Imagen de portada: «Vampyr», Edvard Munch,1895.
Cuidado Editorial: Gabriela Odena y Andrés Hofman
“Hambre y amor mueven al mundo”[1]
Schiller, Die Weltweisen
Desde hace una docena de años me he dedicado a estudiar el texto freudiano Das Unheimliche[2], especialmente en diálogo con el cine. Por mucho tiempo la fórmula «lo familiar que se vuelve extraño»[3] para designar lo siniestro me pareció trillada, incluso fácil. No obstante, es ante ciertas obras que esa definición rápida puede tomar una significación distinta. Ese es el caso de La invención de Cronos[4]. Para dar cuenta de ello, utilizaré un elemento central de la ópera prima de Guillermo del Toro[5]: la sangre. Símbolo de vida y también de muerte, nos recorre. Tinta roja con la que se han escrito linajes, dinastías, casas… y libros. La sangre será además preámbulo para tratar lo caníbal, lo cual abordaré haciendo un sucinto repaso de las menciones hechas por Freud al respecto desde 1905 hasta 1938, para finalizar con un comentario cruzado.
Para quienes no han visto la película, una breve sinopsis tomada del sitio Filmaffinity[6]: “Cronos es un artefacto creado por un alquimista medieval, en cuyo interior se encuentra instalado un insecto, que se alimenta de sangre y tiene el poder de ofrecer la eterna juventud”. Amplío apenas contando que Jesús Gris, un adulto mayor propietario y encargado de una tienda de antigüedades, es quien encuentra dicho artefacto en el interior de la escultura de un ángel. En compañía de su silenciosa nieta atraviesa una serie de peripecias luego de haber usado el laureado dispositivo, dificultades a su vez agravadas por la ensañada cacería que un magnate de apellido De la Guarda emprende en su contra, pues busca implacablemente a Cronos para alargar su vida.
Hematofilias
La película está cargada de mensajes cifrados y particulares sincronías, que en ocasiones rayan en lo cómico[7], por ejemplo a Jesús Gris lo persigue el sobrino del magnate De la Guarda, cuyo nombre es Ángel: Ángel de la Guarda. De hecho, y como sostiene Justo Planas Cabreja:
los propios personajes viven de espaldas a estos signos. Y precisamente por esta razón, son tan inquietantes para el espectador, que establece inmediatamente el puente entre su realidad y la del filme traficando significados, espacios y temporalidades, como el hecho de que la muerte y resurrección del protagonista tengan lugar en Navidad[8].
Lo destacable es ese vivir a espaldas. Más que de terror o de comedia, considero a La invención de Cronos una película simpáticamente sombría. Y no soy el único con esta polivalencia. Antes de entrar al tema de la sangre, me gustaría discutir lo que el autor antes citado considera una dificultad clasificatoria, pues afirma que:
a pesar de la extensa bibliografía que durante varias décadas ya gravita alrededor de Cronos, la película muestra cierta ductilidad al asociarla con géneros, personajes tipos, contextos o discursos: entre otros, los vampiros, los insectos, los monstruos, los cyborgs, e incluso la necrofilia y el incesto[9].
Es precisamente con una dificultad léxica con la que Freud inicia su texto Das Unheimliche, y no solo recurre a diccionarios en alemán sino que rastrea en el español, inglés, árabe, francés, italiano, hebreo, latín, griego, portugués. Es llamativo que la película de Del Toro sea bilingüe, hay diálogos completos entre personajes que hablan cada uno español o inglés, o incluso lo usan indistintamente. Podría deberse a que los hechos presentados en el filme (1998) ocurren cinco años después de su fecha de estreno, es una película futurista que presenta a México D.F. –ahora Ciudad de México– como una ciudad absolutamente cosmopolita, al punto que las señales de tránsito están escritas en español, inglés, árabe, ruso, entre otras. De arranque nos da un mundo distinto.
