Psicoanálisis y Medicina, aún. Palabras que abren porvenir a la infancia. Por Mariana Raimondi

Imagen: Juanito Laguna remontando un barrilete, de Antonio Berni  

Cuidado editorial: Agostina Taruschio, Viviana Garaventa, Amanda Nicosia.   


El texto que se presenta a continuación retoma las palabras de cierre de las Jornadas del Equipo de Interconsulta del Hospital de Niños R. Gutiérrez que tuvieron lugar el 26 y 27 de junio de 2025.

El interés de su publicación radica en que, junto con los textos anteriormente publicados en esta revista presentados en dichas Jornadas(1), son un testimonio que da cuenta del lugar singular de la práctica de Interconsulta en los hospitales públicos, en este caso de la clínica con infancias y adolescencias en las que se hace presente la enfermedad, la muerte, el abandono y la vulnerabilidad social.

Los entrecruzamientos discursivos que motorizan el llamado a Interconsulta convocan a una clínica que considera la palabra como posibilidad de un decir singular y al juego como una apuesta, una herramienta eficaz en el tratamiento del sufrimiento en demasía de los seres hablantes. 

Esta sección se orienta a revisitar la experiencia en el Hospital, volver a transitar los dispositivos de trabajo, dejarnos interrogar por sus preguntas, sus dificultades, los diferentes tipos de demandas, las condiciones actuales de trabajo en el marco de una precariedad institucional acuciante. 

La praxis del Psicoanálisis en la interconsulta interpela los protocolos, las respuestas homogeneizadas, la burocratización de la práctica, apuesta a una lectura singular que permita subjetivar la consulta en el  reencuentro entre palabra y cuerpo. Los invitamos a su lectura!


Tía, háblame; tengo miedo porque está muy oscuro” Y la tía que le espeta: “¿Qué ganas con eso, de todos modos no puedes verme?”A lo cual respondió el niño: “No importa, hay más luz cuando alguien habla.

S. Freud

El psicoanálisis es el reino de la palabra, no hay otra medicina, otro remedio” (…) “Las vías por las que procede esta acción de la palabraexigen mucha práctica y una paciencia infinita.La paciencia y la mesura son los instrumentos del psicoanálisis.

J. Lacan

Palabra, desde Freud y con Lacan, núcleo de la praxis psicoanalítica. Palabra en la que anida un sujeto, palabra que es medicina y remedio. Palabra poética que toca lo real y que por tanto puede revelar su eficacia ante la angustia, como maravillosamente el pequeño niño que presenta Freud nos enseña. De palabras está hecho nuestro campo, la experiencia psicoanalítica, y serán algunas palabras, las que pude atrapar y las que elijo escribir aquí para transmitir algo de lo que aconteció en las Jornadas del Equipo de Interconsulta del Hospital de Niños R. Gutierrez(1).

Palabras llave que lejos de “cerrar” se proponen abrir, dejar entreabierta la puerta a la conversación, a los efectos del encuentro, que algo pueda “pasar”, recuperando los ecos de lo que allí se dejó oír.

Jornadas que al decir de Cynthia Szewach, en la mesa de apertura, tienen el valor de encuentro como micropolítica para defender sitios, producir alguna torsión en épocas de calamidad, en tiempos de crueldad, apostando entonces a los efectos del acontecimiento.

En los dos días que tuvieron lugar las Jornadas resonaron y escuchamos palabras, reflexiones, conceptos valiosos y necesarios para pensar y sostener nuestra práctica diaria, la clínica de la interconsulta, la clínica en el Hospital. Antes de repasarlos quisiera volver a un detalle, una imagen, la imagen de la que partimos para invitarlos y convocar a estas Jornadas “Juanito Laguna remontando su barrilete” obra del gran Antonio Berni. Acaso el Juanito de Berni nos evoque a muchos de los niños y adolescentes que llegan a este hospital. Berni decía: “Yo a Juanito Laguna lo veo y lo siento como arquetipo que es de una realidad argentina y latinoamericana, lo siento como expresión de todos los Juanitos Laguna que existen. Para mí no es un individuo, una persona: es un personaje, en él están fundidos muchos chicos y adolescentes que he conocido (…) insisto, es un símbolo que yo agito para sacudir la conciencia de la gente” (Berni, 1976). “Agitar”: recuperar la capacidad de pensar juntos, para salir de los efectos de la mortificación, para eso también nos encontramos en estas Jornadas. 

