Sólo nuestro inconsciente nos permite no tener miedo. Por Alicia R. Alvarez*.


En la  “actualidad” es frecuente que acudan personas, a lo que se espera que alguna vez cobre la dimensión de una sesión, a causa de lo que ellos mismos llaman ataque de pánico. Un diagnóstico que suele ser dado por los médicos de guardia, por el médico de cabecera o algún otro especialista. También hay quienes se auto-diagnostican extrayendo cierto saber sobre esta supuesta entidad clínica de los diarios, la televisión o cualquier otro medio público, como el boca en boca.

Así, el ataque de pánico llega a tener  estatuto de eslogan, de sello que lacra toda posibilidad de hablar o de sentido tras el cual no hay siquiera indicios del sujeto.

En este artículo, Alicia Alvarez, recorre algunas de las fuentes científicas y seudocientíficas que proveen de tal saber. A partir de lo cual, demostrando que el pánico es tan viejo como la humanidad, se dirige hacia el mito del dios Pan, para, seguidamente, meterse de lleno en una lectura psicoanalítica de este fenómeno.  Diferencia el pánico, el miedo y la angustia. Y, de una manera clara y contundente, nos pone en la pista de un tratamiento que involucra el inconsciente y, entonces, al tiempo.

Sólo nuestro inconsciente nos permite tener miedo, es un artículo que atañe a nuestra práctica como analistas.

En el margen agradece la colaboración de la autora.

Helga Fernández, edición.


¿Ataque de pánico?

“Como tantas otras veces salía de mala gana, taciturno, era casi siempre el último juez en abandonar el edificio, le contrariaba  abandonar su despacho. Estaba indeciso, inquieto, como el monje que duda al salir del convento para entrar en la vida. Ese sentimiento, que no podía catalogarse más que como pánico injustificado frente al mundo, le hizo reflexionar”.

Y más tarde:

“Se detiene en el umbral ¿qué me pasa? Se pregunta, y se apoya ligeramente en el marco de la puerta, con la actitud de quien está observando algo, la gente lo mira y le sonríe. El siente un ligero mareo. Es uno de esos mareos de origen nervioso…. Ya ha pasado. La imagen de la habitación recobra su nitidez anterior, todos siguen en el mismo lugar, no se han acercado corriendo, no se han agrupado a su alrededor. Nadie se ha dado cuenta. Kristof sonríe con cautela y cortesía.

Respira lenta y profundamente. Ya se siente mejor… Siente que la sangre circula por su cuerpo con normalidad, que su rostro ha recobrado el color, que el pequeño ataque ha terminado (….).

“Es un sentimiento vergonzoso (…).

¿De qué se avergüenza?. Le parece que de un momento a otro los demás van a descubrir algo, algo irremediable, y vuelve a sentirse mareado. Se queda pálido. La sangre se le escapa del rostro.”

Así se expresa el personaje central de la novela Divorcio en Buda, de Sandor Marai escrita a mediados del siglo pasado.

En estos tiempos, solemos recibir en nuestros consultorios, con cierta frecuencia, personas que exponen malestares similares. Sólo que ya le han encontrado un nombre a su padecimiento: ataque de pánico.

Los mareos, el vértigo, la taquicardia y otras manifestaciones corporales se presentan en cada caso con pequeñas variantes. Algunos pueden expresar también que sienten un intenso miedo a morir. En mi experiencia se trata habitualmente de hombres jóvenes, quienes además se sienten avergonzados o hasta humillados por padecer este particular fenómeno.[1]

Según los Institutos Nacionales de Salud Mental de los Estados Unidos, los ataques de pánico son sensaciones repentinas de terror sin motivo aparente que aparecen dentro del denominado trastorno de pánico (uno de los trastornos de la ansiedad).

