La función del enigma: el deseo del analista. Por María Amalia Cazeaux.

 

El deseo del analista, tal como lo propone Lacan al fundar la Escuela Freudiana de París es un “problema crucial que no puede ser eludido cuando se trata del psicoanalista mismo”.

Podemos leerlo a lo largo de los historiales y de la obra freudiana, en la posición enunciativa, así como en el testimonio y la formalización de la clínica que cada analista efectúa. Será Lacan quien lo ubique como eje ético que sostiene y renueva la causa del psicoanálisis.

Durante el dictado del seminario 11, tiempo de excomunión de la IPA, ubicará en el “entre” de los conceptos fundamentales que allí trabaja al deseo del analista, cuestión que se tornará princeps ya que es el contrapunto con otras curas donde la idealización y la identificación persisten sin interrogación. También su consideración le imprime movimiento a una enseñanza y formula la posibilidad de establecer un modo de agrupamiento de los analistas, con ciertos dispositivos que garanticen su investigación, para hacer diferencia con la Iglesia o el Ejército.

 

Los comienzos del psicoanálisis. Lectura del deseo de Freud.

amalia2Leyendo uno de los primeros historiales freudianos, me refiero al caso clínico que llamó Mis Lucy, en el tiempo en que Freud aún no había escrito “La interpretación de los sueños”,  cuando estaba empezando a formalizar el  inconsciente y a establecer un dispositivo propicio para el despliegue del sujeto, me sorprendió encontrar ahí trazas de deseo. Honesto en su escritura, Freud deja asentados allí muchos de sus ideales médicos. También, rastreando en su biografía, ubicamos en esa época que estaba tratando de obtener un sustento económico a partir de su profesión para lograr el propósito de casarse con su amada. Pero algo más se da a leer, aquello que hace a la posición del analista.

Brevemente recordaré que es el caso de la joven que sentía olor a pastelillos quemados. Olor particular, al que Freud decide darle estatuto de síntoma. Despierta su curiosidad ese olor que se repite ante determinadas situaciones, empieza a escucharla y a establecer la causa sexual de la neurosis. Eso implicó un punto de quiebre con el discurso de la época, donde se sostenía que las causas del padecimiento eran biológicas. Freud se atreve a avanzar en sus formulaciones, corriendo el riesgo de ser rechazado por la sociedad científica y de perder la posibilidad de lograr sus objetivos personales.

Ese olor queda asociado a una escena donde Lucy, estaba jugando, cocinando con las niñas que estaban a su cuidado. Hay una situación donde ella siente que no era tenida en cuenta cuando le dice a su patrón, el padre de las niñas, que dejará el trabajo. Hay ahí algo de orden sexual. Y Freud, tomemos su letra, dice: “Esto solo admitía una interpretación. Tuve la osadía de comunicársela a la paciente. Le dije, no creo que esas sean todas las razones de sus sentimientos hacia las dos niñas, más bien conjeturo que Ud. está enamorada de su patrón, el director, acaso sin saberlo Ud. misma, creo que alimenta la esperanza de ocupar de hecho el lugar de la madre y que a eso se debe que se haya vuelto tan suspicaz hacia el personal de servicio con el cual ha convivido en paz durante tanto tiempo”. Y la paciente le confirma la interpretación.

Lo que quiero señalar es el enunciado “tuve la osadía”. Freud arriesga ir más allá de los ideales de la época, avanza no solo porque sea voluntarioso sino que en su decir resuena un deseo decidido que funciona en su intervención y que en su escritura sabe hacer pasar produciendo un efecto de transmisión. El deseo del analista es la piedra angular del psicoanálisis que Freud funda.

 

Una enseñanza… ¿qué hacer con el problema?

Un problema suele ser un asunto del que se espera una solución. En ajedrez, para seguir con la metáfora a la que estamos acostumbrados al referirnos a los movimientos en los inicios y finales de análisis, un problema es una posición en el tablero en la que se debe buscar la solución más favorable en la menor cantidad de jugadas posible. Y las matemáticas nos enseñan que una solución requiere demostración, constatación, puesta a prueba.

El problema es establecer qué se espera de un psicoanálisis, qué es un analista, cuál es la garantía si la misma no depende de un título otorgado, dado que no es posible establecer un universal.

