MÁQUINAS POR MÁQUINAS. Por Santiago Deus#.

¡Chih, chih!

Wo chih, chih

Wo wo ch o ch o

         parloteo llano.

Ezra Pound, Cantares completos.

 

Según Kenneth Goldsmith (Escritura no-creativa) se trata de un poema sonoro, de una experimentación con la materialidad de las palabras. Donde pedazos del chino parlotean con un inglés no lingüístico.  Algo similar habría hecho Joyce por ejemplo en los truenos del Finnegans Wake:

bababadalgharaghtakamminaronnonnbronntonnerronnuonnthunn-

trobarrhounawnskawntoohoohoordenenthurknuk.

Dice este autor que pronunciado en voz alta es el estallido de un trueno y es a lo que Joyce nos convoca: leer en voz alta para en tal acto crear-desencriptando lo que se lee. Si la cuestión pasa por la entonación y el ritmo entonces el cómo se lee es tan decisivo como lo que se lee.

También Lacan formaría parte de este equipo por ejemplo con su propuesta del analista-poate. Inspirado por la poesía de León Paul Fargue, dice que el  analista aunque no sea lo suficiente, debe orientarse por ser poeta. El poate de Fargue juega y experimenta con (poesie-poète-papouasie) poesía-poeta y papúa (Nueva Guinea, la isla de la polinesia otrora llamada Guinea Alemana). Claro que lo paterno también resuena allí. El analista-poate es el capaz de escuchar la resonancia del decir, la resonancia en el cuerpo. Los ecos en el cuerpo del decir.

Entonces, estos autores buscan experimentar con la materialidad del lenguaje, recoger el guante que el lenguaje ha lanzado  y devolver el golpe. Para tocar su ser y en ese acto devolverle parte de lo que nos hace por estar habitados por el lenguaje, por ser hablanteseres.

Lacan tempranamente advierte que lo simbólico es una estructura, una estructura maquinal incluso (véanse los desarrollos de Deleuze relativos a la máquina). Desde sus elucubraciones sobre la carta robada de Poe hasta el lenguaje-muro de Saint-Anne, insiste en eso que nos hace el lenguaje: nos da vida como hablanteseres pero nos confina al encierro de las palabras (impuestas, como advirtiera el  Schreber de Freud). Por tanto Pound, Joyce, Lacan, estos verdaderos maestros lenguajeros (de la sonoridad del lenguaje) vienen a localizar el intersticio del muro (the Wall) para poder traspasarlo. Apuntando a un real que no es sin el lenguaje que se accede.

Veamos ahora como aparatos simbólicos y nuevas escrituras asoman  para ilustrar “la espiral a la que la época (nos) arrastra en la obra continuada de Babel” (Lacan, Escritos 1).  También veamos como la clínica psicoanalítica se afecta de estos progresos maquinales.

 

1 La pradera Contemporánea

En la conferencia El triunfo de la religión Lacan dice que para acceder al verdadero Real, la ciencia, con sus fórmulas y pequeñas ecuaciones, ha producido los Gadgets (dispositivos electrónicos) “Eso nos come, nos come por intermedio de cosas que nos afectan. La TV es devorante”. Luego precisa que en realidad no es que eso nos come, nos hacemos/dejamos comer, por lo que no habría que alarmarse tanto, de hecho Lacan dice no ser de los angustiados por los avances tecnológicos. “No lograremos que los gadgets se nos impongan”. En su conferencia La Tercera dice que estos gadgets son un invento para distraer y tapar el hambre, objetos para taponar la falta estructural del sujeto. Esa que Lacan teoriza como del orden del No hay Relación Sexual. Por lo tanto, si el sujeto es el que se hace y no un mero objeto de tal avance, entonces dice: “No lograremos hacer que el gadget no sea un síntoma…de hecho lo es…”

