La aventura de leer a Ferenczi. Por Laura Gobbato *

Cuidado editorial: Andrés Hofman y Mariana Castielli


“Es indispensable que el analista sea al menos dos, el que produce efectos y el que a esos efectos los teoriza”. (1)

Esta máxima lacaniana resuena al leer a Ferenczi y a los llamados postfreudianos. Conmueve comprobarlo con Karl Abraham, Lucy Tower, Donald Winicott, Ernest Jones, Sandor Ferenczi, Theodor Reik, Ella Sharpe, Melanie Klein, Phyllis Greenacre, Margaret Little, Hilda Doolitlle entre otros, muchos de ellos citados por Lacan a lo largo de varios de sus seminarios.  

Practicaban el psicoanálisis y escribían, se interrogaban sobre el lugar del analista y sobre su quehacer clínico, teorizaban e intercambiaban entre ellos, camino ya señalado por Freud. Algunos de sus aportes constituyen con todo derecho antecedentes, precedentes o esbozos de ideas sobre las cuales se irá ¿montando? ¿sirviendo? ¿apropiando? Lacan para hacer su propia creación. No son sólo subrayados por Lacan, son los que escribieron antes y a quienes no sólo sólo sugiere, sino que indica leer, mostrando en acto que él lo hace.

Decisión que le permitió su retorno a Freud, ya que en esos escritos pioneros pudo balizar bastiones fundamentales que en algunos casos se desviaban de la invención freudiana, abriendo cauces que debilitaban el principal.     

En la sesión del 19 de diciembre de 1962 del seminario 10 se pregunta si lo que enseña  puede facilitar el acceso al reconocimiento del propio camino, jugando ahí con la doble cuestión de quienes se analizan y leen con él a partir de su seminario. En definitiva, se trata de la operación de la lectura: “poder mostrar que se sabe reconocer en los libros, lo que hay efectivamente en los libros”. (2) En ese punto comenta que es justamente un analizante quien le acerca Thálassa, una teoría de la genitalidad de Sándor Ferenczi.

Aunque había guardado siempre una especial simpatía por Ferenczi al haber escuchado de su originalidad y osadía, de su trabajo con pacientes graves, de sus diarios clínicos, de su conflictiva y a la vez rica relación con Freud, debo reconocer honestamente que nunca lo había leído, y encarar Thálassa me sorprendió a la vez que me puso de nariz contra mis prejuicios. 

Existe un sesgo no asumido pero repetido entre analistas, en el que descubrí que estaba incluída, que consiste en la idea de que los postfreudianos corresponderían a una época o estrato teórico específico pero muerto, rudimentario y “evolutivamente” superado, lo cual hace que pasemos por estos autores a vuelo de pájaro y sin detenernos, sin tomarlos en definitiva como textos vivos, con una decisión de lectura curiosa, comprometida, en definitiva, analítica. Si un analista es al menos dos, el que teoriza debería despojarse de algunos preconceptos.    

Primera recomendación entonces, al modo del Dante, “lasciate ogni prejuicio”, si quieren acercarse a este autor y aventurarse a la experiencia de leerlo para descubrir su singular legado.

Algunos datos imprescindibles

Sandor Ferenczi nace en Miskolc, Hungría, en 1873, y muere muy joven, en 1933 en Budapest, Hungría. Estudia medicina en Viena, ejerce como psiquiatra y en 1908 conoce a Freud, con quien traba amistad rápidamente. Original, audaz, respetuoso y, a la vez que tributario de Freud, con el coraje de las propias ideas y de la propia escritura. 

En el Diccionario de Psicoanálisis de Elizabeth Roudinesco y Michel Plon (3) se lo presenta como un terapeuta talentoso que siempre se inclinó hacia el lado más fino de la cuerda, tanto en las relaciones políticas y sociales, en la relación entre niños y adultos, entre pacientes y analistas, entre homosexuales y heterosexuales, entre hombres y mujeres. Sintonizó con algunas minorías, muy de avanzada para esa época, yendo más allá de la opresión a la mujer para pensar en todo un sistema de opresiones que organiza las sociedades. Trabajó con pacientes muy graves, con prostitutas, empleadas domésticas, homosexuales, participando en un comité de defensa de los homosexuales perseguidos. 