Por otro lado,  el  DSM IV contempla, dentro de los criterios diagnósticos de los trastornos mentales, varios aspectos para diagnosticar la crisis de angustia (ataque de pánico). Concretamente, define el ataque de pánico como una aparición temporal y aislada de miedo o malestar intensos, acompañada de cuatro (o más) de los siguientes síntomas, que se inician bruscamente y alcanzan su máxima expresión en los primeros 10 minutos:

  • palpitaciones, sacudidas del corazón o elevación de la frecuencia cardíaca
  • sudoración
  • temblores o sacudidas
  • sensación de ahogo o falta de aliento
  • sensación de atragantarse
  • opresión o malestar torácico
  • náuseas o molestias abdominales
  • inestabilidad, mareo o desmayo
  • desrealización (sensación de irrealidad) o despersonalización (estar separado de uno mismo)
  • miedo a perder el control o a perder la razón
  • miedo a morir
  • parestesias (sensación de entumecimiento u hormigueo) y
  • escalofríos o sofocaciones

No obstante, el DSM IV no contempla el ataque de pánico como una enfermedad codificada ni diagnosticable. Es tan sólo un síntoma.

En el trastorno de pánico (nombre que se le da a un trastorno emocional que consiste en la aparición repetida y persistente de ataques de pánico, con ansiedad persistente acerca de la posibilidad de que los ataques de pánico vuelvan a presentarse), la persona experimenta ataques de pánico repetidos e inesperados y sufre ansiedad persistente sobre la posibilidad que los ataques de pánico vuelvan a ocurrir. El trastorno de pánico se distingue de otros tipos de trastorno de ansiedad en que los ataques de pánico son repentinos, inesperados y sin causa aparente.

Como vemos, por momentos se usa la expresión ataque de pánico como sinónimo de crisis de angustia. Aunque  este “síntoma” formaría parte de un cuadro catalogado como trastorno de ansiedad.

¿Cómo fue que pasamos en el lenguaje de la palabra angustia a ansiedad y de ansiedad a pánico?

Pánico es una palabra derivada de Pan.

Sobre la alusión a Pan y el origen del pánico derivado de este dios, leemos:

“Pan, hijo de Hermes y de Penélope, fue el dios de los pastores. Un día que perseguía a la ninfa Sirinx, llamó ésta en su socorro al río Ladón, su padre, quien la convirtió en caña; de ella cortó Pan un pedazo e hizo la primera flauta o caramillo, instrumento compuesto de varios cañones en disminución, en forma de organillo, y cada vez que la tocaba se henchían de leche las ubres de las ovejas. Le representan con cuernos, barba de chivo y pies de cabra, cubierto con una piel, algunas estrellas en el pecho y tocando su instrumento. Los galos mandados por Breno penetraron en la Grecia; iban a saquear el templo de Delfos, y los habitantes de aquel país invocaron el nombre de Pan: se apoderó un terror repentino de los galos, que huyeron precipitados sin que nadie los persiguiese; y desde entonces se llaman terrores pánicos los que proceden de una causa desconocida”. [2] Subrayamos: causa desconocida.

La Enciclopedia Barsa dice al respecto que Pan, “según cierta tradición, ayudó a los griegos en la Batalla de Maratón al infundir el pánico entre los persas, por lo que se instituyó su culto en Atenas.

También quiero señalar que tanto Dafnis y Cloe como Pan son criaturas expósitas. Creo que ser abandonados por la madre tiene cierto significado. El hecho de ser adoptados, todos ellos, indica una acogida, pero al mismo tiempo rechazo, repudio y separación de su progenie original.

Retomaremos esta cuestión.

En Los mitos de Robert Graves (Bs As. Ariel 2010), encontramos lo siguiente: “Los dioses olímpicos, a la vez que despreciaban a Pan, se aprovechaban de sus poderes. Apolo le sonsacó el arte de predecir el futuro y Hermes copió su flauta, declaró que era un invento suyo, y lo vendió a Apolo.