Esto coincide con lo postulado por Justo Planas, en cuanto plantea que la película es inclasificable por su carácter siniestro (unheimliche), carácter que no está dado únicamente por la variedad de componentes antes descritos, sino y especialmente, por su inquietante diégesis[10], pues “para Freud lo unheimlich puede desprenderse de una ruptura de lo pactado con el lector (o espectador) a inicios de la narración, que presupone ciertas expectativas”. Es decir, Del Toro nos sorprende, pero no con sobresaltos sino –y en esto concuerdo con Justo Planas– con cierta saturación de repeticiones que se hace llevadera por la sutileza con la que es presentada.
Las dimensiones que trabaja Justo Planas para la disección de La invención de Cronos merecerían un comentario en sí mismo, pues usa las acepciones de lo unheimliche propuestas por Freud como escalpelos para escudriñar la cinta sin caer en una mera aplicación psicoanalítica a la obra. Me quedo con su conclusión: “De esta forma, el tiempo es el elemento del filme que genera estas discrepancias de juicio (Freud, 2003: 156) a partir de lo cual algo familiar, pero oculto, se revela (Freud, 2003: 132), es decir, lo unheimlich”[11].
En esta película, la sangre está diluida en su repetición: es uno de los elementos que más aparece, tanto que hace casi obviarla[12]. Es decir, la sangre se nos presenta como familiar en tanto habitual. Recurro a algunas pinturas para proponer y acompañar algunos momentos de la película de radical contraste, donde el disimulo se queda corto. Para el primer segmento podemos apreciar la pintura de Morgan Weistling, Papa’s Tea:
Es en su sentido de linaje que la sangre aparece por primera vez en el personaje de Jesús Gris[13], visto cuando juega con su nieta y le canta tiernamente: “Cuando en la mañana ya despunta el sol, abre tus ojitos…”. La ternura se acentúa, su nieta se llama Aurora.
La casi simultaneidad entre el cariño expresado a alguien con quien se comparte un lazo de sangre y algunas escenas siguientes en las que Jesús oculta que sangra (en la palma de su mano, como un estigma, un juego simbólico más) o que consume sangre (de un lavado en un baño público y luego del suelo) es remarcable.
Sirve además como redoble de tambores al punto clímax de suspenso: el momento en que Jesús está a punto de comerse a su nieta –o al menos a drenar su sangre a mordiscos. Sí, lo familiar se vuelve extraño. Es el instante malasangre en el filme. Para acompañar este segundo momento podemos apreciar la célebre pintura de Francisco de Goya Saturno devorando a su hijo (1819-1823):
Saturno, antiguamente identificado con el titán Cronos –me uno al juego simbológico–, se observa entregado a su voracidad. El gesto de su rostro es inequívoco.
En ese instante ocurre algo también imprevisto: ya estábamos «familiarizados», en el sentido de habituados, a no escuchar palabra de la niña. Pero en el momento en que el hambriento Jesús se le acerca para ingerir de su sangre, la niña habla:
“abuelo”
Una sola palabra bastó para detenerlo. Para acompañar este momento, la pintura de Illiá Repin Iván el terrible y su hijo Iván (1581):
La expresión en los ojos de Iván padre es estremecedora[14] y al mismo tiempo emparentada con la de Saturno. Jesús Gris fue sacado de la ferocidad de su trance por la palabra “abuelo” que le recordó otra dimensión de la sangre: la familiar. Los ojos de Saturno y de Iván el terrible no llegaron a ser los de Jesús Gris. No tuvo que sufrir el arrebatador arrepentimiento de su singular apetito.
No parece casualidad que posterior a detener su ataque, lo primero que hace es destruir el sanguinario dispositivo. Tampoco parece casualidad que en el aparato Cronos está grabada la figura del Uróboros, una serpiente o que se come su propia cola, que se come a sí misma… que ingiere su propia carne y sangre.
Recapitulando, pasamos de un abuelo cariñoso, a un abuelo caníbal de su nieta, y de vuelta a un abuelo que renuncia a su voracidad de sangre ante la evocación de una palabra que alude precisamente a un lazo de sangre.
Del Toro utiliza la voz de Aurora como elemento que salva de ese fatal desenlace, pero solo de ese, pues el final de la película no deja de ser inquietante.
