Foto de portada: Valeria González
Cuidado editorial: Gabriela Odena
Ante las políticas que dictan sus preceptos a través de la fijación del sentido de algunas palabras y composición de letras, desde nuestro lugarcito en el discurso jaqueamos el orden decretado y nos reapropiamos de la materia de la metáfora.
Con ustedes y para ustedes, para todxs nosotrxs, anunciamos una nueva sección: TNU, texto de necesidad y urgencia.
Textos que no obligan nada a nadie. Textos con los que cada quien subjetiva, lee, venga, defiende y construye la vida que nos hurtan.
Delegación editorial
Me voy corriendo a ver
qué escribe en mi pared
la tribu de mi calle
Indio Solari
¿Acaso imaginaste en tu delirio
que iba yo a odiar la vida
y al páramo retirarme
viendo que no florecían
algunos de mis sueños venturosos?
Goethe, Prometeo
- Avenida Rivadavia (o yo motosierreo)
A finales de diciembre de 2023 ingresaron al Parlamento Nacional Argentino, un Decreto de Necesidad y Urgencia y un proyecto de Ley Ómnibus sobre el que conviene detenerse en su nombre: “Proyecto de Ley de Bases y Puntos de Partida para la Libertad de los Argentinos”.
Este proyecto de ley, inabordable en su conjunto por su desmesura y estilo polirrubro, en su punto de partida supone absurdamente que la libertad es una concesión de quien la otorga. Esta tropilla palabrera de caprichos mercantiles incumplió con el itinerario institucional no sólo en cuanto a los pasos y procedimientos sino también alterando el espacio público para la redacción, debate y reescritura de las leyes. Para la redacción, el despacho de funcionarios fue reemplazado por los estudios jurídicos de los beneficiarios de las leyes; como lugar de reunión, el Parlamento fue desplazado por encuentros nocturnos en departamentos de barrio especial; finalmente, la discusión para obtener acuerdos fue aplastada por la extorsión, la amenaza y la compra-venta de los votos necesarios.
Suele ponerse el foco en el atropello económico de este ómnibus, ¡y cómo no hacerlo! Pero si uno repara en el nombre del proyecto y en el procedimiento seguido y si, especialmente, se escuchan las voces necesarias y urgentes de la calle que dan nombre a la operación, ¿no estamos frente a una maquinaria que ajusta y privatiza en primer lugar la palabra, es decir aquello que nos permite hacer lazo? Motosierrar no parece un verbo que pueda conjugarse porque no es un verbo sino la expresión maltrecha de lo que amenaza con el corte del lazo que produce “communitas”.
- Calle Combate de los Pozos (o la puerta trasera del dictamen)
Es vox pópuli que el dictamen de este proyecto ha sufrido diversas mutaciones a tal punto de desorientar a los legisladores que no salían de su perplejidad por estar discutiendo un dictamen espectral del que sólo se conocían algunos fragmentos o versiones impresas de o improvisados sobre la marcha. De este modo, todos los textos que circulaban eran apócrifos. Las versiones del supuesto texto original (de algún modo hay que llamarlo), sufría cambios a cada paso de las negociaciones con parlamentarios que insistían en colaborar con tenacidad de la servidumbre voluntaria. Lo singular de estos cambios es que no fueron producto del debate parlamentario sino el resultado de reuniones privadas por fuera de la geografía del edificio público del Congreso de la Nación. Incluso han circulado versiones vía Whatsapp, las que el propio Presidente de la Cámara manifestó desconocer.
Cocinar un texto fuera del lugar donde se escriben las leyes posee consecuencias de una gravedad que es preciso resaltar. Se hizo de ese fuera de lugar un secreto a voces, un modo de secretear públicamente que constituye la eficacia misma de la operación de atropello: dictar una ley fuera de la ley, hacer privado lo que debe permanecer público.
