Cuidado editorial: Valeria González y Marisa Rosso
Imágenes fotográficas: Carlos Pérez López
Crónica del seminario internacional de arpilleras, economía solidaria y memoria en Santiago de Chile
Santiago de Chile, 14, 15 y 16 de enero de 2026.
Es el canto universal
Cadena que hará triunfar
El derecho de vivir en paz
El derecho de vivir en paz
Víctor Jara
la estrella de la esperanza
continuará siendo nuestra.
Víctor Jara
Quién iba a imaginar que aquella tímida convocatoria que dio en llamarse Tejer afuera y que hicimos conjuntamente, en Agosto 2025, entre El Centro de estudios Periferia Epistemológica y En el margen Colectivo editorial, iba a constituirse en un «colectivo bordador» en sí mismo, hacer surgir el maravilloso tapiz «No se quema la memoria del río» y además formar parte de este Seminario, en Santiago de Chile.
Recordando lo que en su momento nos relataran poéticamente Valeria González, Soledad Nívoli y Laura Peretti en sus crónicas, Tejer afuera fue en su origen una experiencia de dos días, recibiendo de Karin Berliner, economista chilena, la transmisión y el legado de las arpilleristas chilenas que bordaron en los ´70 arpilleras como modo de denunciar los crímenes y horrores de la dictadura militar. Ahí se escuchó ese legado, se sentaron las bases para el tapiz y surgió su temática y nombre. Releer esas crónicas permite seguir el trayecto creador e itinerante en el cual nuestra arpillera quedó lista.
Durante ese tiempo recibimos la invitación de Karin para participar en el seminario internacional “Hilando solidaridad” que iba a realizarse en la Universidad de Valparaíso en su sede de Santiago, la cual acoge al seminario a través del proyecto “Resignificar la economía solidaria desde representaciones bordadas en arpilleras, restituyendo colectivamente el enfoque de género presente en estas economías para la vida”.
El mismo se planteó como objetivos reflexionar colectivamente respecto de los sentidos múltiples que posibilitan y guardan las arpilleras, y cómo su proceso de producción es parte de la economía solidaria; reconocer el bordado y la costura como formas de escritura encarnada; reivindicar el poder de archivo de las arpilleras de la memoria y la resistencia y homenajear a quienes hicieron posible este lenguaje y esta articulación entre el tejido de la memoria y la resistencia.
Presentar ahí nuestra arpillera como bandera tapiz fue una decisión unánime que trajo hermosos frutos para nuestro colectivo.
Nuestra llegada al seminario: confluencia de redes, tramas y creaciones
El miércoles 14 de enero por la tarde nos encontramos en el barrio San Miguel, en la sede de la Universidad de Valparaíso en Santiago. En su patio, entre los típicos arcos de una arquitectura colonial, habitaban las arpilleras colgadas con sus colores, texturas, frases de resistencia, símbolos que nos recibían abriendo paso a la sensibilidad que viviríamos los días por venir.
Al llegar sentimos la ramificación de mujeres de América Latina y el mundo: Chile, Brasil, Ecuador, Suecia, Estados Unidos, España, Argentina, (Córdoba, Buenos Aires y Rosario). La segunda fuerte imagen, la de una larga mesa de bordadoras concentradas en su tarea, mientras realizaban un taller de muñecas coordinado por Bélgica Castro, una arpillerista histórica del sector sur La Legua, que hoy continúa su trabajo en Malmö, Suecia.
El saludo de bienvenida de Karin fue hospitalario, nos abrazó haciéndonos parte del acontecimiento y reafirmando la hermandad que había nacido con su visita a Rosario, junto a las redes que nos extendió Sole Nívoli para hacer que, del otro lado de la cordillera, sea posible un lugar amable, esperanzador, propicio al encuentro y la creación.
La conmoción ya había nacido, y fue creciendo con cada propuesta e intercambio, experiencias vivas que nos transmitieron en las narrativas del bordado, el canto, la danza, la oralidad.
Como primera actividad participamos del Taller de Cartografía en Arpilleras, a cargo de Cynthia Imaña. En un aula llena de mujeres ávidas de encontrarnos, nos dispusimos primero a escuchar: ‘la cartografía textil es una forma de narrativa que transmite identidad y memoria’ (dijo Cynthia). Luego, nos ofreció hacer un ejercicio ‘poético textil’ de bordar un pasaporte de tela, compartiendo el lema de la simbología como territorio emocional. La invitación era: ‘Bordar símbolos o palabras que representen la aventura de tu camino’. Y fue así que emprendimos aquel desafío lúdico con la propuesta de elegir hilos, agujas, telas, tijeras para que cada una de nosotras cree sus rutas con otras, en presencia colectiva.
