El final de las historias. Por Patricia Martínez

Ilustración: @LH_hernandez_ Artista emergente

Cuidado editorial: Yanina Marcucci y Leticia Gambina


Hace un tiempo recibí la invitación de Helga Fernández a escribir en En el margen. Esa invitación me llevó a ubicar qué quería escribir.

Por ese entonces me interesaba encontrar un modo de transmitir o de dar cuenta sobre qué se hace en un análisis. Como suele ocurrir, tenía más preguntas que respuestas: ¿qué puede transmitirse de lo que hacemos en un análisis?, ¿es infructuoso intentarlo?, ¿cuál fue el modo en qué Freud construyó sus historiales?, ¿por qué tienen esa forma casi novelada de presentación?, ¿la forma dependía del gusto personal de Freud o del material a transmitir?

El análisis freudiano de sueños, chistes y actos fallidos orientó la búsqueda. Así comencé eligiendo un nombre para la sección: Historias clínicas, tratando de ubicar en cada historia algo de lo que a mí me había enseñado el caso y ensayando su transmisión.

“La escritura, tal como la concibo, no tiene un territorio propio. El acto de escribir no es más que el acto de aproximarse a la experiencia sobre la que se escribe; del mismo modo, se espera que el acto de leer el texto escrito sea otro acto de aproximación.” John Berger incluye este párrafo en Puerca tierra, escribir para aproximarse a la experiencia que se intenta atrapar en la escritura.

Cuando se está concluyendo un ciclo o un texto, al menos a mí, me entran reservas: que no alcancé a desarrollar lo que tenía en vistas, que no es claro, que recién a partir de aquí podría empezar a desarrollar las cuestiones; la disconformidad, más allá de lo atribuible a los síntomas propios, es indicio de que lo concluido no es conclusivo y es inconcluso, es el cierre de algo que se está haciendo.

Por tanto, hay que hacerse cargo del carácter inacabado de lo que vamos a decir, hay un saber que no concluye que está haciéndose. La escritura es una  (hay otras) de las oportunidades que nos permiten ir haciéndolo, o en términos de Berger, aproximándonos.

A poco de andar en las historias fueron surgiendo las diferencias con las historias clínicas de la medicina, pero también con los relatos literarios y las biografías. Contenido y forma se volvían solidarios, algo del material a transmitir imponía la forma de hacerlo.

De todas las preguntas que fueron acompañando cada presentación, una fue tomando relevancia, fue siendo cada vez más excluyente y la puedo precisar del siguiente modo: ¿qué es lo que se transmite de un análisis? Subrayo aquí de un análisis, no del discurso o de la doctrina, ni siquiera de la clínica, ninguna generalidad a considerar, sino una pregunta que inquiere acerca de lo que es transmisible de esa situación particular, de esa experiencia que llamamos la de un análisis.

Llegados a este punto hay dos cuestiones, ubicar qué es lo transmisible de la experiencia de un análisis, si lo hubiera por supuesto y otro problema no menor, cómo escribirlo, si se pudiera.

La escritura entonces de las Historias clínicas me fue llevando al modo en que escribimos un caso clínico, lo que se recorta y es transmisible de un análisis.

Quiero agradecer lo que fui recogiendo en el trayecto y también me fue aproximando respuestas. Un lugar destacado tiene el trabajo como lectora o editora de En el margen, donde pude leer de otro modo un mismo interés por cernir lo transmisible, por apropiarse de la cuestión que nos pone a trabajar. En el trabajo de escribir o editar En el margen fui encontrando un estilo que rinde pleitesías únicamente a lo que se persigue, que permite la búsqueda y da lugar a la interlocución.

Agradezco también a mi amigo Juan Pawlow, que me acercó un trabajo suyo: Prácticas de escritura del análisis, y encontré ahí señalados textos y articulaciones que me sirven de orientación.

Por último, agradezco al Otro sur que me invitó a presentar e intercambiar con ellos lo que dimos en llamar Lecturas clínicas, esos encuentros me permitieron darle una vuelta más a las preguntas iniciales.

En Julio de 2021 volví a la relectura de los primeros historiales freudianos, en la publicación: https://enelmargen.com/2021/07/31/el-historial-freudiano-catalina-por-patricia-martinez/ la pregunta ordenadora de ese texto fue cómo, al fin de cuentas, hacer pasar en un relato algo que está y que falta al mismo tiempo, algo que es claro y evidente in situ y a la vez difícil de poner en palabras, es otro modo de preguntar qué es lo transmisible de un análisis.

Ese texto terminaba así: 

Y más aún ¿por qué Freud nos escribió estos relatos a nosotros sus probables lectores?, ¿por qué estos relatos son tan importantes, a mi modo de entender, para leer a Freud y para pensar la clínica hoy?