No lo contaré. En su lugar lanzaré más adelante una consideración final que este tríptico podría proveer al psicoanálisis en torno al canibalismo, cuestión –siguiendo la fórmula unheimliche de Freud– “no del todo superada”.
El canibalismo no es ajeno al psicoanálisis, valga el siguiente recorrido en Freud para ilustrarlo y a su vez problematizarlo.
Homo homini lupus est
La primer obra en la que aparece el tema del canibalismo es en Tres ensayos de teoría sexual[15], donde afirma que “una primera organización sexual pregenital es la oral o, si se prefiere, canibálica”[16]. La base del canibalismo la postula como forma primitiva de incorporación del objeto deseado, es así como también la trabaja en Totem y tabú[17] al afirmar que uno de los fundamentos del canibalismo es el buscar adquirir características del ingerido, amplía este aspecto a la ingesta de animales. En dicho texto no se trata de cualquier humano, sino del así llamado «padre primordial»:
El violento padre primordial era por cierto el arquetipo envidiado y temido de cada uno de los miembros de la banda de hermanos. Y ahora, en el acto de la devoración, consumaban la identificación con él, cada uno se apropiaba de una parte de su fuerza.[18]
Aquí se entrelaza la incorporación caníbal con la identificación, asunto que no nos es nuevo. Acá aparece la envidia y el temor, no tanto el amor o lazo pulsional como lo trabaja en Psicología de las masas y análisis del yo, respecto a la ligazón con la figura del líder o del amado. Pasamos entonces de una pulsión de nutrición y de la incorporación del objeto deseado, a identificarse con él aún y a través de una gran hostilidad.
En esa línea, en De la historia de una neurosis infantil[19] continúa trabajándola como fase y meta sexual, en el caso particular del Hombre de los lobos, también hacia el padre. Luego, en Psicología de las masas y análisis del yo[20] menciona: “El caníbal, como es sabido, permanece en esta posición; le gusta {ama} devorar a su enemigo, y no devora a aquellos de los que no puede gustar[21] de algún modo” (p. 99). No es cualquier palabra la que queda entre llaves, “ama” como forma de “gusto” va más allá de una cuestión de intensidad o magnitud de ese gustar, en psicoanálisis las implicaciones de eróticas son múltiples y profundas. El gusto por el enemigo, el amor por el odiado, el sexo en la muerte son sólo algunas de las formas en las que dicotomías tradicionalmente antagónicas quedan resquebrajadas.
Continuando con este vistazo en textos de Freud, en El porvenir de una ilusión[22] coloca al canibalismo junto con el incesto (resuena la trama de La invención de Cronos) y el gusto por matar como deseos pulsionales frustrados culturalmente. Del canibalismo afirma “parece proscrito en todas partes”[23]. Por último, tanto en El yo y el ello[24] como en Moisés y la religión monoteísta[25] hace referencia resumida a lo expuesto en Tótem y tabú.
Más allá de cierto gusto o amor por devorar al enemigo o al envidiado –a quien también podría amarse, como es casi usual–, encuentro una fisura en su despliegue conceptual. Lo ubico al inicio de Tótem y tabú cuando Freud parece extrañarse de que aún entre caníbales hay prohibición del incesto. A continuación la cita in extenso:
De estos caníbales pobres y desnudos no esperaríamos, desde luego, que en su vida sexual observaran reglas éticas como las entendemos nosotros, o sea, que impusieran un alto grado de restricción a sus pulsiones sexuales. No obstante, nos enteramos de que se han fijado como meta, con el mayor cuidado y la severidad más penosa, evitar relaciones sexuales incestuosas. Y aun su íntegra organización social parece servir a este propósito o estar referida a su logro.[26]
Quisiera destacar tres aspectos: el primero es que desde el punto de vista freudiano el canibalismo pareciera ser culturalmente más reprochable que el incesto, puede que se deba a que usualmente para comer hay que matar o quizá por la pavorosa frecuencia de actos incestuosos con la que el mismo Freud se topó en su clínica y que le fue hartamente cuestionada al no querer ver, o creer. Que sea más común no lo hace menos reprensible. El segundo aspecto es general a las citas pertenecientes a este recorrido y es que, al aludir al canibalismo, Freud no habla nunca de hambre sino de gusto y, en una ocasión, de amor… no calza acá el viejo adagio: «el amor con hambre no dura». El tercero es que se halla muy presente la tensión padre-hijo, una relación –al menos en Freud– usualmente cargada de jerarquía y hostilidad. La identificación juega entonces un papel central, incluso en nuestra lengua, semejanza y parentesco están semánticamente cerca.