Pan es el único dios que ha muerto. Un tal Tamo, marinero en una nave que viajaba rumbo a Italia, oyó una voz divina que le gritaba desde la costa: “Tamo, cuando llegues a Palodes, proclama que el gran dios Pan ha muerto!” Así lo hizo Tamo y la noticia fue recibida desde la orilla con lamentos.

Sin embargo, parece que es el gran resucitado de nuestra época.

La actualidad.

Una vez más recurro a Freud y sus consideraciones acerca de las neurosis actuales.

Para Freud, siempre se trata de un problema de acumulación de la libido.

Y se puede poner en relación, muy claramente, ese factor económico, energético, que está planteando Freud en general para las neurosis actuales con lo que pasa frente a esa situación de susto, de sobresalto. Hay un exceso de energía que inunda el aparato. Se trata de ciertas formas de presentación que están desarticuladas del síntoma y  posiblemente de ciertas fallas en la organización de la represión y la repetición.

Entendiendo que se trata de ciertas fallas donde la acumulación de la libido es correlativa de la no renuncia pulsional y de la desintrincación pulsional.

Es el problema de las neurosis actuales, hay algo allí que no llega a funcionar con la lógica del síntoma, en el sentido de la sustitución metafórica que el síntoma implica. En estos casos, justamente que no están organizados en ese sentido, a través de lo que el síntoma anuda, muchas veces hay retorno en lo real y hay angustia automática. Y es lo que todo el mundo llama hoy “ataques de pánico”.

Me parece que es interesante poder vincularlo a estas explicaciones que Freud ha dado, y ver de qué modo se puede hacer entrar en una lógica que permita la práctica del discurso, o sea, se pueda hacer entrar en el discurso. Porque una de las cuestiones del ataque de pánico, justamente, es eso, hay una reacción masiva del organismo y la angustia no está orientada. Entonces, hay que trabajar sobre la base de poder encontrar alguna orientación.

La angustia no está orientada y aparece un feroz miedo a la muerte. ¿No es esta una falla que podríamos llamar rechazo del inconsciente? Hemos subrayado más arriba que su causa es desconocida. Agregaríamos: no hay una representación que permita enlazar el fenómeno en el discurso.

Dice Lacan: “sólo nuestro inconsciente nos permite no tener miedo”.

Es porque tenemos angustia que podemos no tener miedo.

Me pareció interesante situar estos dos momentos en la lectura de la novela de Marai porque sitúan una topología desencadenante del “ataque”. Salir de un lugar o entrar a un lugar. Ocurre cerca de una puerta.

De mi propia clínica extraigo situaciones similares: “Al entrar en Tribunales me invade el mareo”. Es al salir de la oficina que me empiezo a marear”, etc.

Me hace pensar que se trata de un lugar que parece hundirse o perderse al traspasar el vano de una puerta. El hogar.

Refiriéndose a su internado escolar nuestro protagonista Kistóf dice:”muchos de ellos parecían carecer de un hogar como él y anhelaban ese ambiente cálido capaz de sustituir el calor familiar….El hombre pertenece a algún lugar, eso es todo….”

La angustia surge frente a la percepción de algo. No es sin objeto, significa eso. Claramente Freud se refiere a que no es frente a un objeto determinado.

Pero la angustia da una cierta cobertura. Esto no ocurre con el miedo. Cuando una persona no puede discriminar entre el miedo y la angustia estamos ante el ataque de pánico.[3]

Al pasar de un lugar a otro puede perderse el amparo, al que podemos llamar de distintas maneras: el hogar, la familia, etc.

Esto es claro en el personaje de Marai. Arrastra toda su vida ese sentimiento de no pertenecer a una verdadera familia, de no pertenecer a ningún lugar.

Tanto él como varios de lo que yo he escuchado se aferran luego a una mujer, su mujer se convierte en su objeto protector.

También resulta claro en este personaje que  se sostiene en una rigurosa conciencia moral. Hipótesis: ¿La insuficiencia de la conciencia moral para mantener reprimido el deseo trae como consecuencia el retorno en fenómenos de extrañamiento o pánico?

