Imagen: Rember Yahuarcani
Cuidado editorial: Valeria González
Hoy los seres humanos han llevado tan
adelante su dominio sobre las fuerzas de la
naturaleza que con su auxilio les resultará
fácil exterminarse unos a otros, hasta el
último hombre. Ellos lo saben; de ahí buena
parte de la inquietud contemporánea, de su
infelicidad, de su talante angustiado. Y ahora
cabe esperar que el otro de los dos “poderes
celestiales”, el Eros eterno, haga un esfuerzo
para afianzarse en la lucha contra su
enemigo igualmente inmortal. ¿Pero quién
puede prever el desenlace?
Sigmund Freud(1)
Desde hace meses los incendios forestales arrasan con bosques, animales y casas. Los incendios se multiplican por distintos lados del país, en la Patagonia, en Corrientes, en Entre Ríos, en Córdoba. La tierra se quema y con ello se incinera la vida(2).
Las comunidades indígenas hablan de terricidio. El término terricidio abarca muchas formas de asesinato de la vida. “Decimos que no solamente están asesinando los ríos, las montañas, los elementos naturales que vemos, los bosques, sino también están asesinando pueblos, porque las cosmovisiones de los pueblos indígenas se basan en ese territorio, entendiendo que ahí hay vidas que no se ven, fuerzas, energías. Entonces cuando las empresas extractivistas avanzan sobre el territorio, están asesinando muchas cosas, muchas vidas”(3)(4). Vidas humanas y no humanas, incluso las que no son tan visibles. Están desapareciendo pueblos y con ellos sus lenguas(5).
La singularidad de la lengua y de cada pueblo está dada, entre otras cosas, por las primeras marcas hechas de los sonidos de la tierra. Habitamos un territorio sonoro que nos preexiste y que habla en nosotros. Nuestra subjetividad se irá construyendo con la reescritura de las huellas o marcas sonoras, formadas no sólo por aquello escuchado durante la gestación, como nos hemos referido en un texto anterior(6), sino también por los elementos de la naturaleza que suenan y resuenan en nosotros y en los territorios en donde nos movemos(7).
Consideramos que lo sonoro tiene mayor resistencia frente a los embistes de la colonización, ya que por su naturaleza misma, se resiste a ser completamente capturado o representado. Por su propiedad inaprensible, se cuela, se filtra, se escurre y así como se desvanece, también emerge, apareciendo por fuera de lo esperado. Si entendemos por territorio aquello que se defiende, y no necesariamente representado como una propiedad territorial, limitada por fronteras geográficas fijas inscritas en el catastro(8), entonces su defensa y conservación estará íntimamente ligada a lo sonoro, o sea, a la escucha, a la apropiación y a la transmisión de esos rastros sonoros que perduran e insisten en el tiempo.
Hemos visto que en muchas comunidades son las mujeres las portadoras de las tradiciones, quienes se ocupan de su transmisión y se convierten en protectoras de la cultura, en guardianas de los saberes ancestrales y territoriales(9), como es el caso de Soraya Maicoño, cantora y actriz mapuche, quien recopiló cantos ancestrales y dio a conocer dicho trabajo con el nombre El sueño del sonido, Pewma Ull(10).
Nunca pude ponerle palabras
a mi trabajo con el sonido
a lo que sucede ahí
porque va más allá de mí
pero sé que cuando le canto a la gente
se hace presente un secreto guardado
que a través del sonido sale
y se puede ver
y enfrentar
Murray Schafer plantea que las personas, de alguna manera, hacen eco de sus paisajes sonoros(11) en el lenguaje y en la música.
Los territorios o paisajes sonoros son como la voz de una sociedad, están conformados por el conjunto de sonidos provenientes del medio ambiente. Todo suena en nosotros y a nuestro alrededor, aunque no siempre seamos conscientes de ello y nos hayamos acostumbrado a no escuchar. Los sonidos que acompañan a un determinado paisaje tienen su propia identidad y son inseparables de esa circunstancia, de ese lugar y ese momento. El sonido hace al tiempo y al espacio que habitamos. El sonido hace territorio. Hay una relación indisociable entre sonido, cuerpo y territorio.
