Imagen: Grabado de Joan Miró
Cuidado editorial: Gisela Avolio y Gabriela Odena
Presentación realizada en el marco de la Feria del libro Psicoanalítico. En Zona Oeste. Domingo 10 de Noviembre 2024. Llevado a cabo en ACIM. Morón. Provincia de Buenos Aires. Organizada por Diego Baracat y Grupo Psicoanalitico del Oste, a quienes, desde En el margen, agradecemos todo su quehacer y hospitalidad.
Hace unos días conversábamos con Viviana Garaventa sobre esta presentación y pensando que tenía que pergeñar algo para hoy, me senté frente a la compu y en ese momento me entra en el chat un poema de Octavio Paz, que me manda un amigo que sin calcularlo me orientó y quiero empezar entonces leyendo el poema:
LA LLAMA, EL HABLA
En un poema leo:
conversar es divino.
Pero los dioses no hablan:
hacen, deshacen mundos
mientras los hombres hablan.
Los dioses, sin palabras,
juegan juegos terribles.
El espíritu baja
y desata las lenguas
pero no habla palabras:
habla lumbre. El lenguaje,
por el dios encendido,
es una profecía
de llamas y una torre
de humo y un desplome
de sílabas quemadas:
ceniza sin sentido.
La palabra del hombre
es hija de la muerte.
Hablamos porque somos
mortales: las palabras
no son signos, son años.
Al decir lo que dicen
los nombres que decimos
dicen tiempo: nos dicen.
Somos nombres del tiempo.
Mudos, también los muertos
pronuncian las palabras
que decimos los vivos.
El lenguaje es la casa
de todos en el flanco
del abismo colgada.
Conversar es humano.
Y bueno aquí estamos conversando, los poetas siempre encuentran un atajo para decir lo que a los demás nos va a llevar un montón de palabras.
Empiezo por el título: LA HIPERSTICIÓN, la más nueva de las letosas[1].
Y más abajo aclara: Este texto es un trabajo consecuente con Mandíbulas autómatas. La palabra en estado viral y sus huéspedes precarizados[2].
Por mi cuenta yo diría que este es un trabajo consecuente también con uno anterior emprendido durante la pandemia El malestar en la cyberlización, también consecuente con la posición construida en Para un psicoanálisis profano[3], y consecuente con haber escrito La carne humana, una investigación clínica[4] o como escribió Roque Farrán en la contratapa de Mandíbulas autómatas, Consecuente con la mejor tradición freudiana, Helga escribe y su operación de escucha y lectura no se limita a las paredes del consultorio, puede captar el malestar de la cultura contemporánea porque sigue la letra en todas sus dimensiones, Real, Simbólico e Imaginaria.
Decir, entonces, que hay un trabajo consecuente y sostenido, que hace serie, que se autoriza a dar las vueltas necesarias al malestar que nos concierne en la época que nos toca vivir, que lo hace fuera de las paredes no sólo del consultorio sino de cualquier capilla, alejado de la lectura fácil y repetitiva de estribillos.
Decir también que hay en Helga una clara apuesta a escribir, a publicar, es empezar a ubicar este texto en la labor sostenida y consecuente de su autora.
A mí me gusta, me interesa, lo que Helga produce, escribiendo, editando, armando dispositivos de trabajo, revistiando en el margen, me gusta su modo de interrogar, de abrir caminos, de incomodar y no retroceder frente a los problemas. Los textos que nombré dan cuenta de un modo de encarar los asuntos, de situarse e incluso de encontrarse afectada por lo que pone a trabajar. Justamente porque me gusta y disfruto de algunos espacios de trabajo compartidos, necesito decirlo, como también agradecer/te la invitación a esta presentación.
Ensayos portátiles es la colección a la cual pertenece el texto que hoy presentamos con Viviana Garaventa y no puedo evitar detenerme un momento en la función poética que tienen los títulos de Helga: Mandíbulas autómatas es un hallazgo para dar cuenta de la palabra en estado viral, la palabra desencarnada, repetitiva, que no nos toca ni nos concierne.
Y ensayos portátiles es otro hallazgo por la equivocidad que introduce, ya que fuera del sentido más evidente, podemos pensar en esa posibilidad que abre el ensayar, probar, en la vía de experimentar y lo portátil por su valor de volver lo que podría ser difícil de usar o de transportar, en algo a la mano, un instrumento que nos permite seguir haciendo.