Lacan va dando razones de su práctica, formalizando su enseñanza, abordando los conceptos fundamentales del psicoanálisis introduce como operador lógico, enhebrador  de los mismos, al “deseo del analista”. Se preguntará “¿A qué se refieren las fórmulas en psicoanálisis?.. ¿Hay conceptos analíticos formados de una vez por todas? El mantenimiento casi religioso de los términos empleados por Freud para estructurar la experiencia analítica ¿A qué se debe?..” Y sigue “… ¿Dónde anclar nuestra práctica? ¿Podemos decir siquiera que se trata propiamente de conceptos? ¿Son conceptos en formación? ¿Son conceptos en evolución, en movimiento, por revisar?” (1) Entiendo que es el deseo del analista lo que imprime ese movimiento a lo conceptual, agujereando el saber, ubicando el inconsciente en el lugar de la verdad.

Ubicar el deseo del analista como eje ético alrededor del cual se organiza una enseñanza en torno a la cual se plantea la cuestión de la formación de los analistas es la apuesta que Lacan formula en la Proposición del 9 de Octubre del 67´, estableciendo entonces el compromiso que asumimos de someter a prueba la experiencia de análisis. Dado que no hay manera de universalizar el ser analista, así como tampoco hay “La mujer”, es necesario efectuar un esfuerzo de formalización respecto de la práctica que se lleva a cabo, respecto del “autorizarse de sí” que implica el acto analítico. Que el analista sea al menos dos, aquel que efectúa su acto y que, en otro tiempo y “ante algunos otros”,  se lee, resguarda el agujero de significación que debe estar disponible para efectuar la operación analítica.

Para que pueda efectuarse el acto que revela la realidad sexual del inconsciente, es necesaria la puesta en juego del deseo del analista. Esto requiere estar disponible para alojar la demanda del paciente en la que se articula el deseo, ubicar ese lugar al que es llamado de Sujeto supuesto Saber para no responder desde allí sino que pueda dar paso al semblante de objeto “a” para que el sujeto se introduzca en el orden del deseo.

La responsabilidad del analista implica el trabajo respecto de los ideales, avanzar respecto de la identificación para ir más allá y construir la posición fantasmática para que, en el tiempo de su intervención, logre una desubjetivación, des-ser en las curas que conduce.

Para poder efectuar la operatoria de corte entre el Ideal y el objeto “a” que define al acto analítico, se requiere la puesta en juego del deseo del analista, deseo novedoso porque es de máxima diferencia, diferencia radical que posibilitará la efectuación sujeto, posibilidad de ir situando los puntos de sujeción al deseo del Otro apostando a lo inesperado.

Lacan nos dirá que: “Ser psicoanalista es estar en una posición responsable, la más responsable de todas, en tanto él es aquel, a quien es confiada la operación, de una conversión ética radical, aquélla que introduce al sujeto en el orden del deseo”. (2) Lo imposible es determinar el ser analista, porque no se trata de una investidura, ni tampoco surge como confirmación desde otro que da esa garantía.

La responsabilidad implica poner a prueba la afirmación “hay analista”, dar a leer el deseo del analista. (3)

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Política del psicoanálisis en juego.

En el seminario XI “Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis” Lacan nos dice: “Detrás del amor llamado de transferencia está la afirmación del vínculo del deseo del analista con el deseo del paciente. Es lo que Freud, con un rápido juego de manos, presentó como engañabobos cuando dijo, a fin de reconfortar a los colegas: después de todo, no es más que el deseo del paciente. Sí, es el deseo del paciente, pero en su encuentro con el deseo del analista”.

Esta cita, puesta en correlato con la Proposición del 9 de Octubre del 67´, me lleva a interrogarme por qué Lacan, allí donde está efectuando un acto político que sienta posición sobre la manera en que propone el agrupamiento de los analistas para propiciar la puesta a prueba del discurso del psicoanálisis, retoma el concepto de transferencia para establecer que no se trata de una relación entre dos, de intersubjetividad. Crítica certera a la contratransferencia.

En determinada instancia de la cura, dada la regresión de la demanda, se arriba al punto de transferencia tal, tiempo de presencia del analista, que de acuerdo a la posición que tome, se retornará al punto inicial, anclaje del sujeto en la identificación con el objeto que se ha sido para el Otro en los tiempos de constitución subjetiva, o habrá posibilidad de hacer lugar al deseo que lo habita, apertura a otra política, la del inconsciente que no es sin el deseo del analista.