Formamos parte de los paisajes sonoros; nos envuelven, nos penetran, nos hacen. Nos hallamos inmersos en un mundo sonoro que nos afecta y al cual afectamos. Percibir los sonidos, interpretarlos, accionar sobre ellos le posibilita al ser hablante construir un lugar en el mundo.
Stedend Feld creó el concepto de acustemología(12), término que se refiere al mismo tiempo a la acústica, a hacer y percibir sonidos, y a la epistemología, cómo se llega al conocimiento. Parte de la idea de pensar el sonido como una manera de conocer el mundo, un habitus, un mapa en donde los pueblos se pueden situar física y emocionalmente. Ubica a la escucha como práctica que posibilita estar en el mundo y hallar un lugar en él. Escucha de lo sonoro que salpica, toca, vibra en el cuerpo.
¿Cómo te explico?
en todos lados está nuestro sonido
en las hojas de los árboles
en los troncos que se mueven
en los arroyos, en los pájaros
en los nombres de los ríos y las montañas
en el aullar de los animales
en las personas…
El sonido del territorio vuelve a tu cuerpo
y devuelve tu cuerpo al territorio
El pueblo mapuche no se concibe escindido de la tierra, su nombre mismo nos lo dice, gente de la tierra. “Nosotros pertenecemos a la tierra como una piedra, como un pájaro, como un árbol, como un río, como la montaña, como el arcoíris, porque estamos vinculados a la tierra que pisamos y también a todo lo que nos rodea y esa es una concepción con la que nos criamos y desde que nacemos sabemos eso”(13).
Desde que nacen hasta que mueren los mapuches se saben vinculados al territorio, pertenecientes a la tierra del inicio al fin. En la lengua mapuche no existe la palabra muerte para describir ese estado en las personas. Cuando alguien muere, se dice mapulugün. Mapulugün es volverse territorio(14).
Las raíces etimológicas del nombre que le dieron a su idioma, el mapuzungun, donde mapu significa tierra y zungun, habla o sonido, dan cuenta también de una sensibilidad aural hacia el mundo y su dimensión sonora.
Mapuzungun
es el habla de la tierra
es cómo nuestros antiguos
nuestros ancestros
nuestros llituche
fueron incorporando
a partir de la escucha
los sonidos de los elementos de la naturaleza
y los fueron traduciendo
y transformando
en idioma
en nuestro idioma
Esos primeros sonidos
que hacen los elementos de la naturaleza
son parte del mapuzungun
y los podemos volver a escuchar
en ceremonias como el kamaruko
y al mismo tiempo el río tiene su idioma
la lluvia tiene su idioma
el sol es el mismo en todos lados
pero en cada lugar suena de otra manera
por eso los territorios y las personas
somos tan diversas
Actualmente los mapuche, comunidad a la que le fue prohibido hablar su lengua, insisten en recuperar la oralidad y por medio de ella reconstruir el conocimiento ancestral.
Nosotros tenemos un tiempo diferente
siempre tuvimos un tiempo diferente
partiendo de que nuestra lengua no se escribe.
Nuestro pueblo
como muchos otros pueblos
tiene una memoria privilegiada
porque no usábamos la escritura
como forma de intercambio.
Nuestro mapuzungun nunca se escribió
de hecho se empezó a escribir
hace muy poco tiempo
y la oralidad ha generado en nosotros
otros ritmos
otras pausas
Y tener otros tiempos implica tener
otras formas de expresarnos
Toda lengua, al igual que el sonido, tiene relación al tiempo. El tiempo arma una manera de expresarse. ¿Qué ocurre hoy, en la actualidad, que vivimos de prisa y que pareciera que no hay tiempo? ¿No hay o no nos tomamos el tiempo, no nos hacemos el tiempo, no lo construimos? Si no lo hacemos, ¿vivimos en el tiempo de quién? ¿De quiénes?
