Sujeto, Repetición y Goce*. Por Analía Stepak**.

 


En este artículo, Analía Stepak se detiene en cómo el sujeto encuentra en el final de un análisis “nuevos horizontes para la pulsión” a la vez que el límite del saber.  Aunque, sin temor ni piedad, también hace lugar, considera, cuenta, los restos no asimilables ni interpretables, las insistencias gozosas que se repiten y no sucumben con el análisis. Afirmando que “no siempre el análisis puede “deshacer por la palabra lo que fue hecho con la palabra””. Entendiendo a esta “insuficiencia” como uno de los modos de confrontación con lo imposible.

Agradecemos a la autora su colaboración tanto como el tratamiento del tema.

Helga Fernández, edición.


¿Qué alcance darle al término sujeto? Para el psicoanálisis un sujeto es lo que representa a un significante para otro significante; en tanto representado está ausente, dividido, producido por una articulación significante, marcado por la palabra, por una hendidura que nos indica que para cada quien, no se trata de la relación con un objeto, sino del fantasma que lo sostiene como deseante, mientras que supone que en el campo del Otro se organizan y determinan sus elecciones. Sujeto que se constituye con relación al Otro, y que a diferencia de lo que postulaba Jones, se presenta al comienzo de un análisis afanicizado mientras es el deseo del Otro,  el que comanda. Sujeto que se funda en el Otro y está determinado en todos sus detalles por los efectos del significante.

Es en el análisis que el sujeto se confrontará necesariamente con el deseo del Otro. Análisis que permite captar esa abertura sobre el corte, para poder ubicar la situación del deseo. Deseo que sabemos ilusorio, que siempre se dirige a un resto: resto de la relación del sujeto con el Otro, fundamento del sujeto deseante a localizar en tanto que alrededor del mismo girará el deseo. Resto que descompleta al Otro y causa el deseo permitiendo enlaces diversos.

En su visita a EEUU en la conferencia de Baltimore Lacan se pregunta ¿dónde está el sujeto? para afirmar “es necesario encontrar al sujeto como un objeto perdido…” se rectifica luego y afirma “este objeto perdido es el soporte del sujeto”.

Si un sujeto no se inscribe más que como repetición infinita nos preguntamos hoy una vez más por la articulación entre la repetición y el goce ¿De qué modo se anudan las relaciones de goce del sujeto? También me interesa indagar la relación de la repetición con lo real.

El sujeto dispone de las repeticiones y, análisis mediante, podrá encontrarse con un trazo que hace diferencia con el Otro,  será la emergencia de lo aparentemente idéntico, la que  crea la entrada a lo real.

En cada nueva vuelta nos topamos con la irrupción de un goce que permite situar una nueva pérdida. Es la vuelta, la repetición, la que desgasta o percute el goce que parasita al sujeto, de modo tal que nos da la oportunidad en un análisis de detenernos en los refugios en los que él se parapeta esencialmente dividido. Sujeto del inconsciente que embraga sobre el cuerpo, cuyo discurso solo puede ser leído a la luz de su resorte inconsciente, que aparece y desaparece en una pulsación repetida como efecto del significante.

Sabemos que la marca se inscribe en el cuerpo, marca indeleble que insiste y se repite advirtiéndonos que el saber inconsciente se soporta por las huellas que esa insistencia deja: “no de la verdad sino de su repetición” (1).

Se repite en transferencia dando lugar a poder leer en dicha repetición el trazo del sujeto, rasgo unario que hace diferencia con el Otro, con su deseo. Es en transferencia que se juega la posibilidad de interrumpir un goce, en tanto la repetición  en su insistencia, en su retorno, produce una mengua del mismo. Lacan lo dirá de este modo en L´etourdit: “el sujeto queda a merced de su dicho si éste se repite”. (2) Repetición que entendemos convoca la emergencia del sujeto. Lo que se repite, el hecho significante engendra al sujeto.

Si bien constatamos una y otra vez que el sujeto dispone de las repeticiones, no consideramos que el fin del análisis se trate de la exhaustación de la misma, sino que conmovidas las fijaciones que interrogan los puntos de pérdida, se dará a leer como se fue produciendo el discurso de la renuncia al goce que irrumpe en lo real y no puede ser capturado por el significante. Es el discurso analítico el que articula esta renuncia y permite que un sujeto se anude a otros goces, de otro modo.

La economía del análisis es un hecho de discurso, cabe resaltar que el goce es también efecto  de discurso a interrogar, a perder, y fundamentalmente a reanudar.

Respecto a lo antes planteado me interrogo con asiduidad por los impasses del goce, por sus restos irreductibles, a pesar de las innumerables vueltas de los diversos análisis, por lo que no entra y en ocasiones no será factible que acceda al trabajo del análisis.

¿Qué incidencia tiene para cada quién como fue dicho, nombrado, alojado? Si todo lo que es dicho hace gozar entendemos que esto tendrá sus efectos en el fantasma.

Constatamos en diferentes curas  que hay goces que no caducan, que a pesar de las muchas vueltas de los análisis permanecen desanudados, a veces locos, aquejando al sujeto.

Quien habla se confronta con el significante, síntoma o no, también con el fantasma, a sabiendas que ambos son medios artesanales que no siempre resuelven los impasses del goce. Quien habla está afectado por el Otro.

