Imagen de portada: Valeria González
Cuidado editorial: Laura Gobbato y Amanda Nicosia
Publicamos a continuación las palabras de bienvenida de Valeria González al Libro «Duelo, sublimación y reescritura subjetiva en el tiempo de un análisis» compilado por Lisa Pelacoff y Alicia Rozental. El mismo es producto del recorrido del Seminario de formación clínica dictado en 2025, organizado por el equipo de Psicología del CeSAC n° 10, perteneciente al Área Programática del Hospital J.M. Penna de CABA. La presentación se realizó el sábado 8 de Agosto de 2026 y estuvo a cargo de Agostina Taruschio, Candela Agliano, Raquel Gerber y Valeria González.
Comienzo por acercar una anécdota personal que es el modo que encontré de dibujar una puerta de entrada a lo que quiero decir de este libro al que hoy le damos la bienvenida.
Hace varios años, cuando comenzaba esta travesía de encontrar un modo de estar analista, me topé con una supervisión dogmática, de esas que dan órdenes en frasquitos de matemas lacanianos, contradiciendo en la práctica aquello que se afirma en los conceptos.
Ese modo, confiscatorio del vacío, me hizo pensar por un instante, no sólo que había una altura a la que llegar, sino además, que se alcanza de un modo donde alguien sabe por mí. El deseo me hizo perseverar haciendo que me encuentre con otra supervisión, la de Raquel Gerber, a quien vi sólo un puñado de veces.
La vida nos volvió a encontrar en este espacio de seminario del Cesac Nº 10 y hoy, en esta mesa. Imaginarán entonces que la emoción es el suelo de este instante que reúne, en el presente de mi palabra, la historia y también el futuro. Porque contar esto y agradecer públicamente no sólo es un gesto que, por supuesto, dirijo a Raquel, sino también un modo de filiarme a una política de transmisión del psicoanálisis que vuelvo a encontrar en este libro que hoy nos convoca.
Desde las palabras de apertura y cierre a cargo de Alicia Rozental y Lisa Pelacoff —compiladoras—; desde el prólogo de Carina Makler y su trabajo de tejido conceptual que va entramando el nudo de cada texto, invocando a un lector al que invita a andar el libro; desde los múltiples trabajos que conversan entre sí, se citan, retoman preguntas y discuten en torno al tema que nos reunió; este libro es testimonio de un modo de habitar el discurso del psicoanálisis, de un modo posible del lazo entre analistas y de los analistas con su manera de hacer con aquello que, en su imposibilidad de transmitir, se transmite.
No van a encontrar en estas páginas una homogeneidad de referencias bibliográficas, tampoco una palabra que se proponga hablar en nombre del psicoanálisis cual albaceas de una esencia que tiene dueño; mucho menos la reducción de una enseñanza a jerigonza lacaniana que tan bien cotiza en el mercado del saber; ni utilizar la autoridad del plural mayestático como refugio del prestigio como postizo. No. Más bien el lector será testigo de escritos que asumen el riesgo de presentar cómo nadan en las aguas del discurso que habitan quienes, con la fortaleza de lo frágil, se animan a rasparse las rodillas de la lengua y salen a la arena del decir, haciendo pasar aquello que sólo pasa pasando.
Entonces, este libro no sólo piensa y hasta efectúa los tópicos que se propone de duelo y sublimación (basta ver las múltiples dedicatorias y las vueltas poéticas), sino que escritura una política de transmisión en psicoanálisis. No la proclama. No la prescribe. La lleva a cabo. Porque siguiendo a Erik Porge me pregunto ¿cómo pensar la transmisión en psicoanálisis, si se trata de una transmisión que transmite lo imposible de transmitir? ¿Cómo articular lo inarticulable si no es desde ese silencio escritural que hace al estilo?
