Cuidado Editorial: Laura Gobbato y Yanina Marcucci
Imagen: Las Musas Inquietantes de Giorgio de Chirico.
Me pregunto si la obediencia
es un cuarto sin llave
o un sueño que repetimos
con la voz y las manos atadas1
Julieta Lopérgolo
El texto invita al lector a detenerse en 6 consignas que circulan en la comunidad psicoanalítica, a fin de interrogarlas, desmembrarlas, ponerlas a trabajar. Un recorrido a contrapelo2, sin obediencia, atreviéndonos al error.
G. Steiner escribió: “Qué maravilla poder equivocarse. Y decirse: ¡He metido la pata! Y así es como empieza el siguiente capítulo: El mayor privilegio, la mayor libertad es no tener nunca miedo de equivocarse”3.
Si evitar los errores, lleva al mutismo, a un sometimiento mudo, prefiero a(l)zar la voz.
Devolver
“Hacerle una devolución al paciente al final de cada sesión para que no se angustie”.
Es lo contrario a la irrupción de la interpretación que sorprende tanto al analizante (no escribo paciente) como al analista. Pero si hubiera devolución sería como el relato del caldero:
− ¡Usted me devolvió el caldero todo agujereado!
− Primero, se lo devolví intacto.
− Segundo, cuando me lo prestó ya estaba agujereado.
− Tercero, jamás me prestó un caldero.
El mensaje retorna siempre en forma invertida al emisor, más allá de la intención.
Acotar
La consigna “acotar el goce”, resuena en acatar, obedecer. Prefiero acot(e)ar, un neologismo que rescata el a côté, al lado, una intervención al costado, que en la voz del analista toca al cuerpo, en el momento preciso. Si la intención fuera hacer el bien, lo mejor para el paciente (no-analizante), supondría que alguien sabe qué es lo mejor.
El deseo del analista, un deseo sin intención.
Atender
Hablar de una clínica de la ternura, muestra la ranura por la cual los significantes que ordenan gozar se escabullen sin posibilidad de escucharlos, de interrogarlos. La ilusión de transmutar así la crueldad del Superyó por otro menos cruel, más benigno, no cesa de fracasar. El malestar en la cultura lo confirma porque la renuncia no lo calma, al contrario, exacerba su sadismo.
En inglés tender es ternura, atender es nuestra práctica, mejor dicho: a-tender- La basura, restos de goce en el núcleo del amor de transferencia.
También significa “presentar una oferta” y es exactamente eso: la presencia del analista es oferta que crea demanda. En castellano “tender una mano” me recuerda el testimonio de un analizante de Lacan que decía que él lo sostenía con una mano, pero con la otra lo sacudía.
Un deseo sin buenas intenciones.
Alojar
“El significante no representa al sujeto sino para otro significante”.
Elijo esta frase (Seminario 16) que resalta que no representa, es decir que no representa plenamente, una función de representación que en el instante que emerge lo representa y lo abisma. Un tiempo de inclusión/exclusión… expulsión.
Hay un rechazo en, de, la estructura significante. Es la privación.
Cuando se escucha que hay que alojar al paciente, hay renegación del rechazo; como si el analista pudiera extraer la barra de S(Ⱥ), transformarlo, coagularlo en S(A), sin castración. Hay renegación de la división del sujeto al nombrarlo paciente, por eso analizante es la actividad que conviene para transmitir lo que sucede en un análisis. Es la ley del significante la que queda rechazada en la consigna alojar, porque el significante divide, borra y (no) representa a un sujeto.
Una pregunta que se transmuta en enigma: Es eso lo alojable, la presencia del analista en el núcleo del síntoma, es decir en el cuerpo de la transferencia4.
Asumir
Definición de asumir: tomar para uno mismo, dar consentimiento, asentimiento. Se dice que habría que asumir la castración y hacerse cargo, responsable; pero ¿quién es el agente de esta actividad? ¿el uno mismo que cuando dice se divide?
Responsabilizar
El sujeto del Inconsciente se realiza (se hace real), existe en calidad de falta. El Inconsciente puede decir todo… menos “yo soy”; entonces al invitar, al ahora analizante, a decir todo lo que se le ocurra, se inicia un viaje por las estaciones del no soy. Sin analista no hay viaje.
En la asociación el sujeto no está, mejor dicho: está a la espera. Una espera sin ser. La asociación libre horada al ser.
Basta el inicio de la asociación para que el SsS caiga: el saber inconsciente dirige, la asociación libre es ya el primer tiempo de la interpretación, y nachträglich, se habrá sabido a partir de la interpretación. Por eso el nombre del padre es término de la interpretación, hace falta(r) al objeto, vacía al significante de cualquier sentido. Punto de anclaje que reordena la sucesión.
¡Ud. lo ha dicho! indica un punto sin retorno, se leyó escuchando y la voz escribe/inscribe al decir. Se escuchó leyendo.
Un cálamo escribe en el cuerpo del análisis —como la mano en las paredes de Babilonia, como la fórmula de la trimetilamina en el sueño de la inyección de Irma— es decir, del consultorio.