Ray Bradbury, escribió en su libro El hombre Ilustrado el cuento La Pradera (1951, sí, 1951). Allí una pareja, George y Lydia tienen dos hijos de unos 10 años. Resulta que han construido la casa de la vida feliz, compuesta por una serie de máquinas robotizadas: relojes parlantes, estufas, calentadores, lustradoras de zapatos, máquinas de lavar, frotar y masajear el cuerpo, etc. Estas máquinas  hacen todo por ellos: preparan el desayuno, aclimatan la casa, la iluminan, bañan a los niños, son maestras de los mismos, etc. En particular el “genio mecánico” hace sus maravillas en el cuarto de los niños, que ha salido tantos dólares como el resto de la casa. En este cuarto las paredes son pantallas de cristal que interpretan y reflejan lo que los niños piensan, fantasean y desean. Estas proyectan una película en tres dimensiones con odorófonos y altoparlantes  y otra película detrás de las paredes de cristal que registra las ondas mentales. Así, si piensan en Peter Pan este aparece animando las paredes, si piensan en hadas lo mismo sucede, en ríos color violeta, montañas mágicas, etc. Un día la cosa se complica cuando Lydia se da cuenta que hace un par de semanas el cuarto refleja un único y repetitivo tema: la estepa africana. Leones, hienas, elefantes, sangre, cacerías de animales, calor agobiante… “Es demasiado real… cierra el cuarto unos días, hasta que me tranquilice y vayámonos de vacaciones”. Le dice a su esposo. George irrumpe: “¿pero qué quieres freírme tú misma unos huevos? Lydia asintió con un movimiento de cabeza. Sí. ¿Y remediarme los calcetines… Y barrer la casa? Sí, sí. Oh sí. Pero yo creía que habíamos comprado esta casa para no hacer nada. Eso es, exactamente. Nada es mío aquí. Esta casa es una esposa, una madre y una niñera .¿Puedo bañar a los niños con la misma rapidez y eficacia que la bañera automática? No puedo y no se trata solo de mí. Desde hace un tiempo estas terriblemente nervioso… fumas un poco más cada mañana, y bebes un poco más cada tarde, y necesitas más sedantes cada noche. Comienzas, tú también, a sentirte más inútil”.

George se mete en el cuarto para ver que sucedía realmente con todas esas deliciosas invenciones imaginarias que allí emergían: “quizás los niños necesiten alejarse un poco de esas fantasías excesivamente reales… han abusado de África… el cuarto se ha habituado…” De este modo les plantea a los niños que cerrará la casa por un mes para “llevar una vida más libre y responsable”. La respuesta de los niños no fue la esperada (o sí?) “Sería horrible- dijo uno de los hijos- tendré que atarme los cordones de los zapatos, en vez de dejar que me los ate la máquina atadora? ¿Y cepillarme yo mismo los dientes, y peinarme y bañarme yo solo? No quiero hacer nada. Solo quiero mirar, escuchar y oler. ¿Para qué otra cosa? ¡Será mejor que no lo pienses más papá!” …

Se deja ver que el afecto concomitante de este deseo de no hacer nada y que las máquinas hagan todo,  es el vacío, el desarraigo y el sentimiento de inutilidad. Obviamente la agresividad, la ferocidad pulsional y desbocada también se encuentran destacadas en el texto de ficción. La sensación afectiva es la de la desapropiación de lo más íntimo: la casa, los vínculos, los hijos… Dice Heidegger en Serenidad:  “…el hombre se encuentra en una situación peligrosa… la revolución de la técnica que se avecina pudiera fascinar al hombre, hechizarlo, deslumbrarlo y cegarlo de tal modo que un día el pensar calculador pudiera llegar a ser el único válido y practicado… Entonces el hombre habría negado y arrojado de sí lo que tiene de más propio, a saber: que es un ser que reflexiona. Por ello hay que salvaguardar esta esencia del hombre. Por ello hay que mantener despierto el pensar reflexivo.”

Utilizando el cuento para reflexionar sobre nuestra época y sobre nuestra práctica clínica psicoanalítica es que surgen algunas preguntas. ¿Qué sucede con estos padres que no quieren hacer nada, declinando sus funciones y entregando las mismas a los objetos técnicos en los que se refugian;  y ¿qué sucede con estos niños cuya ferocidad no respeta las paredes de lo virtual pasando a lo real, con lo que esto traduce de incesto y parricidio?

Según lo dicho anteriormente, relativo a las precisiones de Lacan, no lograremos hacer que el gadget No Sea un Síntoma. Tal vez ese desarraigo, esa agresividad desbocada y esa sensación de desapropiación de las cosas de la vida y de los vínculos sean los síntomas de la época. Época tan tomada por lo virtual que lo real parece replegarse cada vez más.

