que “encorpse”, en cuerpo deberán pelearle el lugar a las letosas.
Vayamos ahora a la hiperstición.
La hiperstición, término que surge en el seno del Centro de Investigación de la Cultura Cibernética, fundado por el Departamento de Filosofía de la Universidad de Warwick en 1995, es una noción que Helga nos acercó como brújula, para situar estos decires desasidos de la carne.
Helga nos presenta a la hiperstisión como una producción semiótica liberada al máximo posible de seres hablantes que se hace real a sí misma.
El prefijo Hiper hace referencia al término inglés hype que se refiere a promoción o publicidad excesiva de algo. “Se diferencia de la ficción porque en ésta hay que creer, mientras que en la realidad hipersticional por el contrario colaboran en su proliferación y eficacia que en ella reine una acreencia”
En este punto se diferencia también de la superstición, que requiere de la creencia.
Advierte la autora que: “es tan pasmoso como innegable el hecho de que no sea necesario creer en lo que se sobreexpone a través de los circuitos del tecnoceno”.
Eso existe incluso frente a la incredulidad de millones.
Traigo como ejemplo algunas de las expresiones oídas en estos días:
“Ahora cada argentino es 50% más rico que hace un año”
Dice una mandíbula autómata por ahí..
“Si en las consultas de jóvenes en la guardia, hay cercanías del suicidio, primero aplicar el protocolo de evaluación de riesgo cierto inminente, y después escuchar ”, dice otra por allá.
Como bien advierte Helga: “en tanto coetáneos de una epocalidad, podemos contribuir a difundir algunos de estos paradigmas incluso sin advertirlo”
Para advertirlo, no sólo es preciso tener a mano este mapa que viene trazando, sino también propone “metabolizar estos objetos hipersticionales en objetos ficcionales, ingresando en ellos para sellarlos con la función de la letra”
Para lo cual vuelve al concepto de ficción, en su versión más cercana a lo real del goce, esa que en el atolondradicho Lacan escribe fixión (con x) articulando en esa invención: doxa como vía de la verdad y con la guía de la fijación pulsional fixierung, la función de la letra.
Fixión, «no sin recurso al equívoco, es la vía por la cual Lacan da cuenta de la operatoria del psicoanálisis como teoría ficción, que tiene la ventaja de volver sobre el supuesto del saber y entonces sobre el sujeto-supuesto-saber. Otorga la posibilidad de tener presente que desde las matemáticas, al poema, a la física cuántica y al psicoanálisis no hacemos más que fixionar”.
Helga propone que “la teoría ficción tal vez podría constituirse como un utopos en el que las oposiciones rígidas entre ficción y teoría, planteadas como enemigas y entre ficción y ciencia, planteadas en las antípodas, se deconstruyan y encuentren un espacio donde repetición y deseo, precisión y poesía, sentido y sonido, rigurosidad e invención, ecuación y dibujo hacen sinergias sin pleonasmos.”
Abro hacia una finalización con algunas preguntas que Helga formula, nos formula, preguntas interpeladoras, necesarias, que balizan nuestra praxis y orientan nuestro modo de estar hoy en la cotidianeidad de nuestras existencias:
“¿Qué implicancias tiene excribir, (pone con x, interviene así la escritura con la fixión), en este estado de situación en el que un nuevo modo de lenguaje aniquila la identificación en la que el sujeto se constituye para poder hacerse responsable de sus palabras?”
“¿Qué excritura volvería a hacer uso de la función de la letra, a excribir, para nombrar a los millones de muertos masacrados por este sistema que construye hiperstición a la par que extractiva marcas y vidas?”
[1]Fernández, Helga, Mandíbulas autómatas. La palabra en estado viral y los huéspedes precarizados, Caba, Argentina, 1a. Ed., En el Margen. Revista psicoanálisis, 2024.
[2]Fernández, Helga, La hiperstición, la más nueva de las letosas, Caba, Argentina, 1a. ed., Colección: ensayo portatil, En el margen. Revista de psicoanálisis, 2024.
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