Reconquistar la complejidad y riqueza de la escucha exige, actualmente, un gran esfuerzo. Implica ir a contrapelo del tiempo acelerado en que vivimos. Requiere detenerse, salirse del automatismo cotidiano, del aturdimiento de la época, de la inmediatez de las redes, de los tuits, del estilo fragmentario que pareciera configurar la subjetividad de la época. Nos urge disponer entonces el tiempo de la escucha, si no queremos quedar perdidos, desorientados, deslocalizados, vagando como almas sin cuerpos, sin vida. Contar, narrar, relatar, escuchar es buscar enlazarse, contarse, narrarse, escucharse, ilarse. Darse una ilación, una orientación.
Aprendemos a hablar escuchando a otros. Pero nuestra forma de hablar surge tanto de escuchar a otras personas como de escuchar los sonidos del territorio, sonidos que están vivos, que irán horadando el habla y conformarán el acento, la entonación, el tono, la melodía, la cadencia, la inflexión, el timbre de cada quien.
Rousseau dirá que “la palabra distingue al hombre entre los animales, el lenguaje distingue a las naciones entre sí, sólo se sabe de dónde es un hombre hasta que ha hablado”(15).
Es en este sentido que Lucrecia Martel afirma que la tonada como todo lo que tiene que ver con el sonido es una huella del espacio. Anular la tonada es pretender homogeneizar, indistinguir, borrar las cualidades que tiene la materia sonora que produce un humano, que reflejan una región y muchos modos de vivir(16).
Una característica de varios cantantes de esta época, es que pareciera que todos cantan igual, que todos suenan igual. Cantan impostando la voz de una manera similar, se desdibuja el rasgo y se pierde la singularidad. Presentan una misma tonalidad propia de lo enlatado, que no localiza a quien habla, ni a quien escucha(17). No se sabe de donde es, podría ser de cualquier lado, que es lo mismo que no ser de ninguno(18).
Soraya Maicoño al reencontrarse con el canto antiguo, se da cuenta de que la historia está disgregada pero no del todo perdida.
Y así pude llegar a conocer muchas Pillan Kushe
abuelas que levantaban ceremonia
que todavía tenían en su memoria
y en su voz
el canto de guillipun
de kamaruko:
el taill.
Soraya explica “esta es nuestra verdad, porque es nuestra voz y porque está dicha en nuestra tierra. Si lo hubiéramos escrito, o dicho en otro lado, no sería nuestra verdad”(19). Para los mapuche la verdad tiene una delimitación territorial y fonética.
Por eso recopilar esos cantos
es darnos la posibilidad
de armar un gran rompecabezas
donde cada uno tiene un pedacito,
porque en un pueblo originario
nadie tiene la verdad
todos tenemos un pedacito de verdad
y entre todos armamos
nuestra verdad propia
¿Cómo escuchar hoy, en nuestra época, los sonidos que nos constituyen? ¿Cómo hacer para que no se pierda la transmisión de los sonidos ancestrales que hacen a nuestra antecedencia? ¿Cómo hacer de los mundos sonoros que nos preexisten historia encarnada? ¿Cómo resistir a la constante colonización si no es por medio de la escucha? Una escucha atenta que conserve el sonido de los territorios y se resista a la homogeneización, a la universalización del lenguaje. Una escucha que conserve los relieves y que dibuje matices, una escucha también atenta a lo sonoro más allá de lo humano.
Walter Benjamin(20) decía que la narración es una forma artesanal de comunicación, en la que la huella del narrador queda adherida. En continuidad con ello, tendremos que construir formas de escuchas artesanales que den lugar a la escucha de los sonidos de cada territorio, a la singularidad de los diversos paisajes sonoros que nos habitan y habitamos.
Es necesario seguir trayendo a la memoria
los cantos antiguos
para sostenerlos en el presente
y llevarlos a un futuro distinto.
Y es que el tiempo es circular
va circulando
cómo circula la palabra
circula el canto
circula el sonido
circula el agua
Pareciera crucial construir prácticas de la escucha que permitan reunir fragmentos de tiempos diversos para componer un tiempo otro. Tiempos diversos que, reprimidos, fijados, resistidos, pueden no tener acceso a la consciencia o ser vividos como sincrónicos, lineales, aunque su naturaleza inconsciente pulse por mostrar su verdadero origen. Tiempos diversos que si son escuchados, interpretados, significados, se articulan a la consciencia y construyen ese tiempo otro que significa (y dignifica) el presente, resignificando el pasado y posibilitando un futuro. De modo tal que las vivencias puedan constituirse en experiencias plausibles de transmisión y no solo de repetición inentendible.
