Estoy verde. Por María José Colombo

Imagen: Acá afuera. María José Colombo

Cuidado editorial: Yanina Marcucci


Ante las políticas que dictan sus preceptos a través de la fijación del sentido de algunas palabras y composición de letras, desde nuestro lugarcito en el discurso jaqueamos el orden decretado y nos reapropiamos de la materia de la metáfora.

Con ustedes y para ustedes, para todxs nosotrxs, anunciamos una nueva sección: TNU, texto de necesidad y urgencia.

Textos que no obligan nada a nadie. Textos con los que cada quien subjetiva, lee, venga, defiende y construye la vida que nos hurtan.

Delegación editorial


Este texto fue escrito en la compañía de 

El afuera, de Margarita García Robayo y 

La hiperstición. La más nueva de las letosas, 

de Helga Fernández

El patio crece soberbio. Quiero estar poniendo y sacando cosas afuera. Regar, regar descalza con los pies mojados a la tardecita y la piel tirante de haber pasado el día afuera. Estar con este sol y esta sombra, estos yuyos y pimpollos. 

¿Podré escribir acá?

Empecé algo y ahora soy otra. Se me agotó el hilo no el entusiasmo, y mis dedos no quieren, mis manos quieren regar o amasar o pintar paredes en las calles que digan “basta” o “estamos perdiendo la condición humana”, o con mayúsculas: “¿CUANTO MÁS?”, y por qué no un: “¿Cuál es tu parte en el desorden del que te quejas?”

A veces son tantos los momentos que le inyectamos al cuerpo que no da abasto.  

No damos abasto. 

Agarré la escoba de paja y me fui a barrer. 

*

Así no se puede. 

No se puede. 

*

El jueves a la noche fui con mi compañero a un centro cultural. Unos amigos habían armado una puesta que dieron en llamar Círculo Cromático1: una banda de rock rioplatense, un muralista y un escritor, a quien le gusta nombrarse coleccionista de historias. 

Luxor acariciaba el bastidor con rodillo negro. En sombras delineaba lo que a lo largo de la noche fue tomando forma de mujer con venas ramificadas, brotes y rayos; Juan entre letras y su presencia daba cuerpo a las palabras, cada frase hacía germinar otro espacio. De la Orilla abrazaba potente con sus canciones. 

Letras, acordes, tinta y cuerpos se fueron orquestando para componer otra cosa. 

Desde el buffet del fondo salían platos con empanadas y vasos entre las luces y sombras, y por la puerta de entrada la hiedra, que no se quería perder el encuentro, se colaba desde el patio por la puerta de madera.

Ya casi terminando, Luxor rodilleó nítido en negro las palabras que Juan rato antes había prepoteado en poesía: 

“¿Sabés cuánto sol te hace falta para marchitarnos las flores?” 

A esa altura ya todos cantábamos De este lado2 que sin pausa fue tomando fuerza. 

No estoy enojado. No estoy irascible,

susceptible, ni colérico y sacado.

Estoy humano.

Decime qué pensás sin medir.

Tu prosa resbalosa me está cansando

No edulcores tu verdad.

Quiero saber

con qué veneno me estás apuntando.

Terminamos a meta cumbia… 

Toda esa quietud, eso contenido.

Déjate llevar. Y que se pique la armadura. 

No te vayas sin dejar entrar esta cumbia

No te vayas sin dejarla entrar3 

Agradecieron el estar, agradecieron el destinar unos mangos apoyando lo que hacen, agradecieron que estemos bancando la cultura.

Yo quería gritar: ¡no la bancamos, nos hace falta! pero aplaudí.  

*

Ayer con una amiga4 estuvimos de tour psicoanalítico. 

En el Conti, psicoanalistas conversaron junto a un escritor y dramaturgo alrededor del título «La comedia del miedo»5. Ponencias, decires e intercambio. 

Si bien en algunos momentos me reí, fue más miedo y asombro lo que sentí al pescar lo difícil que está la comedia. Tan corrido el margen, tan absurdo el discurso, tan propagandística la palabra, tan el colmo del colmo, que desorienta.  