El otro como banquete o La Última Cena
¿Tenía Jesús Gris hambre o apetencia por su nieta? El asunto con La invención de Cronos es que vemos al familiar hombre culto, con canas en su cabeza y que ostenta un tierno amor por su nieta (Papa’ Tea), volcarse extraña y súbitamente a consumirla (Saturno devorando a su hijo). Si volvemos a Tres ensayos de teoría sexual encontramos esta afirmación: “La historia de la cultura humana nos enseña, fuera de toda duda, que crueldad y pulsión sexual se copertenecen de la manera más estrecha”[27]. En la película, el canibalismo incestuoso –¿y pedófilo?– se presenta como una condensación de pesadilla (Iván el terrible y su hijo Iván), una derrota cultural[28] ante una imperiosidad apenas evitada al apelar a cierto lazo de sangre[29], se hizo inapetecible, más allá de toda hambre. ¿Qué fuerza es esa que lo evitó?
Freud apunta a lo sagrado, pues luego de la extensa cita expuesta antes continúa hablando del “sistema del totemismo”, como forma social de organización según estirpes de los clanes australianos abordados como modo de protección de ser ingeridos entre sí.
Pero, ¿dónde está lo sagrado en nuestros tiempos? ¿Se cree o se crea? ¿Es la sangre filial garantía de protección a la devoración? Por el contrario, en el catolicismo existe una práctica caníbal sumamente conocida y practicada muy comúnmente: la Santa Cena. Partiendo de la Transustanciación como doctrina canónica, quienes la practican –y en ella creen– ingieren el vino y el pan no como si, sino como la sangre y carne de Jesús, no es en representación, sino la cosa en sí. Rubén Gallo[30] cuenta a Freud como uno más dentro de la mirada occidentalista que observaba con oprobio los supuestos rituales antropofágicos en tierras mexicanas, apuntando con el dedo el exotismo[31] mientras tenía la hostia en sus narices.
Esa precariedad civilizatoria de los pueblos “pobres y desnudos” no se queda en las geografías lejanas, sino también en la distancia temporal. Esta distancia es por partida doble y en plena consonancia con la manera en que aborda la angustia filogenética y ontogenética en Das Unheimliche, es decir, la infancia colectiva e individual; se aprecia en su (auto)diálogo con un juez imparcial:
usted se asombrará sin duda al enterarse de que el varoncito con harta frecuencia se angustia frente a la posibilidad de ser devorado por el padre. (¿Y no le maravilla también que yo incluya esa angustia entre las exteriorizaciones de la vida sexual?) Pero puedo recordarle el relato mitológico que usted quizá no ha olvidado desde sus años de estudiante: también el dios Cronos devoró a sus hijos. ¡Cuán extraño debió de parecerle ese mito cuando lo conoció por primera vez! Pero creo que ninguno de nosotros reparó en ello en aquella época. Hoy podemos considerar también muchos cuentos tradicionales en que se presenta un animal devorador, como el lobo, y discerniremos en este último un disfraz del padre. Aprovecho esta oportunidad para asegurarle que la mitología y el universo de los cuentos tradicionales sólo se vuelven comprensibles mediante el conocimiento de la vida sexual infantil. He ahí, pues, una conquista de los estudios analíticos.[32]
Hacer al psicoanálisis partícipe del proyecto de progreso iluminista mediante la conquista de nuevos conocimientos sobre los otrora misterios, es muy propio de ese pensamiento cientificista freudiano. Hace del saber un tótem con el cual superar lo inculto o salvaje[33], siendo quizá una de las expresiones más extremas el canibalismo. Pero, si aún el canibalismo en su forma más directa –ingesta de carne humana por otro humano– no ha sido del todo erradicada[34], ¿qué hay de otras formas más simbólicas de comernos? Quedará para otro momento tratar el tema del chisme como vía para comerse a alguien –dicho coloquialmente– en el que también participa la agresividad e identificación; así como el comerse a alguien figuradamente aludiendo a lo sexual, para ello se vuelve pertinente nada menos que El banquete de Platón y los comentarios de Lacan al respecto del hambre de Alcibíades por Sócrates, por su agalma.