En muchas ocasiones los análisis pueden interrumpir ciertos goces que se prefijaban para el sujeto como un destino en su insistencia compulsiva, permitiéndole a cada quien anudarse de otro modo y gozar de la vida.

Y en aquellos casos en los que cuales esto no se produce ¿que podríamos formular? ¿Será pertinente pensar,  que el análisis no se detuvo suficientemente en la pregunta de qué clase de objeto es el sujeto para el Otro,  interrogando la verdad de lo que se ha creído ser para él? ¿Será que dicha interrogación se eludió convenientemente por las consecuencias perturbadoras que podría el sujeto hallar en ciertas oportunidades? En cuyo caso ¿qué relación suponer entre el goce y la verdad? Entendemos que la repetición permite articular un efecto de verdad que aspira a aquello que cae del saber y que el lazo de quien habla a la verdad, dependerá del modo en que ese sujeto sostenga su goce.

Solo contamos con el a, que no pertenece al sujeto ni al Otro, que resiste a la significantización, a como núcleo elaborable de todo goce, como efecto de la caída, como causa de la Spaltung del sujeto, refugio detrás del cual se perfila indefectiblemente el Otro.

Me resultó de sumo interés encontrarme en esta oportunidad con lo siguiente: “Es este significante del goce, este significante excluido (el significante fálico) alrededor del cual se ordenan todas las biografías…se trata de explorar no solo la historia sino: saber, goce y objeto a, de qué modo fueron ofrecidos efectivamente al sujeto” (3).

Quisiera detenerme especialmente en el modo en que estos términos: saber, goce y objeto a, fueron ofrecidos al sujeto, quizás allí hallemos la clave de lo que no caduca, de lo que insiste y repite una vez más.

Lo que resta al final de un análisis no solo es lo irreductible del goce. Cada quien encuentra en un final nuevos horizontes para la pulsión, también la inevitable confrontación con el límite del saber. Si el análisis opera eficazmente nuestro sujeto podrá anudarse de otro modo. Sin embargo en esta oportunidad me interesó detenerme en los restos no asimilables ni interpretables, en las insistencias gozosas que repiten y no sucumben con el análisis. No siempre el análisis puede “deshacer por la palabra lo que fue hecho con la palabra”. No todo se puede decir, no todo se puede analizar y allí habremos de confrontarnos con lo imposible. Estamos advertidos respecto de que ningún discurso puede decir la verdad, es más: la orientación de la verdad no es hacia un saber, verdad que habremos de buscar en las fallas  del enunciado. Verdad de la que en el mejor de los casos, podremos captar solo un pequeño fragmento.

Si un sujeto puede producir nuevos enlaces con relación al enigma de su deseo, es en tanto vuelve a pasar una y otra vez por el objeto a. Avanzando más allá del descifrado del inconsciente y deteniéndose en la cifra de goce que lo retuvo.

Es la operación analítica la que confronta a un sujeto con su decir hasta el límite de la frontera del saber, restará el a, residuo irreductible, testimonio de un saber agujereado, encuentro con lo real que relanza el deseo.

Si lo que se revela finalmente es el agujero producido en el saber cabe la posibilidad de una apertura a lo real. Es tarea del análisis hacer pasar el goce a la contabilidad del inconsciente, advertidos de  que lo real no está para ser sabido.

Es en tanto el análisis opera, que un sujeto podrá anudarse de otro modo, si bien a esta formulación la encontramos en algunas ocasiones insuficiente, cuando el análisis no permite reducir suficientemente la cara real del goce.

La aproximación a lo real es sumamente estrecha, solo será en la reiteración de la confrontación con dicho real en el curso del análisis que cada quien podrá recorrer una vez más sus marcas  inconscientes y la insistencia de la verdad que las habita, poniendo en juego el modo en que se recortó el goce y los efectos del significante con respecto al deseo.

Es operando como sujeto que alguien podrá exiliarse finalmente del goce que lo habitó, goce que bien podría estar ligado a ésta altura a la lógica de la vida. La renuncia al mismo como efecto de discurso, no siempre podrá darse a leer;  así mismo hay síntomas que no pueden reducirse.

Solo si un sujeto se sitúa respecto de su decir, podrá establecer a partir del análisis otro lazo social  otra relación al semejante, al saber y a la verdad.


NOTAS:

(1) J Lacan  “Los  no Incautos Yerran” Clase del 15-1-74, inédito publicación para circulación interna de la EFBA

(2) J Lacan L´etourdit, inédito publicación para circulación interna de la EFBA

(3) J Lacan Seminario XVI clase del 21-5-69, inédito publicación para circulación interna de la EFBA


* Reunión Lacanoamericana de Psicoanálisis. Buenos Aires. 2013.-


analiastepak** Acerca de la autora: Analía Stepak, analista miembro de la Escuela Freudiana de Buenos Aires (A.M.E) y analista de escuela (A.E) de la E.F.B.A. Coautora del libro “La angustia en la dirección de la cura”, Lugar Editorial; y  “Inconsciente y pulsión” de Editorial Letra Viva, entre otros del libros. Participa de la Reunión Lacanoamericana de Psicoanálisis y de las reuniones de la Convergencia, en cuyos ámbitos, ha presentado trabajos los últimos veinte años. Dicta seminarios en Buenos Aires y en el exterior. Supervisa y dicta seminarios en diferentes hospitales públicos en Buenos Aires.

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