Dos preguntas a Laura Kait.

Por Gisela Avolio, responsable de la sección.

 

¿Cómo y cuándo descubrió el psicoanálisis?

Vivo y trabajo en Barcelona hace 40 años, –exactamente  se han cumplido este febrero de 2019–. Así que la pregunta me lleva de vuelta a una adolescente porteña que con 17 buscó una analista “para no ser como su mamá”. Como en el chiste sobre Freud, con el transcurrir del tiempo, supo cuánto es como su mamá, sólo que ya no le preocupa… ni le hace daño. También ha podido ir más allá del padre, portando varios de sus emblemas, el más importante: la palabra. Gran conversador era mi padre, sabía escuchar y era extranjero. Tal vez allí están los primeros descubrimientos. Citando a Freud en Análisis Profano (1926) “¿Nada más que eso? Palabras, palabras y palabras, como dice Hamlet”.
Y lo extranjero que aporta un saber desde siempre, “yo” no es el lugar de nosotros mismos, las patrias tampoco. Por eso Hamlet aquí es lo importante de la cita.
Esa mamá la había puesto sobre un escenario a los tres añitos. Primero la danza, luego el teatro, carrera que continuó hasta casi los treinta. Y es en la lectura de los textos –teatrales– y en la interpretación –del actor– donde nace el interés potente por la teoría psicoanalítica. Hubo un par de maestros, Juan Carlos Gené, director de teatro y hombre analizante, y también Berta Roth, en trabajo corporal, que me enseñaron a “leer”. Siempre dirigían la atención a la otra escena, a lo que causa, para saber qué está haciendo allí ese movimiento o ese personaje.
Trabajaba como actriz y enseñaba expresión corporal. Tenía unas cuantas alumnas que eran psicoanalistas y empezaron a marcar el valor terapéutico del trabajo en mis clases. Ellas comenzaron a derivarme y sugirieron atención individual para pacientes psicóticos o con severos síntomas corporales, como tics, insomnio, psicosomáticas.  Me vi delante de una clínica dura pero trabajando con lenguajes que conocía bien, la danza y el teatro (comencé también con psicodrama). Supervisaba con las analistas que me derivaban. Así es que comencé trabajando en equipo.
Transitaba por estos derroteros laborales cuando se produjo un encuentro que tuvo el efecto de un acontecimiento, el libro de O. Mannoni, La otra escena: Claves de lo imaginario (Amorrortu editores, Buenos Aires,1973). Allí me enteré que había alguien que se llamaba Lacan, enseñando en París. Esta lectura aportó una estructura a mi formación en causa. Entonces, tal como indica Freud en ¿Debe enseñarse psicoanálisis en la Universidad? (1919), comencé a estudiar teoría en pequeños grupos de lectura, primero con la obra de Freud y luego Lacan. En análisis ya estaba hacía años, agradezco entrañablemente los recorridos hechos con Fanny Schutz y Gerard Pommier, en diferentes momentos de mi vida y formación. Mis analistas.
Y también comencé a escuchar a psicoanalistas en sus instituciones… y ese ya es otro tema que excede el espacio para esta respuesta.
Esta ruta original, sigue marcando mi trabajo. Nunca estuve impregnada por el discurso universitario, es una inmersión de la que carezco y no deja de tener ventajas en este campo. Mi primera lectura “psy” es de un discípulo de Lacan, no pasé por la formación anglosajona, leí a Klein, Bion o Winnicott de mayor.
Consciente de que hoy esto ya casi no es posible porque vivimos en tiempo de tecnociencias y de espacio financiero, reconozco como gran ventaja mi cuna en el arte. Aún hoy, para el psicoanálisis y mi clínica, me interesan más los poetas que los nudos borromeos, aunque los he estudiado, por supuesto.

¿Qué considera que el psicoanálisis puede aportar a nuestra contemporaneidad?