Esta ley –aprobada en General en la Cámara de Diputados el 02-02-2024 y que aguarda su tratamiento en Particular– conlleva el riesgo de redactar un texto sin vacío (el necesario en la letra de la ley para hacer posible la equivocidad que exige la interpretación de un texto) y que hace lugar a un pleno: el que procede de la voracidad mercantil que sabe lo que quiere y lo quiere ya. De este modo, expulsa a millones del lazo social para encerrarlos en la jaula de los leones donde reina el apetito y no la ficción que sostiene al lazo social.
Llueven leyes como gases que hacen llorar, queman y esquirlan la piel de la vida en sociedad. “El ajuste es también ajuste discursivo” y las privatizaciones pueden pensarse “como privaciones de los lazos comunales” (Ignacio Lewkowicz).
- Avenida Entre Ríos (o “Entrada de honor”)
Inmediatamente después que el Presidente Milei leyera en cadena nacional algunos puntos de esa otra ley, el Decreto de Necesidad y Urgencia (DNU) –que también pende como una amenaza sobre las enormes mayorías–, las cacerolas retornaron al mejor lugar pariendo una exigencia: “La Patria no se vende”. No es un hashtag tuitero ni una consigna con sede de autoría en algún partido. Se trata de una escritura pública, que es de todos quizás porque lo bueno ya no es de nadie sino del lenguaje o la tradición encarnada en un nosotros callejero, que marcha haciéndose oír y que, al enunciar lo que dice, expresa desde dónde lo dice: el pueblo no se rinde y, una vez más, toma la palabra que quieren arrebatarle.
Podríamos haber dicho (cambiemos a la primera persona del plural para incluirnos) “No a las privatizaciones”, “No al ajuste”, pero esas palabras requieren en primer lugar un otro a quien dirigirse; en segundo lugar, reducirían la resistencia al reclamo económico. Sin embargo, gritar en coro multitudinario “La Patria no se vende”, sitúa la cosa en otro terreno: la voz pública se pronuncia, no le pide nada a nadie y no sólo porque no haya a quién sino porque la enunciación es performática y los actos de libertad no piden permiso.
Para resaltar el lugar histórico-político de esta enunciación colectiva, propongo filiar esta gesta discursiva con aquella otra que pronunció “Aparición con vida (de nuestros hijos)”, parida por las Madres de Plaza de Mayo mientras habitaban las calles inhóspitas de la dictadura genocida. Algunas “encerronas trágicas” que dejan sin tercero de apelación son también la oportunidad para una invención colectiva sostenida en un modo de amar que tiene el coraje de perder y que se distingue radicalmente de quienes sólo saben ganar apropiándose de lo que no les pertenece.
“Aparición con vida” y “La Patria no se vende” son pronunciamientos de materia distinta pero de naturaleza común. Son pronunciamientos públicos que denuncian en su proclama el arrasamiento de todo orden legal y, por tanto, el descalabro subjetivo que conlleva. Ellos encuentran o quizás fundan un resquicio en el seno mismo del terreno tiránico para poder seguir hablando: antes, frente a un genocidio; ahora, ante un leycidio que no hace ficción de la ley sino farsa inaceptable.
Entonces, frente al ómnibus de la crueldad, que busca embestir la alteridad, la presencia perseverante del pueblo en la avenida Entre Ríos –objeto de una represión feroz, con el despliegue inédito de las fuerzas «de seguridad»– es el reservorio ético que custodia no sólo los bolsillos desfondados y las vidas amenazadas sino, por sobre todo, la existencia; es decir, no ser desposeídos de aquello que no es de nadie porque nos pertenece a todos, el lazo comunitario.
- Calle Hipólito Yrigoyen (o la chance de una cesión en el Senado)
Un chiste o retruécano muy difundido suele decir que Milei es eso, mi-lei. Una vez más el ingenio popular expresa lo verdadero en este asunto. La Ley como lazo social imprescindible queda reducida a la voluntad caprichosa del que todo lo vende en el espacio sin Ley de la ley del mercado. Resta esperar aún que algo de este intento de legalizar el des-quicio, encuentre algún límite en el Senado, que deberá librar su propio combate para salir del pozo sin fin de la compra-venta.
La Patria no se vende y la crueldad no se escritura.
Valeria González, psicoanalista.
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