Imagen de portada: Mario A. Nívoli, diapositiva color, Bariloche 1965 de la muestra-ensayo «Como miran tus ojos».
Cuidado editorial: Helga Fernández.
El 24 de marzo se cumplieron cincuenta años del golpe de Estado en Argentina.
Cincuenta años de delitos de lesa humanidad que aún nos pasan entre ausencias y pactos de silencio, pero también entre juicios, arte y palabras.
Desde Fogonazos escriturales a cargo de Valeria González, iremos publicando una serie de crónicas breves que intentan visibilizar no sólo el horror, sino el poder de una comunidad que ha hecho que el lazo no claudique.
Nos siguen faltando. Los buscamos.
Esta crónica está atravesada por los mensajes que intercambiamos entre Soledad Nívoli, Valeria González y Mariana Castielli a lo largo de un día, exactamente tres días después de haber tenido la entrevista que motiva el texto que sigue. El tiempo del diálogo, de la jornada y la espera se enhebran ahí. También el tiempo de la escritura y el de los nuevos hallazgos realizados por el Equipo Argentino de Antropología Forense que no queremos dejar de nombrar e incluir.
Nota de edición
Conversación con Soledad Nívoli, hija de Mario A. Nívoli detenido desaparecido en Córdoba el 14 de febrero de 1977, querellante en la causa «Enterramientos clandestinos» junto a otras 25 familias.
Marzo recién comenzaba y, como cada año, apremian las actividades y compromisos de cara al 24 de marzo, Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia en Argentina. Íbamos a encontrarnos con varias personas del colectivo querellante de familiares de detenidos desaparecidos en el centro clandestino de detención, tortura y extermino (ex CCDTyE) La Perla, Córdoba, pero los múltiples requerimientos de esta época, hicieron que resultara una conversación de tono intimista con Soledad. Tres mujeres, en tres geografías diferentes, conversando a través de la pantalla.
(Rosario, Martes 10/03/26 14.03 hs) Soledad Nívoli: Vale avísame cuándo puedo llamarte (escribe por wahtsapp)
¿Cómo comenzar a hablar frente a la textura de un dolor que zarandea el cuerpo como los antropólogos la tierra? Teniendo presente ese territorio donde nos adentrábamos, empezamos por la historia y la información técnica, escuchamos palabras nuevas provenientes de diferentes discursos científicos que acompañan y hacen posible la búsqueda: antropólogos, geólogos, abogados. Desde allí se fueron dibujando condiciones de hospitalidad que moldeó un discurrir amable, que nos llevó a adentrarnos juntas en el pantano de las tinieblas.
(Las Gaviotas, Martes 10/03/2026 14.03 hs) Valeria: Amiga, termino a las 20 de atender, si tengo un bache te aviso. Me preocupaste. Qué ansiosa por dio
Tal vez no nos sea del todo posible transmitir el contraste que coloreó nuestro diálogo: Soledad habla del horror con templanza, una mixtura perfecta entre firmeza y ternura, cosechada a lo largo de una vida de vérselas con un dolor zurcido en el alma: ser hija de un detenido desaparecido. Dibuja con el tono —con ese acento que combina el cordobés, el rosarino y el chileno—, un modo genuino de la calidez. Así la escuchamos hablar de su historia, de los modos en los que fue construyéndose un padre, sus vacilaciones y sus apuestas que siempre están enhebradas con otros, en un hacer plural y colectivo.
Como miran tus ojos
Para Soledad Nívoli buscar a su padre ha tenido diferentes formas, no sólo la judicial. Nos cuenta sobre la noche del secuestro: “se robaron todo y se llevaron todas las fotos, las de mi bautismo, todos los registros fotográficos, todo, sólo quedaron las del rollo que estaba dentro de la cámara de fotos, que mi papá había tomado en nuestras vacaciones de las que habíamos llegado la noche anterior”.
A partir de esas imágenes Soledad —acompañada por un amigo fotógrafo, Gustavo D’assoro— decide ir tras las huellas de su padre reconstruyendo su mirada, su forma de ver ese mundo que debieron haber compartido. Saca a pasear esa mirada, toma fotografías, produce un hecho artístico, hace una muestra que llamó “Como miran tus ojos”, un ensayo fotográfico documental en memoria de Mario A. Nívoli, que le permite a una hija inventar una superficie donde andar el modo de mirar de su padre.