Esta actitud ética merece ya al menos una acercamiento a su lectura. 

Quedan para otra ocasión su discusión con Freud sobre la fantasía y el trauma, la diferencia de lenguajes entre el adulto y el niño, sus aportes sobre la transferencia y la elasticidad, el tacto y la simpatía, el fin de análisis. Es mucho y muy rico lo que nos dejó y necesita de una lectura atenta y dedicada. 

Intentaré acercar en este escrito algunas referencias sobre este ensayo a modo de homenaje y de incitación a su lectura.

Una teoría onto y filogenética.

“Y desde el Océano surgirá la vida, la organicidad de la materia y se engendrarán las catástrofes que marcan las vicisitudes de la humanidad”. (4)  

Thalassa significa mar en griego.  En este ensayo Ferenczi parte de la clínica de la impotencia masculina y de la lectura de Tres Ensayos para una teoría sexual de Freud, para elaborar  su propia teoría onto y filogenética de la genitalidad. A través de ella propone un retorno a los orígenes mismos de la vida biológica a partir de la matriz del mar como madre y al período geológico anterior al desecamiento de los mares en el que surgieron los mamíferos. 

Para Ferenczi está claro que en el acto amoroso la ontogenia repite la filogenia, el hecho individual, la magna escena cosmogónica. 

Su desafío es constituir las bases de lo que él llama el bioanálisis, reuniendo la teoría psicoanalítica con las teorías de la evolución de las especies de Haeckel, Lamarck y Darwin. Las carencias en su formación científica, lejos de inhibirlo, le permiten desplegar  una gran capacidad de invención para dar cuenta de eso que no termina de saberse y que desea investigar y cernir.

Una amalgama de teoría e imaginación científica, mito, (la madre y no el padre como Freud en Tótem y tabú) fantasía cosmogónica, y, casi podríamos decir, ciencia ficción.

Si Ferenczi se aventura en territorios inexplorados más allá de lo escrito, ensayando su propia representación cartográfica, leerlo es una invitación a que lo acompañemos con la misma actitud de valentía y entrega.  

Se sabe de la compleja relación que lo unió a Freud, y que al final los opuso. La ambivalencia que se lee en su obituario en 1933 donde Freud dice que Thalassa “es su obra más brillante y pletórica de ideas”.  “El pequeño libro de Ferenczi es un estudio biológico más bien que psicoanalítico…por cierto la más audaz aplicación del psicoanálisis que se haya intentado jamás…” (5)

Plantea además que es necesario “leerla en dos tiempos porque es demasiado para una primera vez”, apreciación correcta según mi propia experiencia. Más adelante dirá que quizás llegue a existir realmente alguna vez un bioanálisis como lo ha proclamado. Lo respetaba y lo homenajea, según dice Néstor Braunstein, entre la admiración y el desconcierto, con un tono irónico y ambivalente. 

Braunstein nos dona también el dato de la existencia de un escrito de Freud que no fue traducido del inglés, hallado en Londres en 1984 en la correspondencia Freud Ferenczi, la que de casualidad no se pierde.

Ahí Freud habla, como en otros lugares, de la cuestión filogenética:  “Una fantasía filogenética”, (parece un título digno de Sándor), explora la posibilidad de que las neurosis podrían haberse originado como respuestas adaptativas a eventos traumáticos pasados o a cambios ambientales en la historia de las especies, exactamente lo que plantea Ferenczi en Thálassa. ¿Sigue una línea que Freud decidió no seguir? ¿Explicaría esto algo de la ambivalencia de Freud? ¿Demostraría una relación de colaboración y trabajo conjunto? ¿O como más arriba decía, la audacia de investigar por su cuenta? El obituario de Freud, esta línea tomada por Ferenczi, ¿son a la vez muestras del amor y odio al padre, de los conflictos, pasiones y rivalidades, humanas, tan humanas, que atraviesan toda relación y producción, más aún en tiempos de pioneros?        

