El día que Freud también lloró.

Se dice del creador del psicoanálisis que se lo vio llorar de emoción en dos oportunidades en toda su vida. Una de ellas se habría producido con motivo del festejo de su octogésimo aniversario luego de que Thomas Mann le leyera, en un encuentro íntimo en su casa de la calle Berggasse, un escrito llamado “Freud y el porvenir”. Con ese texto el autor de “La montaña mágica” había participado en los homenajes realizados en Viena ese mayo de 1936.  Hoy con mucho gusto publicamos aquí para compartirlo con ustedes este memorial, firmado ademas de por el autor antes citado por Romain Rolland, Jules Romains, H.G. Wells, Virginia Woolf y Stefan Zweig, quienes destacan el lugar que Freud ocupaba en la cultura de su época -aún siendo ellos no analistas- y señalan la importancia de su trabajo y sus hallazgos para la humanidad, su osadía e intrepidez.

Gerónimo Daffonchio edición.

 

“Que el octogésimo cumpleaños de Freud sea una bienvenida oportunidad para expresarle, al iniciador de un conocimiento nuevo y más profundo de la humanidad, nuestras congratulaciones y nuestra veneración.
Importante en cada esfera de su trabajo, como médico y psicólogo, como filósofo y artista, este intrépido descubridor ha sido, durante dos generaciones, un guía a través de regiones de la mente humana hasta entonces inexploradas. Espíritu completamente independiente, un “hombre y caballero de osado mirar”, como Nietzsche dice de Schopenhauer, un pensador e investigador que pudo resistir sólo, y sin embargo atraer a sí a muchos.
Avanzó por su camino y llegó a verdades que parecieron peligrosas porque ponían al descubierto lo que el miedo había escondido, e iluminó lugares oscuros. Por doquier expuso nuevos problemas y cambió las normas antiguas; su búsqueda y sus hallazgos ampliaron enormemente el alcance de la exploración intelectual, e incluso hizo que sus opositores se convirtieran en deudores suyos por el ímpetu del pensar creador que les transmitió. Aunque los años futuros puedan configurar o modificar este o aquel resultado de su investigación, las preguntas que Sigmund Freud le hizo a la humanidad nunca podrán silenciarse otra vez, ni sus hallazgos negados u oscurecidos por largo tiempo.
Los conceptos que él encuentra, las palabras que escoge para ellos, se han convertido ya en integrantes evidentes de por sí de todo idioma vivo; en todos los campos de las ciencias del hombre, en el estudio de la literatura y el arte, la historia de las religiones y la prehistoria, la mitología, el folklore y la pedagogía, y por cierto que en la poesía misma, podemos discernir la impronta profunda de su influencia, y si alguna vez la raza humana alcanzó un logro inolvidable, éste es, estamos seguros, su descubrimiento de la ciencia de la mente.
Nosotros, que no podemos seguir enfrentando nuestro mundo intelectual sin los conceptos atrevidos que fueron la obra de la vida de Freud, nos alegramos de saber que este grande e infatigable estudioso está entre nosotros, y de verlo trabajar con vigor incansable. Que el hombre al que honramos, a quien le ofrecemos nuestra gratitud, viva entre nosotros durante muchos años por venir.

2 comentarios en “El día que Freud también lloró.

  1. Sigmud Freud un meritorio y único personaje. Quizás hayan otros pero como él ninguno. Su avance médico y psicoanalitico es y será clave para la humanidad. Admiro e demasía a este inolvidable personaje ya que siempre a través de la historia se lo considerará único. Ya que actualmente no se investiga. No se estudia como lo hizo él. Es y será genial.

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