Imagen de portada: Valeria González
Cuidado editorial: Laura Gobbato y Viviana Garaventa
Publicamos a continuación las palabras de bienvenida de Valeria González al Libro «Duelo, sublimación y reescritura subjetiva en el tiempo de un análisis» compilado por Lisa Pelacoff y Alicia Rozental. El mismo es producto del recorrido del Seminario de formación clínica dictado en 2025, organizado por el equipo de Psicología del CeSAC n° 10, perteneciente al Área Programática del Hospital J.M. Penna de CABA. La presentación se realizó el sábado 8 de Agosto de 2026 y estuvo a cargo de Agostina Taruschio, Candela Agliano, Raquel Gerber y Valeria González.
Hoy nos reunimos para bien-venir esta publicación que celebra la vuelta número 20 del seminario del Cesac 10, iniciado en 2006, y organizado con apuesta deseante por Alicia Rozental, Lisa Pelacoff, Carina Makler y Patricia Tombetta. Este libro es también la historia de una invención y de un lazo colectivo.
Asisto a esta celebración como una recién llegada, en medio del misterio y el vértigo de arribar a un lugar en condición de extranjería. La invitación a presentar este libro testimonia una cálida bienvenida que es también una práctica de la hospitalidad en acto: aquella apertura incondicional, sin estatuto jurídico ni político, que -aunque imposible- se convierte en nuestra tarea infinita: la de inventar tentativas de acogida de lo otro.
En esta nueva edición, la invitación fue a trenzar el concepto de sublimación con el de duelo, como hebras fundamentales, en el corazón de la transferencia. Allí, esta conexión puede abrir un reanudamiento de amor, goce y deseo, efectuar mutaciones de los estados del objeto, operar una transformación del exceso de dolor.El libro parte de dos premisas: pensar el duelo como acto de subjetivación de una pérdida -siempre singular-, y la sublimación como trabajo que eleva el objeto a la dignidad de la cosa. Ambos conceptos se imbrican en el recorrido de una cura.
Se trata de una convocatoria que devuelve vivacidad al psicoanálisis, arrancándolo de la letra inerte de cualquier claustro. Reabre la conversación en el campo de la salud mental a partir de la transversalidad de una transmisión realizada por colegas que piensan, escriben y conversan desde el meollo de su quehacer clínico en los hospitales, los centros de salud, los consultorios, vale decir, inmersos en los territorios y escenarios epocales en los que transcurren sus prácticas. En el prólogo, Carina Makler nos recuerda que los textos con los que vamos a encontrarnos son hallazgos, restos fecundos, como preciados tesoros descubiertos en la orilla tras la bajante de la marea.
Quiero compartirles algunas resonancias de mi lectura:
La figura que se forjó para mí como hilo conductor y operador de lectura, fue la del pasaje. Esa imagen me llevó a rastrear intersticios, pasajes y cesuras a lo largo de sus páginas. Tanto que, si pudiera tomarme el atrevimiento de renombrarlo, lo llamaría El libro de los pasajes. Walter Benjamin advertía que nos hemos vuelto pobres en experiencias del umbral; conciliar el sueño es quizá la única que nos ha quedado. Su filosofía inaugura un pensamiento del entre, una ciencia de la medialidad, un materialismo del umbral (1).
El pasaje no indica sólo una brecha: habla de movimiento, de apertura, de transformación, de abrirse paso. Una mutación no está trazada de antemano. No puede medirse ni planificarse. Ningún paso está asegurado. Se sostiene en su errancia. Así, el tiempo de un análisis puede concebirse como la experiencia que preserva la posibilidad de pasaje: un recorrido que no se cruza solo.
Dice Anne Doufurmantelle, en En caso de amor:
“Hace falta ser dos. En efecto, haría falta para ser justo, decir que somos tres.El niño, el pasador de lo negro y lo negro, él mismo, de algún nombre que le hemos dado, Dios, misterio, real u objeto a. Qué importa, se trata de cruzar para alcanzar la otra orilla y encontrar un remanso”.
De un penar de más a un vivir la pulsión (Gerber);
De la pesadilla que deviene sueño (González);
De la herida a la dignidad de la poesía (Tafetani);
De la dulzura que se ofrece como pasaje (Montilla);
Y del don de amor (Fábregas)
También de los impedimentos y agravamientos para efectuar ese pasaje.
Cada texto abre su propio umbral, su propio desfiladero, y nos recuerda que todo pasaje deja un resto irreductible: algo no termina de pasar a la voz o la letra. Puentes que recubren un agujero infranqueable.
La sensación que me acompañaba en la lectura era la de algo que se escapaba. Comprendo ahora que el libro también trata de eso: un hueco imposible de atrapar, que sin embargo es sede del pensamiento y deja leer lo que se juega entre. Ese espacio indefinido entre una cosa y otra: entre lo íntimo y lo colectivo, entre lo singular y lo público, entre la estructura y la época.
