Presentación del libro Escrituras Cl{ínicas, por Santiago Deus.

Fotos de Santiago Deus.

El 2 de octubre se presentó el libro Escrituras Cl{ínicas, de Helga Fernández, Victoria Larrosa, Horacio Medina y Fernando Montañez, de ediciones Archivida. El siguiente texto corresponde a la presentación por parte de Santiago Deus.


Me propongo, en esta ocasión, compartir algo de mi lectura de este bello objeto-libro con el fin de invitar-incitar a leerlo. Pasar algo de la experiencia para, como dice Lacan, invitar-incitar a otros a hacerlo.

Voy a hacer un recorte a partir de dos ejes de lectura, en primer lugar voy a tomar lo que ubica Helga a propósito de la escritura clínica en relación al acto. El acto, como el de este libro, es un acto de composición –lo que empalma con el segundo eje de mi lectura que luego retomaré.

Helga sitúa la escritura de la letra como rayo y fulgor, también como destello y erosión, como estigma, y también como puente. El puente es aquello que junta dos orillas, es lo que reúne y separa propiciando una vecindad recíproca. Pero sobre todo es el puente-letra que arma camino, en el sentido de un paso, pase y pasaje.

La escritura es un acto, ¿pero qué acto es ese? “No soy poeta, soy poema y que se escribe”, dice Lacan en el prefacio a la edición inglesa del seminario XI; de modo que el acto es enunciación, el acto de aquel que puede firmar: soy poema.

Dice Fernando, en su lectura de Lituraterre, de la ruptura que implica la letra, entonces: acto de ruptura, del semblante, lo que produce lo llovido de la letra que fertiliza erosionando un sentido en lo real.

Helga refiere del acto de que te caiga la ficha, a través de la arquitectura de la letra. ¿Qué es la caída de la ficha sino la caída del objeto a? Objeto que a-cosa en el fantasma de cada quien. En el seminario XVI Lacan ubica el efecto de saber que se produce en un análisis, efecto de que te caiga la ficha podemos decir con Helga, el que se da como un rayo. Y es el preciso momento en que, dice, ustedes se destraban de algo de lo que les fue ofrecido. Se destraban de lo que les tocó en suerte, de la buena y de la mala. Se destraban de lo que los tocó en términos del objeto a. El truco y la apuesta de un análisis, entonces, se orienta por un deshacer por la palabra. Horacio, allí, precisa acerca del esfuerzo de decir de otro modo; a su vez Lacan en torno a este destrabar ubica (en el seminario XXV) en torno a que el analista zanja y teje equivocando. ¿Pero sobre qué teje? Con Helga y Fernando: sobre la ortografía gramatical, sobre la orografía del cuerpo y también sobre la agrimensura del cielo. Evoco como un verdadero hallazgo lo que produce Horacio de la escritura como desapropiación.

Acto de escritura, entonces, que deviene reescritura que hace borde de las ruinas litoralizando la materialidad de la sensibilidad, como dirá Helga. Escritura clínica de que te caiga la ficha y cuando esto acontece el puente-letra lleva hacia otro lado. Pues bien, ahora ese otro lado es un viaje, es el turno del viaje de Lacan por la estepa siberiana rumbo a Japón. Allí Lacan dice haber experimentado el litoral. Desde el aire y por una ruta nueva que estaba prohibida hizo lectura de la estepa siberiana; Rubicón de Lacan: paso y pase. Ubica, entonces, lo que Japón por su letra y su pintura le produjo de exceso de cosquilleo, condición de litoral. Dice que es así que irresistiblemente le apareció por entre las nubes la tachadura y el destello de la estepa; desierto blanco con sombras y lo que espeja. Única huella que indica algún relieve en la Siberia, destello que reúne el trazo primero y lo que lo borra, lo que designa al sujeto por la tachadura. Es decir, que experimentó el litoral al divisar destellos en la estepa blanca, lo que evocó la escritura misma como litoral.

Caligrafía: postura de una apuesta que se gana con tinta y pincel. Letra-lituratierra, ninguna huella que esté de antemano es lo que hace tierra del litoral, mitad por la que subsiste el sujeto. Verdadera hazaña de la caligrafía. Entre centro y ausencia, subraya Fernando, entre saber y goce, hay litoral que solo vira a lo literal y es de eso que los analistas pueden tenerse como agentes que los sostenga.

Sin perder esta atmósfera de desierto y litoral ubicamos ahora un pasaje hacia el bosque por la vía de Heidegger en Caminos de bosque. Los caminos, como los capítulos del libro Escrituras clínicas, se pierden en el bosque-libro.