¿Y la respuesta? La salida de una escena miserable, un pasaje al acto en el que decir es hacer. A veces, si hay coraje ante el umbral de la angustia, ocurre. Pero si cede, si retrocede, no hay cuerpo, no hay salida, solo imagen que se cree autosuficiente hasta que se vuelva a partir; una interpelación sin consecuencias.
Propongo articular responsabilidad subjetiva con destitución subjetiva y des/ser del analista. Este es el territorio del no soy.
“La responsabilidad es un para el otro, su ser desaparece para el otro, su ser muere en significación. Soy responsable del otro sin esperar la recíproca aunque ello me cueste la vida” 5.
Del lado del analista entonces, responsabilidad para sostener un deseo abstinente, de sostener con su acto la tarea analizante hasta el fin, hasta su final
Pero leemos y escuchamos con frecuencia: “Se trata —para el sujeto— de asumir la responsabilidad del lugar que se ocupa en el discurso para dejar de ser objeto, para convertirse en sujeto de su propio decir. Sujeto activo de su deseo”6.
Me detengo aquí por un instante para pensar estas expresiones.
De ser objeto a convertirse en sujeto, ideal de pasaje de la pasividad a la actividad. Convertirse en sujeto activo, es una afirmación que merece nuestra atención. Lacan sostenía que lo activo es el objeto a y el sujeto es lo subvertido por esa actividad del objeto. Esta subversión es desmentida cada vez que se postula que habría que llegar a ser responsable.
Tampoco el análisis transita desde la alienación a la separación, porque son dos operaciones que instituyen sujeto. Es imposible desentenderse del Otro, auto/fundarse.
“El imperativo goethiano lo que has heredado de tus padres, adquiérelo para poseerlo, no da por sentada una pasiva operación filiatoria del sujeto sino un movimiento de apropiación que al mismo tiempo que filia, desafilia, al mismo tiempo que tiene en cuenta el lazo con el Otro, se distancia paradojalmente de él”7.
Wo es war soll ich werden.
Lacan lee al Ich como sujeto y se apresura a interrogar… ¿pero adviene?
Estallido de tiempos que se entrecruzan, entre lo que podría haber sido, lo que hubiera querido que sea, y lo que aún no ha sido. Declinaciones del verbo ser, que en el tiempo del análisis, es des/ser.
El ternario instante-tiempo-momento precipita en identificaciones constituyentes de ninguna identidad.
Sabemos que “asumir la responsabilidad” es una expresión freudiana8, pero interrogar lo ya sabido es esencial a nuestro quehacer.
¿Qué es lo propio? el núcleo, el carozo del ser, lo extraño, extranjero, extimo, unheimlich. Entonces ¿cómo apropiarse de lo que por definición es ajeno?
Por el gusto de escribir algo: después de muchos días de silencio escritural me ha asaltado, en el baño, mientras me lavaba las manos antes de irme a acostar, el deseo de estar, a la luz de la lámpara, escribiendo. Deseo de escribir; no de decir algo. Pero deseo, también, de escribir en tanto que escritor: sin que ninguna razón, como no sea el deseo de estar a la luz de la lámpara, escribiendo, haya motivado mi acto. Mecerme en el equilibrio infrecuente y perecedero de la mano que va deslizándose de izquierda a derecha, oyendo los rasguidos de la pluma sobre la hoja del cuaderno, victorioso por el hecho de haber comprendido por fin que el deseo de escribir es un estado independiente de toda razón y de todo saber, liberado de toda exigencia de estructura, de estilo o de calidad, y lleno del silencioso clamor de las palabras que no son de nadie, que nadie puede acumular ni guardar para sí —la voz del mundo y de cada uno que resuena a través de mí en la noche apacible—. Cada vez que este deseo me viene, trae consigo la validez del universo entero y la de esa partícula sin nombre del universo que soy yo mismo9.
Tal vez Saer indique aquí un camino para pensar una apropiación posible, sublimatoria, sin yo, sin nombre y sin imagen, en la que confluyen —para él— deseo y goce de escribir. Un salto desde la mano que se lava, a la mano que escribe. Es y no es la misma mano, la que sostiene y la que sacude.
Es y no es una partícula sin nombre. Como el oído en el momento de la interpretación, que al escuchar lee y al leer escribe.
Non liquet
Adenda
El a(l)zar
No se es responsable de la ley de gravedad ni de la rotación de la tierra sobre su eje. Si la caída de un rayo inicia el primer foco de un incendio en el bosque ¿quién es responsable del incendio? ¿el rayo, la sequía, el destino, un castigo de los dioses?
***
Minuto 3,30 de la película Brazil (1985): una mosca cae en el telex y en lugar de la T, salta la tecla y escribe la B y el apellido del buscado ahora es otro, y la dictadura detiene a Buttle en lugar de a Tuttle.