El taller resultó clave -pudimos escribir lo que vivimos, mediado por las conversaciones que posibilitaron apalabrar las vivencias- y nos invitó a la acción. El seminario fue sostenido con la ética de crear con otres, conocer y corrernos del lugar pasivo, receptáculo de información de quién participa en jornadas académicas, como del lugar de saber de quien dicta la ‘clase magistral’. La participación fue teñida de horizontalidad, de entrelazamientos de palabras como hilos en múltiples sentidos. De este modo, la universidad nos abría las puertas para dar lugar a saberes desde las sensibilidades que nos habitan. No se trataba exclusivamente de la experticia intelectual académica, ni del saber bordar, sino de estar, de zigzaguear, devenir, hacer de la presencia marca, registro, cuerpo, lazo.
El segundo día participamos de una mesa con el título: “Terapia y trabajo textil, repara la tela para reparar el cuerpo”, en el marco de la cual presentamos nuestra arpillera.
Para compartir la experiencia de «No se quema la memoria del río» tuvimos el privilegio de ser acompañadas por la música y el canto de Catalina Calvo, amiga de Soledad que, desde Bariloche, había llegado a las tierras chilenas y se hizo presente en el seminario. Nos regaló sus canciones para la apertura y cierre de nuestra participación. También nos acompañó Emiliano, de 8 años, que sostuvo amorosamente la arpillera. Las voces de algunas que estuvimos presentes se abrieron en representación de todxs aquellxs que habían dejado sus marcas y trazos, con sus historias, para que la arpillera tuviera cuerpo colectivo y llegara, como destino, a participar en el país vecino.
Contamos el inicio de Tejer Afuera, la itinerancia de la arpillera por las diez instituciones de Rosario en una localización que Soledad hizo marcando las zonas con tela y alfileres. También nombramos la estadística: aproximadamente 100 personas pasaron por el bordado y cartografiado de la ciudad de Rosario con sus símbolos característicos, el río, las islas, los pueblos originarios, los barrios, las alegrías y tristezas, como las palomas que retratan los nombres de Bocacha, Franco y Pichón, jóvenes víctimas de la violencia policial. Se puede encontrar las referencias del quehacer laborioso y comprometido que aconteció en los dos últimos meses de 2025 en la serie de crónicas anteriormente mencionadas. Soledad cosió una mochila para ‘que sea más fácil’ llevar la arpillera y los sueños por nuestra ciudad, así como del otro lado de la cordillera.
Estuvimos enlazadas en serie con otras intervenciones del Seminario, y en ronda de intercambios que abrieron resonancias, lágrimas, preguntas. ¿Dónde vemos lo plural de las arpilleras? Esto nos permitió pensar en el hecho de dar testimonio de lo singular pero habitando una puesta en común, desde el nosotros antes que desde el yo.
El seminario fue componer en acto este nosotros, entrelazarnos, escucharnos, bordarnos. El amoroso brindis que culminó esta travesía, ese vino chileno, ese variopinto de risas y charla después del trabajo, el pasarse direcciones y mails funcionaron de despedida pero al mismo tiempo de precalentamiento para el acto final: la murga. La percusión, los colores, el canto, el ritmo y el baile nos abrazaron en un momento mágico y liberador que nos hizo pasar de la profunda emoción a la alegría y al festejo.
Historia, presente y legado de las arpilleras chilenas
La ronda y el entusiasmo nos posibilitaron escuchar a las primeras arpilleras, el relato de sus experiencias desde el lugar ‘de dar testimonio en momentos difíciles’, como dijo e hizo Rodolfo Walsh. También circularon en ronda las abuelas, las madres de Plaza de Mayo. Las arpilleras, como ellas, se reunían los días jueves, y en esos gestos vitales, cercanos, necesarios, nos volvemos memoria, presente, líneas del por venir.
Las arpilleras fueron un modo de denuncia ético, estético, artístico, cultural, que nació de las mujeres que habían perdido a sus maridos o familiares, marcando así una presencia en las ausencias que sufrían cruelmente.
Esta escena bordada resignificaba de modo único en cada puntada la pérdida, a la vez que daba vida y sentido a un objeto inanimado. Así la tela devenía tanto en representación de la ausencia como de la presencia y de la vida al ser utilizados retazos de lo cotidiano de sus familiares desaparecidos, una camisa que había quedado en el placard, los cordones de algún zapato. Además se incluían en las imágenes que se bordaban los propios instrumentos del poder, los tanques, las armas, las iglesias, el fuego, los militares, símbolos de la dictadura, pero también la cordillera, el sol, los árboles, las mujeres, los niños, la lucha y el amor.