En el prólogo escrito por el mismo Ferenczi cuenta el contexto específico de la escritura de su ensayo, el otoño de 1914, plena Primera Guerra Mundial en la que es reclutado por el ejército de los húsares. Trabaja como médico de día, escribe Thálassa y traduce Tres Ensayos al húngaro de noche. No retrocede ni ante la guerra ni en su deseo, aunque “…debo confesar que las ideas que me dispongo a comunicar han permanecido enterradas en mi escritorio durante más de nueve años, y sospecho que mi indecisión en hacerlas conocer no es sólo atribuible a causas externas sino a mis propias resistencias…” (6). No es sin resistencias que avanza, y veremos, tampoco sin contradicciones y puntos ciegos.

Pasaron 10 años desde que fuera escrito, en 1914, hasta que fuera publicado, en 1924. Otros 10 años más para que fuera traducido al inglés, en 1934.  Finalmente en 1983 llega al público de habla castellana en una única edición de Letra viva, con traducción de Alcira Mariam Alizade. El desinterés por abordar esta obra lo ha convertido hasta ahora en un incunable. 

La anfimixis de los erotismos

“…hay que sacar a la sexualidad del ponzoñoso gabinete de la ciencia, en donde estuvieron encerrados bajo llave durante siglos “(7). Audaz y certera afirmación que va de la mano con su convicción de lo inevitable de introducir las nociones de biología en la psicología y de la psicología en las ciencias naturales. 

Podemos seguir en su lectura que pendula de lo científico a lo analítico como si fueran una continuidad. Intenta unirlos, como luego propone con los erotismos, traza paralelismos entre ellos.

Sus reflexiones se originan en ciertas observaciones psicoanalíticas sobre la impotencia masculina, reconociendo a Karl Abraham como un tesonero investigador de las llamadas “organizaciones pregenitales”. Parte del suelo de la clínica y de producciones teóricas anteriores, Karl Abraham, Freud y sus Tres ensayos

“…Estas observaciones me condujeron a encarar la hipótesis de que para la eyaculación normal es indispensable una armonía sinergética de las inervaciones anal y uretral; si es imposible aislar estos dos tipos de inervación es porque se enmascaran o encubren mutuamente…” (8)

Intenta ubicar esta exposición en el contexto de la teoría sexual de Freud aclarando que lo que describió en términos fisiológicos como coordinación de las inervaciones puede ser expresado en el vocabulario de la teoría sexual como una síntesis o fusión de los erotismos anal y uretral en el erotismo genital: “…me permito enfatizar esta nueva concepción otorgándole un nombre: llamaremos anfimixis de los erotismos o de los instintos parciales a la fusión de dos o más erotismos en una unidad superior”….(9) 

Explica que se podría cuestionar este concepto de anfimixis desde el mismo psicoanálisis y la metapsicología pero que los desplazamientos cualitativos están presentes en los fenómenos de materialización histéricos, por lo que eso nos permite trabajar con la hipótesis de erotismos desplazables, capaces de interactuar entre sí. 

Llega así a lo que considera como ejemplo de otros desplazamientos de las cualidades eróticas, el caso en la mujer del pasaje del erotismo del clítoris a la vagina, descrito por Freud y al cual me referiré más adelante.

Termina diciendo que todas estas observaciones fortalecieron en él la idea de que todo el acto sexual sería anfimíctico, una suma anfimíctica de los erotismos más tempranos, y que semejante desplazamiento y fusión de los instintos se produciría durante toda la vida. Sugiere que esta mezcla no indica auto, homo o hetero elecciones de objeto, sino que es una cualidad general.