Escrituras de un pasaje y la escritura como pasaje.
En tanto existencias hablantes, somos efecto de un duelo inaugural: nos constituimos como consecuencia de una pérdida que pone en marcha la estructura. Freud llamó a eso la Cosa: vacío y borde a la vez, una operación que instituye y posibilita un rodeo. En este sentido, la inscripción de una nueva pérdida supone que toda escritura es siempre re-escritura de la falta (2). El duelo nos revela, además, algoacerca de la materia secreta de la que estamos hechos: nos enseña los lazos que nos ligan a los otros, los nudos que nos componen, esa dependencia que está en el origen de lo humano.
Y es por todo eso que, en algún sentido, un duelo también es una poética, una “poética de la composición”, como dice Helga Fernández (3), lo cual supone nuevamente un acto sublimatorio. Una creación, un ciclo de transmutaciones y transmigraciones. Un montaje de los restos.
Porque la ausencia, recuerda Sofia Tafetani, no se resuelve, sino que se construye, se compone. Y esa posibilidad de invención encuentra en el lazo con un analista, durante el tiempo de esa travesía, una superficie de realización.
Soledad Vargas -una amiga poeta y analista muy querida- en Las mejores pérdidas (4), escribe:
Pedro siempre pregunta sobre el amor
yo hablo sobre cualquier cosa
y él me pregunta sobre el amor
debe ser que sabe que yo no sé
yo creo que él sabe
pero ese es el chiste
aunque no me río
por eso escribo
Quisiera detenerme, ahora, en algo más: el trabajo de escritura, edición y publicación, gesto de hechura que también se celebra en esta ocasión, como una erótica del hacer pasar (5).
El libro mismo se ofrece como pasaje, ya que habita auspiciosamente el entre de las heterogeneidades que lo componen. Pluralidad de voces, lugares de enunciación, estilos clínicos, registros y experiencias, que a modo de hebras, sostienen una textura común, una trama intersticial.
Hay pasadizos, zonas de contacto, vasos comunicantes, interlocuciones, relevos y encuentros entre los textos y sus autoras/autores, que dan cuenta de un modo de lazo practicado. En sus palabras finales, Alicia Rozental se pregunta: ¿cómo pensar el lazo que posibilitó la producción que hubo? ¿Cómo pensar esa transferencia? Me parece que entonces esa pregunta puede leerse desde la zona liminal que abre la función del amigo tal como Helga Fernández investiga en su último libro publicado (6).
Existe una vecindad estructural entre el analista/lector y la función del lector/editor. Ambas trabajan como pasadoras de una extrañeza singular. Con Cristina Beiga, quiero decir: recuperemos la resistencia que ambas funciones encarnan, lasinvenciones que gestan, y no permitamos que desaparezcan ante el avance de la cosmovisión digital y las desregulaciones del mercado.
Y finalmente, este libro nos recuerda que el duelo no es solo íntimo: es también político. Pienso que nos convoca a imaginar comunidades capaces de reparar el daño social, de sostener la vida en común desde nuestra vulnerabilidad y precariedad compartida.El duelo se vuelve la brújula de un lazo político y ético: para que ninguna vida importe menos que otra, para recuperar la responsabilidad colectiva por la vida de los otros. Ese es el umbral que nuestra práctica tiene el privilegio de acompañar.
Celebro junto a ustedes la venida de este libro, en el jardín de las cosas y los presentes.
Como decía Kafka: un libro debe ser el hacha que rompa el mar helado dentro de nosotros. Este libro lo logra: despierta del letargo del sentido común, abre huecos, y nos recuerda que lo imposible de decir es también lo que convoca a la escritura, a la transferencia y a la comunidad.
Notas
- García, Luis Ignacio. “Para un materialismo del umbral. Walter Benjamin entre mito y razón”. En Constelaciones. Revista de Teoría Crítica, N° 4, 2012.
- Daffonchio, Gerónimo (2025). “Escribir, editar y publicar psicoanálisis. Una erótica de pasaje”. En En el margen. Revista de psicoanálisis. Disponible en: Escribir, editar y publicar psicoanálisis: Una erótica de pasaje. Por Gerónimo Daffonchio – En el margen.
- Fernández, Helga (2025). “El duelo. Poética de la composición”. En En el margen. Revista de psicoanálisis. Disponible en: Presentación de la reedición de El Velo Negro de Anny Duperey. Por Helga Fernández – En el margen.
- Vargas, Soledad. Las mejores pérdidas. Río Cuarto : Cartografías ediciones, 2020.
- Daffonchio, G. ibid.
- Fernández, Helga. La función del amigo. Una tensión deseante. Buenos Aires : En el margen Editora, 2026.
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