Su madre —quien sufrió el desgaste de una vida dedicada a la militancia por la memoria de su marido, pudo declarar en el juicio a los responsables de la desaparición del padre de sus hijos en el año 2013 y luego comienza con algunos síntomas hasta perder la memoria por una demencia degenerativa— siempre le transmitió la presencia de su padre en su vida, esos relatos de cómo él la trató durante los cuatro meses que se tuvieron, de cómo compartía con ella, de su compromiso con ser su padre. Y ella compara ese puñadito de tiempo con la crianza de su hijo, resignificando todas las marcas que en cuatro meses es posible transmitir y concluye “me consolé con esos cuatro meses”.
Buscar al padre fue durante muchos años para Soledad, saber sobre su destino, bucear en la muerte supuesta. Este ensayo documental le permitió reconstruir y detenerse en buscar las marcas de la vida, una reconstrucción por capas, hecha de relatos, de imágenes, de sensaciones, de ir al encuentro de las geografías que habitó su padre.
Historia de una larga búsqueda
El CCDTyE La Perla –el más grande luego de la Esma y Campo de Mayo– funcionó desde 1976 hasta 1978. Está instalado en un predio militar de 14 mil hectáreas que aún pertenecen en gran parte a los militares. En el año 2007 fueron expropiadas sólo las tierras donde funcionó el CCDTyE y cedidas a la Comisión Nacional de la Memoria de Córdoba, abriendo sus puertas al público como Espacio para la memoria y promoción de los Derechos Humanos en 2009. Aproximadamente 2500 personas estuvieron allí detenidas desaparecidas.
La búsqueda de restos humanos en el CCDTyE La Perla —el más grande de Córdoba— tiene su propia historia.
(Rosario, Martes 10/03/26 15.35 hs) Soledad Nívoli: Amiga te llamo a las 16 hs. Necesito que hablemos.
Allí, en distintos momentos se han realizado búsquedas y hallazgos, a los que se arribó de la mano de diversos testigos, por una carta de trabajadores morgueros a Videla; por un testigo que pasó su infancia en las cercanías y cuando niño se hizo eco de los rumores instalados entre vecinos y desatendió la indicación de los adultos del lugar de no acercarse, encontrando restos humanos dentro de un horno de cal en el cementerio San Vicente en el que se pudieron exhumar e identificar 21 cuerpos.
(Las Gaviotas, Martes 10/03/26 15.36 hs) Valeria: Ya estoy libre, llamame.
Buscar en 14 mil hectáreas, atenerse a falsos testimonios de perpetradores que aún conservan el pacto de silencio, era pensado como una tarea casi imposible, humanamente inabordable.
(Rosario, Martes 10/03/26 15.37 hs) Soledad Nívoli, Llama por teléfono: Amiga encontraron a mi papá.
Dos episodios impulsan a los familiares a constituirse en querella. Por un lado, en 2023, el rumor de venta de esos terrenos, bajo el actual gobierno reivindicacionista de la Dictadura, para emplazar en esas tierras un emprendimiento inmobiliario. Por otro lado, el hallazgo de una imagen satelital de 1974 del predio.
Llegar a Loma del Torito
(Las Gaviotas, Martes 10/03/26 15.58 hs) Valeria: Hola Marian, cuando puedas me avisas que quiero hacerte un llamadito.
El geólogo forense Guillermo Sagripanti busca desde hace más de 40 años fotos satelitales de archivo, las lee, escucha testimonios, pregunta a quienes son sobrevivientes para que el tiempo ofrezca indicios del espacio. Una mirada que hace hablar a la tierra.
Sagripanti tenía en su poder una foto satelital del año 1979 (año en el que llega una comitiva veedora de la Corte Interamericana de Derechos Humanos —CIDH— a nuestro país), a la que se sumó el reciente hallazgo de una foto satelital anterior al inicio del terror de Estado, una imagen de 1974. El geólogo, que nunca dejó de buscar, de investigar —y de demostrar que aún desde las ciencias duras es posible articular una praxis a la ética de Memoria, Verdad y Justicia—, confecciona sus herramientas de lectura que permiten focalizar una zona de búsqueda. Si los camiones de «traslados» *, (según el testimonio de Graciela Geuna, sobreviviente de La Perla) tardaban entre 20 y 30 minutos para ir y volver, no podían ir muy lejos. Contando con todos estos datos, lee y compara las fotos satelitales de 1974 y 1979 y advierte entonces «movimientos antrópicos en la tierra» —es decir, intervenciones humanas— que reducen el espacio de búsqueda de 14 mil a 10 hectáreas.