Catalina es entonces nuestra vuelta al principio luego de haber publicado ya otras historias clínicas, nos obliga a recomenzar, a cuestionar, a indagar, no sólo sobre el modo freudiano de presentación de historiales, sino sobre los motivos por los cuales aún hoy necesitamos los analistas relatar historias clínicas, hacer pie en aquello que ese caso nos enseñó del modo que sólo la clínica enseña y más aún, considero que es necesario y acuciante hablar de la clínica, de lo que hacemos, en un tiempo donde verificamos un fuerte avance del modo neurocientífico de pensar los síntomas, modo que reconduce al caso como particular de un universal que no da lugar al sujeto que habla y que anula entonces la singularidad.

Nos proponemos retomar este trabajo que para Freud no cesó hasta el final de su vida, hasta el último artículo que dejó sin terminar, y que nos enseña que no hay saber cerrado.

En septiembre 2023 participé de unas jornadas de salud mental, entre los invitados estaba el coordinador de un servicio de telemedicina, un servicio de médicos de familia que, entre muchas otras funciones, reciben consultas que habitualmente se dirigen a la psiquiatría: dificultades para dormir, estados de ansiedad, los cada día más frecuentes ataques de pánico. Este médico nos contaba su sorpresa y dificultad al recibir la invitación y que le comentaran que era sin PowerPoint, sin números, que le pedían hacer sólo un relato, algo a lo que no está acostumbrado, pues aclaró, para los médicos cuentan los números, cuántas consultas recibidas, qué síntomas son prevalentes, cuántos se resolvieron sin reenviar a salud mental, etc.. Su relato se centró en un caso, donde la misma paciente había llamado innumerables veces en dos meses y esto les sirvió para ubicar que había algo ahí del saber médico que no les alcanzaba para responder.

Catalina también había ido al médico. Y vuelve a consultar con otro médico porque tampoco encontraba respuestas para su padecer. Freud recoge el guante.

Hay algo que Freud no puede hacer pasar, no puede transmitir sin ubicar la singularidad del síntoma. El relato clínico intenta poner en palabras la huella de lo que pasó.

Hasta aquí habíamos deslindado la especificidad del relato clínico, y llegamos a ubicar esa huella, esa singularidad que se ubica ahí en el diálogo analista-analizante, incluso hay varias historias clínicas en las que hemos trabajado los enlaces significantes al comienzo de un análisis, en el momento del pase en un análisis, como diría John Berger escribimos para aproximarnos.

El trabajo de Juan Pawlow que cité anteriormente me puso sobre la pista de 2 textos de Lacan, el seminario El Reverso del psicoanálisis y La tercera.

En el seminario El reverso del psicoanálisis, Lacan ubica lo que va a llamar configuración subjetiva:

Cito un párrafo de Lacan, está en la página 92 de ese seminario:

Para ser eficaz, nuestro esfuerzo, que es, lo sabemos perfectamente, una colaboración reconstructiva con quien se halla en la posición del analizante, a quien de algún modo le permitimos avanzar en su camino, este esfuerzo que hacemos para extraer, bajo la forma de un pensamiento imputado, lo que ha vivido efectivamente quien bien merece en este caso el título de paciente, no debe hacernos olvidar que la configuración subjetiva tiene, debido al enlace significante, una objetividad perfectamente observable, fundamento de la posibilidad misma de la ayuda que nosotros aportamos bajo la forma de la interpretación.

Más adelante agrega que en el “punto de enlace… del S1 al S2, ahí existe la posibilidad de que se abra esa falla que se llama el sujeto.”

Ni bien encontré esta cita en el trabajo de Pawlow, me recordó el acta de presentación del seminario El acto psicoanalítico, que arranca poniendo en primer plano el enlace de significantes y dice así: 

Por ello, si sólo con la dimensión de la palabra se cava el surco de la verdad en lo real, el seminario del fantasma nos había mostrado su lógica y su esencia imaginaria donde el agujero propio de lo simbólico en su vacilación permitía el despliegue de ese real que hace historia y al que le es necesario el Acto analítico que le abra el espacio de su realización y de su singularidad.

Espacio que se despliega para revelarnos su fracaso permanente, pero al mismo tiempo para no hacernos olvidar que “la configuración subjetiva tiene en virtud de la ligazón Significante una objetividad perfectamente localizable…” esto nos abre justamente esa falla que se llama el Sujeto, y es correlativo al surgimiento del Saber que delata los medios o los caminos del goce determinantes de esa posición que se llama Castración.