Volviendo a Freud, su apuesta por ubicar lo sagrado en un sistema cultural de protección del canibalismo basándose precisamente en la escena primordial de Tótem y tabú es, cuanto menos, paradójica. Tal y como lo apunta Helga Fernández:
Los machos, unidos en el acto del parricidio, perpetúan la ley del padre a través del pacto que también incluye la sangre. Este mito fundacional —narrativa que, como toda narrativa, habla más del presente que del origen— revela algo clave: los hermanos construyen su fortaleza definiendo un “otro” al que consideran débil o inferior[35]
Entonces, ¿qué otra fuerza opera en el decir de Aurora? Considero que ese “abuelo” no apela al logos, ni meramente a lo semántico de la carga familiar de sangre, sino que su potencia se manifiesta en el decir mismo: la silente niña habla. Es lo real de lo inaudito. Lo sagrado que brota del corazón.

***
Es más lobo el hombre al hombre que el lobo.
“He who makes a beast of himself gets rid of the pain of being a man”
Dr. Johnson – F&LiLV
* Este texto ha sido recompuesto –quizá a modo Frankenstein– a partir de otras participaciones públicas. Este desentierro trae mi ponencia Malasangre en “La invención de Cronos”, presentada durante el I Encuentro franco-costarricense de Psiquiatría y Psicoanálisis, en el 2017, y, mi participación con Banquete caníbal, en una clase del Seminario de temas: La invención de la transferencia, de la Escuela de Psicología de la Universidad de Costa Rica, en el 2019.
[1] “¡Un respetabilísimo par de fuerzas, por lo demás!” afirma Freud en ¿Pueden los legos ejercer el análisis? Diálogo con un juez imparcial (1926), citando abreviadamente a Schiller.
[2] Freud, Sigmund. (1919/1992). Lo ominoso. En Obras Completas, Tomo XVII. Argentina: Amorrortu editores
[3] Forma resumida de: “lo ominoso es aquella variedad de lo terrorífico que se remonta a lo consabido de antiguo, a lo familiar desde hace largo tiempo” (1919, p. 220); o de: “lo ominoso es lo otrora doméstico, lo familiar de antiguo” (p. 244). Freud plantea que este escrito es un intento de “ir más allá de la ecuación ominoso = no familiar” (p. 221).
[4] Del Toro, Guillermo (director) y Navarro, Bertha, Alejandro Springall y Arthur Gorson (productores), La invención de Cronos, 1993, Prime Films, Iguana Producciones, México, Universidad de Guadalajara.
[5] Galardonado con varios premios por su película The Shape of Water, entre ellos el Globo de Oro y Oscar a mejor director, y Oscar a mejor película del año (2018). Esta película, en diversas dimensiones puede considerarse un remake de La invención de Cronos.
[6] https://www.filmaffinity.com/es/film443898.html
[7] Y no es que lo cómico haga más digerible lo grotesco o macabro, es que lo cómico forma parte de ello precisamente mostrando lo absurdo de y alrededor de la muerte; no es casualidad que Allouch iniciara Erótica del duelo en tiempos de la muerte seca, en especial su Literatura Gris I, justamente con esto. Ver: Allouch, Jean, 2011. Erótica del duelo en tiempo de la muerte seca. Buenos Aires: El cuenco de plata.
[8] Planas Cabreja, Justo, Cronos en el laberinto de lo unheimlich. Imagofagia, 2017, Revista de la Asociación Argentina de Estudios de Cine y Audiovisual. 16, p. 258.