Holz (madera/leña) es un antiguo nombre para el bosque. En el bosque hay caminos (wege) por lo general medio ocultos por la naturaleza, que cesan bruscamente en lo no-hollado. Es a esos caminos que se los llama Holzwege (caminos de bosque, caminos que se pierden en el bosque, sendas perdidas). Cada uno de ellos sigue un trazado diferente, pero siempre dentro del mismo bosque. Muchas veces parece como si fueran iguales, pero es una mera apariencia. Los leñadores y guardabosques conocen los caminos. Ellos saben lo que significa encontrarse en un camino que se pierde en el bosque. Adentrarse por este camino (y también por el presente libro) es una señal de fuerza y permanecer en él es la fiesta del pensar, siempre que se dé, por supuesto, que el pensar es un trabajo de artesano.

Si estamos ante la fiesta del pensar y si el pensar es un trabajo de artesano, ese trabajo es un trabajo de composición –lo que me lleva al segundo y último eje de lectura a partir del cual Victoria dice de la escritura comocomposición, trabajo de composición. ¿Qué composición? ¿Qué se compone?

Con-posición: algo que se asume, enunciación; composición de una obra, partitura, pentagrama de letras y poema. “Soy poema y que se escribe”, nos recuerda Lacan. Hay distintos modos de existir como de componer, dice Victoria, y la escritura es testimonio de ello en tanto diversidad y multiplicidad. Escritura como trabajo de composición cuya obra o poema es el libro mismo y el lazo entre los que escriben. Todo un lazo cooperativo donde cada uno ocupa un lugar desde donde jugar su juego y ejecutar su nota, letra. Se trata de una obra compuesta por capítulos donde a veces suena filosofía, a veces arte y otras psicoanálisis.

A propósito del trabajo de composición vino a mí la multiplicación dramática, propuesta de Eduardo Tato Pavlovsky de fin de los 80, tanto para teatro como para la terapia de grupo. Allí el actor (entendido en esos dos niveles) interpreta un papel que interpreta otros papeles. Es un creador de acontecimientos si es capaz de multiplicar los sentidos del papel que ejecuta. En la multiplicación dramática la escena se desterritorializa hacia otra escena en otra calidad de espacio –espacio ligado en la singularidad que existe a partir de conexiones, vecindades, relaciones, como las que se dan en este libro. Verdadera caja de resonancias entre: actores, escenas y también capítulos, donde el yo en esta perspectiva es solo un umbral, una puerta y un devenir entre multiplicidades. Valga lo de la puerta y lo del puente citado en el otro eje a la luz de o en contrapunto con Lacan y sus ventanas, ventanas a lo real.

Para concluir quiero compartir una anécdota que el mismo Tato nos contó en un seminario con él sobre dirección de escenas, en su consultorio del barrio de Palermo (un seminario inspirado en la hipótesis de la multiplicación dramática). Se trata de una anécdota del viaje de su amigo y colega Bauleo en Río de Janeiro, y así como antes era el viaje de Lacan por Siberia, ahora es el de Tato por Latinoamérica. Bauleo, de Brasi, Tato, Kesselman y otros, formaron un auténtico tándem de resistencia psicoanalítica y política en la Argentina de los 70, desde Plataforma en adelante. Pero volviendo a Río, se trataba del primer congreso de Antipsiquiatría y desmanicomialización en Latinoamérica, verdadera usina intelectual que llegó a influir en la constitución de leyes de salud mental en la región. Resulta que, por azar, Bauleo termina compartiendo taxi, para ir de una sede a otra del congreso, con el mismísimo Guattari. Ni lento ni perezoso, Bauleo, saca de su bolso su tomo de El Antiedipo, todo marcado y subrayado y le dice a Guattari: ¡Mirá cómo te leo! A lo que Guattari, tomando el libro, arrancándole varias hojas y mezclándolo todo, responde: ¡Ahora leelo así!

Por supuesto que no estoy invitando a romper este bello libro, pero, pensando en lo que implica la lectura-escritura de un analista, para que lean Escrituras Clínicas sí quiero hacer pasar el eco de este ahora leelo así.


Para adquirir el libro escribir a edicionesarchivida@gmail.com


Santiago Deus, Psicólogo, Psicoanalista. Egresó de la Universidad del Salvador en 1993-Inicia su práctica en el campo psicoanalítico en el Hospital Tobar García coordinando durante 6 años espacios de arte y juegos con pacientes internados. Desde ahí recorrió distintas instituciones públicas y privadas donde practicó el psicoanálisis además del ámbito del consultorio particular en Buenos Aires. Analista Miembro de la Escuela Freudiana de Buenos Aires. Hace 4 años participa del cartel de EFBA y comunidad desde el cual forma parte del comité editorial de la publicación Lalengua (publicación de la comisión de enlace de Buenos Aires de la Convergencia). Dicta regularmente seminarios en EFBA. Participa activamente de la Reunión Lacanoamericana de Psicoanálisis y a su vez de la Convergencia , Movimiento Lacanoamericano por el psicoanálisis Freudiano. Colabora en el Retorno a Lacan junto a sus fundadores. Profesor Titular de la cátedra Clínica con Niños y Adolescentes en la Universidad del Museo Social Argentino. Publica artículos en Cuadernos Sigmund Freud (EFBA) y en Psicoanálisis y el Hospital. Supervisor y Docente en Centro Dos.

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