“…El aparato genital ya no constituiría así la única e incomparable varita mágica hacia la cual confluyen los erotismos sino que la anfimixis genital sería un caso particular entre las numerosas posibilidades de combinación…” (10)

Luego señala que …“sabemos que los estadios principales en el desarrollo de la libido consisten en la evolución, desde el autoerotismo vía narcisismo hacia el amor objetal genital.” (11). 

Al mismo tiempo que plantea una evolución que lleva hacia una maduración genital, la cuestiona, y abre con la anfimixis y el desplazamiento a otro modo de pensar no evolutivo sino de intrincación. Escribe, teoriza, piensa, se contradice, inventa.

Este coito pensado en sí mismo como una anfimixis intenta según él, la unión de los cuerpos para retornar al vientre materno, constituyendo una regresión alucinatoria y simbólica a la situación del útero materno; el momento del orgasmo sería el del goce con los genitales y el de disfrutar nuevamente de la existencia intrauterina. 

También plantea una analogía entre el sueño y el coito con la situación intrauterina. Ambos procesos tienden según su opinión al mismo objetivo regresivo, el retorno al seno materno, a lo que él llama regresión thalássica, emparentándola con el mar originario del período anterior al desecamiento de los mares. El deseo inconsciente de regresar al cuerpo de la madre, garantizaría tanto la perpetuación de la especie a través del coito como la regeneración del individuo a través del sueño.

Llega a preguntarse “…  ¿si la existencia intrauterina de los mamíferos  fuese sólo una réplica de la modalidad de vida en la época marina,  si el nacimiento no fuera más que una recapitulación individual de esa gran catástrofe que en ocasión de la retirada de los mares obligó a tantas especies animales, como así también a nuestros propios antepasados animales a adaptarse a una existencia terrestre?…” (12)

Vemos aquí esa continuidad de la que hablábamos al principio entre la biología y el psicoanálisis, lo que él llamará bioanálisis, un intento de inserción del humano y su sexualidad en la vastedad biológica de la especie y en su evolución.

Thalassa es mar, es vientre materno, es sueño, es coito, también resecamiento, parto y nacimiento como trauma. Es expresión simbólica de lo arcaico, su continuidad y su ruptura, no algo más evolucionado sino lo que se pierde en el origen de la vida.

En resumen, partiendo de Tres ensayos de Freud, Ferenczi profundiza en la explicación del coito con el concepto de anfimixis para intentar el desarrollo de una teoría genital desde una perspectiva onto y filogenética.

Anfimixis femenina. Un subrayado de Lacan.

Volvamos entonces a la anfimixis y particularmente al caso femenino, tomado por Lacan en la sesión del 19 de diciembre del seminario 10.

¿Por qué Lacan recurre a él en este punto? ¿Qué nos señala, qué podemos leer ahí? En principio que Ferenczi es claro y contundente sobre el problema de la mudanza erógena y de la erogeneización de la vagina como asociado a la represión y a los mecanismos histéricos.  

 “…El desarrollo genital sufre en la mujer una repentina interrupción, que se caracteriza esencialmente por el desplazamiento de la erogeneidad del clítoris (pene femenino) a la cavidad vaginal. La experiencia psicoanalítica nos induce a suponer que no sólo la vagina sino también, como la histeria lo demuestra, otras partes del cuerpo pueden genitalizarse…” (13)

Lacan va a cuestionar que esta interrupción sea una anfimixis, la secuencia de las fases evolutivas y el progreso dialéctico que están indudablemente presentes en este ensayo, pero va a resaltar esta histerización de la vagina que Ferenczi plantea.

Lacan dice que la vagina no está inervada, y que el orgasmo se produce por la mediación del deseo y de un mecanismo histérico, no por una evolución a algo superior o por un pasaje de lo masculino a lo femenino, sino que es una histerización de la vagina.

“Lo único que puede permitirnos no poner a la histeria ya sea al final ya sea al principio, de las supuestas fases evolutivas, es ponerla de entrada en relación a lo que prevalece, a saber, la estructura sincrónica y constituyente  del deseo en cuanto tal, donde lo que yo designo como el lugar del blanco, el lugar del vacío, desempeña una función esencial…” (14). 