Una vez que se despierta nuestra memoria,
pareciera que vamos ordenándonos,
y los sonidos y las formas
empiezan a surgir espontáneamente, solos,
porque están en nosotros.
Así como las formas de escucha indígenas desestabilizan los regímenes aurales que están al servicio de la explotación y destrucción del planeta, será necesario construir nosotros también formas de escucha atentas y permeables a la sonoro, una escucha que disloque el sentido unívoco y que abra la experiencia a nuevas posibilidades, que rompa con el aplanamiento anestésico de la época. Una escucha más dispuesta a lo sensible y a adentrarse en el campo de las sensaciones. Es la sonoridad lo que nos permite penetrar en territorios desconocidos. Como señala Pascal Quignard “el oído es el único sentido donde el ojo no ve”(21).
En un mundo dominado por la imagen y la virtualidad, donde el exceso de visualidad nos impide ver, puede ser el sonido el que nos oriente, nos de indicios, nos ubique en el tiempo y en el espacio, pero también el que nos desoriente, nos permita dudar, andar a tientas, no saber. “Hay un ritmo en la distribución de las cosas en el espacio, pero también una espaciosidad en cómo suenan” (22). Dejarnos orientar por las marcas sonoras que nos constituyen, preguntarnos por esas marcas, hacer de ellas un faro que nos guíe, nos sitúe, nos devuelva al origen. Marcas que se convierten entonces en arraigos sonoros, a la par que nos recuerdan que somos parte de un entramado más amplio.
En ceremonia
en el momento del taill
los sonidos se van mezclando
entretejiendo,
cada una saca taill del modo en que le fue entregado
y se va armando una composición
con los modos de distintos territorios
un canto colectivo
con las diferencias de las memorias
Hay algo muy difícil de apresar, de situar, de capturar, propio de lo sonoro; en eso radica su potencia. Los territorios sonoros no son capturables, permiten tanto la desterritorialización como la reterritorialización. La resistencia radica en la pluralidad de los sonidos y las formas en las que potenciamos esos registros, en abrir espacio para que esos sonidos se desplieguen.
Por medio de los cantos, en las ceremonias, los mapuche transmiten no solo lo que hace a su lengua, su historia, su identidad, sino que también, a través de ellos, muestran en acto, estando cada cual ahí presente, la potencia de lo sonoro y la importancia del tiempo de la escucha; es por esto que Soraya plantea que no deben ser grabados y aclara “esto no se vende, esto no circula, porque tiene un principio, una ética”(23).
Vayas a la región del territorio que vayas
ninguna abuela te va a decir: “cante”
siempre te va a decir: “saque el canto”.
El canto se saca
es un sonido que tenemos dentro
adentro de un nosotros
no adentro de un yo
adentro de una memoria compartida
Soraya Maicoño habla de una ética, de una posición, que nos recuerda a la del analista. La invitación a sacar el canto como la del sacar el habla en un análisis, que se diga, aunque quede olvidado en aquello que se escucha tras lo que se dice. En ese entre, algo pasa y se hace escuchar, no solo lo que se dice, sino también el modo, los tonos, la tonada, los ritmos, que hacen a la singularidad de cada quien.
El canto transmite
lo que uno enseña sin darse cuenta
de hecho, el canto de cuna
es uno de los primeros modos
de pasar conocimiento
a los pichikeche
a los choyum
a los pequeños brotes, como se le dice a los bebés
y más que cuando cantás con un bebé en brazo
no solamente están escuchando
sino también sintiendo cómo vibra tu pecho
tus brazos
cómo se mueve tu corazón
Rousseau dice que no fue el hambre ni la sed sino el amor, el odio, la piedad, la cólera, las que arrancaron las primeras voces al hombre. Por eso dirá que el origen de la lengua no está en las necesidades, sino en las pasiones, las cuales van acompañadas de acentos, gritos, ruegos. Y es por eso que las primeras lenguas fueron melodiosas y apasionadas antes de ser simples y metódicas. Hoy, esa melodía, esa vibración que conecta al cuerpo con la lengua, se diluye en un tiempo virtualizado que no deja huellas.
