DOS PREGUNTAS A GABRIELA SPINELLI.

Gisela Avolio, responsable de la sección / Dirección editorial: Helga Fernández


-¿Cómo y cuándo descubriste el psicoanálisis?

-Quizá cómo, sea más fácil de situar que cuándo…

Hace algún tiempo vengo pensando que cada encuentro tiene un al menos doble registro, producto de azar y necesidad. Si marca un antes y un después en nuestra vida decimos que “habrá sido” un  acontecimiento, es decir, efecto de golpe de Real. Pero al mismo tiempo (tal como nos lo indica a diario nuestra experiencia en el psicoanálisis) un encuentro no es un hápax, sino que se va a escribiendo y reescribiendo. Hace poco para un Coloquio revisité el concepto  de “inmixing”, que Lacan desarrolla en Baltimore, y me sirve para hacerme preguntas en relación con este orden de lo no acabado e irreversible. Lo que es siendo, siempre con Otro y otros, producto de nuestro modo de habitar y ser habitados por la lengua. Creo que así vamos versionando a partir del mito que se instaura como consecuencia de la ausencia de “un” origen, de lo necesario de ese azar que hizo causa. 

Es por eso que lo respondería así: había una vez. Este sintagma siempre me suena a fórmula mágica, huele a alquimia. Había una vez una niña que por motivos no tan elevados, resultaba ávida lectora de aquello que cayera en sus manos.

Por la misma época el estudio de la lengua inglesa (tal como solía hacerse en ese entonces) me daba acceso a los “clásicos”. Y por esos barrios, la voz de Alberto Morán y la poesía de Homero Manzi definen, aun hoy, su embriagador paisaje.

De ese modo se fueron elongando las lenguas, entramando la vida con letras y acordes que daban cuerpo a un modo de participar del silencio. No sólo porque se lee en silencio, sino porque  lo poético (que tal como lo entiendo no se subsume a la poesía), denota el lugar por excelencia donde convergen el sonido, el silencio, el sinsentido.

Vísperas de unas vacaciones de verano me conducen a la feria de libros del Parque Centenario,  momento en que se tensa un hilo entre “Alice in Wonderland” y “La interpretación de los sueños” de un tal Sigmund Freud. Entre anudamientos y reanudaciones se iría generando una ditmensión, a la que hoy me gusta llamar “poiÉtica”.

La vida universitaria me depararía otro encuentro, que aún hoy se presenta con esa mezcla de claridad y bruma propia de lo inolvidable. Un “profesor” nos indica leer un texto llamado “La dirección de la cura y los principios de su poder”. Aún atónita, a la siguiente clase me acerco con la inmune irreverencia  propia de la juventud, y Roberto Harari con un imborrable tono generoso me dice: “siga leyendo Spinelli, algún día algo cae”.

Seguimos leyendo.

El centro de salud mental “Arturo Ameghino” me ofrecería la ocasión de conocer y trabajar con analistas entrañables. Transcurrimos  muchos años; primero como concurrente, luego como instructora, coordinadora. Al unísono se iban consolidando mi práctica en el consultorio y mi participación y compromiso en Mayéutica .

Por todo esto insisto en que el encuentro, tal como nos enseña Lacan, más que descubrimiento es invención, artificio, tejido, con todos esos hilos. Y que se sigue tejiendo.

Algún  sentido habrá sido un destino, como lo dice Camus, “esa sucesión de actos inconexos”.

-¿Qué considera que el psicoanálisis puede aportarle a la contemporaneidad?

-Pienso en el psicoanálisis como mi modo de habitar lo in-mundo, que como decía antes comenzó como un modo de habitar las palabras y en cómo me habitaron las lenguas . Lo sigo practicando porque estoy convencida que es lo que me permite soportar lo insoportable de la vida; las incongruencias, lo inefable, porque nos ofrece un saber hacer ahí con eso imposible.

Al mismo tiempo,  creo que psicoanálisis es siempre actual, es más, quizá se caracteriza por lo extemporáneo al sostener lo disruptivo, la diferencia, la espera, la no inmediatez.

No me cuento entre quienes consideran ni auguran algún apocalipsis del psicoanálisis, ni que debamos batallar con otras “corrientes”.  Mi práctica me indica que, si logramos trabajar con nuestras propias resistencias al psicoanálisis, cuanto más avance el discurso de la ciencia y las políticas globalizantes, más ruidoso, benéfico y necesario será el decir de un analista.

A condición de  sostener lo que nos sostiene: la formación permanente e inacabable del psicoanalista que nunca es sin otros, el lazo entre analistas como modo privilegiado de apuesta por el porvenir del psicoanálisis.


Gabriela Spinelli: Practica el psicoanálisis en el ámbito privado. Miembro Analista y actual presidenta de Mayeutica- Institución Psicoanalítica, de la cual forma parte desde el año 1992. Integrante del Grupo de Convergencia “Perspectivas en Psicoanálisis”, quienes editan la revista LaPsus Calami. Escribe artículos para diferentes publicaciones de psicoanálisis y participa de la Reunión Lacanoamericana de Psicoanálisis. Ex- Becaria Honoraria, Coordinadora e Instructora de Concurrentes del Equipo de Pareja y Familia del C.S.M Nª3 Arturo Ameghino.


Texto al cuidado de Ricardo Pereyra.

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