Encontramos coordenadas para aproximarnos más a la pregunta sobre qué es lo transmisible en un análisis, aquí Lacan al elaborar el término de configuración subjetiva destaca que es algo objetivable y perfectamente localizable, lo distingue de lo padecido subjetivamente y lo ubica como objetividad observable.

Volvamos a Catalina; Freud le dice por favor asocie libremente, y sabemos que esta asociación libre está ligada a un saber inconsciente.

En la clase anterior del Reverso, que en la versión de Miller se llama El campo lacaniano, Lacan está trabajando el saber, y dice que el sujeto del discurso no se sabe en tanto sujeto que sostiene el discurso.

¿Esto que se sabe o no, qué es? Lacan dirá en la página 74 del Reverso: el saber es cosa que se dice, es cosa dicha. Pues bien, el saber habla solo, esto es el inconsciente.

Si habla solo no hay sujeto responsable consciente, voluntario de ese decir. Pero cuando invitamos a alguien a asociar, en ese decir quien habla tropieza con algo que lo sorprende.

En este seminario Lacan caracteriza el discurso amo como aquel que oculta una verdad, algo está comprimido, sobreimpreso, por eso no es legible. Algo tiene que desplegarse para que lo podamos leer. Leer es nuestra apuesta en la clínica.

Entonces vuelvo un paso atrás, tenemos asociación libre, que sabemos está ligada, y la interpretación que no está abierta en todos los sentidos, no puede ser cualquiera.

Podemos pensar que no hay libre empleo de la palabra en la regla fundamental ni tampoco cualquier ligazón en la interpretación, sino que la intervención analítica nos lleva a la configuración subjetiva, al enlace del S1 con el S2, y el trabajo del análisis en su función de colaboración reconstructiva permite ubicar ahí, en ese enlace significante que es objetivamente localizable, en tanto lo podemos pescar, que por ahí anduvo el sujeto, que ahí está su traza, su marca. 

Como lo venimos haciendo en las Historias clínicas, voy a volver al ejemplo que trabajé en la historia clínica Angelitos de Yeso, https://enelmargen.com/2019/04/20/historias-clinicas-angelitos-de-yeso-por-patricia-martinez para tratar de ubicar ahí, en un análisis, esto que estamos intentando desarrollar.

El enlace significante que trabajamos en ese relato y que tomo ahora a modo de ejemplo, nos lleva de ser tonta a no viva, hay ahí algo dicho, que es objetivamente localizable y que por la función del analista, que consiste en la colaboración reconstructiva, podemos seguir a partir de esa  traza significante e ir de no viva (en el sentido de ser tonta) al no viva por muerta, y esto hace resonar el lugar del hermano muerto y aquello que, a esta analizante le concierne en el síntoma que trae de sentirse una tonta, y por ende no viva con todas las resonancias en su historia.

En esa presentación, lo que está en juego, lo que es transmisible y ubicable es ese enlace significante que es localizable en lo que dice, que nos permite ubicar la huella por dónde el sujeto pasó, aunque ya no esté ahí, y en ese caso ubicar el momento del inicio de la posición analizante de quién está hablando en la experiencia de un análisis, momento de inicio en tanto que ser tonta ya no es una queja solamente, sino que la implica.


En su trabajo Pawlow hace un rastreo de términos que nos ayuda a dar un paso más, él dice que hay en Freud y también en Lacan, 
un uso permanente de términos como: trama, entramado, hilos, ilación, redes, lazos, enlace, ligadura, camino, vía, nudo, nexo, cadena, etc.

Con el uso de estos términos se arman distintas metáforas que intentan cernir el funcionamiento del psiquismo, metáforas que aluden a las conexiones entre elementos.

Entendemos entonces allí que el enlace significante nos permite situar la configuración subjetiva…

Habiéndose detenido en la objetividad observable dirá: Aquí a veces está bueno ir al texto en francés para ver que dijo y no dice observable sino reperable, que se traduce como marca, señal, mojón…

Guiados por el trabajo de Pawlow, tenemos entonces que los enlaces son localizables como marcas, reencontramos la huella de la que hablaba Freud y que citamos en el caso de Catalina.

