Dos preguntas a Jamieson Webster.

Gisela Avolio, responsable de la sección/Dirección editorial, Helga Fernández

Traducción: Gabriela Odena


We publish Two questions to Jamieson Webster both in english and Spanish, making space for languages, geographies and psychoanalysis in plural.

Publicamos Dos preguntas a Jamieson Webster en inglés y castellano, haciendo lugar a las lenguas, las geografías y los psicoanálisis.


– How and when did you discover psychoanalysis?

– I have several origin stories that probably mask the real one. First, with a friend, we were interested in the occult and found out that at a University in Florida, where I grew up, there was one of the only schools of parapsychology—basically the study of ghosts. I told my parents I wanted to become a parapsychologists and they were very upset. I think I later normalized this to the idea of becoming a psychologist. I also remembered only recently that at this time, roughly 14 years old, I was at the Borders book store where we would hang out, and I found a book by Otto Kernberg titled Severe Personality Disorders and read the whole thing. It seemed to explain something about my mother and her family. Looking at this book now, after years of school and endless training as an analyst, I do not understand how a 14 year old, who had read nothing, could understand Kernberg’s jargon heavy arcane psychoanalytic language, which seems to contribute something to the story’s mythic quality. Finally, when I went to college early, at 17, to escape Florida and my family, I was in a class that made us read Marx, Nietzsche, and Freud. I presented on the case of Dora. I think that sealed the deal.

– In which way do you consider psychoanalysis can contribute to our contemporaneity?

– I don’t know if I think psychoanalysis can contribute to contemporaneity. It both lives in the past and clings to a kind of anachronistic, anti-progressive stance, and fields the winds from the future, since there is something about listening to the unconscious all day long that makes you hear something that is brought down to a whisper by the present and its hubub. I haven’t been so impressed with either my own, or others, attempts to apply psychoanalysis to the present, to politics, to current events… and still gravitate to the works that seems to linger in the strange zone of psychoanalysis that make them unreadable to the general public because of a rather arcane sensibility. Obviously, since I write for popular publications as a psychoanalytic voice, I’m a total hypocrite here, but I really do wonder about doing so. That being said, we have a real job to do which is to see patients, to make psychoanalysis available to more than the wealthy, and to adequately train the next generation of analysts, of which we are doing a very, very poor job. I think our efforts are best focused here, but of course all of this is essentially free labor, and the amount of clinical work one has to do to survive, along with these ethical demands, have analysts drowning. I fear for the future of the profession.


– ¿Cómo y cuándo descubriste el psicoanálisis?

– Tengo varias historias sobre el origen que probablemente enmascaran la real. Al principio, con una amiga, estábamos interesadas en lo oculto y descubrimos que en la Universidad de Florida, donde crecí, había una de las únicas escuelas de parapsicología – básicamente el estudio de fantasmas. Les dije a mis padres que quería ser una parapsicóloga y se disgustaron mucho. Pienso que luego hice entrar esto en la idea de transformarme en psicóloga. Además, recordé recientemente, que en esta etapa, con aproximadamente 16 años de edad, estaba en la librería Borders, donde solíamos ir, y encontré allí un libro de Otto Kernberg titulado Trastornos Graves De La Personalidad, y lo leí entero. Me pareció que explicaba algunas cuestiones sobre mi madre y su familia. Mirando este libro ahora, luego de años de estudio y de interminables entrenamientos como analista, no entiendo como alguien de 14 años, que nada había leído, pudo entender el lenguaje psicoanalítico, críptico y cargado de la jerga de Kernberg, que parece contribuir en algo a la cualidad mítica de la historia. Finalmente, cuando fui a la universidad, muy temprano, a los 17, para escapar de Florida y mi familia, concurría a una clase en la cual nos hacían leer a Marx, Nietzsche y Freud. Hice una presentación sobre el caso Dora. Creo que esto selló el asunto.

– A tu entender, ¿en qué puede el psicoanálisis contribuir a nuestra contemporaneidad?

– No estoy segura de que el psicoanálisis contribuya a la contemporaneidad. Por un lado vive en el pasado, y por otro lado, se apega a una instancia anacrónica, antiprogresista, y si bien logra escuchar aquello arrojado por los vientos del futuro, hay algo que sucede a partir de escuchar al inconsciente a lo largo de todo el día, que lleva a oír algo que el bullicio del presente deja reducido a un susurro.

 No me han impresionado tanto mis propios intentos, ni los ajenos, de aplicar el psicoanálisis al presente, a la política, a la actualidad … y aún acudir a las obras que parecen persistir en esta extraña zona del psicoanálisis que las hacen ilegibles al público en general debido a una sensibilidad bastante arcana.  Obviamente, dado que escribo para publicaciones populares como una voz del psicoanálisis, soy un hipócrita total en relación con esto, pero realmente me pregunto acerca de hacerlo.  Dicho esto, tenemos un trabajo real que hacer que es ver pacientes, hacer que el psicoanálisis esté disponible para más personas que las personas adineradas y capacitar adecuadamente a la próxima generación de analistas, de lo cual estamos haciendo un trabajo muy, muy pobre.  Creo que nuestros esfuerzos están mejor enfocados aquí, pero por supuesto, todo esto es esencialmente trabajo gratuito, y la cantidad de trabajo clínico que uno tiene que hacer para sobrevivir, junto con estas demandas éticas, tiene a los analistas ahogándose.  Temo por el futuro de la profesión.


Dr. Jamieson Webster is a psychoanalyst in private practice in New York City. She is the author of The Life and Death of Psychoanalysis (2011) and Conversion Disorder: Listening to the Body in Psychoanalysis (2018); she also co-wrote, with Simon Critchley, Stay, Illusion! The Hamlet Doctrine (2013). She writes regularly for Apology Magazine, Artforum, The Guardian, The New York Review of Books, and The New York Times. She teaches at the New School for Social Research and  is a member of IPTAR and Das Unbehagen.

La doctora Jamieson Webster es una psicoanalista que realiza su práctica privada en la ciudad de Nueva York. Es la autora de The Life and Death of Psychoanalysis (2011) y Conversion Disorder: Listening to the Body in Psychoanalysis (2018); además co-escribió con Simon Critchley, Stay, Illusion! The Hamlet Doctrine (2013). Escribe regularmente para Apology Magazine, Artforum, The Guardian, The New York Review of Books, y el New York Times. Enseña en New School for Social Research y es miembro de IPTAR Y Das Unbehagen.

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