[9] Ibid., pp. 244-245.
[10] Ibid., pp 245. Que define como “el mundo en que habitan estos personajes y donde tiene lugar la narración, un mundo que cuenta con una ontología propia, es decir, con límites establecidos entre lo real y lo irreal”
[11] Ibid., p. 264.
[12] Lo cual recuerda al relato La carta robada de Edgar Allan Poe, comentado por Lacan.
[13] Antes había aparecido en la muerte del alquimista Ubertino Fulcanelli, quien en su última agonía exclama: “suo tempore”, traducible como “a tiempo”, o “a su debido tiempo”.
[14] Se dice que sus remordimientos lo llevaron a exclamar: “Desde los tiempos de Adán hasta este día, he sobrepasado a todos los pecadores. Bestial y corrompido he ensuciado mi alma”. Consultar: Ballester Escalas R., Iván el Terrible, 1964, Barcelona: Ediciones Toray, S.A.
[15] Freud, Sigmund. (1905/1992). Tres ensayos de teoría sexual. En Obras Completas, Tomo VII. Argentina: Amorrortu editores
[16] Freud, Sigmund. Tres ensayos para una teoría sexual 1905/1992, En Obras completas, Tomo VII. Buenos Aires, Argentina: Amorrurtu editores, p. 180. Y parece que no se prefiere, aun cuando en De la historia de una neurosis infantil (1918) las menciona en orden opuesto: “Me he visto precisado a considerar como la primera organización sexual reconocible la llamada canibálica u oral, en que aún domina la escena el originario apuntalamiento de la excitación sexual en la pulsión de nutrición” (p. 97). Para la ya controversial teoría psicoanalítica, “oral” suena mucho mejor que “canibálica”. Ver las referencias bibliográficas del recorrido de este subapartado al final del texto.
[17] Freud, Sigmund. (1913/1992). Totem y tabú. En Obras Completas, Tomo XIII. Argentina: Amorrortu editores
[18] Ibid. pp 143-144
[19] Freud, Sigmund. (1918/1992).El Hombre de los Lobos. En Obras Completas, Tomo XVII. Argentina: Amorrortu editores
[20] Freud, Sigmund. (1921/1992). Psicología de las masas y análisis del yo. En Obras Completas, Tomo XVIII. Argentina: Amorrortu editores
[21] Ibid. p. 99. Aquí puede asomarse ya un asunto que pasa de lo identificatorio a lo transferencial, no puedo evitar recordar a Freud cuando menciona en las Conferencias de introducción al psicoanálisis que no tomaría bajo tratamiento analítico alguien que no le agrade; acá la palabra a propósito del tema sería el gusto. Se puede sumar ahora la contraindicación lacaniana de no colocar el agalma u objeto a del analista, tan siquiera por un instante en el analizante. Ver: Allouch, Jean, El sexo del amo, 2009, Buenos Aires: El cuenco de plata, p. 170.
[22] Freud, Sigmund. (1927/1992). El porvenir de una ilusión. En Obras Completas, Tomo XXI. Argentina: Amorrortu editores.
[23] Ibid. p.11
[24] Freud, Sigmund. (1923/1992). El yo y el ello. En Obras Completas, Tomo XIX. Argentina: Amorrortu editores.
[25] Freud, Sigmund. (1939/1992). Moisés y la religión Monoteísta. En Obras Completas, Tomo XXIII. Argentina: Amorrortu editores.
[26] Freud, Sigmund. (1913/1992). Totem y tabú. En Obras Completas, Tomo XIII. Argentina: Amorrortu editores, p.12.
[27] Freud, Sigmund. (1905/1992). Tres ensayos de teoría sexual. En Obras Completas, Tomo VII. Argentina: Amorrortu editores p. 174
[28] Derrota que no termina de repetirse, recientemente se ha reavivado el debate en torno a los archivos Epstein, en los que una red mundial de tráfico sexual infantil operaba impunemente. Pese a que no se ha mostrado o demostrado evidencia de prácticas caníbales, el tema ha vuelto a ponerse sobre la mesa pues si lo que en otros momentos fue tomado por conspiración ahora “sale a la luz” como hechos probados, ¿no serían también probables estas prácticas antropofágicas entre élites “intocables”?