(C.A.B.A., Martes 10/03/26 16.03 hs) Mariana: Hola Vale, dale. En principio me libero 19.45 hs, pero te aviso si tengo algún ratito en otro momento antes.
Abrigar la vida
Poco tiempo después, apenas una semana después de haber comenzado las excavaciones en el lugar ya acotado, el EAAF —Equipo Argentino de Antropología Forense— produce en 2025 nuevos hallazgos que debieron luego ser analizados e identificados. 6 cajas de pequeños trocitos, 1.236 huesos de un mínimo de 10 personas.
Soledad nos cuenta: “Lo que encontramos es lo que las palas mecánicas dejaron escapar a través de sus dientes” de la remoción de la fosa común en la que habían sido enterradas muchas de las personas aniquiladas, intentando explicar lo insondable del horror. Es que, advertidos de la llegada al país de la CIDH en 1979, los militares deciden remover la fosa común para usar su contenido como relleno y ocultar las evidencias materiales de sus crímenes. Lo que pone de manifiesto, una vez más, la intención explícita de ocultamiento.
Allí donde el exterminio buscó, no sólo eliminar los cuerpos, sino las marcas simbólicas de su paso por este mundo, los familiares, los científicos, la Justicia y parte de la sociedad, devuelven a los ‘pedacitos’ su dignidad de restos humanos y restituyen con ello toda una historia de vida que no pudo ser borrada.
(Las Gaviotas, Martes 10/03/26 16.05 hs) Valeria: Dale, es muy importante y no quiero decírtelo por mensaje. Yo estoy libre de 18.45 a 19.30 hs
Al ser informados de los hallazgos en el mes de septiembre de 2025, los familiares tienen una reunión con el equipo de búsqueda del EAAF y una Cooperativa de Trabajadores Autogestionados de Córdoba que fueron capacitados por el Equipo Argentino de Antropología Forense y colaboran en las búsquedas junto a estudiantes y ayudantes ad honorem de la Universidad Nacional de Córdoba, las preguntas y comentarios de los familiares se dirigían a saber cómo se cuidarían esos ‘pedacitos’.
Llegado el mes de diciembre las excavaciones deben interrumpirse por razones climáticas, Córdoba entra en temporada de lluvias y el equipo no puede continuar ese trabajo en el terreno, deben poner una pausa. Frente a eso los familiares se inquietan, presuponen que la discontinuidad deviene de una falta de apoyo gubernamental, que es un problema de dinero y piensan en maneras de procurar fondos para sostener las campañas de búsqueda. Hasta que logran comprender que la pausa obedece estrictamente a cuestiones climáticas y que la búsqueda se reanudaría cuando cese la temporada de lluvias que favorezcan el trabajo.
O expresan cuán rápidos han sido los hallazgos, hasta que alguien devuelve la medida del tiempo diciendo “¿rápido?, cincuenta años pasaron” y la risa se apodera de ellos aligerando la escucha.
(Tres horas y media entre un mensaje y otro, tiempo de trabajo que jalona la continuidad del diálogo)
Soledad nos dice: “Éramos un grupo de niños preguntando si le iban a poner un techito a las excavaciones porque nuestros parientes estaban ahí y había que cuidarlos” resaltando la insistencia en el cuidado “¿y cómo cierran? ¿cómo los dejan? ¿le va a agarrar la lluvia?”
Preguntas y comentarios que humanizan lo que, recién entonces, se transforma en restos humanos, el real que portan los huesos leídos por el ADN desde donde pueden restituirse las marcas simbólicas de una filiación que intentó ser desmantelada. Esas preguntas hacen de los ‘pedacitos’ sus muertos. Y de los huesos una médula del tiempo que reacomoda la genealogía familiar.
Soledad expresa que sintió una “alegría rarísima» frente a este hallazgo, un sentimiento —aclara— que no sabe si es posible llamar alegría, es que esta situación deja sin palabras y se impone urdirlas colectivamente. Y concluye comentando que la búsqueda tiene sentido más allá de no tener esperanza de que alguno de esos restos encontrados —eso que ella insiste en nombrar “pedacitos”— fueran de su padre, debido a la complejidad de su destino final, que logró reconstruir desde retazos de testimonios de sobrevivientes.