Ante la hostilidad y la deshumanización de la época y su consecuente pérdida de afectación, considerar la dimensión política de las sensaciones implica hacer de la sensibilidad una potencia y de la experiencia sonora una práctica de resistencia.
(1)Freud, S. Obras completas.Tomo XXI. El porvenir de una ilusión, El malestar en la cultura y otras obras, Amorrortu editores, 1992, pág.140.
(2)El 8 de noviembre de 2024 Julia, mujer mapuche de 72 años, como cada día se metió en el monte de la “Reserva Cora Número Uno-A” en Los Ríos, junto con su perro Cholito. Nunca regresaron. Julia Chuñil lideraba la reivindicación de las tierras de su comunidad y las protegía frente a la creciente deforestación del bosque nativo. A su familia y cercanos les había advertido sobre las amenazas frecuentes que recibía. https://www.revistaanfibia.cl/donde-esta-julia-chunil-defensora-ambiental-mapuche/
(3)https://elresaltador.com.ar/comunidades-mapuches-resisten-al-terricidio-en-la-patagonia/
(4)“Alrededor del Litio hay una guerra. De un lado están las provincias y el gobierno Nacional viendo cómo mejorar aún más las condiciones para la extracción y del otro comunidades grandes como Salinas Grandes que resisten con las condiciones que tienen: marchas y coplas con una tenacidad que solo conocen quienes preservan en este mundo el espíritu de otros tiempos y de continua relación con la tierra”.
“En el 2010 más de 40 comunidades de las Salinas Grandes, unas 6500 personas se unieron para garantizar el derecho que les negaron, defender el agua, oponerse a la explotación de sus territorios. El encuentro consolidó otras metas y le puso nombre concreto a las prácticas de vida milenarias: complementariedad, el buen vivir, la autonomía, la plurinacionalidad. Los derechos de los pueblos y de la naturaleza. “El agua y la vida valen más que el litio” es la consigna de las luchas, de la Pacha mama y también es la voluntad de los pueblos”.
Extractos del podcast Litio, la fantasía eléctrica. El territorio habla. Instagram: mira_socioambiental
(5)”Las epidemias y las acciones violentas de los europeos provocaron la muerte, en solo cien años, de casi cincuenta y seis millones de indígenas, el noventa y cinco por ciento de la población originaria de América y el diez por ciento de la población mundial.”
“Según el Proyecto de Monitoreo de la Amazonía Andina (MAAP) de la Amazon Conservation Association (ACA, por sus siglas en inglés), el Amazonas ha perdido 850 mil millones de km² desde la primera ocupación europea, es decir, ha desaparecido el 13% de lo que era originalmente. El sistema de monitoreo de deforestación de la Agencia Espacial Brasileña apunta que cuatrocientos treinta kilómetros cuadrados de selva amazónica fueron talados durante el mes de enero de 2022, un 418% más que en enero de 2021. Según la misma agencia, en la selva amazónica se pierden 1,6 millones de árboles por día, 1.156 por minuto, 19 por segundo. Este es un efecto dominó: por cada 100 árboles deforestados ahí, 22 más mueren también en regiones lejanas.”
Pasajes extraídos del libro «Visceral» de María Fernanda Ampuero, Editorial Páginas de Espuma.
(6)Rosso, Marisa y Gambina, Leticia, Lo sonoro, tierra natal. Colección Trazas de lo sensible, CABA, Edición En el Margen. Revista de Psicoanálisis, 2024.
(7)“Tenemos una tierra arrasada en Córdoba nos queda menos del 3% del bosque nativo, una tierra arrasada por el agro negocio y la especulación inmobiliaria, entonces lo que nos queda es un tesoro es único y justamente buscamos preservar ese equilibrio que se mantenga cada especie nativa que guarda una memoria ancestral de también nuestros antepasados de cómo se alimentaron, cómo se curaron, que también ahí hay una intención por desaparecer la diversidad porque todos buscan monocultivarlo desde la cultura, alimento, las formas de vida todo busca homogeneizarlo, entonces lo que estamos buscando es la diversidad en la vida”. Podcast Todas las Fuegas el fuego. El territorio habla. Instagram: mira_socioambiental
(8)Despret, Vician. Habitar como un pájaro. Modos de hacer y de pensar los territorios. Editorial Cactus
(9)Tema que será desarrollado en un próximo texto.