Al decir de una de estas mujeres, “las arpilleras nos enseñaron más a observar lo que pasaba a nuestro alrededor que a bordar”.
Otro modo de expresión y resistencia cultural y artístico, fue la danza, puntualmente la Cueca Sola, un baile típico chileno que las mujeres empezaron a protagonizar, bailando solas, con un pañuelo, dando a ver así que bailaban sin sus maridos/ compañeros, remarcando sus ausencias. Tuvimos oportunidad de asistir emocionadas a esas formas de expresión esa segunda tarde, la de “las históricas”, la del homenaje a las arpilleristas de los 70, cuando algunas de ellas bailaron la cueca y cantaron.
Fueron muchas emociones transitadas en y con el cuerpo, lo colectivo que se actualizaba en cada historia personal, en cada mujer, en los relatos que describían una época que reflejaba también nuestra historia. Encontramos en los desaparecidos de la dictadura chilena a nuestros desaparecidos. Pero también pudimos acercarnos a la singularidad de la experiencia atravesada por el pueblo chileno.
Una de las compañeras presentes manifestó, “nuestra dictadura fue muy larga y cruenta, y no terminamos con un Videla en la cárcel”, dando cuenta de la principal diferencia entre ambas historias.
La escritora chilena Diamela Eltit lo dice de modo conmovedor en su libro El ojo en la mira: …”pero esos diecisiete años habitan y me habitan. En parte porque no se extinguen en las finas o toscas aristas que punzan el presente. Están allí diseminados en los cuerpos de representantes políticos reciclados de esos años, sino incrustados en la súbita precipitación de una acción autoritaria o de un gesto inadmisible que obligue al silencio. No existió reparación. La memoria de esos años no prescribe…” (1)
Hoy día, usando una típica expresión chilena, las luchas que se bordan y denuncian son otras, y así pudimos ver esos relatos y esas luchas en las arpilleras colgadas en el patio de la Universidad, desde problemáticas barriales a ecológicas y feministas. Testimonio y apropiación en acto, posibilidad que siguen permitiendo las arpilleras en momentos como los actuales, de crueldad extrema e individualismo, donde lo colectivo, como hacer, como expresión, como arte y denuncia sigue demostrando su potencia.
Si la dictadura quiso cerrar las bocas, coserlas, ellas se expresaron con el arte como lenguaje subversivo, alternativo, que trascendió lo doméstico, donde lo privado y lo público se entretejieron y se volvieron mecanismos de denuncia y de elaboración a la vez.
Esto indica que el lugar de las mujeres no era accesorio. Si históricamente fueron situadas en la lógica del cuidado y lo doméstico, aquí la posición fue de protagonismo para decir lo indecible, constituyendo además formas comunitarias de pensar la tramitación de lo traumático. La memoria deja de ser un acto individual y se transforma en un acto político por excelencia, habilitando una transmisión que se resiste al olvido.
En nuestro país tanto como en Chile, a 50 años de las dictaduras que nos asolaron, insisten y perseveran la memoria, la solidaridad entre mujeres, la lucha y, como nuestro Ulloa nos legara, la ternura como modo de lazo y construcción.
- Eltit, Diamela. (2021) El ojo en la mira.pág 62. Colección Lectores. Primera edición. Ampersand.

Luisina Treffiló es psicoanalista. Investigadora; Profesora Universitaria en la Cátedra de Lingüística y Discursividad Social (U.N.R); Profesora Universitaria a cargo del Seminario de pregrado «Violencia institucional y ddhh. El rol de lxs psicologxs en la prevención de la Violencia y en la promoción de los ddhh» (U.N.R).
Laura Peretti es psicóloga, especialista en psicología forense, docente de la carrera de Psicología de la Universidad Nacional de Rosario y de la carrera de posgrado, «Especialización en Infancias y Adolescencias» de la misma universidad. Se desempeña como psicóloga en el Ministerio de Salud.
Trabaja en el campo transdisciplinario de las relaciones entre psicoanálisis, salud mental, literatura y derecho, desde una perspectiva de género y derechos humanos.
Laura Gobbato es psicóloga egresada de la Universidad Nacional de Rosario, practica el psicoanálisis en esa ciudad y es miembro de En el margen colectivo editorial.
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