(C.A.B.A., Martes 10/03/26 19.49 hs) Mariana: Vale recién veo esto, llamame cuando termines, yo ya estoy libre.
Buscar: Una apuesta ético política
Decidirse a buscar puede coincidir con remover no solo la tierra, sino la entraña, las heridas en la piel del alma, aquellas que se creían cerradas; con reconocer que se trata de un duelo perpetuo; con bordear aquello que no tiene representación, acercarse una y otra vez a las proximidades del horror. Pese a eso y el peso de la desesperanza que 14.000 hectáreas impone a la búsqueda, Soledad decide sumarse a la querella.
(Las Gaviotas, Martes 10/03/26 19.52 hs) Valeria (llamado por teléfono): Negrita identificaron los restos del papá de Sole.
No sólo querella a los militares, buscar es también querellar en otro registro la infamia del desaparecido como destino inaceptable en el campo de lo humano, querellar la desazón de pensar que a tantos años ahí ya no hay nada. En palabras de Soledad, “había que seguir buscando, no importa que no encontráramos, porque los cuerpos no están, no dicen dónde están, eso no se cierra, por más actos simbólicos que uno haga y los familiares hemos hecho miles, eso no se cierra es importante que los restos aparezcan”. “Buscar es denunciar que el crimen se sigue perpetuando”.
La performatividad de la búsqueda no sólo supone un franqueamiento personal, sino la apertura para toda la communitas de una tierra donde se reabren juntos horror y dignidad: no sólo salir de esa liminalidad fétida del crimen silenciado, de la muerte supuesta; también desbaratar el intento de borrar las marcas simbólicas que una existencia inscribe en el mundo a su paso y por sobre todo, dar cuerpo al duelo.
Buscar, entonces, es la afirmación de la existencia, de sostener colectivamente el encuentro, la localización de los restos como horizonte ético irrenunciable. Una apuesta política que sostiene que allí están, que el crimen se ha perpetrado y que el amor no claudicará en encontrarlos.
Buscar es un modo de abrigar la vida, no sólo la de quienes ya no están y permanecen insepultos, sino la de quienes han quedado con el duelo escaldado en ese tajo en la lengua que es el desaparecido. Abrigar la vida, eso es lo que ha sucedido para quienes, como Soledad, ha podido nombrarse huérfana de padre después de cincuenta años, cuando a los dos días de hablar con nosotras de su desesperanza respecto del encuentro de los restos de su padre —que no le impidió sumarse a la querella—, recibe la noticia, que entre esos pedacitos hallados en septiembre de 2025, han podido identificarlo.
Nombrar a nuestros muertos
El 18 de marzo el Juzgado Nº 3 de Córdoba a cargo del Juez Miguel Hugo Vaca Narvaja confirmó la identificación de las siguientes personas que estaban desaparecidas desde la última dictadura:
Ramiro Sergio Bustillo
José Nicolás Brizuela
Raúl Oscar Ceballos Cantón
Adriana María Carranza o Cecilia María Carranza
Carlos Alberto D’Ambra
Alejandro Jorge Monjeau
Mario Alberto Nívoli
Elsa Mónica O’Kelly Pardo
Oscar Omar Reyes
Eduardo Jorge Valverde
Sergio Julio Tissera
Identificados en mayo dados a conocer el 12 de mayo:
Gilberto Néstor Lellin D´Francesco
Graciela María de los Milagros Doldán
Juan Carlos Navarro Moyano
Adrián José Ferreyra Rivero
Víctor Carlos Díaz Rinero
Marta Susana Ledesma Vera de Comba
Ester Felipe
Luis Mónaco
Silvia del Valle Taborda
Nélida Noemí Moreno de Goyochea
José Luis Goyochea Escudero
Gustavo Daniel Torres
Edelmiro Cruz Bustos
Oscar Segura Reineri
Rosa Cristina Godoy de Cruspeire
Carlos Cayetano Cruspeire
(*) eufemismo de asesinatos.
Esta revista se sustenta gracias a la publicación, la difusión y la edición, sin ánimo de lucro, de cada uno de los miembros que la componen. Agradecemos la colaboración económica que el lector o la lectora quiera y pueda para lo cual dejamos nuestros datos.
CVU: 0000003100004469954568
Alias: enelmargen.mp
Mercado Pago
Desde el exterior: https://www.paypal.me/flagelodelverbo