Ubicado el texto en su contexto, debo reconocer que me costó escribir algo para hoy, encontrar el tono, cernir lo que intento transmitir, también reconocer que tuve que leer varias veces un texto que tiene pliegues y despliegues y que luego de dar vueltas lo termino entendiendo como una invitación cuando leo: Somos parte de un sistema que premia la producción de textos tradicionales y castiga la experimentación, que valora la erudición por encima de la innovación, que perpetúa las jerarquías en lugar de fomentar la colaboración y el intercambio genuino de ideas. Hasta aquí la cita y la invitación que acepto.
Estamos en una época marcada por el ruido de la información constante, el acto de narrar parece haber cambiado radicalmente de sentido. Esta transformación, como no los recuerda Helga, sin embargo, ya había sido anunciada en el siglo XX por Walter Benjamín, uno de los autores en los cuales el texto se apoya para decir lo propio.
Hay una imagen que se volvió emblemática de Benjamín, los soldados que regresaban de la Primera guerra Mundial, soldados que volvían enmudecidos, incapaces de relatar lo vivido. Benjamín interpretó este silencio no sólo como un trauma individual, sino como un síntoma cultural: la incapacidad de traducir la experiencia en palabras.
Benjamín señalaba así el declive de la narración y la emergencia de un mundo de vivencias, que más que compartirse parecían sumirse o sumirnos en un silencio abrumador.
El texto que hoy presentamos lee el diagnóstico benjaminiano para adentrarse en un fenómeno contemporáneo que retoma la imposibilidad de narrar desde una óptica distinta, donde creo entender, convergen dos cuestiones diversas o como bien señala el texto dos cuestiones que es necesario distinguir: por un lado, la narración en el campo literario, cito un párrafo: Cuando enuncio también que renunciamos a la potencia de la ficción, me refiero a que carecemos de ficciones que estén a la altura del Real de nuestra época. Nos encontramos inmersos en un mundo convulsionado por cambios vertiginosos y contradicciones profundas, y, sin embargo, nuestras narrativas son incapaces de una gramática de la transformación.
Por esta vía el texto nos invita a explorar nuevas narrativas, modos de responder al horror, a lo raro, entrando por ahí en vez de esquivar las cuestiones, nos invita a que la cuestión de las ficciones nos conciernan.
Por otro lado, el texto nos mete de lleno en las hipersticiones, ya desde el título, ¿no?: la más novedosa de las letosas. Adentrarse en el mundo de las hipersticiones, es un recorrido angustiante y novedoso, al menos yo no conocía el término ni sus implicancias. Comparto lo que puedo aproximar, lo que me dejó la lectura:
La hiperstición, es un término de resonancia reciente, que funciona como ficción viral, una narrativa, no al modo de El narrador de Benjamín, sino al estilo de un virus que se propaga y reconfigura la realidad en la que estamos inmersos. En este sentido nos muestra el poder de las narrativas sobre la realidad, al tiempo que redefinen cómo pensamos la relación entre ficción, tecnología y el mundo en que vivimos.
Ya que mencionamos a Benjamín, podríamos tomar otro texto del autor, La obra de arte en la era de la reproductividad técnica y hablar de las ficciones, las hipersticiones en la época de la hiper reproductividad cibernética.
La potencia de la hiperstición radica en su inserción tecnológica, redes, algoritmos, trolls, que amplifican de una manera –nunca antes imaginada– sus efecto. No está centrada en la experiencia de algún sujeto en singular, ni siquiera en sus vivencias, sino en la retroalimentación de su propia viralización. El texto nos deja en claro que la hiperstición no necesita de un sujeto que la sustente, su propagación es impersonal, y su poder está del lado de su diseminación. Algo así como una infección, y no es asunto menor que nos ha llevado a gobiernos infestos.
En contraposición al mutismo posbélico que describía Benjamín, hoy nos encontramos con hipersticiones poderosas que colonizan el presente e intentan reconfigurar el futuro.
Tanto Mandíbulas como la Hiperstición, ponen en el centro de su desarrollo una pregunta a mí gusto fundamental: ¿qué es hablar?, ¿qué es narrar? Respuesta que no va de suyo si las mandíbulas pueden hablar de forma autómata.
Helga, a mi entender, va construyendo y despejando términos: hay hablar y hablar, tejer y tejer, hiperstición e hipersticiones, (con las dos c de la ortografía oficial y fixión con la x que le dona Lacan).
No es lo mismo, no da igual, que la transmisión sea de un ser de carne y hueso a otro ser de carne y hueso, no es lo mismo que haya un lazo, y decir lazo social es decir discurso, es hablar de palabra en función, del esquema del peine que magistralmente se desarrolla en los textos, de cómo hay palabra que hace a la identidad de sujeto, afectada por el decir inconsciente, hablar como aquello que propiciamos en un análisis, aunque no únicamente ahí, un hablar para decir.