(10)A lo largo del texto se extrajeron y se transcribieron segmentos del libro de Maicoño, Soraya, Pewma ull. El sueño del sonido. Reunión: Movimiento x la lengua 2023. https://reunionreunion.com/El-Sueno-del-Sonido
(11)Schafer, R. Murray, El paisaje sonoro y la afinación del mundo, Barcelona, Intermedio editores, 2013.
Steven Feld, músico, filmmaker y profesor de antropología es un investigador que desafió paradigmas, inventando nuevos modos de percibir, dándole especial importancia a los sentidos. Propuso una antropología del sonido. Su obra ha llamado la atención por destacar la música como uno de los muchos sonidos producidos por determinados grupos y por conectar diferentes tipos de sonido con aspectos importantes de la vida, como los sentimientos, los rituales, las actividades del día a día, los diferentes espacios, la ecología, etc.
(13)https://www.pagina12.com.ar/544067-una-ceremonia-escrita-en-defensa-de-la-tierra-y-su-gente
(14)Azpiroz Cleñan, Verónica. Integrante de la Comunidad Mapuche Epu Lafken, Los Toldos. https://www.cosecharoja.org/no-existe-la-palabra-muerte-en-la-lengua-mapuche/
(15)Rousseau, Jean-Jacques, Ensayo sobre el origen de las lenguas, Editorial Universidad Nacional de Córdoba, Encuentro Grupo Editor, 2008, pág. 19.
(16)https://www.pagina12.com.ar/570388-lucrecia-martel-en-argentina-fracaso-mucho-mas-la-cultura-qu
(17)Tema trabajado por Helga Fernández en La carne humana: una investigación clínica. (CABA, Editorial Archivida,2022) y Mandíbulas autómatas. La palabra en estado viral y los huéspedes precarizados (CABA, Edición En el Margen. Revista de Psicoanálisis, 2024).
(18)»Esa música del norte, no tiene nada que ver con la Argentina» expresó hace poco el diputado Miguel Ángel Pichetto. https://www.pagina12.com.ar/807360-charango-no-argentine
Pichetto busca derogar el derecho de las comunidades indígenas sobre sus tierras. Hace unos días volvió a cuestionar la política migratoria de la Argentina y dijo que “el charanguito y la música del norte no tienen nada que ver con Argentina”. https://www.filo.news/noticia/2024/04/08/pichetto-busca-derogar-el-derecho-de-las-comunidades-indigenas-sobre-sus-tierras
(19)https://reunionreunion.com/Maria-Moreno
(20)Benjamin, Walter, El narrador, Argentina, Ediciones metales pesados, 2021.
(21)Quignard, Pascal, El odio a la música, 1ra ed. Buenos Aires, El cuenco de plata, 2012, pág. 70.
(22)Cohen, Marcelo. Notas sobre la literatura y el sonido de las cosas. Malpaso Ediciones S.L.U. Barcelona, 2016, pág. 18.
(23)“Existe una necesidad de sostener nuestra ceremonia, nuestro nguillatun. De no perder nuestro kimün, nuestro conocimiento y compartir eso con las nuevas generaciones… soy muy defensora del modo que me lo transmitieron, así me lo enseñaron, así lo transmito. Lo que tiene nuestro canto es que no está muy adecuado a la estructura métrica del blanco, por eso lo que sucede es que de entrada no gusta. Pero nosotros sabemos a qué apunta ese tipo de sonido, la función de la naturaleza, cada elemento tiene su canto, cada animal tiene su canto, cada momento de la ceremonia tiene su canto y su modo de cantar, entonces no puedo estar cambiándolo, tiene que ser cuidado así, porque así es como lo escucharon los primeros. Entonces es sostener eso, esa forma antigua, yo trato de mantener esa tradición porque tiene un sentido sobre todo vinculado a lo espiritual”. Entrevista a Soraya Maicoño. https://youtu.be/xpGo1jCDwYg?si=OmiCkyqH1DhJW250
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