Lacan pone la cuestión del deseo más allá de toda diferencia y de cualquier idea evolutiva.  A pesar de las contradicciones que he situado, esto puede ser leído en Ferenczi. Si bien coexisten un planteo de interrupción, pasaje y anfimixis al mismo tiempo, se puede leer que hay un más allá de una evolución de algo rudimentario a algo más evolucionado o de un pasaje de la masculinidad a la feminidad, porque hay un desplazamiento y también una reorganización. En todo caso, una incluye a la otra, y ese desplazamiento sería una erogeneización, algo relativo al deseo.

En el mismo punto donde Ferenczi abre también cierra. Habla de evolución, síntesis y fusión, de armonía final con un objeto genital maduro, de completud y del coito como plenitud regresiva, a la vez que plantea un desplazamiento y una histerización. 

Ahí donde varios de los analistas postfreudianos quedaban detenidos en las fases evolutivas, en un pasaje de lo más precario a lo más evolucionado, conformándose la noción de la vagina como órgano propiamente femenino y el par varón-mujer,  Ferenczi lo plantea, en la línea freudiana pero yendo más allá, como una mudanza erógena, y en esa novedad nos abre una puerta. 

¿Podemos suponer esto como semilla o como línea común de lo que algunos feminismos cuestionarán más tarde sobre la diferencia de cualidad o grado entre el orgasmo clitoridiano y el vaginal, de superioridad de uno sobre el otro? ¿Funcionaría también como antecedente de lo que luego trabajará Lacan, la cuestión del deseo más allá de toda diferencia evolutiva sexual, produciendo esa gran innovación teórica que son los matemas de la sexuación?

Con toda esta apertura de lo femenino que Ferenczi se atreve a producir, dándole un lugar inédito a la mujer y a su goce sexual, sigue siendo un hombre de la época, límite insoslayable tanto para las personas como para sus teorizaciones. Encontramos comentarios en relación a las mujeres muy sesgados, casi misóginos, a la vez que se plantea las consecuencias para ella de la eyaculación precoz de su pareja.  

En la obra del autor la madre, la mujer y lo femenino pueden captarse de diferentes modos, pliegues y texturas: se diferencian, se fusionan, se continúan, se contradicen, reproduciendo las mismas operaciones que efectúa con el psicoanálisis y la ciencia. ¿Anfimixis conceptual tal vez? En cualquier caso, efecto y consecuencia del deseo de  quien se atrevió a escuchar, a escribir, a decir lo suyo,  anfimixis de sus producciones innovadoras y de su límite teórico, que pueden apreciarse aventurándose en la lectura de este hermoso ensayo.

*Este texto fue escrito sobre una intervención realizada en el seminario “Lacan antes de Lacan”, organizado por los psicoanalistas Martín Boselli y Héctor Franch desde 2024 en la Facultad de Humanidades y Artes de la Universidad Nacional de Rosario. La propuesta es seguir el gesto lacaniano de leer a los analistas que, bajo el nombre de postfreudianos por ser aquellos que siguieron a Freud, dejaron una interesante escritura sobre su clínica.


Citas bibliográficas   

  1. Lacan, Jaques. Seminario XXII. RSI.    
  2. Lacan, Jacques, Seminario X. La angustia. (1962-1963). Ed. Paidós.
  3. Roudinesco, Elizabeth. Plon, Michel. (2008) Diccionario de Psicoanálisis. Paidós.
  4. Ferenczi, Sandor. Thálassa, una teoría de la genitalidad. Buenos Aires, 1983. Letra Viva.
  5. Braunstein,Néstor.https://revistas.unal.edu.co/index.php/jardin/article/view/27216/27491.
  6. Idem.
  7. Idem
  8. Idem.
  9. Idem.
  10. Idem
  11. Idem.
  12. Idem
  13. Idem.
  14. Lacan, Jacques. Seminario X. La angustia.(1962-1963). Ed. Paidós. 

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