***
“Se te perdona la vida si nos dices dónde está. Tienes un cuarto de hora para reflexionar. Advierte que es la gran maniobra para ablandarlo. No obstante, no piensa decir el paradero de Gris, que conocía perfectamente: se escondía en casa de su primo. Vienen a buscarlo. El oficial gordo dice: ¿reflexionaste? Los miraba con curiosidad como a insectos de una especie muy rara. Les dije: sé dónde está. Está escondido en el cementerio. En una cripta o en la cabaña del sepulturero. Era para hacerles una jugarreta.
Poco tiempo después, regresa solo el oficial gordo, quien lo envía al patio sin explicaciones. Ibbieta, aturdido, no sabe qué sucede. Llegan más prisioneros; entre ellos, el panadero García, un conocido de Ibbieta.
−¡Maldito suertudo! No creí volver a verte vivo.
−Me condenaron a muerte dije, y luego cambiaron de idea. No sé por qué.
−Me arrestaron hace dos horas, dijo García.
−¿Por qué? García no se ocupaba de política.
−No sé dijo, arrestan a todos los que no piensan como ellos. Bajó la voz:
−Lo agarraron a Gris. Yo me eché a temblar:
−¿Cuándo? −Esta mañana. Había hecho una idiotez. Dejó a su primo el martes porque tuvieron algunas palabras. No faltaban tipos que lo querían ocultar, pero no quería deber nada a nadie. Dijo: me hubiera escondido en casa de Ibbieta, pero puesto que lo han tomado, iré a esconderme en el cementerio»11
***
”Hace falta buena parte de preparación intelectual para creer en la casualidad; el primitivo, el hombre sin ilustración y, seguramente el niño, saben dar una razón a todo lo que sucede”12.
Referencias
- Julieta Lopérgolo, Contra las cosas quietas, Ed Salta el pez, Buenos Aires 2025. ↩︎
- La idea de lectura a contrapelo, es de Walter Benjamin. La tesis VII, en particular, es donde plantea la necesidad de «cepillar la historia a contrapelo». Esta frase sugiere una manera de abordar la historia que se opone a la idea tradicional de un progreso lineal y homogéneo. En lugar de seguir el flujo lineal de la historia, propone un enfoque que se enfrenta a la corriente, que busca desentrañarla no como un todo continuo, sino como una serie de momentos discontinuos y contradictorios. Tras lo escrito, algo más se puede leer”
Gabriel Sedler, tomado de su texto: “Formación del analista, una frase a contrapelo”, en Analistas en formación, Ed Ricardo Vergara, Buenos Aires 2025. ↩︎ - G. Steiner, Un largo sábado, Conversaciones con Laure Adler, Ed Siruela, Madrid 2020. ↩︎
- Hallazgo en un diálogo con Roberto Bellorini en radio Monk. Mi agradecimiento. ↩︎
- Emmanuel Lévinas, Ética e infinito, Visor, Madrid 1991. ↩︎
- Psicoanálisis lacaniano, ver en facebook. ↩︎
- D. Kreszes, Filiación y juridicidad de la lengua, en Redes de la letra 7, Ed Legere, Buenos Aires 1997. ↩︎
- “He de experimentar entonces que esto, negado por mí, no sólo está en mí, sino que también actúa ocasionalmente desde mi interior”. “Es preciso asumir la responsabilidad por los impulsos oníricos malvados. ¿Qué otra cosa podría hacerse con ellos?. Si el contenido onírico —correctamente comprendido— no ha sido inspirado por espíritus extraños, entonces no puede ser sino una parte de mi propio ser”. “Está por verse si llegará en la vida a algo más que a la hipocresía o a la inhibición, quien no satisfecho con ello, pretenda ser mejor que lo que ha sido creado”. S. Freud, “La responsabilidad moral por el contenido de los propios sueños” O.C. Biblioteca Nueva, Madrid 1948.
↩︎ - Juan José Saer, Introducción a Papeles de Trabajo I, Seix Barral, Barcelona 2012. ↩︎
- JP Sartre, El Muro, Losada, Buenos Aires 1992. El texto me lo sugirió Carlos Gutierrez. Mi agradecimiento.
↩︎ - S. Freud ,“La femineidad”, O.C. T2 ,B Nueva, Madrid 1948. ↩︎
Daniel Rubinsztejn. Psicoanalista. Dr. en Psicología (UBA) y Profesor titular en la maestría de psicoanálisis de la Universidad Nacional de Rosario. Autor de Psicoanalisis, una práctica imperfecta (2000), Modos de abstinencia (2006), De una práctica que no sería una ciencia (2012), Variaciones del sujeto (2021), El analista sin tejado (2022), Travesias, ensayo psicoanalítico de lo singular (2026).
Esta revista se sustenta gracias a la publicación, la difusión y la edición, sin ánimo de lucro, de cada uno de los miembros que la componen. Agradecemos la colaboración económica que el lector o la lectora quiera y pueda para lo cual dejamos nuestros datos.
CVU: 0000003100004469954568
Alias: enelmargen.mp
Mercado Pago
Desde el exterior: https://www.paypal.me/flagelodelverbo