Psicoanálisis y contemporaneidad hace parte del campo: psicoanálisis en extensión. Cuando se lo piensa, está siempre ligado por una “y”: psicoanálisis y medicina; psicoanálisis y arte; psicoanálisis y política, etc. No me sucede. Lo que me interesa es la extensión de la clínica psicoanalítica. Lo importante del invento es lo beneficioso de su clínica.
Modelos de pensamiento hay en todos los campos, algunos mejores que otros. Terapias hay demasiadas, unas peores que otras. Mientras que el psicoanálisis sigue siendo único como espacio clínico y como teoría devenida del acto.
Este es el aporte más importante: la actualización de una clínica que ayuda a los sujetos a vivir del lado de su deseo y no en contra. Es buena cosa, tiene efectos que conducen a vivir mejor, a saber pensar y pensarse, a hacerse responsable de lo que pasa para encontrar la felicidad cuando toca y que no pase de largo por la esquina.
Por otra parte, me interesa promover la circulación del discurso analítico en lo asociativo. Luego de años de permanencia en instituciones psicoanalíticas con características
universitarias, en el mejor de los casos o sometidas al discurso amo, en el peor, me interrogué sobre el tipo de lazo que podría ligar a profesionales en un circuito donde el discurso analítico no quedase segregado.
Siguiendo esta lógica y producto de esas reflexiones, he contribuido a armar un espacio donde los psicoanalistas se asocian para cumplir estos dos objetivos: extensión de la clínica y una reunión entre pares diferentes.
Para el primer objetivo se adaptan los honorarios a lo que cada persona pueda pagar, honorarios caso por caso, lo que hace posible la extensión de la clínica en un Estado, donde el psicoanálisis está exiliado de la salud pública, en favor de psicologías varias, y  la psiquiatrización del malestar.
Estamos enlazados en UMBRAL, Red de Asistencia “psi” y si a alguien le interesa puede encontrarnos aquí http://www.umbral-red.org
Hay en UMBRAL, psicoanalistas de todas las escuelas e instituciones de la ciudad, es un lujo, porque aquí ninguno está defendiendo una capilla, sino trabajando uno por uno según su deseo; lo que también es posible en lo asociativo. Así, se lleva adelante el segundo objetivo y funciona. Funciona hace 17 años.
Es mi manera de comprometerme con lo político como psicoanalista, tanto  en el sentido de lo social comunitario, como en lo político de la asociación psicoanalítica.
Preocupada por los estragos de la neurociencias en lo social y por el imperio financiero en lo económico, intento sostenerme del lado de un acto que aporta bienestar a los sujetos porque abre al pensamiento y no a las dependencias, autoestimas, senti-miento y medicación a gran escala.
Luego, los psicoanalistas como ciudadanos, tenemos otros espacios para aportar a la contemporaneidad, igual que cualquier otro ciudadano, con las herramientas aportadas por su propia historia y formación. Mezclar ambos campos creo que conduce a romper una de las reglas fundamentales enseñadas por Freud, la abstinencia, que sigue siendo exigencia para la dirección de una cura. Hoy día, parece que hay psicoanalistas que sólo podrían serlo de gente de izquierda o de derecha, que opine como ellos. Psicoanalistas enarbolando pancartas partidarias, lo que no es buen plan para el futuro de esta práctica. En todo caso es un tema muy complejo y para seguir pensando.
En principio, el propio campo tiene ya suficientes cuestiones políticas en la contemporaneidad, de las que ocuparse. Siempre me asombró que algunos profesionales pusieran en sus tarjetas “psicólogo psicoanalista” o “médico psicoanalista”. ¡Claro –defienden algunos– han hecho las dos carreras”. Jamás se nos ocurriría poner “actriz psicoanalista” o “abogado psicoanalista” o “cura psicoanalista”, y los hay. Así pues, dejemos a los políticos hacer su trabajo y nosotros aportaremos como cualquier ciudadano o ¿ya se habrán impreso tarjetas como político psicoanalista?
En todo caso toca abandonar los títulos para asumir el lugar del analista, es el único camino, se trata de un lugar otro. Y este es también nuestro aporte a esta contemporaneidad tan afecta al maquillaje.


img_8713 Laura Kait. Psicoanalista, en Barcelona desde 1979.
Práctica clínica, privada e institucional. Supervisora. Enseñante.
Fundadora en 2002, de UMBRAL, Red de Asistencia “psi”.
Co-dirige Seminario UMBRAL.
Publica en http://www.umbral-red.org y en
Trauma, Estudios de Clínica Psicoanalítica. Revista de la FEP en España.
Escribió, Madres no mujeres. Embarazo Adolescente, Del Serbal, Barcelona, 2007. Segunda edición, Laborde Editor, Rosario, Argentina 2017
Miembro de FEP -Fondation Européenne pour la Psychoanalyse- donde participa en jornadas y congresos


gisela avolioGisela Avolio, actualmente trabaja como analista, es miembro fundadora de la Escuela Freudiana de Mar del Plata, y miembro de Fondation Européenne pour la Psychanalyse. Fue Residente de Psicología en el Htal. Subzonal especializado Neuropsiquiátrico Dr. Taraborelli (Necochea, Bs. As.). Dicta clases en las actividades de la Efmdp, y allí coordina el dispositivo Práctica psicoanalítica con Niños y Adolescentes, desde 2010; actualmente es docente y supervisora de la Residencia de Psicología Clínica de los Hospitales Provinciales de Necochea y Mar del Plata. Y dicta clase anualmente en Centre IPSI de Barcelona. Desempeña la práctica del psicoanálisis en el ámbito privado.

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