Chicos y adolescentes, desamparados, a la intemperie; chicos y adolescentes con cuerpos sufrientes a los que la enfermedad y el dolor les ha producido el quiebre de la escena de la infancia. Es con estas presentaciones que nos encontramos en la clínica de interconsulta. Es en los encuentros con esos niños y púberes, en el particular escenario de las salas de internación, que apostamos a que en esa contingencia de sus vidas alguna sorpresa se produzca y pueda emerger lo propio de un niño, de un adolescente.

Ante la pregunta que formuló Marta Benenati en la mesa de apertura “¿Por qué seguimos jugando aún en la enfermedad de un niño?”, pregunta crucial y fundamento de nuestra práctica. Proponemos que jugamos para inventar ficciones, escenas posibles en las que un sujeto pueda habitar, jugar su partida aún cuando la enfermedad y el arrasamiento del desamparo parecieran haber jugado su destino de antemano. Juego en tanto velo, amparo ante lo real de sexualidad y muerte, ficción necesaria para que exista la escena de la infancia. Marta Benenati nos recordaba que el niño freudiano lejos del “niño alado” del arte renacentista, es el pequeño perverso polimorfo, que construye fantasías, desarrolla teorías sobre el origen, la muerte y también sobre la enfermedad. “His Majesty the baby” que lidia con el complejo de castración, habita la vida pulsional al tiempo que atraviesa la novela edípica. A su vez Freud enseñó que el niño inviste con grandes montos de afecto el juego como el poeta la poesía, lo propio del niño entonces es el juego, lo opuesto es la realidad efectiva: es con estos niños que nos encontramos en el hospital. Estos fundamentos orientan nuestra práctica e intervenciones. Juego cuando ya no hay nada más que hacer desde el campo médico, jugar que acompaña los últimos suspiros, para que en esa escena ficcional exista un niño aún.

 “La niñez busca jugar en lugares inconcebibles con restos, rudimentos” señalaba Cynthia Szewach, al inicio de las Jornadas, trayendo las palabras de Marina Tsvetáieva. Jugar al pie de una cama, en los pasillos, la plaza, la sala de espera o la sala de juegos del hospital, inventos en lugares inconcebibles.

Clínica de la interconsulta que nos conduce por distintos escenarios y territorios del hospital, posición marginal y extraterritorial para los analistas. Así Valeria Tobar partía de las palabras de Lacan en “Psicoanálisis y Medicina”, situando que, si bien habitamos esa extraterritorialidad, algún terreno se va ganando, terreno a producir cada vez en cada pedido de interconsulta, transmitiendo allí el valor de la transferencia entre el médico y su paciente. A la vez, marginalidad que conviene preservar a modo de cierta distancia para poder hacer una lectura de lo que nos piden, y del sufrimiento, drama al decir de G. Raimbault, que entraña para cada niño, cada adolescente, cada madre y cada padre, la enfermedad.

A lo largo de las dos mañanas en las que acontecieron las jornadas tuvimos el gusto de escuchar dieciséis trabajos libres, de practicantes del psicoanálisis y también de otras disciplinas, como musicoterapia y psicopedagogía, quienes también nos transmitieron desde sus praxis las experiencias de trabajo en el ámbito de la interconsulta. Trabajos en los que se dejó escuchar la diversidad de recorridos, las preguntas y lecturas que traen la frescura de los escritos de jóvenes colegas que inician su práctica, así como también de quienes desde su largo trayecto en la clínica hospitalaria renuevan cada vez la apuesta y el deseo del analista. Trabajos todos en los que se pudo escuchar una posición que anuda la ética del psicoanálisis y una ética respecto del campo de las infancias y adolescencias.