Y, ¿cómo se podría salir del pánico? Evidentemente hace falta un trabajo de discriminación, un tiempo que faltó y provocó esos desórdenes corporales. Se trata en el análisis de darle un lugar, ese lugar faltante que puede rastrearse en cada uno de los relatos, y que se sostenga en relación a un sentido ya que se presentan sin ninguna explicación.

Como dice Lacan: “No es a su conciencia a lo que el sujeto está condenado, es a su cuerpo que se resiste de muchas maneras a realizar la división del sujeto”.[4]

Ha habido en estos casos un golpe de angustia, algo que se vincula a lo que Freud llamó la angustia real y eso no da tiempo a la preparación. Se puede rastrear la existencia de una vivencia traumática (menciono algunas de mi clínica: intento de suicidio de la madre, abuso padecido y reiterado, terremoto). Ese peligro es paralizante. Se produce el desarrollo de angustia y luego eso queda desconectado, hay desconocimiento yoico.[5]

De lo antedicho podemos deducir que el trabajo es producir, a través de conexiones que incluyen construcciones, la división del sujeto.

Por lo tanto, podemos pensar que lo que falta es la angustia como señal, y esto da lugar al miedo y al pánico. Esto se ve claramente en los relatos de Chejov que Lacan retoma en el seminario de la angustia. Se trata de “presencias” absurdas. Lo que se emparenta con lo siniestro.

Es importante señalar también que en la obra freudiana el pánico aparece como respuesta a la caída del Ideal.

“El fenómeno del pánico, observable en las masas militares con mayor claridad que en ninguna otra formación colectiva, nos demuestra también que la esencia de una multitud consiste en los lazos libidinosos existentes en ella. El pánico se produce cuando tal multitud comienza a disgregarse y se caracteriza por el hecho de que las órdenes del jefe dejan de ser obedecidas, no cuidándose ya cada individuo sino de sí mismo, sin atender para nada a los demás. Rotos así los lazos recíprocos, surge un miedo intenso e insensato,(…) basta la pérdida del jefe –en cualquier sentido- para que surja el pánico (….)”[6]

Distancia entre el Ideal del Yo y el yo actual, momentos de caída de ese sostén.

“El ideal del Yo engloba la suma de todas las restricciones a las que el yo debe plegarse (….) La coincidencia del yo con el Ideal del yo produce siempre una sensación de triunfo. El sentimiento de  culpabilidad (o inferioridad) puede ser considerado como la expresión de un estado de tensión entre el yo y el ideal “ ( manía y melancolía)[7]

Volviendo a nuestro personaje, Kristov, estas emociones, el pasaje de una a otra (triunfo o fracaso en relación al Ideal), está en estricta relación con el atravesamiento de esas puertas que le dan amparo o lo arrojan a la orfandad.

Como dice la balada transilvana que sirve de epígrafe a este libro: “lo que se construía de día, de noche se derrumbaba”.


[1] Para Freud estos trastornos pueden tener una oscura significación femenina.

[2] Dioses y héroes de la mitología. Edicomunicación, S.A. Barcelona (España), 1996.

[3] Ferreyra, N. Lo que la angustia posibilita,  Seminario EFA, Buenos Aires 2005.

[4] Lacan, J. Respuesta a unos estudiantes de filosofía  sobre el objeto del Psicoanálisis.

[5] Ferreyra, N. Lo que la angustia impide   Seminario EFA . Buenos Aires  2005.

[6] Freud, S. Psicología de las masas y análisis del Yo .   Biblioteca Nueva.

[7] ibidem



*Alicia Ruth Alvarez, psicoanalista, docente universitaria. Autora de “La teoría de los discursos en J. Lacan” y de numerosos artículos y capítulos en revistas y libros. Inscripta en la Fundación del Campo Lacaniano. Reside en Rosario.


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