Imagen: Fotografía de Chris Friel.
Cuidado editorial : Mariana Castielli
And the rest is silence
Hamlet
Si dividiéramos 4÷2, el resultado obtenido de esta operación sería 2. Si multiplicáramos 2×2, obtendríamos el resultado que fue punto de partida:4. Esta reversión indica que no habría pérdida alguna en el movimiento de ida y vuelta: un resultado feliz.
Al afirmar que la división del sujeto no es perfecta, la lectura psicoanalítica incrusta en el resultado una letra a: sería 2+a , o 2-a. Esta escritura del resultado revela la imposibilidad de que el movimiento retroactivo vuelva al punto de partida.
Una letra que raspa, fastidia, presentifica la discordancia entre algún ideal y la vida: asíntota en acto. Apenas una letra, una letrita, una letrina(1) que arruina una reversión limpia, sin resto.
Una letra que mide el desorden de un sistema que no cierra, entropía de lo no recuperable.
La lectura de lo que se escucha en las sesiones, incrusta entonces hasta la exasperación, un hiato entre el Ideal y la vida, entre las palabras y las cosas, entre el cuerpo y la voz.
Lo que se escribe en un análisis crea un cuerpo (una superficie corporal) que no estaba antes, cuerpo de palabras que a su vez lo sacuden, lo metamorfosean.
El resultado de cada interpretación es la neo creación de un grano de arena cuya presencia silenciosa, el escriba —el analista— repite.
Enredados entre palabras, en el momento de la interpretación —enunciación— un cálamo (no-yo escribo) escribe en el análisis.
“En el instante de la interpretación el mensaje retorna en forma invertida: ¡Usted lo ha dicho!, el analista desaparece del dicho, queda borroneado, difuminado, incluso manchado. Pierde hasta el nombre, y resta neutro: se ha dicho, queda dicho, se escucha”(2).
Afirmar que el analista ocupa el lugar del muerto es paradojal, porque si decimos retro/activo, queda claro que lo activo promueve un movimiento que, sin esa actividad, no ocurriría. Es un muerto que hace hablar, que empuja a decir.
El silencio indica una pasividad receptiva a la espera del instante del salto: rara pasividad que ansía el momento de actividad(3), un silencio en ebullición.
La muerte está en los silencios y en las palabras, como una banda que se retuerce sobre sí misma.
El silencio prepara el terreno a la palabra y la palabra presentifica el silencio. Restos de palabras “oídas y no comprendidas” y de escenas enmudecidas que no dejan de inquietar.
Restos que el analista siembra y cosecha —en los tiempos de la transferencia— al ofrecer escucha… y en el horizonte cuerpos cuyos restos serán velados…
(1) Hallazgo de escritura de Hernán Pasicel (comunicación personal).
(2) https://enelmargen.com/2025/12/15/el-presente-escurridizo-por-daniel-rubinsztejn/
(3) Isaac Luria plantea respecto al génesis que antes de “el comienzo Dios se contrajo (Tzim Tzum) y replegó para hacer lugar a que el comienzo pueda tener lugar”.
La felicidad del matemático parecería ser que puede reencontrar su “4” en el punto de llegada tal como se encontraba en su punto de partida. Su felicidad encuentra ciertos obstáculos con los números impares… Allí hay restos, hasta cierto punto calculables. Pero ¿es obligatorio tener que pensar la diferencia que se destaca en ese hipotético devenir estrictamente como una pérdida, no podría tratarse en muchos casos que la operación desconoce -a pesar de las apariencias, más bien, al amparo de las apariencias- que se ha operado una transformación? El horror del matemático es la metamorfósis, es decir, que los números empiecen a hablar, y que en su decir digan lo inesperado. El sistema -afortunadamente- no cierra, su abertura es más que nada lo no calculable, muchas veces se trata de la potencia de lo inaudito, de lo que abre una novedad que no tiene interpretación posible, puede ser interpretado. Quizás como lo planteaba Borges, “El destino es de cumplimiento inevitable, perro puede no acontecer, Dios acecha en los intervalos…”
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lo inesperado, lo no calculable , lo no acontecido, es lo que pone en acto el intervalo
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