No es lo mismo y no da igual que la viralidad de la palabra que se transmite por la potencia de las latas, que no se inscribe, que no enuncia, que no encarna, que no da lugar a ningún lazo.
Si necesitamos volver a pasar por Benjamín, por El natrador, por la transmisión de la experiencia, es porque también hay que reconocer que las cosas pueden ser de otro modo. ¿Es posible que hoy, aunque en otras formas, nuestras voces también se ahoguen entre ficciones y simulacros? ¿Estamos enmudecidos o corremos el riesgo de estarlo?
Que haya transmisión, narración y experiencia compartida es algo que puede no suceder y Helga lo dice con la seriedad que la cuestión comporta. Leo textual lo que dice: Considero, sosteniendo lo que afirmo con toda la gravedad de la que soy capaz, que quienes somos herederos del paradigma Ilustrado, lo reconozcamos o no, menospreciamos la fuerza de la ficción. Nuestra renuncia a este poder ancestral ha sido tan profunda que los arquitectos de la hiperstición, esos tejedores de realidades sintéticas se convirtieron en los nuevos magos de la era digital con sólo emplear mínimas dosis de esta función del lenguaje, amplificadas por la maquinaria hype.
El texto da cuenta de un recorrido, un viaje hacia la forma en que construimos sentido en el mundo contemporáneo, y como en ese proceso las narrativas nos afectan, nos transforman.
¿En las redes, quién habla? Si entendemos el ciber espacio justamente como un espacio de potencialidades, donde narrativas insertadas en el presente pueden restructurar el devenir, ¿significa entonces –es una pregunta que me hago leyendo el texto– que el sujeto de la hiperstición es arrastrado o intervenido por estas fuerzas externas y futuros virtuales, lo que estaría sugiriendo una disolución de la subjetividad hacia una especie de red abstracta o maquínica?
Lacan, como nos recuerda el texto hace una intervención en el concepto de ficción que no es meramente ortográfica al introducir la x, esta fixión es necesaria para que el sujeto pueda ubicarse en su tiempo y en su historia, la fixión supone un proceso subjetivo, un núcleo de verdad puesto en juego más allá de lo simbólico, implica un acontecimiento singular, que no es sin lo real en juego, lo que resuena singularmente para cada quien.
Hay otra invitación en el texto a recoger el guante de la necesidad de nuevas ficciones que estén a la altura de la época, esta invitación no desconoce el efecto transformador que las ficciones fixionalizadas tienen, efecto de resistencia, de nuevas formas de pensar, de incidencia en lo colectivo, proceso que no es viral, pero si transformador y hace huella.
Algo pasó, observaba Benjamín viendo los hombres enmudecidos volver de la guerra, y ese algo pasó cuando las batallas ya no eran cuerpo a cuerpo, hombre a hombre, sino que las nuevas técnicas de guerra, las nuevas armas no daban oportunidad a lo que cada uno podía hacer.
La hiperstición, nos ilustra Helga, la más nueva de las letosas, surge de una visión posmoderna y aceleracionista, puesta a rodar con cierta intención y potenciada, al igual que las nuevas armas de la guerra por las técnicas actuales.
Sigo las hipótesis de Helga; ¿nos transformaremos en letosas?, el lenguaje sintético, ¿podría producir una mutación antropológica al punto tal que un hablante podría elegir la encarnación o la conexión al lenguaje?
El texto deja planteadas una andanada de preguntas que seguiremos trabajando, porque están para seguir, para abrir y también trae dos excrituras, conmovedoras ambas, me darán la razón cuando las lean, donde lo que se escribe fixiona y hace lazo, dejando en claro que las ficciones con su potencia performativa de la realidad son terreno donde el futuro se disputa, y este texto como un faro que orienta nos señala que es por ahí.
Espero que disfruten la lectura de este trabajo, tanto como la disfrute yo.
Muchas gracias.
[1]Fernández, Helga, La hiperstición, la más nueva de las letosas, Caba, Argentina, 1a. ed., Colección: ensayo portatil, En el margen. Revista de psicoanálisis, 2024.
[2]Fernández, Helga, Mandíbulas autómatas. La palabra en estado viral y los huéspedes precarizados, Caba, Argentina, 1a. Ed., En el Margen. Revista psicoanálisis, 2024.
[3]Fernández, Helga (2020), para un psicoanálisis profano, Caba, Argentina, 1a ed. , Editorial Archivida, 2020
[4]Fernández, Helga, la carne humana, una investigación clínica, Caba Argentina, 1a. ed., Editorial Archivida, 2022.
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