2 Nuevas Escrituras

El escritor y editor digital Kenneth Goldsmith (Escritura no creativa, 2005) propone que las nuevas tecnologías traen nuevas formas de comunicarse y nuevas formas de utilizar, explorar y explotar el lenguaje. Al respecto dice “Las palabras no parecen ser escritas solo para ser leídas, sino también para ser compartidas, trasladadas y manipuladas, a veces por humanos, más a menudo por máquinas, brindándonos una extraordinaria oportunidad de repensar qué es la escritura y de definir nuevos papeles para el escritor. Mientras que las nociones tradicionales de la escritura se enfocan principalmente en la originalidad y en la creatividad, el espacio digital fomenta habilidades nuevas que incluyen la manipulación y la administración de masas de lenguaje ya existente y en vías de crecimiento”

Por otro lado este mismo autor advierte que vivimos en un mundo digitalizado y como tal codificado al máximo por el lenguaje. Destaca que lo que entendemos como gráficos, sonidos y movimiento en el mundo de nuestras pantallas es tan solo una “delgada piel” debajo de la cual se encuentran kilómetros y kilómetros de lenguaje. “Toda esta información binaria- música, video y fotografías- está compuesta por lenguaje, kilómetros y kilómetros de código alfanumérico. Son palabras…” Muchas palabras, por cierto. Cada vez enviamos más mensajes, cada vez nos comunicamos más pero también cada vez los mensajes son más cortos y las aplicaciones sugeridas son para utilizar menos palabras, menos caracteres. Enviar mucho para decir poco… En palabras del autor citado: “Los lenguajes contemporáneos exhiben la siguiente tendencia: enunciaciones abreviadas en todos los niveles de comunicación, desde los titulares de prensa a los eslóganes publicitarios, pasando por las fórmulas científicas –el mensaje veloz y visualmente concentrado”. De este modo lo que predomina en las nuevas maneras de escribir es la fluidez, el flujo continuo, metonímico, con poco anclaje,  pocos puntos de capitón metafóricos. “La ciénaga del lenguaje no se agota, más bien crea una ecología rizomática más amplia que lleva a una continua e infinita variedad de hechos e interacciones textuales tanto en la red como en el entorno textual”.

Esto lleva a un modelo de escritor no creativo que no se apropia de su discurso, lo navega, lo surfea sin responsabilizarse mayormente por lo que produce. Se mueve permanentemente, ¿pero hacia dónde?… Muy probablemente el escritor que está siendo citado me diría: Es una pregunta que no precisamos hacernos… “en vez de crear honramos, adoramos y acogemos la manipulación y la readaptación… El oficio de la escritura alguna vez sugirió la unión (quizás eterna) de palabras y pensamientos; ahora se ha convertido en un acoplamiento transitorio a la espera de ser deshecho; un abrazo pasajero con alta probabilidad de separación”

En este contexto las palabras escapan a su potencial de capitón, ese que avizorara Lacan para hablar de la metáfora del sujeto. Aquí, y sin anclaje-capitón, las palabras discurren sin parar “las palabras nunca duermen, torrents y robots web (spiders) aspiran lenguaje sin descanso”. Dice el autor evidenciando que son máquinas-robots las que interpretan los intereses y las palabras mismas que van a utilizar quienes navegan en la web para, de este modo, sugerirle palabras para autocompletar la frase, sugerirle productos para comprar, viajes que emprender, compañeros/as que buscar… Verdadero festín para la paranoia!!

A este navegador-web, a este sujeto, no le queda otro lugar que el de un flaneur veloz (errante, con dirección azarosa) surfeando un lenguaje provisional. Lenguaje que ya no pretende unir sino más bien fraccionar y deslizar. Este lenguaje-web (robots-spiders) crea comunidades, no de interés compartido o libre asociación, sino de estadísticas idénticas y demografías inevitables, un tejido oportunista de intereses particulares. Del cual el discurso amo-capitalista extrae máximas utilidades.

