Cuidado editorial: Marisa Rosso y Yanina Marcucci
Imagen: Rodrigo Illescas @rodrigoillescsph
La enferma sujetaba con una mano sus vestidos contra su cuerpo y con la otra mano intentaba despojarse de ellos. A esta simultaneidad contradictoria se debe en gran parte la dificultad de reconocer la situación representada1.
S.Freud.
Ese cuerpo extraño, el síntoma, es el lugar privilegiado para representar el efecto de la tensión entre significantes encarnados en cada mano. Significantes que vivifican y mortifican, animan al cuerpo y junto con la vida introducen la muerte. Ambas tendencias, fantasía masculina y femenina, coagulan en un síntoma.
¿Qué decir del cuerpo del hablante? Tal vez nada, fuera de escuchar lo que el cuerpo habla en el síntoma. Y cuando se escucha, decir lo que se escucha, y al decir, se escribe en el cuerpo de la transferencia: Un nuevo cuerpo entre-lazado, entre-cortado entre analizante y analista.
Al descifrar el jeroglífico, la interpretación inscribe, hace acto, crea inconsciente: fantasía, deseo, pulsión se (des)encuentran sin entre borrarse. Realizar el deseo sigue siendo función del síntoma, gozar fragmentos del cuerpo también.
Eso (la vida pulsional), Superyó (la condena, la crítica, el autorreproche), Yo (defensa/narcisismo) tensan las redes del síntoma, a la espera de alguna lectura que lo nombre síntoma y lo desenrede.
Nombrar un síntoma no consiste en clasificarlo, sino en convocarlo a la palabra. La nominación lo arranca del anonimato del goce y lo hace comparecer en el campo del decir. Un salto desde NN hasta el nombre que lo dignifica, transmuta al padecimiento en enemigo digno… de analizar.
¿Qué decir de la diferencia sexual? Tal vez nada fuera del síntoma. Más allá del nombre y apellido, el análisis (no)mbra al síntoma que se construye a partir del inicio de la asociación libre.
Se presenta con el nombre Ricardo, sin embargo, a veces, en alguna sesión, por su boca habla Graciela —su esposa, a quien llama “mami”—. Habla fallidos, habla sueños. Si lo saludara con un “¡Buen día Ricardo!”, quizás Graciela no hablaría en algunas sesiones, o no se escucharía así.
Al (no)mbrar al síntoma, una carretera principal orienta los caminos que se podrían recorrer en cada análisis: mojones de la deriva asociativa, point de capiton, que revelan (y restituyen) los límites de los Nombres del Padre producto de la ausencia de garantías. Porque no hay última palabra ni último nombre, habrá permutaciones y suplencias.
Las letras que (no)mbran al síntoma localizan el lugar desde el cual interrogar al síntoma desde las formaciones del inconsciente.
Se presenta con el nombre Alejandro, dice que tiene novia que se llama Alejandra —como yo— agrega.
—¿Ud. se llama Alejandra?
Cambiar de vestimentas, cambiarse el nombre —auto fundarse— no es en sí un síntoma. No hay un universal que enuncie: “para todos los que se cambian el nombre…”, tal vez en alguno/a lo sea. Ese cambio no garantiza que eso deje de hablar… Eso habla más allá del nombre y del vestuario elegido.
***
El fastidio que provocan las (llamadas) fórmulas de la sexuación, a las que volvemos una y otra vez, es porque el no —la barra de la negación— está en tres de ellas, de ambos lados y con funciones diferentes. Esta repetición, tal vez sea un guiño que revela que el goce es pérdida de goce, lo que se sustrae, “lo que hace falta que no”, que ex-sista, y que un mito (había una vez un proto padre, que una vez asesinado deviene padre) lo tramite.
Resta el plus de goce, que es un poco —solo un poco— más y un hasta acá: basta de goce (porque es insoportable, siniestro, mortífero, sombras del Averno).
Nos queda el síntoma, un condensador que testimonia que algo que se perdió y que nunca estuvo, queda en el horizonte como el tesoro al final del recorrido del arco iris. Ese final, podría ser el comienzo de un análisis.
Referencias
- S. Freud, «Fantasías histéricas y su relación con la bisexualidad» (1908) ↩︎
Daniel Rubinsztejn. Psicoanalista. Dr. en Psicología (UBA) y Profesor titular en la maestría de psicoanálisis de la Universidad Nacional de Rosario. Autor de Psicoanalisis, una práctica imperfecta (2000), Modos de abstinencia (2006), De una práctica que no sería una ciencia (2012), Variaciones del sujeto (2021), El analista sin tejado (2022), Travesias, ensayo psicoanalítico de lo singular (2026).
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