[29] Y subrayo el “cierto” pues es muy diferente este lazo al que aludí al inicio del texto respecto a la perpetuación de linajes de corte hegemónicamente masculino. Para una afilada y atinada crítica respecto de lazos filiales de sangre propios de un sistema hemato-homocentrista, recomiendo especialmente el segundo capítulo “Un amigo no es un hermano” y subapartado “Pacto de sangre” del libro recién publicado de Helga Fernández: La función del amigo: una tensión deseante.
[30] Ver: Gallo, Rubén, Freud en México: historia de un delirio, 2011, Ciudad de México: Fondo de Cultura Económica.
[31] Precisamente la palabra caníbal proviene de la voz caribe “carib” que alude a ‘indígena caribe’. Usada por primera vez en español por Cristóbal Colón en el diario de su primer viaje para referirse a un pueblo de gente temida por su fuerza. Ver: https://dle.rae.es/can%C3%ADbal y https://www.etymonline.com/word/cannibal
[32] Freud, Sigmund. ¿Pueden los legos ejercer el análisis? Diálogos con un juez imparcial, 1926/1992, En Obras completas, Tomo XX. Buenos Aires, Argentina: Amorrurtu editores, p. 198.
[33] Evidentemente Freud también advierte de los riesgos y altos costos que implica el sometimiento pulsional a la cultura, pero precisamente no dejan de ser tomados como preferibles frente a la barbarie; también resalta el carácter temporal de algunos fenómenos o anomalías en el desarrollo de lo libidinal, hablo de las regresiones y fijaciones.
[34] También en el cine comercial vuelve a hacerse presente con La sociedad de la nieve, una nueva versión de la película Alive!, basadas en hechos reales sobre el accidente aéreo en Los Andes en el que el predicamento “comer o morir” gira precisamente en torno al canibalismo. La fascinación en el público junto al tratamiento estético visual de la película es destacable, así como la inclusión del dilema religioso a nivel narrativo.
[35] Fernández, Helga, La función del amigo: una tensión deseante, 2026, Buenos Aires: En el margen Editora, p. 51. Concuerdo con la autora en que esta base paterno-filial no deja de tener efectos en el psicoanálisis y en la manera que las escuelas se estructuran y funcionan… en el derecho y en el hecho.
Referencias
Del Toro, Guillermo. (director) y Navarro, Bertha, Alejandro Springall y Arthur Gorson (productores). (1993). La invención de Cronos. México: Universidad de Guadalajara.
Fernández, Helga. (2026). La función del amigo: una tensión deseante. Buenos Aires: En el margen Editora
Freud, Sigmund. (1905/1992). Tres ensayos de teoría sexual. En Obras Completas, Tomo VII. Argentina: Amorrortu editores
Freud, Sigmund. (1913/1992). Totem y tabú. En Obras Completas, Tomo XIII. Argentina: Amorrortu editores
Freud, Sigmund. (1919/1992). Lo ominoso. En Obras Completas, Tomo XVII. Argentina: Amorrortu editores
Freud, Sigmund. (1921/1992). Psicología de las masas y análisis del yo. En Obras Completas, Tomo XVIII. Argentina: Amorrortu editores
Freud, Sigmund. (1926/1992). ¿Pueden los legos ejercer el análisis? Diálogos con un juez imparcial. En Obras completas. Tomo XX. Buenos Aires, Argentina: Amorrurtu editores.
Freud, Sigmund. (1927/1992). El porvenir de una ilusión. En Obras Completas, Tomo XXI. Argentina: Amorrortu editores
Gallo, Rubén. (2011). Freud en México: historia de un delirio. Ciudad de México: Fondo de Cultura Económica.
Planas Cabreja, Justo. (2017). Cronos en el laberinto de lo unheimlich. Imagofagia. Revista de la Asociación Argentina de Estudios de Cine y Audiovisual. 16, 244-266
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