En la mesa de cierre Marcelo Barembaum compartió las marcas que su experiencia en la práctica de la interconsulta en diferentes hospitales y en distintos momentos de su formación fueron dejando. En su presentación, se sirvió, para transmitir esas experiencias, del modo de Ulloa en su libro “La novela clínica psicoanalítica”, que consistía en narraciones de sus vivencias. Recurso de la escritura que le permite cernir algo de lo inatrapable del “malestar” al que se asiste en el escenario hospitalario. De este modo y cual viaje en el tiempo nos condujo por su pasaje, en el inicio de su práctica, por un hospital monovalente de mujeres, allí donde señala que la interconsulta es “a la inversa” de la que asistimos en los hospitales generales. Siendo los profesionales de Salud Mental quienes piden a clínica médica la interconsulta ante una dolencia que aqueja el cuerpo de esas mujeres. Recuerda en esos pedidos, que en ocasiones apuntaban a establecer un diagnóstico diferencial, los primeros textos freudianos en el origen mismo del psicoanálisis. Textos en los que un joven Freud proveniente del campo de la neurología se dedicaba a estudiar las diferencias entre las parálisis motrices y las parálisis histéricas, advirtiendo tempranamente que el lenguaje recortaba un cuerpo diferente del que enseñaba la anatomía. 

El recorrido propuesto por Marcelo Barembaum nos llevó a la residencia en el Hospital de Niños, donde el encuentro con la enfermedad orgánica en los niños le permitió encontrarse también con el valor del juego en la infancia. Una vez más, escuchamos la pregunta con la que Marta Benenati abrió las Jornadas “¿Por qué jugamos aún cuando un niño está enfermo?”. Resuena entonces la transmisión de Jorge Fukelman: hay niño porque hay juego, y será necesario la presencia de un Otro encarnado, en ocasiones será justamente nuestra función, para sancionar juego allí, para producir una ficción que vele ese real que irrumpió en la vida de un niño. Enseñanzas que orientan su práctica y su posición como interconsultor en una sala de nefrología donde enfermedad, dolor y muerte circulan entre los pacientes, sus padres y los médicos. Nos recordó Marcelo también las palabras del Dr. Gianantonio, referente de la pediatría en nuestro país quien advertía “la injuria iatrogénica más frecuente es el desconocimiento de la persona del paciente”, palabras que guían su trabajo entre los médicos de esa sala.

En la misma mesa de cierre Agostina Taruschio aportó un minucioso desarrollo conceptual para acercarnos fundamentos teóricos que nos permitan pensar nuestras prácticas en el hospital, allí donde la clínica que se presenta nos confronta con lo arrasado, el arrasamiento en tanto destrucción del núcleo vital en el que se entrama el lazo social. Sujetos a la intemperie social para quienes no hay mundo, suelo que habitar y para los cuales el hospital puede devenir refugio.

Agostina nos trajo un término novedoso “desuelación”, suerte de neologismo que condensa la desolación y ese arrasamiento de un lugar, un suelo a habitar y que caracteriza el modo de presentación clínica de muchas de las consultas que asistimos en el hospital en esta época. Nos invitó a pensar, inventar modos creativos para no quedar capturados en la melancolía ni la impotencia. Juntarnos, entre muchos, oficio de inventar parajes, escenas habitables para alojar a los sujetos que se presentan caídos de una trama que haga vivible la vida. Hacer suelo, “suelar”, para que haya un lugar desde donde los Juanitos que llegan al hospital puedan remontar sus barriletes, relanzar su condición de niños.

Entonces una clínica de la Interconsulta en la que se trata de estar al alcance de la mano, estar en estado de escucha, apuesta y deseo permanentes, inmarchitable; apuesta sin protocolos, sin estándares, con los encuadres más variados, pero con todo rigor ético. “Estar analistas ahí”, como decía Ulloa.


(1) https://enelmargen.com/2025/11/28/entre-la-contingencia-lo-inconcebible-y-lo-inverosimil-interconsultas-en-el-hospital-con-infancias-y-adolescencias-por-cynthia-eva-szewach/

https://enelmargen.com/2025/02/14/nino-como-acto-de-lectura-por-marta-benenati/


Referencias

Freud, S. (1905) Tres ensayos de teoría sexual. En Obras Completas, Tomo VII, pp 204-205. Amorrortu editores,Bs. As., 1998. 

Lacan, J. (1974) Entrevista a Jaques Lacan en la Revista Panorama. Crisis N 27, Textos para el Siglo XXI


Mariana Raimondi, practicante del psicoanálisis. Psicóloga de planta del Hospital de Niños R. Gutiérrez, Unidad de  Salud Mental, Integrante del Equipo de Interconsulta. Docente de la Facultad de Psicología UBA (P.P Clínica de la Urgencia) y Maestranda en Clínica Psicoanalítica UNSAM.


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