Estamos rotos. Esa percepción o enunciado no es errado, pesimista o negativista: estamos rotos por naturaleza. Pero nuestra naturaleza es ideológica.
Multiplicidad de almas nos habitan, trazos dispares de palabras, impresiones, creencias, cosas que nos (con)mueven. Nuestras percepciones son mutiladas, confusas, caprichosas; nuestros cuerpos afectados por infinidad de estímulos o mensajes que no entendemos bien, que asociamos apresuradamente y luego repetimos. Por eso podemos pasar de la alegría a la tristeza —o viceversa— en un segundo. Fluctuación del ánimo.
Todo esto es cierto y se sabe desde antaño; distracción, dispersión, estulticia son estados anímicos habituales. No es de ahora que nos sucede, aunque los dispositivos tecnológicos agudizan las contradicciones y roturas señaladas hasta la exasperación. La filosofía ha tratado de curarnos vía alegorías, explicaciones, interpretaciones, ejercicios. El psicoanálisis suele poner a hablar todos aquellos fantasmas hasta la náusea de la repetición y el deseo de pasar a otra cosa.
Nuestra realidad vivida es ideológica por definición, diría Althusser, porque conocemos mayormente a través de lo que Spinoza llamaba imaginación o primer género de conocimiento. Cuando empezamos a conocer las razones que nos constituyen, por ejemplo la necesidad del reconocimiento especular y la idealización correlativa, o por qué cuatro es a dos como seis es a tres, o sea, cómo algo es en función de otra cosa: una relación que establece variaciones entre términos no identificados rígida o caprichosamente; entonces estamos preparados para conectar ciertos puntos que exceden la captura inmediata a la realidad vivida y padecida lógicamente.
Una breve alegría intelectual nos despierta, así, a lo real del mundo aprehendido por un segundo género de conocimiento.
Para que ello dure un tiempo tenemos que ejercitarnos en conocer nuestra propia complexión corporal-mental, el modo en que nos conectamos singularmente con el resto de las cosas y seres que habitan el (micro o macro) cosmos: cada cosa o ente es en sí mismo una modificación singular del conjunto, como nosotros mismos, y para no proyectar sobre ellas nuestra forma o considerarlas solo en relación a otras, tenemos que usar nuestro propio cuerpo y el modo en que nos afectan para descontarnos en la ecuación; así, entendemos la irreductibilidad y a la vez indisoluble ligazón que nos sostiene conjuntamente sin confundirnos.
De este modo, cada conexión nos cura y contagia de una alegría intelectual que es eterna, mientras dura. Sentimos y experimentamos que somos eternos, dice Spinoza. Al instante siguiente podríamos morir, o podría extinguirse una civilización entera, llegado el caso: la nuestra, pero eso no negaría la felicidad alcanzada por un tercer género de conocimiento.
Toda esta introducción para darle en parte la razón a Ofelia (en su video-indagación: ¿Qué le pasa a nuestra generación? Cómo ser feliz), cuando dice que su generación está rota y trata de averiguar por qué, poniendo en contexto las razones epocales de esa rotura sin negar que hay invariantes genéricas que hacen a la disyunción humana, demasiado humana que nos caracteriza (esto último va de mi parte).
Entender algunas de las razones, conectar los puntos, sentir la implicación en el asunto es un buen paso para empezar a transformar las cosas. No se trata de refugiarse en una identidad generacional, mucho menos en una identidad victimista de la historia.
Quizá sería excesivo decir que algunas respuestas al video han tenido la estructura del mansplaining, pero algo de eso hay. Sin detenerme en ellas quisiera ir a la cuestión de fondo: la felicidad en el conocimiento implicado.
Las explicaciones totalizantes no sirven si uno no se implica en la materia, si no se siente afectado por lo que ocurre e indaga la causa o se hace causa de ello; no se trata de discutir meras palabras o definiciones en abstracto, sino cómo las teorías hacen cuerpo, movilizan o no a actuar; cual sea el lugar donde se inscriba la acción.
Hacer un video es un acto, escribir es un acto, dar clases es un acto, analizar es un acto; siempre y cuando se parta de aquello que nos afecta, para ir conociendo el diagrama de poder que nos sujeta, para transformarlo en el uso diferenciado que le podamos dar a través de nuestra propia complexión.
Ponernos a corregir o explicar lo que hacen los otros no es un acto, no compone nada, no ayuda a transformar ni crear nada; tenemos que aprender a partir siempre de lo que una obra, gesto o pensamiento, despiertan o activan en nosotros, implicarnos desde una afección a hacer otro tanto; la lógica de la réplica en red, el troleo que pretende superar, domar o acallar al otro son parte del mecanismo de poder que nos quiere dando vueltas en círculos sin que cambie nada.
¿Cómo alentar a los demás a que sigan haciendo videos, política, ciencia, arte a su modo? Con el ejemplo. Es decir, con el cuerpo, con la mente, con el modo propio que cada quien encuentra de anudarse a los demás según una simple regla: si alguno de los elementos en cuestión no se sostiene el conjunto se desarma. La fragilidad de la exposición de la regla es la máxima potencia y contento que pueda darse y el único modo de elevar lo singular a lo universal sin aplanar las formas o rigidizar contenidos.
Asumir la fragilidad de lo que se aprehende y expone en un acto verdadero no tiene nada que ver con estar rotos o negarlo tercamente imponiéndose con una explicación que pretende ser superadora; es practicar aquel tercer género de conocimiento que pudo alcanzar Spinoza muy pocas veces pero que insiste a lo largo y ancho de la historia del pensamiento. Podemos todavía reconciliar el conocimiento con la felicidad y alcanzar la práctica filosófica a cualquiera que lo desee, es la única vía contra la estulticia programada y replicada en redes que hoy nos tiene cautivos.
Esta revista se sustenta gracias a la publicación, la difusión y la edición, sin ánimo de lucro, de cada uno de los miembros que la componen. Agradecemos la colaboración económica que el lector o la lectora quiera y pueda para lo cual dejamos nuestros datos.
CVU: 0000003100004469954568
Alias: enelmargen.mp
Mercado Pago
Desde el exterior: https://www.paypal.me/flagelodelverbo