En el psicoanálisis, “Lo propio del juego es que antes que se juegue, nadie sabe lo que va a salir de él” (4)  por ende no es sin encuentro, sin hallazgo, sin tropiezo. Saber- hacer- allí, con lo que se encuentra en el trayecto es parte de la resolución del enigma. El analista se asume producción del analizante, puro resto que queda de la operación analítica, resultado, objeto “a” que “a fin de cuentas, no representa otra cosa que un cierto número de enigmas polarizados”.  (5)

Será otro el tiempo de leer el deseo que se puso en juego, y de intentar dar respuestas al “porqué alguien asume el riesgo loco de convertirse en aquello que el objeto a es” (6)

Hacer del inconsciente la política del psicoanálisis nos pone en el compromiso de su transmisión. Para ello se requiere de estructuras institucionales que aseguren la producción de psicoanalistas, dispositivos que funcionen con determinadas reglas que permitan que el juego prosiga y que no se coagule la masa en el sostenimiento de un ideal o bajo determinada fantasmática.  Si la institución no le hace lugar al deseo del analista y a su formalización la misma tiende a burocratizarse.

El deseo del analista, en la intensión, es una función que posibilita que el sujeto se encuentre con su verdad, puesta en acto del vacío de significación que hace juego. En la extensión, respecto de la enseñanza, produce el descompletamiento del saber e instala novedad. Es lo Real que cada analista practicante intentará circunscribir, a su modo, con su estilo, para transmitir algo de lo que acontece en la experiencia del análisis. Desde el lugar de analizante, en la escena con los otros, resonará en sus palabras, dejando leer a posteriori del acto, su posición enunciativa.


Referencias:

  • Jacques Lacan, Seminario 11. “Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis”. Clase del 15 de enero del 64. Ed. Paidos.
  • Jacques Lacan, Seminario 12. “Problemas cruciales del psicoanálisis”. Inédito.
  • Jacques Lacan, Seminario 15 “El acto analítico”. Clase del 17 de enero de 1968. Inédito. Traducción EFBA. Lacan dice allí que “sólo partía de que hay psicoanalista… se trata de saber de qué modo hay un psicoanalista, que es una cuestión que se plantea más o menos en los términos en lo que se llama en lógica la cuestión de la existencia”.
  • Idem 2.
  • Jacques Lacan, “Sobre la experiencia del pase”. Ornicar?
  • Idem 5.

Bibliografía:

Jacques Lacan, Seminario 11. “Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis”. Ed. Paidos.

Jacques Lacan, Seminario 12. “Problemas cruciales del psicoanálisis”. Inédito.

Jacques Lacan, Seminario 15 “El acto analítico”. Inédito. Traducción EFBA.

Jacques Lacan, “Sobre la experiencia del pase”. Ornicar?

Jacques Lacan, “Proposición del 9 de Octubre del 67”. Ornicar?

Acta de Fundación de la Escuela Freudiana de París.

Sigmund Freud. “Estudios sobre la histeria”. Ed. López Ballesteros.


Escrito presentado en la Reunión Lacanoamericana de Psicoanálisis. Buenos Aires. Octubre de 2013.


biografía foto (1)María Amalia Cazeaux, psicoanalista, graduada de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación de la UNLP como Licenciada en Psicología. Realizó el Programa de Actualización Clínica Psicoanalítica con Niños. Teoría y Práctica en la Facultad de Psicología de la UBA. Ejerce su práctica en la ciudad de La Plata.

Es Miembro fundadora de la Escuela Freud – Lacan de La Plata, de la cual fue presidente en la gestión 2009 -2011. Y donde lleva adelante la tarea de transmisión e investigación en diferentes dispositivos.

Ha participado en la Cátedra de Clínica de Adultos y Gerontes de la UNLP.

Inició la práctica clínica en el Hospital Zonal General de Las Flores, siendo integrante del grupo permanente de profesionales durante 7 años.

Supervisora, en diferentes períodos, en Residencias de Psicología de los Hospitales “Mario Larrain” – Berisso, “Sor Ludovica” – Hospital de Niños de La Plata y de la Sala de Psicología del Hospital Zonal Especializado “Dr. Noel H. Sbarra” ex casa cuna de La Plata.

Co-autora del libro “De los inicios y finales de análisis” Ed. Escuela Freud – Lacan de La Plata. Ha Publicado escritos en la Revista Fort – da (Números 10 y 12) y en la Revista Moebiana (publicación de la EFLA).

Ha participado y presentado escritos en Congresos y Coloquios de Convergencia, Movimiento Lacaniano por el Psicoanálisis Freudiano y Reunión Lacanoamericana de Psicoanálisis. También en Jornadas de Escuela y de Carteles de la EFLA y de otras instituciones psicoanalíticas.

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