Después nos fuimos a La Libre, librería, a la presentación de «Trazas de lo sensible»6. Tres textos en papel, dispuestos en una cajita de cartón blanco abraza y cuida la fuerza que reúne: Lo sonoro, tierra natal, Hacer lugar a lo que no tiene lugar y Al amparo de la ficción.

Varios dieron voz y cuerpo a un texto compuesto con palabras de esas trazas.

Entre libros y los presentes, llegó la música. La potencia, que no se escuchó en el volumen de las voces, la sentí en mi garganta. El misterioso dragón, que cantaba de chica a viva voz en mi casa, sonaba esta vez en versión sutil y despojada. Y fue creciendo, sumando a uno y a otro y otro y otro en susurro insistente. 

Ese mismo día recibí de otra amiga7 una nota que guardé para leer en otro momento, el domingo con los primeros mates. 

Cuando la ficción incomoda al poder, la reacción es prohibirla8.  Una escritora hilvana una idea entre cine y literatura incluyendo un sentir entre los personajes de Intensamente: Azoramiento. Un sentir, que al ubicarlo permite decir otra cosa.

Tal vez, encuentro, con nueva precisión.

*

Así no se puede. 

No se puede. 

A esta altura me río cuando escribo No se puede como estribillo. Lo leo o recito como “No hay plata”, como palabras vacías y mentirosas, como apeten chem ben

No hay plata, 

no se puede… 

Pero estoy escribiendo. 

*

Si no queda luz ya no queda nada

si no queda luz, no queda nada

¿Dónde queda espacio?

¿dónde queda el tiempo?

¿Dónde quedo yo si no me encuentro?9

Escribir me orienta.

*

En cada uno de esos espacios, nos agradecemos la presencia, el estar, la palabra digna, no devenida a signo o banalizada, no gastada, no propaganda. El insistir estando ante el no entender, ante el colmo de los colmos, ante la propaganda y lo absurdo. 

Me volví a acordar de una pregunta hermosa de dos compañeros, que la ando paseando cada dos por tres: 

¿Qué sucedería si nos pensamos colectivamente como un conjunto de fragilidades que se reúne ante aquello con lo que no sabe qué hacer?10 

Aún no sabemos, 

o sí. 

La Plata, diciembre 2024.


Referencias

  1. Círculo cromático. De la orilla, Luxor y Juan Solá en Casa Jirón. 21/11/24. La Plata. ↩︎
  2. De este lado. Roto, 2023. De la orilla. ↩︎
  3. Se pica. Roto, 2023. De la orilla. ↩︎
  4. Agostina Miranda, con quien ficcionamos una plaza para dar lugar a E S C R I B I R, espacio de conversación y acercamiento a una práctica. EFLA sept. y octubre 2024. ↩︎
  5. La comedia del miedo. Centro cultural de la memoria Haroldo Conti. Mauricio Kartun, Ricardo Nacht, Alejandro Kaufmann, Daniel Casabianca. ↩︎
  6. Presentación Trazas de lo sensible. En el margen. La libre Librería. Lo sonoro tierra natal. Marisa Rosso. Leticia Gambina. Hacer lugar a lo que no tiene lugar. Agostina Taruschio, y Al amparo de la ficción, Viviana Garaventa. ↩︎
  7. Silvia Basañez, amiga linqueña, presente desde mis primeros pasos. ↩︎
  8. Debate por Cometierra, Intensamente, made in Argentina. Por Claudia Piñeiro. 21/11/24.  https://cenital.com/intensamente-made-in-argentina/ ↩︎
  9. Si no queda luz. Roto, 2023. De la orilla. ↩︎
  10. Agostina Taruschio. Sebastián Salmun. La institución (im)posible 
    Fanzine II. En el margen. ↩︎

María José Colombo nació en Lincoln, provincia de Buenos Aires. Estudió Lic. en Psicología en la UNLP. Ejerce la práctica analítica con adolescentes y adultos. Miembro de la Escuela Freud Lacan de La Plata.


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