Es que además de los complejos recorridos en los enunciados teóricos que pueden leerse, cada texto pone a rodar un decir; un modo de transferir una huella en lo escrito que hace presente la existencia de lo inconmensurable; una ausencia que roza la piel del papel como una brisa invisible. Estos textos estremecen, afectan, ponen en marcha, causan. No sigue a su lectura la losa sepulcral del silencio de aquellas palabras que se postulan como verdades sagradas.
El estilo, eso que Lacan ubicó en algún sitio como la única formación que es posible transmitir; eso que pasa y en ese instante efímero de lo que está pasando, algo de lo que debe permanecer intransmisible, se transmite.
Haber participado de los encuentros virtuales del seminario y luego leer el libro me ha permitido hacer la experiencia de aquello que se pierde en el pasaje de la oralidad a la escritura, es decir, cuando lo dicho se soporta en materialidades diferentes.
Me refiero al soporte sonoro de una voz y sus modulaciones, sus pausas, su énfasis o sus temblores, sus contratiempos, su cadencia. Marcas de un pasaje de lo efímero como imperecedero. Las conversaciones, el auditorio y sus reacciones. Algo queda y puede transformarse, otro tanto se pierde en su pasaje al papel.
También cambia el lugar, lo que fue comentado o leído en la virtualidad, en el contexto de un seminario de formación clínica de un espacio público de salud mental, hoy inaugura otra espacialidad que me gusta llamar lo público dentro de lo público, es decir, ofrecerse a la lectura.
La época que nos toca, la de un tecnocapitalismo con la digitalización de la vida que hace del ciberespacio el mundo ambiente en el cual estamos sumergidos, como postulan Viviana Garaventa y Carlos Peláez, parece borrar el suelo invisible pero poderoso que supone una palabra encarnada y atentar contra lo que podemos llamar con Carolina Fábregas Solsona, el valor de deseabilidad como algo que está en las antípodas del mercado.
Es preciso entonces situar coordenadas —tal como propone Julia Montilla haciendo su cartografía clínica y mapeando su posición de escribiente—, establecer dónde se anclan los dichos; no sólo desde dónde hablamos —que puede inscribirse en muchos lugares—, sino en dónde hablamos. Situar y fijar, porque sin el lugar como tercero, la palabra pierde su poder performativo. ¿Acaso se imaginan que un alegato reclamando a la justicia su turno de “preservar” puede tener la misma afectación si no es proferido en un tribunal frente a un juez en el marco de un juicio por delitos de lesa humanidad?
Algo de esto encontrarán en el escrito de Alicia Rozental, de una palabra que fue gestada en ese otro lugar que es la transferencia en un análisis. El cuerpo siempre tiene noticias del lugar que hace a la enunciación.
Entonces, en el pasaje de la oralidad al escrito y del escrito a la lectura, algo queda perdido. Y es justamente ese perderse lo que abre, lo que, de esa incesante inconclusión, de ese ausentarse que aletea en la letra, hace autoría y no propiedad. Esa no clausura es lo que pasa a condición de leer a pérdida.
Parece que duelar —tal como lo nombra Mercedes Austral, volviendo verbo al duelo—, no sólo supone la muerte como pérdida, —esto es articulado por Sofía Tafetani y Dolores Casares, en dos testimonios clínicos que recorren diferentes modos de la intromisión de la muerte en un análisis—. También duelar supone la vida, la conquista de un goce menos ruinoso —como recuerda Raquel Gerber— pudiendo pensarse la función del duelo en la cura psicoanalítica —como propone Nicolás Touloupas—, como un acto con dimensiones, tal como sostiene Juan Pawlow.
Duelo y sublimación en este libro son pasajes, oscilaciones entre el gerundio de un movimiento, de un eso que no cesa —como indaga Patricia Tombetta— y el acto como arribo, como un umbral que se compone al cruzarlo y permite divisar sólo entonces, una nueva orilla, una forma vacía por poblar, una ficción real que en su intermitencia diga el mundo por un tiempo.
