Dos preguntas a Roque Farrán.

Por Gisela Avolio.

 

¿Cómo y cuándo descubrió el psicoanálisis?

Descubrí el psicoanálisis en segundo año de la Facultad de Psicología, tenía que cursar justamente la materia llamada “Psicoanálisis” y había dos cátedras a elección, la cátedra A y la cátedra B; me inscribí en la primera porque se suponía que era la menos ortodoxa: allí se presentaban algunos textos básicos de Freud y de Jaspers leídos con el singular método que proponía el profesor Isaac, al cual él llamaba “lectura lenta”; sin embargo, como al finalizar el cursado me di que en realidad no había aprendido nada, volví a anotarme el año siguiente en la cátedra B, del profesor Musicante, que era freudiana clásica. Si bien era una cátedra donde cohabitaban distintas orientaciones psicoanalíticas, se leían los textos freudianos minuciosamente. Así pude leer todos los textos básicos de Freud y avanzar sobre algunas otras lecturas y debates entre los posfreudianos y Lacan, etc. Y aunque siempre había tenido prejuicios con el psicoanálisis, aún sin haber leído nada, luego de haber estudiado bastante los textos fundamentales, quedé prendido de la compleja materialidad de ese pensamiento. Tenía que decidir entre dos materias que me habían gustado mucho, por la exigencia de estudio que proponían, para ser ayudante alumno: Neurología y Psicoanálisis. Luego de meditar un tiempo, opté por la segunda porque me parecía mucho más práctica para intervenir en distintos niveles de la sociedad y la cultura, así lo entendí desde el principio: la neurología me llevaba a imaginarme que iba a buscar constantemente correlatos de imágenes cerebrales en los fenómenos psico-sociales, mientras que el psicoanálisis me ofrecía como materia el mismo discurso del que se sirven –y a la vez constituye a– los seres hablantes. Me inscribí al otro año como ayudante alumno y comencé a investigar de ahí en más siempre en términos psicoanalíticos, combinando referencias a Peirce y a otros autores (mayormente filósofos); luego me metí con Lacan y ya nunca más paré de leerlo y estudiarlo, con todas las ramificaciones de saberes que proponía: lógica, topología, literatura, filosofía, etc. Hice diversas prácticas, clínicas, hospitalarias y socio-comunitarias, siempre usando como marco de referencia el psicoanálisis. Llegué incluso a hacer el doctorado de filosofía trabajando el cruce entre Badiou y Lacan. No tuve prisa por comprender y con el tiempo creo haberlo al fin entendido; mi forma de verificar ese efecto de formación, luego de varios análisis y prácticas, es que puedo hacer un uso singular de conceptos y métodos de la tradición psicoanalítica sin abusar del Lacan o Freud dixit.

¿Qué considera que el psicoanálisis puede aportar a nuestra contemporaneidad?

Me gusta la expresión de Jean Copjec, filósofa de la escuela eslovena, quien afirma que “el psicoanálisis es la lengua materna de la modernidad” y que sin ella –sin la lengua psicoanalítica- no comprenderíamos nada de nuestra época. Sin embargo, considero que el psicoanálisis no es un discurso omniexplicativo u omnicomprensivo de la totalidad social o cultural, sino que permite justamente captar los puntos nodales sistemáticos que aquejan a cualquier intento de totalización o fragmentación discursiva. Por eso pienso que el psicoanálisis permite trabajar nodalmente, evitando ambos extremos: el discurso alienante de los técnicos o especialistas, como el discurso cosmovisionante (permítanme el neologismo) de los religiosos o predicadores. En definitiva, habilita la emergencia y constitución de “sujetos del deseo” que hacen uso de los saberes en juego para captar lo real de la época que se nos escabulle. Por eso afirmaba -quizás más taxativamente- en otro texto, donde exponía lo que llamo Nodaléctica (composición práctica entre psicoanálisis, filosofía y política), lo siguiente. No me parece que lo más interesante del psicoanálisis sea el aporte teórico que éste pueda hacer al entendimiento común de otros procesos y prácticas materiales; por ejemplo: la política. Más allá de ciertas generalidades o generalizaciones vacuas que de todos modos ya son parte de la cultura en sentido amplio y casi todos conocemos (Psicología de las masas y análisis del yo, el discurso capitalista, el goce, etc.), considero que el principal aporte del psicoanálisis al campo del pensamiento actual pasa más bien por su práctica concreta. En ese sentido, habría que recomendarlo o incluirlo en la formación de ciudadanos y militantes por igual, según su deseo, y entender en cualquier caso cómo se vincula desde su singularidad con las demás prácticas: su eficacia propia. Allí, es la filosofía quien presta sus servicios para, mediante la producción de conceptos elaborados con elementos de las más diversas prácticas (incluida la psicoanalítica), pensar el entrelazamiento conjunto de ellas: la tópica y el tiempo. La filosofía también es una práctica entre otras, y conviene que sus conceptos sean forjados de la manera más amplia posible, pero ajustados al rigor de un método compositivo singular. Esto no supone ninguna distribución estándar del trabajo, intelectual o corporal, sino entender materialmente las eficacias propias de las prácticas para, llegado el caso, acudir a ellas en su diferencialidad entrelazada. Así, por ejemplo, si un psicoanalista desea ser honesto intelectualmente para entender la eficacia de su práctica en relación a otras (al igual que un político, un artista, o un científico), puede recurrir a la práctica filosófica para pensar con mayor amplitud y justeza los procesos complejos en que estas se insertan. A la inversa, lo mismo cabe decir de quienes practican en efecto la filosofía: no pueden quedarse venerando su propia historia, o las grandes ideas del pasado, es necesario que compongan conceptos atravesando las prácticas actuales y captando su singularidad epocal. Ni que decir que las identidades aquí no son fijas, no dependen de atribuciones profesionales ni responden a gremios de pertenencia; son las prácticas materiales las que se definen sus sujetos, y no al revés. Cualquiera puede devenir filósofo, psicoanalista o político, por caso, en tanto sostenga momentánea o continuamente tales prácticas; es la igualdad material de las inteligencias, pensada desde una tópica compleja donde el tiempo siempre es retroactivo: eso habrá sido así.