En esta lógica, en esta “nueva” escritura  imperante en los medios digitales-web, todo es fluido, metonímico, carente de sentido y, sobre todo es una escritura posidentitaria. Dice el autor “mi identidad está por definirse y cambia a cada minuto, es importante que mi escritura refleje este estado mudable de la identidad y de la subjetividad” Por doquier lenguaje, comentarios, opiniones, sin fuente ni firma, como si no fuera necesario decir esta palabra es mía…

3 Sujeto-Deseo

Marcos es un analizante de unos 20 años que concurre por una cantidad de síntomas compatibles con lo que hoy se da en llamar ataque de pánico y crisis de ansiedad. Había sido sometido a algunas operaciones por cuadros sintomáticos imprecisos. Su situación no mejoraba y empieza un análisis. Estaba en tercer año de una carrera universitaria llevada con sangre, sudor y lágrimas. “No daba abasto” dice relativo a las cursadas, exámenes y demás requerimientos de una carrera exigente. En términos de rectificación subjetiva es que como analista apunté a que se implicara subjetivamente en ese mar indiferenciado de padecimientos. Al cabo de unos meses puede recortar que “su manera” (pre-fantasmática) de dar abasto era identificarse con la demanda. Lo que piden hay que dar, lo que dicen (sin equivocar) hay que saber. No podía situarse ni recortarse de la demanda, tenía que saber todo lo que pedían: lo que pedía el programa académico, lo que decían en los blogs de la materia, etc. Que nada se le escape, que nada quede afuera; el que quedaba afuera era todo él… Verdadero esclavo de los programas-robots-spiders…

Poco o ningún contacto social-real, ningún contacto sexual; solo el lazo web-virtual estaba presente en su vida. A medida en que avanza en su análisis sus síntomas disminuyeron, se cambió de carrera, su vida social se tornó más real. Antes no salía de noche por todos los medicamentos que tomaba (lo que bien funcionaba como excusa), ahora empezaba a hacerlo y de allí sus primeros acercamientos con el otro sexo. Utilizaba todo tipo de redes sociales: Instagram, Facebook, Snapchat, Tinder, etc. Buscaba perfiles de compatibilidad y obtenía “amigos” por este medio. Me dio cátedra de cada una de estas redes en el sentido de cuál era el fuerte y cual la debilidad de estas. “Tal red es para conocer gente de tu barrio, tal otra red sirve para escribir y que se borre automáticamente y de ese modo no dejar rastros, tal otra para stockear”, etc. Lo que se destacaba en su discurso era que en las redes podía comunicarse con otros sin tener que responder demasiado por ello. Podía decir sin tener que hacerse  cargo de lo que el otro podía pensar; sobre todo en él que tenía que responder a todo lo que el otro requería… Entonces escribía, compartía, testimoniaba, “linkeaba”: a la cantonade; es decir a nadie en particular, quien quiera oír que oiga, al que le quepa el sayo que se lo ponga… Claro, el problema (¿síntoma?) se le empezó a plantear cuando, fruto del avance del análisis, empieza a salir más, empieza a poder más, y es él el interesado en que le respondan. “(fulana), ¿subió esa foto para que yo la vea y sepa o es para todos sus contactos por igual? ¿Dice que va esa fiesta hoy para que yo vaya y nos encontremos, o lo dice porque sí?” Se preguntaba un tanto furioso. Mi respuesta no se hizo esperar “y, si no le preguntas no te vas a enterar…” Pero claro en el lenguaje digital-web eso es equivalente a una metacomunicación, eso no va, eso no se hace! Ahora bien en el lenguaje de un análisis esto mismo es imprescindible e insoslayable, es imprescindible ubicar al sujeto, y que este reubique su deseo para encaminarse en la dirección de su acto.

En este analizante el mundo y la relación digital-web fue paso necesario, paso previo o primero para hacer sus exploraciones e investigaciones que apuntaron (producto del análisis) a reubicar su posición ante la demanda. Apuntaron a recortar su posición de goce en ella. Una lectura apresurada (apocalíptica) hubiera pensado que el uso de las redes tecnológicas solo contribuiría a reforzar su goce,  contribuiría a su encierro, contribuiría a la defensa fóbica y a favorecerle la evitación del contacto.

No fue así, un lento y sigiloso movimiento (producto del análisis) se fue desplegando con el auxilio de las redes virtuales y con su modalidad de mensaje “como sí”, a nadie en particular, quién quiera oír que oiga…

Que el psicoanálisis perdure dependerá de que haya analistas-no apocalípticos (como Freud junto a Ana O) dispuestos a seguir escuchando.


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Acerca del autor: Santiago Deus, psicoanalista, Miembro de la Escuela Freudiana de Buenos Aires.  Profesor titular de la Universidad del Museo Social Argentino.

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