Freud en Duelo y Melancolía habla de duelo como la reacción a la pérdida de un ser amado, pero también —cosa que muchas veces se olvida— la pérdida de una abstracción equivalente: la patria, la libertad, el ideal, etc.
Escribió ese texto en 1915, es decir, durante la Primera Guerra Mundial, esa de la que Walter Benjamin decía en El narrador que la gente volvía enmudecida (…) más pobre en experiencia comunicable.
Porque esta guerra trajo la masividad de la muerte bajo la novedad de la tecnología industrial, y dejó sin palabras para pasar de lo vivido a la experiencia, es decir, a poder componer un relato que cuente, y que ponga en otro sitio el terror cruento de lo que se ha vivido. En ese contexto Freud escribe Duelo y Melancolía y también Lo perecedero, donde recoge la destrucción del paisaje, de las marcas históricas que la cultura fue imprimiendo en esas calles destrozadas por las nuevas tecnologías para matar.
Cuando el estrago se impone desde los Estados, Freud visita en su escritura las condiciones del duelo, es decir, la dignidad de la pérdida, de la falta que nos hacen algunos otros. Anuda de ese modo la naturaleza colectiva del sujeto dividido (Erik Porge) incluyendo la patria, la libertad y el ideal como abstracciones que también pueden perderse y, por lo tanto, son abstracciones que hacen vivir, como un ser amado.
El texto de Cristina Beiga, pone de relieve que estamos en una época que hace ostentación de una crueldad ejercida por el Estado; la jactancia de la crueldad —como lo nombro en coincidencia— que eso rompe la trama, tal como denunciaba Benjamin en aquél entonces. Y que podemos, no sólo perder la libertad y la patria como abstracciones que en su vacío hacen al lazo social, sino, además, quedar secos de palabras para los duelos (en plural como los nombra Alicia Rozental).
Este libro, “Duelo, sublimación y reescritura subjetiva en el tiempo de un análisis”, es para mí un modo de nombrar ese filo que no olvida cuánto hay de colectivo en lo singular y de reponer la dignidad del duelo en una época de estrago como la nuestra.
Tal vez por eso es que me gusta pensarlo como una suelta de mensajes al porvenir donde lo que se preserve sea la posibilidad de contar; un lugar vacío para que alguien haga de ese sitio, morada, y encuentre en lo que queda dicho, rastros de su decir.
Vagabundeos teóricos
Althusser, Louis. El porvenir es largo, Ediciones Destino, 1993, Buenos Aires.
Benjamin, Walter. El narrador. Ediciones Metales Pesados. Introducción, traducción, notas e índice de Pablo Oyarzun R., 2008, Chile. p. 60.
Cassin, Bárbara. Elogio de la traducción. Complicar el universal. El cuenco de plata. Traducción de Irene Agoff, primera edición, 2019, Buenos Aires.
Fernández, Helga. La carne humana. Una investigación clínica, archivida, 2022, Buenos Aires.
Fernández, Helga. Para un Psicoanálisis Profano, archivida, 2020, Buenos Aires.
Freud, Sigmund
- Duelo y melancolía 1915 (1917) en Obras completas, tomo II, Editorial Biblioteca Nueva, traducción del alemán de Luis López Ballesteros y De Torres, cuarta edición, 1981, Madrid.
- Lo perecedero 1915 (1916) en Obras completas, tomo II, Editorial Biblioteca Nueva, traducción del alemán de Luis López Ballesteros y De Torres, cuarta edición, 1981, Madrid.
Jinkis, Jorge. Artificio del deseo para conjeturar un estilo, en Revista Conjetural, Nº 1, año 1983, Buenos Aires.
Lacan, J. El Psicoanálisis y su enseñanza, en Escritos I, Siglo XXI editores, decimocuarta edición, 1988, Buenos Aires.
Porge, Erik. Transmitir la clínica Psicoanalítica. Freud, Lacan, hoy. Nueva Visión, traducción de Viviana Ackerman, primera edición, 2007, Buenos Aires
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