El anudamiento de filosofía, política y psicoanálisis, supone que en cada una de estas prácticas las otras se encuentran implicadas, aunque sean irreductibles. Es decir, sin que sean lo mismo ni respondan a iguales procedimientos, el enlace entre ellas hace que en ciertos puntos nodales aparezcan sobredeterminando (condensando y desplazando) los contenidos y formas respectivas de cada una. Así, la filosofía encuentra en su práctica aspectos irreductibles que la detienen en su deriva conceptual, puramente teórica, para abocarse a la constitución efectiva del sujeto que (se) piensa. En este sentido, la recalificación de la filosofía antigua como práctica de sí o ejercicio espiritual, llevada a cabo por Hadot y Foucault, resulta clave pero no suficiente; el psicoanálisis muestra un modo de proceder que ha atravesado la modernidad y el desafío que la ciencia moderna arroja como saldo de saber sobre el sujeto: el indestructible deseo inconsciente cifrado en letras de goce que se axiomatizan. Por tanto, no basta tampoco con identificar allí el efecto de la ideología, como se ha intentado desde la tradición althusseriana; el tratamiento político y el psicoanalítico no se confunden. A su vez, el marxismo también ha mostrado que existe un plusvalor irreductible al mecanismo por el cual se instaura el lazo social alienante, y Foucault que las relaciones de poder son constitutivas y pueden ser invertidas. Por otra parte, el psicoanálisis mismo recibe iluminación retroactiva de estas genealogías filosóficas que le muestran que su modo singular de circunscribir al sujeto del deseo participa de antiguas tradiciones de pensamiento y su rigurosidad no le debe nada a teorías cognoscitivas actuales. También se entiende que el psicoanálisis toque la dimensión irreductiblemente política que atañe al sujeto; de allí el apotegma lacaniano: el inconsciente es la política. Porque en torno al deseo del Otro las posiciones subjetivas pueden defeccionar, quedar horrorizadas ante la angustia, inmovilizadas ante la inhibición, o girando en círculos viciosos ante el síntoma; nada garantiza que ante el agujero abierto en lo real, la grieta ontológica, se responda decidida y sosegadamente con un acto implacable. Por último, la política entendida como práctica de organización colectiva no puede soslayar los procedimientos que hacen al sujeto, es más, encuentra allí mismo el modo más efectivo de producir verdaderos enlaces que respeten la singularidad y su potencia común, junto a los modos más rigurosos de practicar cognitiva y afectivamente la reflexividad.


img_8707Roque Farrán. Escritor, filósofo y psicoanalista. Investigador adjunto del Conicet. Ha escrito Badiou y Lacan: el anudamiento del sujeto (Prometeo, 2014), Nodal. Método, estado, sujeto (La cebra/palinodia, 2016), El uso de los saberes. Filosofía, psicoanálisis, política (Borde Perdido, 2018) y Nodaléctica. Un ejercicio de pensamiento materialista (La cebra, 2018); además ha editado y coordinado junto a E. Biset y otres miembros del Programa de Estudios en Teoría Política la publicación de los siguientes libros: Ontologías políticas (Imago mundi, 2011), Sujeto. Una categoría en disputa (La cebra, 2015), Estado. Perspectivas posfundacionales (Prometeo, 2017), Métodos. Aproximaciones a un campo problemático (Prometeo, 2018).


gisela avolio Gisela Avolio, actualmente trabaja como analista, es miembro fundadora de la Escuela Freudiana de Mar del Plata, y miembro de Fondation Européenne pour la Psychanalyse. Fue Residente de Psicología en el Htal. Subzonal especializado Neuropsiquiátrico Dr. Taraborelli (Necochea, Bs. As.). Dicta clases en las actividades de la Efmdp, y allí coordina el dispositivo Práctica psicoanalítica con Niños y Adolescentes, desde 2010; actualmente es docente y supervisora de la Residencia de Psicología Clínica de los Hospitales Provinciales de Necochea y Mar del Plata. Y dicta clase anualmente en Centre IPSI de Barcelona. Desempeña la práctica del psicoanálisis en el ámbito privado.

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