Clinicar. Por Gisela Avolio

Cuidado editorial: Helga Fernández y Viviana Garaventa

Imagen de portada: pexels.com


Hace falta clinicar”(1), decía Lacan en 1977 durante la Apertura de la Sección Clínica en Vincennes. En 2024, ¿qué significa para los que practicamos el psicoanálisis esto que pronunció Lacan? ¿Sigue haciendo falta clinicar? ¿A quiénes hace falta? y ¿Qué falta es la que hace, produce?

Que hace falta clinicar es mucho más que suponer que carecemos de experiencia que uno ganaría con horas de vuelo en la escucha, me parece que es un modo de decir que la clínica nos hace falta porque nos produce dificultad, nos interroga cada vez; de no ser así se trataría de hacernos los garantes –saber mediante, de que el hablante puede encontrar en el análisis su soberano bien, y esa meta moral sabemos que es una especie de estafa que estaría en las antípodas de la ética del psicoanálisis. 

Para responder cuál es la vigencia de este “hacer falta” del clinicar, tal vez sea necesario pasar por la cuestión acerca del modo que el psicoanálisis hace falta al malestar en la cultura actual. En una entrevista realizada a Pierre Bruno en el marco de la sección “Dos preguntas”(2) de esta revista, dijo que él no podía separar la satisfacción que se obtiene en un análisis, de la satisfacción que se experimenta por la asociación con otros en una “obra común”. Esa respuesta permite leerse como una consideración de lo que el psicoanálisis podría aportar ante el individualismo Capital en el que vivimos. P. Bruno afirmó salir del capitalismo, es sacar al capitalismo del sí mismo”. 

Esto nos muestra por un lado que el psicoanálisis es recreado a cada momento conforme al contexto de quienes los practiquen y de cuya cultura de la cual también es un producto. Probablemente por esta singularidad que la práctica implica es que solemos repetir _si no reproducimos inevitablemente, las razones que nos vemos exigidos a dar sobre nuestro quehacer. 

Estas razones que dan cuenta de la práctica como dijera Lacan en la conferencia mencionada, también podríamos decir que son “la razón desde Freud” (fragmentando el título del escrito “Instancia de la letra”), son razones no kantianas que como localizan al sujeto en una excentricidad respecto de sí mismo nos llevan a argumentar la Cosa con otra racionalidad que es la del inconsciente estructurado como un lenguaje. 

Sabemos que no es una cuestión de formalismo lógico, pero tampoco de una sombra metafísica, y en ese límite entre lo psíquico y lo somático vamos procurando argumentar que la labor del inconsciente no se detiene cuando nos despertamos. Es una “argumentación incesante” _como se titula un libro de Carlos Kuri(3). Por lo tanto, si el mismo descentramiento del sujeto trastoca la manera de dar razones en psicoanálisis, así también opera para su transmisión y en la dificultad de dar cuenta de un saber. 

Desde ese particular topos, el clinicar y sus razones vemos que no son la del cogito cartesiano sino la del “significante que resuene”, estas palabras sobre la fonación y el valor del equívoco pronunciadas en el seminario El sinthome(4) son recogidas por Erik Porge para que la homofonía que en la lengua francesa se efectúa, lo habilite a decir que “razonar” es el “resonar” de la interpretación(5).

¿Y de qué modo ese resonar hace al clinicar?

Desde los comienzos del psicoanálisis trazando una línea _si se me permite «invariante” de la cura, a ésta nos acercamos “tocando, por poco que sea, la relación del hombre con el significante, … {y así} … se cambia el curso de la historia modificando las amarras de su ser”(6).

Entonces cabría decir que ese “clinicar” está hecho ni más ni menos que de la sutileza por la cual un “toque” significante no cambia nada en lo real y al mismo tiempo lo cambia todo para el sujeto(7). 

Pero ¿cómo puede cambiar el curso de una historia?, ¿cómo se produce ese desamarre al ser de un sentido podríamos decir?, ¿cómo puede variar el efecto de una realidad que no puede cambiarse si no es porque partimos de qué en un análisis se trata de cómo el sujeto comprende de lo que él es efecto?

Lo diré contando con la ficción que el análisis implica por ser el rodeo necesario a una verdad, en un momento alguien habla del carácter autoritario que tiene para él la palabra de sus padres, su cotidianeidad se vuelve agobiante porque los encuentros con ellos son intolerables, los evita con múltiples maniobras que acaba fatigándolo y a pesar de los años que lleva viviendo a distancia física de ellos persiste la vivencia de un sin salida. Esa distancia imaginaria, que fracasa por no encontrar soporte en lo simbólico, es el reverso de un anhelo que se hace lugar con un lapsus cuando al quejarse de todo lo que hace para no verlos dice que sería más fácil “conservándolos” en lugar de “conversándolo”. Precisamente, en ese mismo acto de “conversar” en la instancia del análisis algo deja de conservarse, al mismo tiempo que reclama por las consecuencias de tamaña ruptura. Esa ranura o desfasaje que la resonancia en el análisis produjo, trae el esperanzador efecto de que en esos significantes que soportan el “yo soy”, o sea en los que “el yo debería advenir”, es posible dejar de reconocerse.  Aunque en lo real todo sigue ahí, un sentido ya no está conservado, y a la vez suponer un sujeto a ese deseo infantil quiebra la historia de traslados kilométricos y huidas infructuosas, porque si en algo el carácter autoritario está en juego es en la exigencia de la conservación de esos padres.  