Seguimos con el texto de Pawlow: 

Freud utiliza a menudo las palabras Bahn, Bahnung, de uso central en el “Proyecto…”, son también hallables en el Capitulo VII de la “Interpretación de los sueños” –en rigor en gran parte del mismo-, en “Los dos principios del acontecer psíquico”, etc. El término Bahnung se traduce habitualmente por “facilitación”. Lacan critica esta traducción que proviene de la traducción inglesa:

… Bahnung evoca la constitución de una vía de continuidad, una cadena y pienso incluso que esto puede ser comparado con la cadena significante, en la medida en que Freud dice que la evolución del aparato ψ reemplaza la cantidad simple por la cantidad más la Bahnung , es decir, su articulación…”

En “La tercera» a partir del término “hollado”, hay una nota de traducción que dice:

Frayer, ‘abrir un camino’, es el término que usa Lacan, en vez de ‘facilitación’, para traducir la Bahnung de Freud, porque Bahnung, frayage, no es solamente la apertura de una vía sino, además su señalización y, con ello, la constitución de una cadena significante. Frayer es en efecto originalmente un término de montería, en español “frezar”: el animal de caza mayor deja hollado su recorrido “frotando” algo (latín fricare). El jabalí escarba u hoza, el ciervo frota su cornamenta contra los árboles para limarla, y su manada o los cazadores siguen las marcas así dejadas para dar con él….”

Los cazadores lo saben bien, van detrás de las marcas que deja el animal al pasar, que se pueden observar objetivamente, localizar, aunque ya el animal no esté ahí, en ese enlace de tonta a no viva pescamos esa marca y «ahí existe la posibilidad de que se abra esa falla que se llama el sujeto» en tanto que el sujeto es lo que un significante representa para otro significante. Podemos decir como el cazador que por ahí pasó, que ahí estuvo, evanescencia del efecto sujeto.

En el Seminario  Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis, Lacan trabaja apertura y cierre del inconsciente, ni bien llegamos a un punto de este enlace significante, cuando lo alcanzamos ya no está allí. Pero estuvo, nos encontramos con su huella.

Volvamos a la cita del Reverso: Para ser eficaz, nuestro esfuerzo, que es, lo sabemos perfectamente, una colaboración reconstructiva.

Nuestro esfuerzo es una colaboración reconstructiva, ahí, en ese momento en que podemos señalar esa marca, huella, ese enlace, ubicarlo, localizarlo, ahí estuvo, ya no está, pero por ahí ha pasado. Sabemos que el enlace de un significante a otro, es una operación que conlleva un resto que llamamos objeto a, este resto inasimilable no permite ninguna representación acabada, no se trata de eso.

Entiendo que la noción de configuración subjetiva que estamos trabajando nos permite pensar ciertos momentos de un análisis. En el caso de Angelitos de Yeso en esa configuración subjetiva ubicamos el inicio del análisis. 

Cuando comenzamos a escribir las Historias clínicas, tratamos de atrapar qué se transmite en una análisis, así nos fuimos aproximando a que en un análisis hay la posibilidad de leeralgunas articulaciones significantes que son la huella por donde cernimos ciertas posiciones de goce y que en tanto las cernimos son transmisibles con cierta precisión.

Si hoy trabajamos bajo el título de El fin de las historias, es porque su escritura nos arrojó de lleno en las lecturas clínicas, por donde proseguiremos de ahora en más, bajo el nombre de Lecturas clínicas, tratando de leer cada vez, no sólo en el material que nos aporta un caso, sino también en los textos que leemos, aquello que nos concierne para ubicar lo transmisible no sólo de un análisis sino lo que podamos transmitir de nuestra experiencia.


Referencias bibliográficas:

La Histeria – Historiales Clínicos. S. Freud – Obras completas. Editorial Biblioteca Nueva.

Psicopatología de la vida cotidiana. S. Freud – Obras completas. Editorial Biblioteca Nueva.

El chiste y su relación con lo inconsciente. S. Freud – Obras completas. Editorial Biblioteca Nueva.

La interpretación de los sueños. S. Freud – Obras completas. Editorial Biblioteca Nueva.

El reverso del Psicoanálisis. J. Lacan – Seminario 17. Editorial Paidós. Buenos Aires. 

Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis. J. Lacan – Seminario 11. Editorial Paidós. Buenos Aires.

La tercera. J. Lacan – Intervenciones y textos – Editorial Manantial. Buenos Aires.

El acto psicoanalítico. J. Lacan – Versión inédita EFBA.

Prácticas de escritura del análisis. Juan Pawlow – Versión inédita.

La pregunta freudiana. Luis Gusmán – Editorial Paidós. Buenos Aires.

Para un psicoanálisis profano. Helga Fernández. Editorial Archivida. Buenos Aires.


Esta revista se sustenta gracias a la publicación, la difusión y la edición, sin ánimo de lucro, de cada uno de los miembros que la componen. Agradecemos la colaboración económica que el lector o la lectora quiera y pueda para lo cual dejamos nuestros datos.

CVU: 0000003100078641018285
Alias: enelmargen.mp
Mercado Pago

Desde el exterior: https://www.paypal.me/flagelodelverbo

Deja un comentario