Considero que así constatamos que el clinicar y las razones que se van produciendo con lo que hace falta, pueden variar el curso de un sentido y con ello el de la historia. No hay garantías de que ello ocurra, pero hay chances de que sí. A la vez que nos recuerda que por su condición de “obra común” el clinicar en psicoanálisis se ubica como un lazo social que no es sin el otro y su falta, es decir un humano; y en el que la verdad supuesta no es de lo que se parte, sino algo que se construye con lo que se dice en ese entre-dos. 

Sin embargo ese clinicar aspira no ser entendido como un furor por curar, ni un “terapiar lo psíquico” (8), no es una identidad de percepción con la clínica médica,  en todo caso es una clínica devenida de una ética que procura la interrogación de ella misma y de las contingencias que la época comporta.

Reanudamos lo que mencionaba al inicio, si la clínica nos hace falta por lo que nos interpela, el actual momento también nos cuestiona a los analistas acerca de cómo seguir haciendo posible la experiencia del análisis que está en las antípodas del discurso epocal que impone la transmisión digital -como lo llama Helga Fernández en su texto Mandíbulas autómatas “porque el hecho de que los analistas tratemos con el lenguaje que no es información no tendría que hacernos obviar la subjetividad que otra semiótica determina en los cuerpos {…} haciendo que los afectos, las percepciones, las palabras no encarnadas y las acciones funcionen como componentes de un circuito loco”(9). 

Se torna evidente que a los psicoanalistas nos hace falta seguir clinicando en tanto es en ese hacer mismo donde se captan las trazas de la subjetividad de una época; y también porque estar en disposición a la escucha que ese clinicar supone, puede hacer lugar a la falta que ciertas condiciones del lazo social actual propenden a eliminar y cuyas consecuencias en los individuos son serias: un estado de inconsciencia respecto de las cosas que importan,  que no tiene nada que ver con el inconsciente (10). 

Si “la clínica  psicoanalítica es lo que se dice en un análisis” (11), seguir haciendo posible la experiencia de palabra que éste implica es una apuesta entre otras en la cultura, que cuestiona ese fluir autómata de la palabra no encarnada que advierte la autora, y lo hace por vía de la resonancia de la palabra, un espacio en dónde se “di-vanea”* (devanea) en libre asociación, o mejor dicho en la necesaria asociación que el inconsciente ovilla. Donde la falla cuenta -como nos lo muestra el soñante- y de ese modo altera ese circuito de la palabra de la digitalidad globalizada en la que no rige ni la contradicción, ni la metonimia alusiva ni la metáfora (12) 

*Neologismo utilizado por Lacan.


Bibliografía consultada

  1. Lacan, J. “Ouverture de la Section Clinique”. Versión bilingüe. María del Carmen Melegatti, Rafael Perez. Revisión: Raquel Capurro. Lectores: Graciela Leguizamón y Julio. Barrera Oro. Mayo 2007. Se tomó como texto fuente en francés: Pas-tout Lacan, www.ecole-lacanienne.net. Texto establecido por J-A. Miller. Publicado en Ornicar ? 9 de abril de 1977.
  2. https://enelmargen.com/2022/01/18/dos-preguntas-a-pierre-bruno/
  3. Kuri, Carlos. “La argumentación incesante”. Ed. Homosapiens. 1995. Argentina.
  4. Lacan, J. Seminario El sinthome. Ed. Paidós. Argentina. 
  5. Porge, Erik. “La voz del eco”. Ed. Letraviva. Argentina. 2019
  6. Lacan, J. Escritos I. “La instancia de la letra en el inconsciente o la razón desde Freud”. pág 507. Ed. Siglo XXI.
  7. Lacan, J. Escritos I. “Variantes de la cura tipo”. pág 336. Ed. Siglo XXI.
  8. Idem 1.
  9. Fernández, Helga. “Mandíbulas autómatas”. Ed. En el margen revista. 2024. Argentina. 
  10. Idem 1.
  11. Idem 1.
  12. idem 9.

Gisela Avolio, actualmente trabaja como analista, es miembro fundadora de la Escuela Freudiana de Mar del Plata, y miembro de Fondation Européenne pour la Psychanalyse. Fue Residente de Psicología en el Htal. Subzonal especializado Neuropsiquiátrico Dr. Taraborelli (Necochea, Bs. As.). Participa en las actividades de enseñanza de la EFmdp; es docente y supervisora de la Residencia de Psicología Clínica de los Hospitales Provinciales de Necochea y Mar del Plata. Y dicta clase anualmente en Centre IPSI y en Umbral, Red de Asistencia «psi» en Barcelona. Desempeña la práctica del psicoanálisis en el ámbito privado.


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